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El hombre que pudo ser el matemático más brillante del siglo XX

Leyendo el último libro de Oliver Sacks, “El río de la conciencia”, me he encontrado en el capítulo “El yo creativo”, con una referencia a la autobiografía de Norbert Wiener (el matemático considerado el padre de la Cibernética) que me ha llevado a un personaje hasta ahora desconocido por mi parte, William James Sidis.

 

William James Sidis

La autobiografía de Wiener se titula “Ex Prodigy”, y en ella recuerda sus años de estudio en la Universidad de Harvard. Wiener entró en Harvard a la increíble edad de catorce años, y se doctoró en matemáticas a los diecisiete; un claro ejemplo de genio. Pero él recuerda a un brillante colega suyo, Sidis, que entró en Harvard a los once años para estudiar matemáticas, aunque abandonó sus estudios a los dieciséis para dedicarse a otras actividades. Sidis alcanzó mucha notoriedad en su tiempo en Estados Unidos, y se le adjudicaba un coeficiente intelectual entre 250 y 300, lo que llevó a considerarle “el hombre más inteligente del mundo”. No cabe duda que Sidis merecía ser recordado en Matemáticas y sus fronteras.

Los padres de William James Sidis, Boris y Sarah, llegaron a los Estados Unidos como muchos inmigrantes judíos que huían de las persecuciones en Rusia y Ucrania (los progroms). Boris Sidis se convirtió en un eminente psicólogo, y su esposa Sarah en una de las pimeras mujeres en obtener una licenciatura en Medicina. Además de su brillantez intelectual, también adquirieron cierta fama de excéntricos.

William James Sidis, niño prodigio

 

William James nació el 1 de abril de 1898, y su nombre le viene del ilustre filósfo William James, que fue su padrino. Estimulado por el ambiente de su casa, desarrolló su genialidad innata: a los dieciocho meses leía The New York Times y a los ocho años hablaba latín, griego, francés, ruso, inglés, alemán, hebreo, turco y armenio, y había inventado un nuevo lenguaje que él llamó el vendergood.  También a esa edad, propuso una nueva tabla de logaritmos con 12 como base en vez de 10. Su padre escribió un libro sobre su hijo, Philistine and Genius, con lo que William comenzó a gozar de una gran fama en todo el país.

A los once años, en 1909, entró en la Universidad de Harvard, y dio una charla en enero de 1910, en el Club de Matemáticas, una distición insólita para su edad. Su audiencia se componía de un centenar de profesores y alumnos de cursos avanzados de matemáticas, y el tema que trató fue sobre los “cuerpos de cuatro dimensiones”. Este es un extracto:

“My own definition of the Fourth Dimension would be that it is an Euclidian space with one dimension added. It is the projection of the figures of the Third Dimension into space. The third dimensional figures, such as the cube, are used as sides of the figures of the Fourth Dimension, and the figures of the Fourth Dimension are called configurations. It is not possible to actually construct models of the figures of the Fourth Dimension, or to conceive of them in the mind’s eye, but it is easy to construct them by means of Euclid’s theorem.”

El Profesor Daniel F. Comstock del Massachusetts Institute of Technology (MIT) declaró a los periodistas que el joven Sidis sería uno de los más grandes matemáticos de la historia (lo comparó con Gauss por su precocidad).

William James Sidis, en 1914

Se graduó a los dieciséis años, con la máxima calificación, el 18 de junio de 1914. Todo prometía una brillante carrera en la investigación matemática. Sus intenciones eran dedicarse al estudio llevando una vida monacal.

Tras algunos problemas de acoso en Harvard por otros estudiantes, William se trasladó como profesor a la Universidad de Rice, aunque lo dejó porque su juventud y la fama que le precedía no le permitían el sosiego que buscaba. Volvió a Harvard, y comenzó a estudiar Derecho, pero no acabó de gustarle esta carrera. Sus ideas políticas, orientadas al socialismo, le llevaron a un arresto tras una manifestación el 1 de mayo de 1919.  Un policía lo vió enarbolando una bandera roja y le preguntó que por qué no portaba la enseña norteamricana; su respuesta fue: “Al infierno con la bandera americana!”. Lo negó todo en el juicio, y fue condenado a 18 meses de cárcel.

Evitó la prisión gracias a la influencia de sus padres, que lo llevaron a California para mantenerlo alejado un tiempo. Volvió en 1921 a la Costa Este, y desempeñó empleos de portero, y similares. Pasaron años hasta que pudo volver libremente a Massachusetts, debido a un peligro de arresto por su detención y sus ideas.

William James Sidis y su gran amigo Isaac Rabinowitz, en 1943

Sidis escribió sobre muchos temas: cosmología, la historia de los indios americanos, antropología, transportes, … Una de sus obras más conocidas es The Animate and the Inanimate, publicada en 1925, en la que afirma que habría regiones del espacio en las que no se cumpliría la segunda ley de la termodinámica. Una de sus obsesiones era el transporte, especialmente los tranvías, y era un coleccionista de billetes (llegó a reunir unos 1600), una aficción que se llama peridromofilia (Sidis acuñó el nombre); escribió bajo seudónimo un tratado sobre Notes on the Collection of Streetcar Transfers.

 

Sidis trató de vivir en su madurez fuera de los ojos del público, como un oficinista más, pero había alcanzado cierta notoriedad por su genio precoz, y defendió siempre este derecho. De hecho, un artículo en The New Yorker sobre él le llevó a demandar a la publicación, que fue condenada por la invasión de su vida privada.

 

Sidis murió en Boston el 17 de julio de 1944, a los 46 años, a causa de una hemorragia cerebral, tal y como le había sucedido a su padre, también a una edad relativamente temprana. Su casera telefoneó a la policía para dar cuenta de que lo había encontrado inconsciente en su apartamento, y ya no pudo recuperarse.

Este video relate su historia

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La de un hombre que pudo ser un gran genio de las matemáticas pero que no encontró su lugar.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias).

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Comentarios

Impresionante brillantez. Es una pena que no haya podido encontrar el lugar idóneo en la sociedad para desarrollar su genialidad. Gracias por su inspirador artículo

Algunas veces, la inteligencia es un castigo..

(requerido)

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