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Archivo de junio 13th, 2020

José Barinaga Mata

Hoy recordaremos a uno de los pioneros de las matemáticas españolas, José Barinaga Mata, quién fue Presidente de la Sociedad Matemática Española, sin lo de Real por entonces, y del Laboratorio de Matemáticas de la Junta de Ampliación de Estudios (JAE), antecesor del actual Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT).

José Barinaga

José Barinaga nació en Valladolid el 2 de mayo de 1890, aunque sus estudios de Primaria y Secundaria los realizó en Salamanca, donde su padre era fiscal en la Audiencia Provincial. Cursó el Bachillerato en el Instituto Fray Luis de León, estudios que terminó en 1906. También consta que realizó estudios de música, en concreto de violín, en la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy.

Parece que en 1906 su padre se traslada a la capital y Barinaga comienza sus estudios de Matemáticas en la entonces llamada Universidad Central de Madrid, pero no obtiene el título de licenciatura hasta el año 1926, apremiado según se dice por Octavio de Toledo, conocedor de su gran capacidad. La causa pudo ser su dedicación a la enseñanza privada, a la que debió entregarse con auténtico fervor.

Una vez licenciado, Barinaga centra su actividad docente e investigadora en la universidad, defendiendo su tesis doctoral en 1929, con el título de “Sobre algunas clases especiales de ecuaciones lineales en derivadas parciales de segundo orden con dos variables independientes”, tesis que logró el Premio Extraordinario.

Mientras realiza su tesis lo encontramos dando clase como profesor auxiliar de Análisis Matemático en la Universidad Central, a la vez que participa en el Laboratorio Matemático. En admirable y rápida progresión, gana la Cátedra de la Universidad de Barcelona en 1930, para a continuación regresar a Madrid, como Catedrático de Análisis Matemático en 1931.

Nos detenemos brevemente a narrar un episodio que marcó la vida académica matemática de la época, y de forma especial la de Barinaga, el controvertido tema de la oposición a cátedra a la que se vió forzado a presentarse Esteban Terradas en la Universidad Central, y que en último término acabaría perdiendo. Terradas, dejando vacante su cátedra en Barcelona, ocupaba la de Madrid desde 1928 mediante un sistema de provisión por “agregación”, vigente en aquellos años, tras los informes favorables de la Facultad y de la Academia de Ciencias. A partir de la proclamación la Segunda República, la legislación de provisión de puestos que amparaba este tipo de nombramientos sería revisada en profundidad, para hacerla desaparecer finalmente. Con las tensiones ideológicas del momento como telón de fondo, un sector minoritario del profesorado de la Facultad de Ciencias, junto con los representantes estudiantiles de la FUE (Federación Universitaria Escolar) en la Junta de Facultad, cuestionaría la validez de la cátedra ostentada por Terradas y solicitaría un dictamen al Consejo de Instrucción Pública. Finalmente el Consejo resuelve que la cátedra no pertenecía a Terradas y que era necesario convocar una oposición para cubrirla. Más allá de la cuestiones administrativas, era conocido que Terradas había recibido ciertas distinciones durante la época de la Dictadura de Primo de Rivera, amén de su carácter conservador teñido incluso de un cierto catalanismo, por lo que la cuestión de fondo parecía ser puramente política.

Esteban Terradas

Es entonces cuando Terradas se presenta en solitario para recuperarla. Se habla de la extrema dureza a la que el tribunal, del que Barinaga forma parte, sometió al aspirante en los ejercicios, y de la extraña ausencia en el mismo del matemático con mayor influencia de entonces en España, Julio Rey Pastor, buen amigo del aspirante.

Además de la cátedra, Terradas pierde también la dirección del Laboratorio de Matemáticas, volviéndose provisionalmente a Barcelona.  Estos hechos y la prolongada ausencia de Julio Rey Pastor, muy afincado en Argentina, propician que Barinaga acceda a la dirección del Laboratorio Matemático en 1934. Continuará con esta dirección en circunstancias muy complicadas, intentando mantener las actividades del Laboratorio hasta el final de la Guerra Civil.  Posteriormente asumirá la presidencia de la Sociedad Matemática Española muy vinculada entonces al Laboratorio Matemático. Su infatigable dedicación a ambas instituciones está bien documentada.

Al final de la contienda, Barinaga se mantiene todavía en Madrid, nunca deseó marcharse de la capital, integrado además en el profesorado del Instituto Obrero. Lo sucedido en relación con la cátedra de Terradas y su fidelidad a la República le traerá consecuencias con el régimen de Franco. Es separado de la universidad con el pertinente expediente de depuración, y debe volver a sus clases en academias privadas para poder ganarse la vida. En 1946, siete años más tarde, es finalmente rehabilitado y recupera la cátedra iniciando una segunda etapa universitaria, con un perfil menor, hasta su jubilación en 1960. Fallece el 14 de junio de 1965.

Su trabajo científico no es muy relevante en lo que se refiere al nivel internacional, lo que por otra parte era la tónica general de la época, salvo las excepciones conocidas, pero tuvo el valor de acercar temas de investigación de primera línea a la comunidad matemática española. Publicó sus artículos en la Revista Matemática Hispanoamericana, la Revista Academia de Ciencias y en la revista educativa Matemática Elemental entre otras, muchas veces bajo el seudónimo Nowetcheski. Parte de los borradores de su puño y letra de la sección de Notas breves y comentarios de ésta última revista se conserva en el Archivo Julio Rey Pastor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

En este video se puede encontrar una reciente semblanza sobre Barinaga

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Barinaga trabajó en temas relativos a las ecuaciones diferenciales pero también en problemas de teoría de funciones y álgebra, además de una gran cantidad de temas históricos. La verdad es que, vistas sus circunstancias vitales, no gozó de la estabilidad necesaria para poder realizar un trabajo de investigación de mayor profundidad, pero su amor por la docencia, su tenacidad para mantener la actividad en la Universidad, el Laboratorio y la Sociedad Matemática Española, en unas circunstancias realmente complicadas, le hacen acreedor de un gran mérito. Justo nos parece que desde estas líneas se le pueda ofrecer un modesto homenaje.

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Manuel de León (CSIC, Fundador del ICMAT, Real Academia de Ciencias, Real Academia Canaria de Ciencias, Real Academia Galega de Ciencias) y Ricardo Martínez de Madariaga (Director de la Biblioteca Jorge Juan).

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