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Archivo de marzo 17th, 2021

El Premio Abel 2021, concedido a Laszló Lovász y Avi Wigderson

La Academia Noruega de Ciencias y Letras ha anunciado su decisión sobre el Premio Abel 2021, que ha recaído en los matemáticos László Lovász, del Instituto de Matemáticas Alfréd Rényi y de la Universidad Eötvös Loránd de Budapest, Hungría, y Avi Wigderson, del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton (EE.UU.), “por sus contribuciones fundacionales a la informática teórica y a la matemática discreta, y por su papel destacado en la configuración de éstas como campos centrales de la matemática moderna”.

Trazaremos unas breve biografías de ambos matemáticos. László Lovász nació  en 1948 en Budapest, y es fruto de la excelente escuela matemática húngara, especialmente brillante en algunos temas como la matemática discreta. László Lovász fue un alumno superdotado, ganador de medallas de oro en tres Olimpiadas Matemáticas Internacionales (164, 1965 y 1966), en dos ocasiones con la puntuación máxima.

 

László Lovász

Lovász obtuvo su grado de Ph.D. en 1970 de la Universidad Eötvös Loránd, Budapest, donde trabajó hasta 1975. Sin abandonar Hungría, pasó a la Universidad de Szeged, hasta 1982, regresando entonces a Eötvös  y crear el Departamento de Ciencias de la Computación. Después fue profesor de la Universidad de Yale durante la década de 1990, colaborando como investigador en el Microsoft Research Center hasta 2006. Entonces volvió a Hungría para dirigir el Instituto de Matemáticas de la Academia de Ciencias.

Entre los premios que ha ganado, están el Premio Wolf de 1999, el Premio Knuth de 1999, el Premio Gödel de 2001, el Premio Bolyai en 2007 y el Premio Kyoto de 2010, todos ellos de un indudable prestigio.

Su trabajo de investigación se centra en la combinatoria y la teoría de grafos, y sus aplicaciones a la complejidad en computación, un ejemplo extraordinario de cómo una investigación básica incide en las aplicaciones de frontera. Su labor se traduce en más de 300 artículos y libros que han conseguido un impacto enorme.

Reunión del Comité Ejecutivo de IMU en Perth (Australia)

 

Tuve la oportunidad de trabajar 8 años con Laci Lovász, de 2007 a 2010 como Presidente de la Unión Matemática Internacional (IMU) y de 2011 a 2014 como exPresidente. Tras su labor en IMU, fue elegido presidente de la Academia de Ciencias de Hungría entre 2014 y 2020.

En 2007 lo invitamos a Madrid para participar en un Simposio de la Fundación Areces, Las fronteras de las Matemáticas, que coordiné con mi colega de la Real Academia de Ciencias, Manuel López Pellicer. En todos estos años, he podido apreciar no sólo su extraordinaria calidad matemática, pero también su calidad humana, su sencillez y su siempre bonhomía.

 

En cuanto al otro premiado, Avi Wigderson nació en Haifa (Israel) en 1956. Ingresó en el Technion en 1977, y se licenció en Ciencias de la Computación en 1980. Se trasladó a Princeton para realizar sus estudios de posgrado, y se doctoró en 1983. En 1986 Wigderson regresó a Israel para ocupar un puesto en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Al año siguiente fue nombrado profesor titular en 1991. En 1999 también aceptó un puesto en el Instituto de Estudios Avanzados (IAS) de Princeton, y en 2003 renunció a su puesto en la Universidad Hebrea para residir a tiempo completo en el IAS.

Avi Widgerson

Además de la medalla Nevanlinna, concedido por la IMU en el Congreso Internacional de Matemáticos (ICM) en Zúrich en 1994, obtuvo como Lovasz los Premios Gödel (2009) y Knuth (2019).

Su investigación es muy amplia en intereses que incluyen la teoría de la complejidad, los algoritmos paralelos, la teoría de grafos, la criptografía, la computación distribuida y las redes neuronales.

Según la Academia Noruega, la teoría de la “complejidad computacional” -que se ocupa de la velocidad y la eficiencia de los algoritmos- surgió en la década de los 70 y ahora es un campo establecido tanto en las matemáticas como en la informática teórica. “Lovász y Wigderson han sido las principales fuerzas de este desarrollo en las últimas décadas. Sus trabajos se entrelazan de muchas maneras y, en particular, ambos han hecho contribuciones fundamentales para entender la aleatoriedad en la computación y para explorar los límites de la computación eficiente”, afirmó Hans Munthe-Kaas, presidente del Comité Abel.

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Un premio muy merecido por ambos científicos.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, Real Academia Galega de Ciencias).

 

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Klara y el Sol, o la melancolía de la máquina

Acabo de terminar la lectura de la última novela de Kazuo Ishiguro, el escritor británico que obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 2017. Klara y el Sol es su primera novela tras el premio y una fascinante incursión en la ciencia-ficción.

 

 

La novela se desarrolla en un inquietante futuro distópico, sobre el que no se dan muchos detalles. En una reciente entrevista en La Vanguardia, Ishiguro decía: “En mi novela, la gente ya no es desempleada sino post-empleada, desaparece la idea capitalista del trabajo”. Por eso, “en mi discurso del Nobel animé a las generaciones jóvenes a plantear nuevas ideas con el humanismo en su centro, porque las viejas ideas ya no son suficientes”.

Aparentemente, en esta sociedad, los niños tienen la posibilidad de ser mejorados genéticamente, aunque algunos padres obtan por no hacerlo. Josie, de 14 años, es una de esas niñas mejoradas pero en la que algo ha salido mal y padece una enfermedad posiblemente terminal. Por ello, su madre compra una AA, una amiga artificial, Klara, que es la auténtica protagonista de la novela y la narradora de la misma.

La Inteligencia Artificial y los robots son temas usuales en la literatura de ciencia-ficción desde hace muchas décadas, pero es interesante como escritores no especialistas y de altura, como es el caso de Ishiguro, se interesan por ellos. No hace poco, podíamos disfrutar de la novela de Ian Macewan, Máquinas como yo, en la que aparecía el mismísimo Alan Turing. Probablemente la inteligencia artificial, en su sentido más amplio, está cada vez más cerca de nuestras vidas.

 

Kazuo Ishiguro

Tampoco es esta la primera incursión de Ishiguro en el género, ya lo hizo con Nunca me abandones, en la que narra el proceso de desarrollo y aprendizaje de una niña (Kathy H) internada en un centro en Inglaterra donde los niños –clonados – son criados para ser donantes de órganos.

Klara y el sol es una indagación sobre lo que es ser humano, cuál es su esencia, una vez despojado de lo superficial, de las matemáticas y de los algoritmos, ¿hay algo más?, ¿el corazón?, ¿el alma?, ¿qué significa el amor de un ser humano por otro?, ¿y puede una AA convertirse en un humano indistinguible del original?

Klara está construida con algoritmos, sin duda (por cierto, nunca llegamos a intuir su forma física), pero la salvación de Josie no se produce por la ciencia. Una AA se alimenta del sol, y Klara piensa que el sol es capaz de producir los mejores efectos en todo lo vivo, no solo en las inteligencias artificiales. Así que trama su plan para curar a Klara en un acto completamente pagano y mágico,  haciendo un pacto secreto con el astro. Aunque no es tan simple, ya que lo que Klara está combatiendo es la polución moderna, causante sin duda de muchas enfermedades, quizás la de Josie. El pacto funciona, y cuando Klara cumple su ritual sacrificial, Josie se cura y puede hacer una vida normal como joven genéticamente mejorada.

¿Y qué pasa con Klara? Acaba en el depósito de AAs una vez terminada su función, feliz y melancólica. Por eso creo que Ishiguro hubiera acertado con el subtítulo que propongo. De hecho, en una reciente reseña sobre la novela en Vulture, se dice:

Klara es especialmente sensible a la melancolía, y se da cuenta de que incluso cuando la gente se abraza con alegría, puede hacer una mueca de dolor. La directora explica: “A veces… la gente siente un dolor junto a su felicidad”. De todas las lecciones que aprende Klara, ésa es la que parece escribir más profundamente en su código. Ishiguro está haciendo algo bastante complicado aquí, señalando nuestras propias funciones de simpatía bastante disfuncionales.

Recomiendo el libro; Ishiguro ha sido capaz de remover nuestro espíritu una vez más.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, Real Academia Galega de Ciencias).

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