Archivo de febrero 24th, 2015

Jamás encontramos traspuestos, por ejemplo, los huesos del brazo y antebrazo, o los del muslo y la pierna; en el párrafo septingentésimo cuadragésimo de El Origen de las Especies

¡Qué increible manera de explicar las observaciones de Geoffroy St. Hilaire! De repente, así como quien no quiere la cosa el autor nos ha introducido en el mundo de la morfología y acto seguido nos presenta las observaciones de Geoffroy St. Hilaire como un relámpago. Sin introducción previa alguna. Sin explicación alguna. Sin referencia a la obra de Lamarck ni de Cuvier. Evidentemente, tales referencias servirían de contraste mostrando lo que es ciencia y lo que no lo es, algo que no conviene en este momento al autor.

 

 

740.

Geoffroy St. Hilaire has strongly insisted on the high importance of relative position or connexion in homologous parts; they may differ to almost any extent in form and size, and yet remain connected together in the same invariable order. We never find, for instance, the bones of the arm and forearm, or of the thigh and leg, transposed. Hence the same names can be given to the homologous bones in widely different animals. We see the same great law in the construction of the mouths of insects: what can be more different than the immensely long spiral proboscis of a sphinx-moth, the curious folded one of a bee or bug, and the great jaws of a beetle? Yet all these organs, serving for such widely different purposes, are formed by infinitely numerous modifications of an upper lip, mandibles, and two pairs of maxillae. The same law governs the construction of the mouths and limbs of crustaceans. So it is with the flowers of plants.

 

Geoffroy St. Hilaire ha insistido mucho sobre la gran importancia de la posición relativa o conexión en las partes homólogas: pueden éstas diferir casi ilimitadamente en forma y tamaño, y, sin embargo, permanecen unidas entre sí en el mismo orden invariable. jamás encontramos traspuestos, por ejemplo, los huesos del brazo y antebrazo, del muslo y pierna; de aquí que pueden darse los mismos nombres a huesos homólogos en animales muy diferentes. Vemos esta misma gran ley en la construcción de los órganos bucales de los insectos: ¿qué puede haber más diferente que la proboscis espiral, inmensamente larga, de un esfíngido; la de una abeja o de una chinche, curiosamente plegada, y los grandes órganos masticadores de un coleóptero? Sin embargo, todos estos órganos, que sirven para fines sumamente diferentes, están formados por modificaciones infinitamente numerosas de un labio superior, mandíbulas y dos pares de maxilas. La misma ley rige la construcción de los órganos bueales y patas de los crustáceos. Lo mismo ocurre en las flores de las plantas.

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