Archivo de marzo 25th, 2014

Algunos casos de variedades que no se cruzan entre sí en el párrafo quingentésimo tercero de El Origen de las Especies

En algunos casos, es posible que las características permanezcan en dos variedades diferentes, pero que estas no puedan cruzarse entre sí. El llamar especie a una variedad, solamente porque no ha dado descendencia en tres o cuatro intentos no tiene ningún sentido. No entiendo qué puede haber en estos ejemplos que atraiga tanto la atención de nuestro autor si no fuese por su empeño, ya bien conocido para escribir en contra del concepto de especie y también, en general,  de la claridad de ideas en ciencia.

 

 

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I have as yet spoken as if the varieties of the same species were invariably fertile when intercrossed. But it is impossible to resist the evidence of the existence of a certain amount of sterility in the few following cases, which I will briefly abstract. The evidence is at least as good as that from which we believe in the sterility of a multitude of species. The evidence is also derived from hostile witnesses, who in all other cases consider fertility and sterility as safe criterions of specific distinction. Gartner kept, during several years, a dwarf kind of maize with yellow seeds, and a tall variety with red seeds growing near each other in his garden; and although these plants have separated sexes, they never naturally crossed. He then fertilised thirteen flowers of the one kind with pollen of the other; but only a single head produced any seed, and this one head produced only five grains. Manipulation in this case could not have been injurious, as the plants have separated sexes. No one, I believe, has suspected that these varieties of maize are distinct species; and it is important to notice that the hybrid plants thus raised were themselves PERFECTLY fertile; so that even Gartner did not venture to consider the two varieties as specifically distinct.

 

Hasta ahora he hablado como si las variedades de la misma especie fuesen invariablemente fecundadas al cruzarse entre sí; pero es imposible resistirse a la evidencia de que existe un cierto grado de esterilidad en el corto número de casos siguientes, que resumiré brevemente. Las pruebas son, por lo menos, tan buenas como aquellas por las cuales creemos en la esterilidad de una multitud de especies. Las pruebas proceden también de testigos adversarios, que, en todos los casos, consideran la fecundidad y la esterilidad como un criterio seguro de distinción específica. Gärtner conservó en su huerta, creciendo una junto a otra, durante varios años, una clase enana de maíz de granos amarillos y una variedad alta de granos rojos, y aun cuando estas plantas tienen los sexos separados, jamás se cruzaron mutuamente. Luego fecundó trece flores de una clase con el polen de la otra; pero únicamente una sola espiga produjo semilla, y ésta produjo sólo cinco granos. Como las plantas tienen los sexos separados, la manipulación en este caso no pudo ser perjudicial. Nadie, creo yo, ha sospechado que estas variedades de maíz sean especies distintas, y es importante advertir que las plantas híbridas así obtenidas fueron completamente fecundas; de modo que hasta Gärtner no se aventuró a considerar las dos variedades como específicamente distintas.

 

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