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Flaubert y las matemáticas que secan el corazón

Mathématiques: Dessèchent le coeur.

Gustave Flaubert: Dictionnaire des idées reçues (1913)

Gustave Flaubert es un clásico, sin ninguna duda, pero lo que no conoce todo el mundo es que tenía una cierta curiosidad por las matemáticas. Me ha tocado leer recientemente en mi club de lectura El loro de Flaubert, una auténtica obra maestra de Julian Barnes, e investigando un poquito encontré la frase que inicia esta entrada del blog. Pero, ¿por qué este sentimiento sobre las matemáticas?

 

Gustave Flaubert

En una carta que Gustave Flaubert escribe a su hermana Caroline el 16 de mayo de 1841, le plantea un problema matemático:

“Ya que estás estudiando geometría y trigonometría, te voy a plantear un problema: Un barco está en el mar, salió de Boston cargado de algodón, tiene 200 toneladas. Está navegando hacia Le Havre, el mástil principal está roto, hay espuma en el castillo de proa, hay doce pasajeros, el viento sopla del N.S.E., el reloj marca las 3 de la tarde, es Mayo, …. ¿Cuál es la edad del capitán?”

Existe una versión más simple del problema de Flaubert:

“Un capitán posee 26 ovejas y 10 cabras. ¿Qué edad tiene el capitán?”

Las respuestas a este problema han sido de todo tipo, algunas muy ingeniosas tratando de ver la calificación que podría tener el capitán para llevar una carga como esa y de ahí deducir la edad mínima para que tuviese ese permiso. En fin, sabemos que el problema no tiene solución, porque a pesar de dar muchísimos datos, nada está relacionado con la edad del capitán. Esto queda muy claro en la carta original de Flaubert.

No cabe duda que Flaubert tenía sentido del humor. Pero volvamos a la frase inicial y a ese concepto de las matemáticas como una disciplina que “seca el corazón”. Esa frase aparece en el Diccionario de ideas recibidas,  que podría haber sido un apéndice en su obra inconclusa Bouvard et Pecuchet. ¿Era esa la idea que tenía Fluabert sobre las matemáticas?

Bouvard et Pécuchet, por Bernard Naudin, 1923.

Por otra parte, en Bouvard et Pecuchet, Raymond Quenau es el primero en señalar la ausencia de las matemáticas, el único saber ausente. Quenau dice:

“Es curioso constatar que, entre las ciencias que Bouvard y Pécuchet se comprometen a estudiar, las matemáticas son casi las únicas que no aparecen.  Sin embargo, podemos verlos intentando demostrar el teorema de Fermat, asombrados por la afirmación de que la recta es una curva y finalmente escandalizados por la distribución de los números primos.”

Digamos que Flaubert no la stenía en mala consideración si nos atenemos a la definición de Mecánica: Partie inférieure des mathématiques.

En el interesante artículo Le bourdon mathématique de Flaubert , de Francisco González Fernández, se puede encontrar un detallado análisis de lo que Flaubert pensaba de las matemáticas. Parece que no eran materia de su gusto, y así le escribe a su amigo Ernest Chevalier:

“Te escribo esto en en el aula de este buen Padre Gors que está disertando sobre el mayor común divisor, con un aburrimiento sin igual, que me aturde tanto que no puedo entender ni una gota, sólo puedo ver fuego en él.  Le ruego que no se olvide de enviarme sus cursos de matemáticas, física y filosofía.  Es sobre todo el primero el que realmente necesito, tendré que borronear algún papel con números, voy a tener suficiente para matarme…”

Y sigue otro día: “Tengo la ventaja de estar bajo la dirección del padre Gors, que hace raíces cuadradas. ¡Qué importa si es griego o cuadrado, la sopa es lamentable…”

Flaubert es expulsado y debe preparar el bachillerato solo, y se dedica a pedir apuntes de filosfía, física y matemáticas a su amigo, y dice:

“Hago física, y creo que esa parte la haré bien. Pero Todavía quedan esos demonios matemáticos (todavía estoy trabajando en las fracciones, y no conozco la tabla de multiplicar, prefiero la de Jay -un famoso restaurador de Rouen- que el de la multiplicación) y el griego”.

Probablemente lo que Flaubert no soportaba era la manera en que se enseñaban entonces las matemáticas, a las que les faltaba el corazón, lo que permite percibirlas de forma más humana, y por lo tanto, apreciarlas.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, Real Academia Galega de Ciencias).

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