Guía a seguir en caso de duda en el sexagésimo tercer párrafo de El Origen de las Especies

Encontramos en éste párrafo al sentido común del autor en su momento de máximo esplendor: ¿Qué haremos si dos tipos son distintos, se tratará de especies diferentes o será más bien variedades? La respuesta es tajante:
the opinion of naturalists having sound judgment and wide experience seems the only guide to follow.
Afinando todavía más:
We must, however, in many cases, decide by a majority of naturalists
Nos encontramos ante un argumento contundentemente anti-científico: Ante la duda, seguir los criterios de la mayoría.
De nuevo un ejemplo de Falacia ad Populum, también llamada en ocasiones Bandwagon fallacy.
De haber seguido este esquema anti-científico, nada habrían podido contra la mayoría los razonamientos y los trabajos de Copérnico, Galileo, Newton o Euler. Mucho más sencillo habría sido aplicar este criterio democrático que el autor propone. Adiós a esa fea costumbre de dudar y discutir las opiniones de la mayoría, costumbre propia de gente recia y pertinaz, de colmillo retorcido. Nada de opiniones, fuera la originalidad. Suban todos al vagón. Las opiniones de uno serán siempre nada frente al peso de una buena mayoría.

Por otra parte, cualquier cosa será válida si hemos conseguido que la mayoría la crea. Por lo tanto, sólo falta conocer ciertas estrategias que existen para hacer creer a la gente. Seguro que las hay. Nuestro candoroso autor las revelará en alguna ocasión, más adelante,…..
63.
Hence, in determining whether a form should be ranked as a species or a variety, the opinion of naturalists having sound judgment and wide experience seems the only guide to follow. We must, however, in many cases, decide by a majority of naturalists, for few well-marked and well-known varieties can be named which have not been ranked as species by at least some competent judges.
De aquí que, al determinar si una forma ha de ser clasificada como especie o como variedad, la opinión de los naturalistas de buen juicio y amplia experiencia parece la única guía que seguir. En muchos casos, sin embargo, tenemos que decidir por mayoría de naturalistas, pues pocas variedades bien conocidas y caracterizadas pueden mencionarse que no hayan sido clasificadas como especies, a lo menos por algunos jueces competentes
Función crítica de la ciencia contra la ideología en La Estructura Ausente, de Umberto Eco
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La parte cuarta de la Sección A (La señal y el sentido), del libro La Estructura Ausente, de Umberto Eco, se dedica a la Definición Semiótica de las Ideologías y resulta muy adecuado leerla en paralelo con el capítulo segundo de la obra On the Origin of Species by Means of Natural Selection (OSMN). De la doble lectura se deduce que OSMNS es más el exponente de una ideología que obra científica.
Escribe Eco:
Un sistema semántico como visión del mundo, por lo tanto, es una de las maneras posibles de dar forma al mundo, y como tal,constituye una interpretación parcial de éste, que puede ser revisada teóricamente cada vez que nuevos mensajes, al reestructurar semánticamente el código, introduzcan nuevas cadenas connotativas y por ello, nuevas atribuciones de valor…………
Una interpretación parcial. Eso es, ni más ni menos, lo que vamos encontrando en la lectura del capítulo segundo de OSMNS.
Y si esto supone un problema, más adelante está la solución:
Pero una revisión del código de este tipo implica una serie de mensajes con función metasemiótica (de juicios meta-semióticos) que someten a examen los códigos connotativos. Ésta es la función critica de la ciencia. Por lo general, un destinatario recurre a su patrimonio de conocimientos, a su propia visión parcial del mundo,para elegir los subcódigos que han de converger en el mensaje
Y, volviendo al problema, encontramos en seguida:
I.3. Definir esta visión parcial del mundo, esta segmentación prospectiva de la realidad, equivale a definir la ideología en el sentido marxista del término, es decir, como «falsa conciencia». Naturalmente,en la perspectiva marxista esta «falsa conciencia» surge como enmascaramiento teórico —con pretensiones de objetividad científica— de relaciones sociales concretas y de determinadas condiciones materiales de vida. En este caso, la ideología es un mensaje que partiendo de una descripción factual intenta su justificación teórica y gradualmente se incorpora a la sociedad como elemento del código.
Introducción a Umberto Eco: un observador semiótico

Del artículo titulado “Umberto Eco: La mirada Semiótica”, firmado por Jorge Lozano y comprendido entre las páginas 46 y 49 del número 14 de la revista Los cuadernos del Norte, correspondiente a julio y agosto de 1982, voy a copiar algunos párrafos que me recuerdan a ciertos contenidos del blog Un Universo Invisible referidos al Método Científico, concretamente a la relación entre teoría y observación y teoría y experimentación:
Se suele atribuir a A. Einstein una bellísima cita profusamente mencionada en manuales de epistemología, que más o menos dicta así: “Corresponde a la teoría decidir lo que podemos observar”.
La más reciente filosofía de la ciencia, por su parte, nos habla de la theory-ladeness of perception” con la que se nos muestra cómo la observación está impregnada de teoría.
Ahora bien, lo que observamos o lo que se puede observar, no es , en rigor “hechos” (cosas, fenómenos), sino significados, o, dicho con otras palabras, los hechos no son entidades brutas, sino que están definidos por el lenguaje (de la ciencia). O aún más, los objetos, los comportamientos, los valores, funcionan como tales porque obedecen a leyes semióticas.
Todo este apresuradísimo preámbulo nos permite introducir a Umberto Eco como, obvio es, un observador semiótico que considera, al igual que el padre fundador de la semiótica contemporánea, Charles Sanders Pierce, que la percepción es un proceso indiciario. O como decía el pitagórico Alcmeon de Crotona: “Acerca de las cosas invisibles, acerca de las cosas mortales, los dioses tienen conocimiento claro, pero para los hombres sólo existe la posibilidad de juzgar a partir de signos”.
En este sentido, Eco puede ser comparado a personajes como Zadig al que por cierto ha dedicado un bellísimo artículo, analizando el tercer capítulo del libro de Voltaire.
Ahora que ya sabemos algo acerca de Umberto Eco, podemos adentrarnos en su texto La Estructura Ausente, un tratado de semiótica, en el que encontraremos algunas claves para la interpretación del capítulo segundo titulado Variación en la Naturaleza de OSMNS. Concretamente lo que nos interesa es responder a la pregunta: ¿Nos encontramos ante un tratado científico o ante la exposición de una ideología? Pronto lo veremos.
Trece párrafos dedicados a las especies dudosas comienzan con una advertencia en el sexagésimo segundo párrafo de El Origen de las Especies
Sin mención ni definición alguna de las categorías taxonómicas, otra que la pobres definiciones dadas de Especie y Variedad; olvidándose por completo de las categorías tan importantes de Género, Familia, Orden y Clase, continúa nuestro autor su capítulo dedicado a la variación en la naturaleza y aborda ahora cuestión tan espinosa como la de las especies dudosas, a la que dedicará trece párrafos, llevándonos casi al final del capítulo.
¿Qué pretende el autor al escribir un capítulo sobre variación en la naturaleza centrado en las excepciones y no en las reglas?
Lo que pretende es muy sencillo: Restar importancia al concepto de especie.
A tal fin emplea dos estrategias.
La primera, propia del capítulo primero (variación en estado doméstico), consiste en hacer ver que las diferencias entre variedades son del mismo tipo que las diferencias entre especies. Ya vimos cómo después de muchos párrafos, el autor debía reconocer el fracaso de su argumento, indicando que todas las variedades de paloma pertenecen a la misma especie. Ahora, en este capítulo segundo el autor cambia de estrategia y muestra su empeño por demostrar que en la naturaleza hay una variación continua. A tal efecto, se extiende ampliamente en la descripción de casos dudosos que pueden ser considerados como especies o variedades, antes de proceder a un meticuloso recuento que el autor promete no hacer. Bien puede dedicar el autor trece, trece mil párrafos, o los que quisiera a la descripción de casos dudosos. También podrían dedicarse otros trece, o trece mil o todavía más a la descripción meticulosa de casos en los que, sin lugar a dudas, una especie está bien definida, por la labor eficaz de la taxonomía, fundamento secular de la Historia Natural, y de la biología. No es vana la tarea de los botánicos: Adanson, Banks, Lamarck, Linneo, Jussieu, . ….Al contrario, sirve para reducir las dificultades que el autor describe ahora como un hallazgo digno de mención.
Nos advierte de la dificultad del tema:
But cases of great difficulty, which I will not here enumerate, sometimes arise in deciding whether or not to rank one form as a variety of another,…….
Pero a veces surgen casos de gran dificultad, que yo no enumeraré aquí, al decidir si hay que clasificar o no una forma como variedad de otra,
Y deja abierta la puerta de la conjetura:
and here a wide door for the entry of doubt and conjecture is opened.
y aquí queda abierta una amplia puerta para dar entrada a todo tipo de dudas y conjeturas.
La duda planteada en el párrafo sexagésimo, no se ha resuelto ni en éste ni en los que siguen. Para tratar sobre El Origen de las Especies no se pueden dedicar cuarenta y siete párrafos a la variación en estado doméstico y veintiocho a la variación en la naturaleza. Sería necesario más espacio para condensar todos los conocimientos y resultados de la taxonomía, y no resulta equilibrado dedicar de los veintiocho párrafos de variación en la naturaleza, unos cuantos a divagaciones varias y trece a especies dudosas. En conclusión, es evidente que el contenido de la obra se encuentra sesgado. El autor se está poniendo en evidencia cuando dice que las formas dudosas son las que más le interesan:
Las formas que poseen en grado algo considerable el carácter de especie, pero que son tan semejantes a otras formas, o que están tan estrechamente unidas a ellas por gradaciones intermedias, que los naturalistas no quieren clasificarlas como especies distintas, son, por varios conceptos, las más importantes para nosotros.
¿Por qué? Pues sencillamente porque lo que quiere es, lo veíamos arriba, restar importancia al concepto de especie. A tal fin presenta una visión parcial más propia de una ideología que de un tratado científico.
¿Nos encontramos ante un tratado científico o ante la exposición de una ideología?, ¿Alguien puede por favor ayudarnos en esta disyuntiva? ¿Tal vez la resolveremos en la obra de algún lingüista o semiólogo? Pronto lo veremos…..
62.
The forms which possess in some considerable degree the character of species, but which are so closely similar to other forms, or are so closely linked to them by intermediate gradations, that naturalists do not like to rank them as distinct species, are in several respects the most important for us. We have every reason to believe that many of these doubtful and closely allied forms have permanently retained their characters for a long time; for as long, as far as we know, as have good and true species. Practically, when a naturalist can unite by means of intermediate links any two forms, he treats the one as a variety of the other, ranking the most common, but sometimes the one first described as the species, and the other as the variety. But cases of great difficulty, which I will not here enumerate, sometimes arise in deciding whether or not to rank one form as a variety of another, even when they are closely connected by intermediate links; nor will the commonly assumed hybrid nature of the intermediate forms always remove the difficulty. In very many cases, however, one form is ranked as a variety of another, not because the intermediate links have actually been found, but because analogy leads the observer to suppose either that they do now somewhere exist, or may formerly have existed; and here a wide door for the entry of doubt and conjecture is opened.
Las formas que poseen en grado algo considerable el carácter de especie, pero que son tan semejantes a otras formas, o que están tan estrechamente unidas a ellas por gradaciones intermedias, que los naturalistas no quieren clasificarlas como especies distintas, son, por varios conceptos, las más importantes para nosotros. Tenemos todo fundamento para creer que muchas de estas formas dudosas y muy afines han conservado fijos sus caracteres durante largo tiempo, tan largo, hasta donde nosotros podemos saberlo, como las buenas y verdaderas especies. Prácticamente, cuando el naturalista puede unir mediante formas intermedias dos formas cualesquiera, considera la una como variedad de la otra, clasificando la más común -o a veces la descrita primero- como especie, y la otra como variedad. Pero a veces surgen casos de gran dificultad, que yo no enumeraré aquí, al decidir si hay que clasificar o no una forma como variedad de otra, aun cuando estén estrechamente unidas por formas intermedias; y tampoco suprimirá siempre la dificultad la naturaleza híbrida -comúnmente admitida- de las formas intermedias. En muchísimos casos, sin embargo, se clasifica una forma como variedad de otra, no porque se hayan encontrado realmente los eslabones intermedios, sino porque la analogía lleva al observador a suponer que éstos existen actualmente en alguna parte o pueden haber existido antes, y aquí queda abierta una amplia puerta para dar entrada a las conjeturas y a la duda.
Las mimbres y el cesto: la ciencia brilla por su ausencia en OSMNS

Llevamos leidos cinco párrafos de los veintisiete que componen el segundo capítulo de El Origen de las Especies por medio de la Selección Natural (Origin of Species by Means of Natural Selection; OSMNS) y, hasta ahora hemos visto bien poco acerca de lo que promete su título: Sobre la Variación en la Naturaleza.
La taxonomía brilla por su ausencia. No se nos ha explicado qué son las Categorías Taxonómicas. De la definición de especie mejor no hablar, de la de variedad, menos. Ni se mencionan las categorías de Género, Familia, Órden y Clase, como si en la naturaleza todo estuviese dispuesto de cualquier manera, o, como si dijésemos, ahí tirado.
Por otra parte nos ha llamado la atención descubrir que el autor carece de titulación académica. Ni es médico como lo fueron muchos naturalistas ilustres del XIX, ni tiene formación académica alguna en Ciencia. Además su horario de trabajo, según indica en sus propias memorias es más bien laxo, con jornadas comprendidas entre cero y cuatro horas y cuarto.
Finalmente, el autor que conoce bien lo que es la tautología y la acusa poniendo un buen ejemplo de ella, la consiente sin dudarlo en su obra: La selección natural, la supervivencia del más apto, una pura tautología, es eje central y elemento clave sobre el que montará toda su explicación del origen de las especies (OSMNS). Ocurre igual que con la taxonomía, disciplina a la que se aplica con tesón para sus investigaciones, pero a la que no da gran importancia cuando trata de ella en el capítulo segundo de su obra. Parece así estar aplicando un criterio especial, poco riguroso, al escribir esta obra. El reino de la ambigüedad.
Resulta difícil creer cómo con estos mimbres se pueda tejer la que se considera obra fundamental en Biología y por eso seguimos pertinazmente leyéndola (OSMNS). Ya veremos si, en un momento dado, en algún párrafo suena la flauta y conseguimos encontrar su esencia, o al menos, encontrarle algún contenido de interés. De momento, no hay suerte y lo que encontramos en OSMNS se corresponde con exactitud con lo esperado para obra tejida con tan pobres mimbres: Un pobre cesto . La ciencia brilla por su ausencia en OSMNS.
La importancia de la taxonomía, un ejemplo

Al leer la Autobiografía de Charles Darwin uno va de sorpresa en sorpresa. Ya veíamos por un lado su curioso horario de trabajo que, a lo sumo se llegaba a prolongar en aquellos días notables en los que trabajaba, hasta un total de cuatro horas o cuatro horas y cuarto. Por otro lado veíamos la hondura de sentimiento con la que describía cuando en su juventud decidió ser clérigo, muy probablemente para calmar las iras de su padre.
Pero no es menor la sorpresa al encontrar lo siguiente (p 238; recordemos que es su hijo Francis quien ha recopilado los escritos de su padre):
“………Para comprender la estructura de mi nuevo cirrípedo tuve que examinar y disecar muchas de las formas comunes; y esto me condujo gradualmente a emprender la investigación del grupo entero.”. Al parecer, posteriormente concibió algunas dudas sobre el valor de estos ocho años de trabajo-por ejemplo cuando escribió su Autobiografía: ” Mi labor fue de considerable utilidad cuando tuve que examinar en el Origen de las Especies los principios de la Clasificación Natural. No obstante, dudo que mereciera tanto tiempo como le dediqué………………..”
Para su trabajo sobre los cirrípedos el autor tuvo que dedicar mucho tiempo a la taxonomía. Por eso dice que tal labor fue útil a la hora de examinar en el Origen de las Especies los principios de la Clasificación Natural. Sin embargo, bien poco aparecen tales ideas en lo que llevamos leído del capítulo segundo, dedicado precisamente a la variación en la naturaleza. La taxonomía brilla por su ausencia en OSMNS.
¿Será posible que el autor otorgue la importancia debida a la taxonomía cuando se trata de aplicarla a su propia investigación, mientras que la ignore al tratar de la variación en la naturaleza en su libro? Puede ser. Todo es posible en medio de tanta ambigüedad, puesto que ya hemos visto en el párrafo cincuenta y nueve que el autor emplea un criterio diferente cuando se trata de presentar su propio trabajo o de valorar el trabajo de los demás. En aquella ocasión, el autor describía perfectamente el ejemplo de un razonamiento circular, con lo cual demostraba saber que es perjudicial para la ciencia. Empero en el mismo párrafo daba entrada a la selección natural, la supervivencia del más apto, otro buen ejemplo de razonamiento circular y, por tanto, también perjudicial para la ciencia. Algo semejante a lo anteriormente rechazado con razón era en este caso admitido por proceder de su propia cosecha.
Buenos ejemplos de ambigüedad. Es decir, en unos casos conviene un comportamiento (cuidado con los razonamientos circulares, importancia de la taxonomía), pero en otros casos conviene más el contrario (adelante con los razonamientos circulares, desprecio de la taxonomía). Así el éxito está asegurado.
No en vano en su prólogo a una edición del “Origen de las Especies, en 1956, William R. Thompson dijo:
El éxito del darwinismo fue acompañado por una decadencia en la integridad científica
Seguiremos investigando,……
El señorito ocioso: un caso de vocación malograda de sportsman y de cazador
En su libro titulado El último cambio de siglo: gloria y crisis de Occidente 1870-1914 y publicado por la Editorial Ariel, José Luis Comellas indica erróneamente que Darwin era médico. Ni lo era ni tenía ninguna titulación académica en ámbito científico alguno. Pero dejemos que sea el mismo Darwin quien corrija el error y aclare la situación, puesto que en su autobiografía (p 55) indica:
Cambridge, 1828-1831.- Tras haber pasado dos cursos en Edimburgo, mi padre se percató, o se enteró por mis hermanas, de que no me agradaba la idea de ser médico, así que me propuso hacerme clérigo. Mi padre estaba vehementemente en contra de que me volviera un señorito ocioso, cosa que entonces parecía mi destino mas probable. Pedí algún tiempo para considerarlo, pues, por lo poco que había oido o pensado sobre la materia, sentía escrúpulos acerca de la declaración de mi fe en todos los dogmas de la Iglesia Anglicana aunque, por otra parte, me agradaba la idea de ser cura rural. Por consiguiente leí con atención: Pearson on the Creed (Pearson: acerca del credo) y otros cuantos libros de teología y, como entonces no dudé lo más mínimo sobre la verdad estricta y literal de cada una de las palabras de la biblia, me convencí inmediatamente de que debía aceptar nuestro credo sin reservas
Eugenio d’Ors había captado la idea: Un caso de vocación malograda de sportsman y de cazador.
Jornada de trabajo del genio

En muchas ocasiones se habla de Darwin como genio y se le compara con Copernico, Galileo o Newton. Ignoro las jornadas de trabajo de estos últimos pero de la del primero tengo algún dato.
El capítulo cuarto de la Autobiografía de Charles Darwin editada por Alianza Editorial (Madrid, 1977) se titula Recuerdos de la vida cotidiana de mi padre. El libro no es autobiografía al uso sino que se trata de una composición de su hijo Francis. En cuanto al cuarto capítulo, será dificil encontrar lectores que lo hayan leido con detenimiento puesto que se encuentra detrás de un tercer capítulo laberíntico dedicado a, ni más ni menos, la religión. El afortunado superviviente de catorce páginas describiendo la tumultuosa relación de Darwin con la religión se enfrentará así, mermado de fuerzas, al próximo envite: la descripción que Francis, hijo del genio, hace de la vida cotidiana de su padre. Es ahí donde leemos (p 125):
Después de desayunar a solas alrededor de las 7, 45, se iba en seguida a trabajar; consideraba la hora y media comprendida entre las 8 y las 9, 30 una de sus mejores horas de trabajo. A las 9, 30 iba a buscar sus cartas a la sala de estar; se alegraba cuando la correspondencia era escasa, y a veces le molestaba mucho que no fuera así. Luego, tumbado en el sofá solía escuchar la lectura de alguna carta familiar.
Esta lectura en voz alta, que también incluía un trozo de alguna novela, duraba hasta alrededor de las diez y media, en que volvía a ponerse a trabajar hasta las doce o doce y cuarto. Sobre esta hora daba por terminado el trabajo del día, y a menudo decía con voz de satisfacción: ¡He hecho una buena jornada!
En resumen: Tres horas o tres horas y cuarto de trabajo. Ciertamente una buena jornada!
Si bien unas pocas páginas más adelante leemos (p 135):
De cuatro y media a cinco y media trabajaba; luego iba a la sala y se quedaba sin hacer nada hasta que llegaba la hora (alrededor de las seis) de subir y descansar otro poco con lectura de novela y cigarrillo.
Es decir que la jornada no había terminado como se indicaba antes, sino que se prolongaba todavía por una hora. De acuerdo, entonces tenemos en total cuatro horas o cuatro horas y cuarto de trabajo.
Empero, más adelante, al referirse a la asistencia a una reunión de la Linnean Society, tenemos (p 141):
Únicamente por la mañana temprano podía realizar algún esfuerzo de este tipo con relativa impunidad. Y así sucedía que hacía sus visitas a amigos científicos de Londres preferentemente a una hora tan temprana como las diez de la mañana. por la misma razón emprendía sus viajes en el primer tren que hubiera, y solía llegar a las casas de sus parientes de Londres cuando éstos empezaban la jornada.
Anotaba con exactitud en un diario las jornadas que trabajaba y aquellas en que su mala salud le impedia hacerlo, con objeto de que le fuera posible decir el número de días en que no había hecho nada en un año determinado,………..
O sea que, el horario laboral mencionado de, aproximadamente, tres o cuatro horas, se refería sólo a aquellas jornadas en las que trabajaba. Aquellas en las que no, estaban anotadas en un diario. Al no decir cuántas eran, podemos sospechar que eran muchas.
Imagen de arriba: estudio de Darwin en su casa de Down. tomada de The complete work of Charles Darwin online.
Pequeña imagen de abajo: Portada del libro del que se mencionan aquí unos fragmentos bien curiosos. El reloj procede del Diccionario de Neolengua.
Esperando la explicación prometida se encuentran algunas falacias en el párrafo sexagésimo primero de El Origen de las Especies

Había terminado el párrafo anterior con la promesa de una explicación de esta manera:
Me inclino a sospechar que, por lo menos en algunos de estos géneros polimorfos, vemos variaciones que no son ni de utilidad ni de perjuicio para la especie, y que, por consiguiente, la selección natural no ha recogido ni precisado, según se explicará más adelante.
¿Nos explicará alguna una vez el autor como ha intervenido la selección natural para recoger variaciones que no son ni de utilidad ni de perjuicio para la especie? Sospecho que no. Antes debería dar una explicación de lo que es la Selección Natural, para lo cual a su vez, debería haber empezado por el principio definiendo bien lo que entiende por selección:
Initium doctrinae sit consideratio nominis (principio de toda doctrina es la consideración o estudio de su nombre) decía Epicteto, citado por don Luis Mendizábal en su Tratado de Derecho Natural, quien añadía: “y a la verdad, examinar la significación de los términos, suele ayudar no poco a descubrir la naturaleza de las cosas por ellos representadas” .
La naturaleza no es clara; su intérprete en esta gran obra tan celebrada y que tanto tiempo nos consume (OSMNS), menos. A menudo parece que su intención es crear la confusión. A tal efecto la obra está llena de falacias de todo tipo. Veamos algunos ejemplos:
1. Falacia ad populum (Argumentum ad populum). Al principio del párrafo:
Como todo el mundo sabe, los individuos de la misma especie presentan muchas veces, independientemente de la variación, grandes diferencias de conformación, como ocurre en los dos sexos de diversos animales, en las dos o tres clases de hembras estériles u obreras en los insectos, y en los estados joven y larvario de muchos de los animales inferiores
Al decir al principio de la frase Como todo el mundo sabe, impone su argumento mediante la aprobación popular. A continuación puede decir cualquier cosa que deberá admitirse porque todo el mundo la admite. Pero: ¿Cuáles son las diferencias independientes de la variación? Ninguna.
2. Falacia ad ignorantiam (Argumentum ad ignorantiam). Cuando el autor no encuentra lo que espera, se lo imagina. Lanza su argumento sin prueba alguna:
Aunque en la mayor parte de estos casos las dos o tres formas, tanto en los animales como en los vegetales, no están hoy unidas por gradaciones intermedias, es probable que en otro tiempo estuviesen unidas de este modo.
Y la simplificación a veces alcanza cotas inesperadas:
Nevertheless these cases are only exaggerations of the common fact that the female produces offspring of two sexes which sometimes differ from each other in a wonderful manner.
Sin embargo, estos casos son exageraciones sólo del hecho común de que la hembra produce crías de ambos sexos que a veces difieren entre sí de una manera maravillosa.
Da la sensación de que el autor estaría más a gusto si la naturaleza fuese más dócil. Si en la naturaleza no se presentasen exageraciones, sino tan solo el hecho común que el podría administrar a su gusto. Empero la nota dominante es siempre la contradicción la ambigüedad, que a veces explota incontenible al final del párrafo:
Sin embargo, estos casos son exageraciones sólo del hecho común de que la hembra produce crías de ambos sexos que a veces difieren entre sí de una manera maravillosa.
¿Qué quiere decir que es hecho común que las crías de ambos sexos difieren de manera maravillosa? ¿Acaso no hay contradicción entre hecho común y maravilloso? ¿Es lícito llamar exageraciones a casos naturales?
61.
Individuals of the same species often present, as is known to every one, great differences of structure, independently of variation, as in the two sexes of various animals, in the two or three castes of sterile females or workers among insects, and in the immature and larval states of many of the lower animals. There are, also, cases of dimorphism and trimorphism, both with animals and plants. Thus, Mr. Wallace, who has lately called attention to the subject, has shown that the females of certain species of butterflies, in the Malayan Archipelago, regularly appear under two or even three conspicuously distinct forms, not connected by intermediate varieties. Fritz Muller has described analogous but more extraordinary cases with the males of certain Brazilian Crustaceans: thus, the male of a Tanais regularly occurs under two distinct forms; one of these has strong and differently shaped pincers, and the other has antennae much more abundantly furnished with smelling-hairs. Although in most of these cases, the two or three forms, both with animals and plants, are not now connected by intermediate gradations, it is possible that they were once thus connected. Mr. Wallace, for instance, describes a certain butterfly which presents in the same island a great range of varieties connected by intermediate links, and the extreme links of the chain closely resemble the two forms of an allied dimorphic species inhabiting another part of the Malay Archipelago. Thus also with ants, the several worker-castes are generally quite distinct; but in some cases, as we shall hereafter see, the castes are connected together by finely graduated varieties. So it is, as I have myself observed, with some dimorphic plants. It certainly at first appears a highly remarkable fact that the same female butterfly should have the power of producing at the same time three distinct female forms and a male; and that an hermaphrodite plant should produce from the same seed-capsule three distinct hermaphrodite forms, bearing three different kinds of females and three or even six different kinds of males. Nevertheless these cases are only exaggerations of the common fact that the female produces offspring of two sexes which sometimes differ from each other in a wonderful manner.
Como todo el mundo sabe, los individuos de la misma especie presentan muchas veces, independientemente de la variación, grandes diferencias de conformación, como ocurre en los dos sexos de diversos animales, en las dos o tres clases de hembras estériles u obreras en los insectos, y en los estados joven y larvario de muchos de los animales inferiores. Existen también casos de dimorfismo y trimorfismo, tanto en los animales como en las plantas. Así, míster Wallace, que ha llamado recientemente la atención sobre este asunto, ha señalado que las hembras de algunas especies de mariposas en el Archipiélago Malayo, aparecen normalmente bajo dos, y aun bajo tres, formas notablemente distintas, no enlazadas por variedades intermedias. Fritz Müller ha descrito casos análogos, pero aún más extraordinarios, en los machos de ciertos crustáceos del Brasil: así, el macho de un Tanais se presenta normalmente bajo dos formas distintas: una de ellas tiene pinzas fuertes y de diferente hechura, y la otra tiene las antenas provistas de pelos olfativos mucho más abundantes. Aunque en la mayor parte de estos casos las dos o tres formas, tanto en los animales como en los vegetales, no están hoy unidas por gradaciones intermedias, es probable que en otro tiempo estuviesen unidas de este modo. Míster Wallace, por ejemplo, describe cierta mariposa que, en la misma isla, presenta una gran serie de variedades unidas por eslabones intermedios, y los eslabones extremos de la cadena se asemejan a las dos formas de una especie dimórfica relacionada que habita en otra parte del Archipiélago Malayo. Así también con las hormigas, las diversas castas de los trabajadores en general son bastante distintas, pero en algunos casos, como veremos después, las castas están conectadas entre sí por variedades finamente graduadas. Así ocurre, como yo mismo he observado, con algunas plantas dimorfas. Ciertamente, a primera vista parece un hecho muy notable que la misma mariposa hembra debe tener la capacidad de producir al mismo tiempo tres formas distintas femeninas y una masculina, y que una planta hermafrodita debe producir de la misma cápsula de la semilla tres formas distintas hermafroditas, teniendo tres tipos diferentes de hembras y tres o incluso seis tipos diferentes de machos. Sin embargo, estos casos son exageraciones sólo del hecho común de que la hembra produce crías de ambos sexos que a veces difieren entre sí de una manera maravillosa.
Imagen: Ejemplo del “hecho común” al que se refiere el autor al final de este párrafo. Tomada de Focuspsychology.
Referencia
[1] SANCHO IZQUIERDO, Miguel, Tratado elemental de Filosofía del Derecho y Principios de Derecho Natural. Segunda edición, Librería General, Zaragoza, 1944, pp. 7 y 8.
Epíteto mal traducido y eterna promesa de una explicación futura en el sexagésimo párrafo de El Origen de las Especies

El autor no pone mucho cuidado en distinguir lo que son diferencias individuales de las diferencias entre especies, pero esto no nos sorprende porque las categorías taxonómicas es algo que no le preocupa lo más mínimo. Si su definición de especie es peregrina, la de género, familia, orden o clase, no aparecen por ningún lado.
Donde en inglés dice:
in which species present an inordinate amount of variation
Se ha traducido a veces:
en los cuales las especies presentan una extraordinaria variación
Pero la traducción correcta del epíteto inordinate es inmoderado o excesivo, con lo cual en español la frase es:
en los cuales las especies presentan una inmoderada variación
O bien:
en los cuales las especies presentan una variación excesiva
Pero,…….: ¿Quién puede aspirar a la objetividad si encuentra en la naturaleza aspectos inmoderados o excesivos?
Lo correcto sería decir simplemente:
in which species present a great amount of variation
en los cuales las especies presentan una gran variación
Esto sería más exacto, pero iría contra la retórica pomposa del autor a quien como en otros casos, una traducción justa habría puesto en evidencia, revelando la incorrección. El autor habla de la naturaleza como quien habla de una obra humana. A un edificio, a una granja, a un cuartel se pueden aplicar los epítetos inmoderado o excesivo; a una obra de la naturaleza, no. Ni el Kilimanjaro es inmoderado ni el Nilo excesivo.
La frase final tiene mucha gracia y nos deja en suspense en espera de una explicación que nunca llegará:
I am inclined to suspect that we see, at least in some of these polymorphic genera, variations which are of no service or disservice to the species, and which consequently have not been seized on and rendered definite by natural selection, as hereafter to be explained.
Me inclino a sospechar que, por lo menos en algunos de estos géneros polimorfos, vemos variaciones que no son ni de utilidad ni de perjuicio para la especie, y que, por consiguiente, la selección natural no ha recogido ni precisado, según se explicará más adelante.
There is one point connected with individual differences which is extremely perplexing: I refer to those genera which have been called “protean” or “polymorphic,” in which species present an inordinate amount of variation. With respect to many of these forms, hardly two naturalists agree whether to rank them as species or as varieties. We may instance Rubus, Rosa, and Hieracium among plants, several genera of insects, and of Brachiopod shells. In most polymorphic genera some of the species have fixed and definite characters. Genera which are polymorphic in one country seem to be, with a few exceptions, polymorphic in other countries, and likewise, judging from Brachiopod shells, at former periods of time. These facts are very perplexing, for they seem to show that this kind of variability is independent of the conditions of life. I am inclined to suspect that we see, at least in some of these polymorphic genera, variations which are of no service or disservice to the species, and which consequently have not been seized on and rendered definite by natural selection, as hereafter to be explained.
Existe un punto relacionado con las diferencias individuales que es en extremo desconcertante: me refiero a aquellos géneros que han sido llamados proteos o polimorfos, en los cuales las especies presentan una extraordinaria variación. Por lo que se refiere a muchas de estas formas, difícilmente dos naturalistas se ponen de acuerdo en clasificarlas como especies o como variedades. Podemos poner como ejemplo Rubus, Rosa y Hieracium, entre las plantas; algunos géneros de insectos y de braquiópodos. En la mayor parte de los géneros polimorfos, algunas de las especies tienen caracteres fijos y definidos. Los géneros que son polimorfos en un país parecen ser, con pocas excepciones, polimorfos en otros países, y también -a juzgar por los braquiópodos- en períodos anteriores. Estos hechos son muy desconcertantes, porque parecen demostrar que esta clase de variabilidad es independiente de las condiciones de vida. Me inclino a sospechar que, por lo menos en algunos de estos géneros polimorfos, vemos variaciones que no son ni de utilidad ni de perjuicio para la especie, y que, por consiguiente, la selección natural no ha recogido ni precisado, según se explicará más adelante.
Imagen: Polyommatus icarus, una especie, al parecer, polimorfa. Tomada de Asturnatura.com















