El autor presume de haberse inspirado en de Candolle y Lyell mientras pierde el hilo de la ciencia y promete trabajos futuros en un tema yermo en el párrafo octogésimo séptimo de El Origen de las Especies

Dice el autor:

 

The elder De Candolle and Lyell have largely and philosophically shown that all organic beings are exposed to severe competition.

 

Pero,…¿en dónde han mostrado De Candolle and Lyell esto?

 

¿En dónde lo ha publicado W. Herbert, el Dean of Manchester en relación con las plantas?

 

En ninguna parte . Ni libro, ni artículo científico digno de consideración, contiene tal afirmación en relación con la formación de nuevas especies,  hasta que esto convino al poder representado por determinadas autoridades.

 

¿Qué misterio insondable encierra la frase siguiente?:

 

Nothing is easier than to admit in words the truth of the universal struggle for life, or more difficult—at least I found it so—than constantly to bear this conclusion in mind.

 

Nada más fácil que admitir de palabra la verdad de la lucha universal por la vida, ni más difícil -por lo menos, así lo he experimentado yo- que tener siempre presente esta conclusión

 

Palabras que son más propias de un gurú que de un científico. La escritura autoritaria en estado puro.

 

La lucha por la vida como principio en la ciencia de la vida. La dismal science (ciencia desastrosa o economía maltusiana) invadiendo los terrenos de la scientia amabilis (botánica). Si a alguien tenía que haber citado el autor no era a de Candolle ni a Lyell. No. Ningún científico habría tomado en serio semejante principio metafísico. A quien tenía que haber citado el autor es a Heráclito: Polemos, el combate, padre de todas las cosas, y rey que gobierna lo que existe. Como tal, es universal. Aunque no todo el mundo fuese de la misma opinión. Porque ahora ya no estamos hablando de magnitudes y de ciencia, sino de puntos de vista y opiniones.  De obediencia a una norma.

 

87. We will now discuss in a little more detail the struggle for existence. In my future work this subject will be treated, as it well deserves, at greater length. The elder De Candolle and Lyell have largely and philosophically shown that all organic beings are exposed to severe competition. In regard to plants, no one has treated this subject with more spirit and ability than W. Herbert, Dean of Manchester, evidently the result of his great horticultural knowledge. Nothing is easier than to admit in words the truth of the universal struggle for life, or more difficult—at least I found it so—than constantly to bear this conclusion in mind. Yet unless it be thoroughly engrained in the mind, the whole economy of nature, with every fact on distribution, rarity, abundance, extinction, and variation, will be dimly seen or quite misunderstood. We behold the face of nature bright with gladness, we often see superabundance of food; we do not see or we forget that the birds which are idly singing round us mostly live on insects or seeds, and are thus constantly destroying life; or we forget how largely these songsters, or their eggs, or their nestlings, are destroyed by birds and beasts of prey; we do not always bear in mind, that, though food may be now superabundant, it is not so at all seasons of each recurring year.

Discutiremos ahora, con algo más de detalle, la lucha por la existencia; en mi obra futura este asunto será tratado, como bien lo merece, con mayor extensión. Aug. P. de Candolle y Lyell han expuesto amplia y filosóficamente que todos los seres orgánicos están sujetos a rigurosa competencia. Por lo que se refiere a las plantas, nadie ha tratado este asunto con mayor energía y capacidad que W. Herbert, deán de Manchester; lo que, evidentemente, es resultado de su gran conocimiento en horticultura. Nada más fácil que admitir de palabra la verdad de la lucha universal por la vida, ni más difícil -por lo menos, así lo he experimentado yo- que tener siempre presente esta conclusión; y, sin embargo, si no se fija por completo en la mente la economía entera de la naturaleza, con todos los hechos de distribución, rareza, abundancia, extinción y variación, serán vistos confusamente o serán por completo mal comprendidos. Contemplamos la faz de la naturaleza resplandeciente de alegría, vemos a menudo superabundancia de alimentos; pero no vemos, u olvidamos, que los pájaros que cantan ociosos a nuestro alrededor viven en su mayor parte de insectos o semillas y están así constantemente destruyendo vida; olvidamos con qué abundancia son destruidos estos cantores, sus huevos y sus polluelos por las aves y mamíferos rapaces; no siempre tenemos presente que, aun cuando el alimento puede ser en este momento muy sobrado, no ocurre esto así en todas las estaciones de cada uno de los años sucesivos.

 

 

 

 

 

 

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