La Planta: Estructura y Función, de Eugenia Flores-Vindas. Un excelente tratado de botánica en español

En su introducción a la Crítica de la Razón Pura de Immanuel Kant, publicada en Londres por Everyman’s Library en 1993 Vasil Politis indica:

Descartes uses reason to purify concepts along these lines and he concludes that , if we can know what things are truly like, all we can know about them is that they are extended and capable of motion, so geometry and mechanics will make up the proper science of things.

Es decir, que para Descartes, en su objetivo de depurar conceptos mediante la razón, la ciencia consistiría principalmente en Geometría y Mecánica. Nada es más necesario para la biología de hoy que la depuración de conceptos y por eso el libro de Eugenia Flores-Vindas que comentaré a continuación, fiel a la consigna cartesiana, merece ser recibido con elogios.

“La Planta: Estructura y Función”,  como su propio nombre indica  se dedica  al estudio de la botánica desde una óptica que, en el sentido indicado es casi estrictamente cartesiana, es decir muy próxima al estudio de su geometría y mecánica. Si el libro no es más cartesiano, es por la diferencia entre la estructura y la geometría, separadas ambas entre sí por una distancia que se acortará a medida que aumente la  dedicación a la segunda. La geometría es la gran asignatura pendiente en biología. Su destierro se debe a un darwinismo excesivamente centrado en la función. La adecuada aplicación de la geometría en botánica dará mucho quehacer y será fuente de sorpresas.

El libro, en dos volumenes, fue publicado en 1999 por la Editorial Libro Universitario Regional (LUR) en Cartago (Costa Rica) con el apoyo de un importante elenco de coeditores en el que lamentablemente se echa de menos la participación de entidades españolas.

El primer volumen, en 367 páginas comprende una introducción y once capítulos dedicados a generalidades sobre el desarrollo vegetal, la célula vegetal, la pared celular y los distintos tejidos (parénquima y colénquima, esclerénquima, epidermis, xilema, floema, cambium vascular, peridermis y estructuras secretoras).

El segundo volumen continúa con la misma paginación hasta la 884 y comprende los capítulos doce al veinte dedicados a la raíz, el tallo, la hoja, inflorescencia y flor, ciclo reproductivo, el fruto, la semilla, dispersión de frutos y semillas y germinación y plántula. A continuación, completan la obra un glosario de términos y dos índices, uno de especies citadas y otro por materias.

El conjunto se centra en la estructura y función de las plantas y a tal fin tiene dos propiedades muy interesantes: En primer lugar, la referencia constante a obras recientes incluyendo abundantes artículos de la bibliografía especializada. En segundo lugar, contiene multitud de casos tomados de plantas tropicales, algunos de ellos de la propia experiencia profesional de la autora. Entre muchos y buenos ejemplos de esta última propiedad se encuentran en las páginas 270 y 271 donde se mencionan muchas plantas utilizadas como fuente de madera en distintas aplicaciones y también en el capítulo XIX dedicado a dispersión de frutos y semillas.

Volviendo a Descartes y a la depuración de conceptos, tan necesaria en Biología y ¿por qué no? también en Botánica, el libro contiene algunos párrafos acertados como por ejemplo en la página 429 en donde indica:

Se han realizado numerosos esfuerzos para describir el meristemo apical en términos precisos pero la mayoría de ellos representan imposiciones conceptuales teóricas, que no resisten el examen experimental

Aunque algunos de sus capítulos son pródigos en divisiones, clasificaciones o pueden contener una terminología compleja, el libro es de grata lectura. Para que esta tendencia fuese en aumento en sucesivas ediciones,  algunos de sus apartados  necesitarían una revisión, por ejemplo el relativo al transporte en el xilema , el comienzo del capítulo XIV dedicado a la hoja en el que trata someramente de la Teoría Telomática o algunos fragmentos en el capítulo sobre senescencia y abscisión de flores.  En tales casos existen párrafos que no resultan lo suficientemente claros.

Ciertos términos deberían ser revisados, por ejemplo claritina substituido por clatrina, bacterioide por bacteroide  u hospedero por hospedador y algunas erratas corregidas (en la página 98 cita la Figura 2-30 como ilustrando a la fotorrespiración, pero dicha figura no trata ese tema; en la página 100 CO3 debería substituirse por C3; en las páginas 116 y 117 menciona a los polisacáridos como pentosas o hexosas, debería ser compuestos de pentosas o hexosas; en la p 294 y 295, la P-proteina se debería llamar proteína P; en la p 523 el fitocromo A  PHYA y no PHYLA).

Adecuadamente ilustrado, contiene muchas imágenes de calidad, destacando una buena colección de fotografías al microscopio electrónico de barrido, bien resultado de un trabajo original de la autora o reproducidas de  artículos originales. No obstante, y siempre con el objetivo de facilitar la lectura, algunas de sus imágenes podrían mejorarse, en particular esquemas que contienen abundante texto con letra pequeña.

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