El tiempo y otras dificultades

 

¿Qué es el tiempo? ¿Alguien lo sabe? Pues no. Ni idea. Y la prueba, estas brillantes sentencias de D Agustín García Calvo:

 

El que no haya tenido tan siquiera la gracia de quedarse pensativo (y bien se le disculparía si envidioso al mismo tiempo) contemplando las andanzas de un gato, calmosas, sigilosas desapasionadas, de un cuarto a otro de la casa, y otra vez del otro al uno, subiendo las escaleras de uno al otro piso para volver a bajarlas tranquilamente, como señales evidentes de no estar buscando nada ni de ir a ningún sitio, o bien mirando a un asno plantado, delante de la cuadra, sobre sus cuatro patas, mirando indiferente ponerse el sol, durante una hora, dos horas de las nuestras, sin más movimiento que, lo más, una leve oscilación del rabo o un lento rebuzno cada media hora, difícilmente podrá entender qué es de lo que aquí tratamos.

 

Agustín García Calvo. Contra el tiempo. 2ª ed. Lucina 2001.

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Comentarios

Todos sabemos que es el tiempo: es la medida del cambio. ¿Por qué cuestionar entonces lo que es autoevidente? Me parece a mí que la cuestión no es cuestionar tanto el tiempo mismo sino la realidad objetiva. Se trata de cuestionar el ser de la realidad misma, su objetividad. Hoy se nos tratan de convencer que la realidad no es real sino un producto de nuestra imaginación, una creación subjetiva… En realidad todo el pensamiento de la modernidad a lo único que se dedica es a minar la entidad de una realidad objetiva a nosotros.

En fin, la gente burda y grosera como yo, más bien medieval que otra cosa, seguiremos pensando en que la realidad… es la realidad… y el tiempo es algo muy claro y evidente que todos sabemos lo que es.

Muchas gracias por el comentario, Miguel. Yo, como decía arriba en la entrada, no se lo que es el tiempo. No me parece a mí que el cambio, así, en general como usted indica sea magnitud. No creo que el cambio tenga medida alguna y por lo tanto su definición no me vale. Lo siento.

Otra cosa es lo que dice usted de cuestionar el ser de la realidad misma, su objetividad, y las otras cosas que usted menciona.

Está claro en su comentario (Hoy se nos tratan de convencer que la realidad no es real sino un producto de nuestra imaginación, una creación subjetiva…; supongo que querrá decir Hoy se nos trata …) que usted ha notado cierta presión por hacerle ver y creer cosas que no son; o lo que es lo mismo por hacerle ver como realidad lo que no lo es y viceversa. Me sumo a la experiencia.

Está claro lo que usted indica: todo el pensamiento de la modernidad a lo único que se dedica es a minar la entidad de una realidad objetiva a nosotros. Puesto que así se nos hace más dóciles. Creyendo y pensando que todo es relativo, que todo vale, somos más dóciles. El binomio Con-Con, del que he hablado en este blog. Generar confusión para obtener el control. La ambigüedad, ejemplar en Darwin y en OSMNS.

Yo que, como usted, presumo también de ser burdo y medieval, concibo bien la realidad si lo que se trata es de distinguirla de las mentiras. Ahí no hay relatividad posible y la modernidad podríamos mandarla a paseo con todos sus apóstoles, Darwin incluido. Pero en lo que respecta al tiempo… Ahí, con perdón, ni sé lo que es ni me resulta tan claro y evidente.

Reciba un cordial saludo

Si se fija todo ‘medidor’ de tiempo, por ejemplo un reloj, se basa en un cambio continuo y homogéneo de tal medidor. La manilla del reloj estaba allí, ahora está aquí… ha pasado un segundo. Y de hecho si nada, nada cambia (ni siquiera el reloj, ni siquiera nuestro pensamiento) entonces no existiría el tiempo… es que ni siquiera lo pensaríamos puesto que pensar es experimentar el cambio del pensamiento.

Es más la experiencia radicalmente humana, o sea la conciencia, es experiencia del cambio químicamente puro: De pronto descubrimos la chica más bella del mundo. Nosotros estábamos en una cafetería disfrutando de un café y ella entra… y tomamos conciencia de que es la más bella del mundo… Ese darse cuenta es un acto de conciencia y siempre es un cambio, algo nuevo entra en el foco de nuestra conciencia: como la chica más bella del mundo cuando entra una mañana en nuestra cafetería.

De hecho el tiempo es la experiencia radical de nuestra conciencia… el tiempo es intrínseco a nuestra conciencia. Y decir que el tiempo es la medida del cambio (creo que la idea me la copio Aristóteles), es solo una racionalización a posteriori. Una racionalización de algo que es constitutivo e intrínseco a nuestro ser. Es más, incluso la duda sobre la realidad del tiempo… ocurre en el tiempo y lo sabemos.

Por cierto, García Calvo que fue mi profe de latín en la universidad y de nihilismo en la vida (cuando yo era joven y me podía permitir ser nihilista), fue un hombre muy metódico con el tiempo. Y una vez que llego tarde a una clase nos dijo que el controlaba cuando llegaba a la hora, pero también controlaba cuando llegaba tarde… Y creo que era verdad… por mucho que le molestara el tiempo y la verdad.

Por cierto, aprovecho para darle las gracias por su blog, que siempre leo con fruición y que me ayuda mucho a desengancharme de toda mítica seudocientífica.

Estimado Miguel,

Muchas gracias por el comentario. Me alegra saber que fue usted alumno de mi admirado don Agustín. Yo disfruté con algunas de sus conferencias y de una entrevista en su casa de Zamora, amén de unos cuántos de sus libros que tengo siempre a mano, como este “Contra el Tiempo”, el titulado ¿Qué es lo que pasa?, que es una crítica de la Física moderna, su traduccción del poema de Lucrecio y otros. Los dos últimos los tengo dedicados y en el titulado “¿Qué es lo que pasa?” la dedicatoria dice: Para Emilio Cervantes, por si algo común nos lleva a descubrir lo que no sabemos. No tengo a mano su traducción del poema de Lucrecio pero quiero recordar que la dedicatoria ahi iba sobre la necesidad de desmontar engaños. Esa era y es una de las facetas que yo más admiro de don Agustín: Su capacidad para desmontar engaños.

Si se fija, y ya veo que es usted amable y lo hará; digo si se fija, Miguel, verá que una buena parte del discurso cotidiano consiste en engaños.

Por ejemplo, las falsas suposiciones. Cuando usted dice:

“Y de hecho si nada, nada cambia (ni siquiera el reloj, ni siquiera nuestro pensamiento) entonces no existiría el tiempo”

¿De qué me está hablando? ¿Me quiere usted trastornar el juicio? Si nada, nada cambia, entonces nada, nada existiría, y esa falacia que usted acaba de hacer no explica nada, mucho menos el tiempo.

Igualmente hay falacia cuando dice:

“pensar es experimentar el cambio del pensamiento”

Frase circular que nos llevaría a:

“pensar es experimentar el cambio de de experimentar el cambio de experimentar el cambio de …”

Luego por lo tanto, no señor, Miguel. Mil disculpas por llevarle a usted la contraria, pero pensar no es experimentar el cambio del pensamiento. Casi soy más partidario de creer que pensar se aproxima más a no experimentar cambio alguno que a experimentarlo, pero no me atreveré de momento a sostener tal afirmación.

Tampoco creo que la conciencia sea experiencia del cambio químicamente puro. Me gustaría que usted argumentase para intentar convencerme de esto, que me parece fundamental. Mi tendencia, como le digo es más bien contraria a ello, es decir que la conciencia es algo más parecido a una experiencia estática, pero de momento tampoco me atrevo a aportar pruebas. Es, por ahora una intuición que me gustaría someter a su criterio.

Muchas gracias por su atención y reciba un cordial saludo

Estimado Emilio,

Todo discurso puede contener mentiras y/o errores. Y es que todo discurso es una interpretación de la realidad desde una perspectiva personal. Y por eso sobre la misma realidad puede haber tantos discursos como subjetividades existan tan. Pero de ahí el pensamiento moderno deduce la relatividad o hasta la falsedad de todo discurso… Pero, para llegar a esa conclusión (“escuela de la duda”), previamente hay que admitir axiomáticamente que no existe la realidad (Schopenhauer) o que la realidad es incognoscible (Kant). Pero todo esto sí que es una falacia.

Por ejemplo, los dos somo espectadores un accidente de tráfico. Y luego ante la policía o los periodistas, cada uno por nuestro lado contará el accidente de una manera, y será bastante distinta la narración… ¿Significa eso que tal accidente es una construcción de nuestra mente? No. Significa que cada uno tiene un punto de vista distinto. Pero ni usted, ni yo, ni el periodista que nos pregunta dudamos de la realidad del accidente.

Y precisamente porque existe la realidad (del accidente por ejemplo), es que existe la verdad: es decir la adecuación de nuestro discurso a la realidad. Y que nuestra descripción del accidente sea distinta, no significa que uno de los dos discursos no sea más verdadero (ajustado a la realidad) que el otro. Todos los relativistas (todo los pensadores modernos, incluyendo a García Calvo) dudan del discurso y de ahí deducen que “la verdad es solo una convención social” (Nietzsche dixit), o que es ideología (Marx), o que es producto de la manipulación del inconsciente (Freud), etc. (“escuela de la duda”),… Pero para llegar a esa conclusión, primero han tenido que deshacerse la realidad.

Tanto el tiempo como el Espacio son la condición de la realidad física y mental. El espacio es visualmente más intuitivo. El tiempo es algo que descubrimos más a posteriori, como efecto del cambio. Y no es que el tiempo y el cambio sean la misma cosa, sino que el tiempo se manifiesta a nuestra conciencia a través de cambio de las cosas. Y por eso medimos el tiempo con un cambio controlado y uniforme como el de un reloj.

Y eso, repito todos lo sabemos, todos lo experimentamos (cambio y tiempo), y solo por una cuestión ideológica (ciertas cosas que nos han enseñado más allá de la experiencia) somos capaces de cuestionarlo. Y García Calvo seria todo lo relativista que se quiera pero siempre era puntualísimo (en sus clases, en sus charlas y coloquios programados), de lo que deduzco que tenía reloj.

Quiero aclararle una cosa: en el calor y la velocidad de lo que escribo podría pensarse que para mí el tiempo es algo subjetivo (por ejemplo cuando digo “sí nada cambia (ni siquiera el reloj, ni siquiera nuestro pensamiento) entonces no existiría el tiempo”, y que usted critica con razón). Ahora bien, para mi tanto el espacio como el tiempo son realidades objetivas e independientes a que yo la perciba o no (aunque toda la humanidad desapareciera, el tiempo seguiría existiendo). Lo que quería transmitir es que el tiempo lo percibimos en el cambio y con él su realidad se vuelve incuestionable. Pero el tiempo es la condición para que el cambio, y a la vez, el cambio nos revela el tiempo. Pero la relación tiempo-cambio es el de continente- contenido.

Finalmente, con esto del tiempo la cuestión es que como todos nosotros percibimos el tiempo como condición de la realidad, resulta que no es la tesis de que el tiempo existe y es real la que hay que demostrar. Sino que es la tesis de la irrealidad del tiempo la que exige pruebas para ser sostenida. Es algo parecido, salvadas las distancias, a lo que ocurre con el geocentrismo: todos percibimos que el sol gira alrededor de la tierra, por tanto, lo que habría que demostrar es el heliocentrismo y no el geocentrismo. Igualmente es la tesis de la irrealidad del tiempo lo que exige pruebas.

Estimado Miguel,

Me alegra leer su comentario. Especialmente esa parte del final que dice:

“Es algo parecido, salvadas las distancias, a lo que ocurre con el geocentrismo: todos percibimos que el sol gira alrededor de la tierra, por tanto, lo que habría que demostrar es el heliocentrismo y no el geocentrismo. Igualmente es la tesis de la irrealidad del tiempo lo que exige pruebas.”

Exacto. Esa comparación es mucho más justa y fructífera de lo que podría parecer a primera vista. Hubo un mundo, se nos dice, en que las personas, engañadas por su percepción, creyeron que el sol giraba alrededor de la tierra. Cierto. Luego mi conclusión particular es: 1. Como veíamos ayer, a las personas nos engañan otras personas. A esto que es lo habitual, y cada vez más, se viene a sumar ahora 2. Que a las personas nos engaña nuestra propia percepción.

Con estas premisas no se que tipo de pruebas puede usted pedir para que yo le demuestre, no ya la irrealidad del tiempo, algo que hasta ahora no he defendido en ningún momento, sino la existencia de una realidad intemporal, que es lo que defiendo.

En cuanto a que existe la verdad, según usted la define, es decir la adecuación de nuestro discurso a la realidad, estoy de acuerdo. Lo que no me puede encajar entonces es eso de que para llegar a esa conclusión, primero haya nadie tenido que deshacerse de la realidad. Si bien el sujeto de esa frase, es decir todo los pensadores modernos, ya me indica que la frase es bien poco de fiar. Ni le cuento ya al leer los ejemplos.

Donde dice “Tanto el tiempo como el Espacio son la condición de la realidad física y mental” me gustaría proponerle como alternativa Tanto el tiempo como el Espacio son la condición impuesta de la realidad física y mental. ¿Le parece?

Y donde dice:

El tiempo es algo que descubrimos más a posteriori, como efecto del cambio

Diríamos:

El tiempo es algo que nos es impuesto (o nos imponen) más a posteriori, como efecto del, omnipresente y todopoderoso cambio, sinónimo de progreso, de evolución, es decir de la imposición máxima de nuestra época.

Procure por favor escribir menos cantidad y ser más claro si es que hay algo que desea seguir discutiendo.

Por mi parte ante la ausencia de los argumentos que le pedía ayer (Tampoco creo que la conciencia sea experiencia del cambio químicamente puro. Me gustaría que usted argumentase para intentar convencerme de esto), entiendo que ha reconocido que la conciencia no es para nada experiencia del cambio químicamente puro y que por tanto había escrito esto sin reflexión previa.

Reciba un cordial saludo

Estimado Emilio,

¿Pruebas? Qué el tiempo lo que posibilita el cambio, y que, inversamente, el tiempo se mide por el cambio, no necesita pruebas pues es, no ya la definición de Aristóteles, es también la de la Física moderna (por eso hablamos de la velocidad constante de la luz, siendo la velocidad una función del tiempo), y del sentido común, y de la inmensa mayoría de la humanidad, incluyendo en la práctica a García Calvo y a usted. Por tanto, es usted el que debe las pruebas. Con un ejemplo: si usted afirma que es Napoleón reencarnado, no soy yo el que debo dar pruebas de que no es el tal Napoleón, debería ser usted el que diera pruebas de que lo es, ¿no cree?

No obstante le voy a dar una prueba (aunque repito que no tengo ninguna obligación): si la realidad fuera intemporal… usted podría contestar simultáneamente lo que yo estoy diciendo. Pero no puede ni siquiera lo intenta; usted espera a que yo opine, lo lee, y entonces lo contesta, y si repasa este hilo vera que cada una de sus respuestas es posteríos en el tiempo a lo que yo digo y usted responde… Revise fecha y hora de cada post y verá que no le miento. Y ahora usted habla de una realidad intemporal, pero en la práctica demuestra que no cree en tal hipótesis.

Y dice usted además:

CON ESTAS PREMISAS NO SE QUE TIPO DE PRUEBAS PUEDE USTED PEDIR PARA QUE YO LE DEMUESTRE, NO YA LA IRREALIDAD DEL TIEMPO, ALGO QUE HASTA AHORA NO HE DEFENDIDO EN NINGÚN MOMENTO, SINO LA EXISTENCIA DE UNA REALIDAD INTEMPORAL, QUE ES LO QUE DEFIENDO.

Lo cual, dicho así no tiene demasiado sentido… principalmente por tres razones:

1ª) Porque usted dice ahora que cree en la “EXISTENCIA DE UNA REALIDAD INTEMPORAL”, pero este hilo está encabezada por la siguiente tesis (su tesis inicial): “¿QUÉ ES EL TIEMPO? ¿ALGUIEN LO SABE? PUES NO. NI IDEA.” O sea que empieza diciendo que no tiene ni idea lo que es el tiempo, y acaba diciendo que no es que niegue el tiempo, sino que cree que la realidad es intemporal.

2ª) Pero, la siguiente contradicción es aún más escandalosa: según usted nunca ha defendido la irrealidad del tiempo… Pero a la vez defiende una realidad intemporal. Luego si la realidad es intemporal (literalmente una realidad sin tiempo) entonces es que no existe el tiempo, a menos que exista fuera de la realidad.

3ª) Finalmente, se deduce inmediatamente que si dice que la realidad es intemporal entonces es que según usted nada cambia (¿o es que hay cambio sin tiempo?) Y si nada cambia entonces el pasado y el futuro están tan presente como el ahora… ¿Realmente es seria esa tesis? Yo creo que no.

Sabe una cosa, creo que el que está escribiendo sin una reflexión previa es usted y no yo.

(requerido)

(requerido)


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