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Posts etiquetados con ‘Política universitaria’

Combatir la endogamia universitaria: Programa Echegaray

En nuestra anterior entrada comentábamos algunas diferencias de nuestras universidades con la de Michigan, en Ann Arbor, una universidad pública de excelencia en los Estados Unidos. Mientras escribía esa entrada, he tenido conocimiento de una noticia sobre las universidades madrileñas, en concreto, el plan que la Comunidad de Madrid va a poner en marcha para combatir la endogamia universitaria.

José Echegaray y Eizaguirre

El Plan se denomina Programa Echegaray, en honor del premio Nobel de Literatura que fue también un ilustre matemático, Presidente de la Sociedad Española de Matemáticas. El plan surge de una constatación: la galopante endogamia de las universidades madrileñas, con candidatos que van apareciendo según la lista de espera y con comités de selección nombrados por el propio departamento en connivencia muchas veces con el interesado de la casa. Objetivo: que no entre nadie de fuera e ir colocando a los propios. Consecuencia: bajada de la calidad de la investigación y de la competitividad de las universidades. Estas prácticas están originadas en gran medida por la estructura de gobernanza que rige nuestros campus, en los que los equipos rectorales deben atender a los intereses de los diferentes estamentos, primero con propuestas para que les voten, y una vez elegidos, para responder a esas promesas hechas a sus votantes.

Rectorado de la UCM

Las universidades madrileñas van perdiendo la batalla (y no lo queremos presentar en términos bélicos, sino como capacidad de éxito) frente a las universidades catalanas. Y no debemos restringirnos al ámbito universitario, lo mismo podemos decir del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con la excepción en Madrid del Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT) (aunque en este caso, el instituto ha recibido un ataque durísimo de los tres rectorados con el fin de controlarlo, con medidas que están poniendo en peligro su excelencia). En efecto, si vamos a los resultados en el European Research Council (ERC) o el Programa Severo Ochoa, las cuentas son desoladoras para Madrid, con un sistema de ciencia y tecnología equivalente al catalán. Y se está perdiendo también la competencia en el Programa Ramón y Cajal.

En el caso particular de las matemáticas, la situación es todavía más preocupante. Un Departamento de Matemáticas de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) incapaz de coordinarse con la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), a pesar de participar ambas en el ICMAT y poder basarse en el instituto para aunar intereses. Al contrario, en Barcelona todos han dejado atrás sus posibles diferencias, y se han asociado para poner en marcha la Barcelona Graduate School of Mathematics, que ya ha conseguido un María de Maeztu.

Volviendo al Programa Echegaray, se trata de que una comisión de prestigio internacional proponga un tribunal de tres personas para decidir entre los candidatos a plazas que llevarán ese distintivo de calidad, 90 de momento para todo Madrid, y si la universidad en cuestión acepta que la plaza ofertada vaya en ese formato, recibirá una ayuda durante tres años (50.000 euros si es un candidato externo, la mitad si es propio).

Debemos aplaudir cualquier medida que vaya en la dirección de mejorar la calidad de nuestras universidades. También es bueno darse cuenta que esta medida es un toque de atención a los malos hábitos que se permiten desde los Rectorados. Es cierto que 90 distinciones son pocas, teniendo en cuenta que son unos 16.000 profesores los que trabajan en nuestras universidades, pero por algo se empieza. Decir también que en Cataluña la captación de talento se ha focalizado en los contratos de investigadores postdoctorales, es decir, profesorado en sus primera estapas, y esa medida debería ponerse en marcha en Madrid y complementar así el Programa Echegaray.

Veremos los resultados del Programa en sus primeros años, y serán quienes rigen los destinos de las universidades los que aprovechen o no esta oportunidad que les brinda la Comunidad.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias).

 

 

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Lecciones universitarias desde Michigan

Estuve pasando unos días en la Universidad de Michigan, en Ann Arbor, asistiendo aun congreso de la American Mathematical Society, y como acostumbro a hacer cuando visito universidades de otros países, me he detenido en compararla con las españolas, a fin de aprender de lo bueno que ofrecen para tratar de compartirlo, y también de lo malo, para intentar evitarlo.

Ann Arbor es una pequeña ciudad de unos 120.000 habitantes, con más de 40.000 estudiantes. La Universidad de Michigan impregna al completo la ciudad, empleando a casi 30.000 personas y contribuyendo con casi 9.000 millones de dólares a la economía del estado de Michigan. Es una universidad pública, considerada como una de las mejores de los Estados Unidos (y del mundo), con 9 premios Nobel entre sus grandes logros. La universidad tiene un enorme cuidado de todos sus estudiantes (su programa de tutorías es simplemente excelente), con un porcentaje altísimo de éxito en la terminación de los grados, y que distribuye en un curso normal unos 500 millones de dólares en becas. Como es usual en Norteamérica, las instalaciones deportivas son de primera calidad, y el equipo universitario de fútbol americano (los Wolverines) es una de las joyas de la ciudad.

El congreso de la AMS se celebró el sábado y domingo (sí, es interesante levantarse temprano el fin de semana para asistir o impartir una charla con un programa que comienza a las ocho de la mañana), pero eso me ha permitido comprobar como hasta los fines de semana la universidad sigue llena de estudiantes, trabajando en los departamentos o en las cafeterías de sus aledaños. Pareciera que este entorno ciudad/universidad creara un ambiente en torno al conocimiento, y no en vano Ann Arbor pasa por ser la ciudad con el nivel educativo más alto de los Estados Unidos.

Cuando se compara con una universidad española en una ciudad pequeña, como puede ser el caso de Santiago de Compostela o Salamanca, en las que el porcentaje de estudiantes sobre la población total es similar al de Ann Arbor, se observan enormes diferencias. Yo he sido estudiante (5 años) y profesor (10 años) en la Universidad de Santiago de Compostela y, a pesar de que se nota la presencia en la ciudad, me resulta envidiable esta unión ciudadanía-universidad que he visto estos días en Ann Arbor, donde los símbolos de la Universidad de Michigan son portados con orgulo por tantos ciudadanos en sus propias vestimentas.

Estadio de Michigan

Lo que está ocurriendo en España en alguna universidad no es precisamente para que el ciudadano esté orgulloso, y si reparamos en la actitud general de los rectores no queriendo abordar los problemas con valentía tratando de obviar lo evidente, pues tampoco es para alegrarse. Las universidades españolas (al menos sus dirigentes) parecen moverse en una burbuja al modo de lo que lo están haciendo muchos partidos políticos. ¿Cómo conseguir aumentar la apreciación pública de las universidades españolas? ¿Cómo integrarlas más con la ciudadanía? Es un debate que ya se debería estar produciendo. Y no es únicamente una cuestión de presupuesto, que al final, es donde acaban siempre las reivindaciones de las autoridades universitarias en estos casos.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias).

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