Siguiendo los consejos de Mr Watson se destaca también la convergencia del carácter en el párrafo centésimo nonagésimo primero de El Origen de las Especies

 

No sabemos quién es Mr Watson. Tan sólo que le ha indicado al autor que exagera la importancia de la divergencia.  El autor sigue su consejo y dedica un párrafo a la convergencia de carácter. No obstante, su actitud  no queda muy clara tras leer el párrafo. Al parecer no se muestra favorable a tal convergencia de carácter. Estaría bien que hubiese proporcionado al menos un ejemplo o al menos, en su ausencia, que hubiese indicado que no conocía ejemplo alguno, con lo cual hubiese reconocido directamente que estaba especulando. Así, podemos deducir que el párrafo es de nuevo el fruto de la especulación libre del autor motivada por los comentarios de algún amigo.

 

191. CONVERGENCE OF CHARACTER.

 

Mr. H.C. Watson thinks that I have overrated the importance of divergence of character (in which, however, he apparently believes), and that convergence, as it may be called, has likewise played a part. If two species belonging to two distinct though allied genera, had both produced a large number of new and divergent forms, it is conceivable that these might approach each other so closely that they would have all to be classed under the same genus; and thus the descendants of two distinct genera would converge into one. But it would in most cases be extremely rash to attribute to convergence a close and general similarity of structure in the modified descendants of widely distinct forms. The shape of a crystal is determined solely by the molecular forces, and it is not surprising that dissimilar substances should sometimes assume the same form; but with organic beings we should bear in mind that the form of each depends on an infinitude of complex relations, namely on the variations which have arisen, these being due to causes far too intricate to be followed out—on the nature of the variations which have been preserved or selected, and this depends on the surrounding physical conditions, and in a still higher degree on the surrounding organisms with which each being has come into competition—and lastly, on inheritance (in itself a fluctuating element) from innumerable progenitors, all of which have had their forms determined through equally complex relations. It is incredible that the descendants of two organisms, which had originally differed in a marked manner, should ever afterwards converge so closely as to lead to a near approach to identity throughout their whole organisation. If this had occurred, we should meet with the same form, independently of genetic connection, recurring in widely separated geological formations; and the balance of evidence is opposed to any such an admission.

 

Míster H. C. Watson piensa que he exagerado la importancia de la divergencia de caracteres -en la cual, sin embargo, parece creer- y que la convergencia, como puede llamarse, ha representado igualmente su papel. Si dos especies pertenecientes a dos géneros distintos, aunque próximos, hubiesen producido un gran número de formas nuevas y divergentes, se concibe que éstas pudieran asemejarse tanto mutuamente que tuviesen que ser clasificadas todas en el mismo género y, de este modo, los descendientes de dos géneros distintos convergirían en uno. Pero en la mayor parte de los casos sería sumamente temerario atribuir a la convergencia la semejanza íntima y general de estructura entre los descendientes modificados de formas muy diferentes. La forma de un cristal está determinada únicamente por las fuerzas moleculares, y no es sorprendente que substancias desemejantes hayan de tomar algunas veces la misma forma; pero para los seres orgánicos hemos de tener presente que la forma de cada uno depende de una infinidad de relaciones complejas, a saber: de las variaciones que han sufrido, debidas a causas demasiado intrincadas para ser indagadas; de la naturaleza de las variaciones que se han conservado o seleccionado -y esto depende de las condiciones físicas ambientales, y, en un grado todavía mayor, de los organismos que rodean a cada ser, y con los cuales entran en competencia- y, finalmente, de la herencia -que en sí misma es un elemento fluctuante- de innumerables progenitores, cada uno de los cuales ha tenido su forma, determinada por relaciones igualmente complejas. No es creíble que los descendientes de los dos organismos que primitivamente habían diferido de un modo señalado convergiesen después tanto que llevase a toda su organización a aproximarse mucho a la identidad. Si esto hubiese ocurrido, nos encontraríamos con la misma forma, que se repetiría, independientemente de conexiones genéticas, en formaciones geológicas muy separadas; y la comparación de las pruebas se opone a semejante admisión.

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