‘OSMNS Chapter 8’

Supuestas modificaciones de algunos himenópteros en el párrafo cuadrigentésimo vigésimo primero de El Origen de las Especies

¿Qué pruebas aporta el autor en favor de esta sentencia?:

en estos himenópteros se han modificado no sólo sus instintos, sino también su conformación en relación con sus costumbres parásitas

¿Conoce algún ejemplo de lo que indica, es decir de algún himenóptero antes y después de tales modificaciones?

 

Indica el autor:

 

no sé ver dificultad alguna en que la selección natural haga permanente una costumbre accidental, si es ventajosa para la especie, y si no es exterminado de este modo el insecto cuyo nido y provisión de comida se apropia traidoramente.

 

Pero esto es un gran disparate: En primer lugar hay que demostrar que una sola costumbre accidental se pueda convertir en permanente. A continuación demostrar el mecanismo que lo explica. Hecho todo esto, se demuestra que en ningún caso interviene la selección natural. Jamás.

 

 

421

 

Many bees are parasitic, and regularly lay their eggs in the nests of other kinds of bees. This case is more remarkable than that of the cuckoo; for these bees have not only had their instincts but their structure modified in accordance with their parasitic habits; for they do not possess the pollen-collecting apparatus which would have been indispensable if they had stored up food for their own young. Some species of Sphegidae (wasp-like insects) are likewise parasitic; and M. Fabre has lately shown good reason for believing that, although the Tachytes nigra generally makes its own burrow and stores it with paralysed prey for its own larvae, yet that, when this insect finds a burrow already made and stored by another sphex, it takes advantage of the prize, and becomes for the occasion parasitic. In this case, as with that of the Molothrus or cuckoo, I can see no difficulty in natural selection making an occasional habit permanent, if of advantage to the species, and if the insect whose nest and stored food are feloniously appropriated, be not thus exterminated.

 

 

Muchos himenópteros son parásitos, y ponen regularmente sus huevos en nidos de otras especies de himenópteros. Este caso es más notable que el del cuclillo, pues en estos himenópteros se han modificado no sólo sus instintos, sino también su conformación en relación con sus costumbres parásitas, pues no poseen el aparato colector del polen, que hubiera sido indispensable si recogiesen comida para sus propias crías. Algunas especies de esfégidos -insectos que parecen avispas- son también parásitos, y monsieur Fabre, recientemente, ha señalado motivos fundados para creer que, aun cuando el Tachytes nigra generalmente hace su propio agujero y lo aprovisiona con presas paralizadas para sus propias larvas, a pesar de esto, cuando este insecto encuentra un agujero ya hecho y aprovisionado por otro esfégido, se aprovecha de la ventaja y se hace accidentalmente parásito. En este caso, como en el del Molothrus o en el del cuclillo, no sé ver dificultad alguna en que la selección natural haga permanente una costumbre accidental, si es ventajosa para la especie, y si no es exterminado de este modo el insecto cuyo nido y provisión de comida se apropia traidoramente.

 

 

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Observaciones sobre el odioso comportamiento del cuclillo y su deseo ciego en el párrafo cuadrigentésimo décimo octavo de El Origen de las Especies

La Teoría de Evolución por Selección Natural en estado puro. No se la pierdan:

 El primer paso hacia la adquisición de este instinto pudo haber sido la simple inquietud involuntaria por parte del joven cuclillo,  ya un poco adelantado en edad y fuerza,  habiéndose después perfeccionado y transmitido esta costumbre a una edad más temprana.  No sé ver en esto mayor dificultad que en que los polluelos de otras aves, antes de salir del huevo, adquirieran el instinto de romper su propio cascarón, o en que en las culebras pequeñas, como lo ha señalado Owen, se forme en las mandíbulas superiores un diente agudo transitorio para cortar la cubierta apergaminada del huevo; pues si cada parte es susceptible de variaciones individuales en todas las edades, y las variaciones tienden a ser heredadas a la edad correspondiente o antes -hechos que son indiscutibles-, los instintos y la conformación del individuo joven pudieron modificarse lentamente, lo mismo que los del adulto, y ambas hipótesis tienen que sostenerse o caer junto con toda la teoría de la selección natural.

 

 

 

418

In the case of the European cuckoo, the offspring of the foster-parents are commonly ejected from the nest within three days after the cuckoo is hatched; and as the latter at this age is in a most helpless condition, Mr. Gould was formerly inclined to believe that the act of ejection was performed by the foster-parents themselves. But he has now received a trustworthy account of a young cuckoo which was actually seen, while still blind and not able even to hold up its own head, in the act of ejecting its foster-brothers. One of these was replaced in the nest by the observer, and was again thrown out. With respect to the means by which this strange and odious instinct was acquired, if it were of great importance for the young cuckoo, as is probably the case, to receive as much food as possible soon after birth, I can see no special difficulty in its having gradually acquired, during successive generations, the blind desire, the strength, and structure necessary for the work of ejection; for those cuckoos which had such habits and structure best developed would be the most securely reared. The first step towards the acquisition of the proper instinct might have been mere unintentional restlessness on the part of the young bird, when somewhat advanced in age and strength; the habit having been afterwards improved, and transmitted to an earlier age. I can see no more difficulty in this than in the unhatched young of other birds acquiring the instinct to break through their own shells; or than in young snakes acquiring in their upper jaws, as Owen has remarked, a transitory sharp tooth for cutting through the tough egg-shell. For if each part is liable to individual variations at all ages, and the variations tend to be inherited at a corresponding or earlier age—propositions which cannot be disputed—then the instincts and structure of the young could be slowly modified as surely as those of the adult; and both cases must stand or fall together with the whole theory of natural selection.

 

En el caso del cuclillo europeo, los hijos de los padres adoptivos son, por lo común, arrojados del nido a los tres días de haber salido el cuclillo del huevo, y como el cuclillo a esta edad se encuentra en un estado en que no puede valerse, míster Gould se inclinó primero a creer que el acto de la expulsión era ejecutado por los mismos padres nutricios; pero ahora ha recibido un informe fidedigno de que un cuclillo, todavía ciego e incapaz hasta de levantar su propia cabeza, fue positivamente visto en el acto de arrojar a sus hermanos adoptivos. El observador volvió a colocar en el nido uno de éstos, y fue arrojado de nuevo. Respecto de los medios por los que fue adquirido este extraño y odioso instinto, si fue de gran importancia para el joven cuclillo, como lo fue probablemente el recibir tanta comida como sea posible en seguida de su nacimiento, no sé ver especial dificultad en que el cuclillo, durante las sucesivas generaciones, haya adquirido gradualmente el deseo ciego, la fuerza y la estructura necesarias para el trabajo de expulsión, pues aquellos cuclillos jóvenes que tuviesen más desarrollada tal costumbre y conformación serían los que se criarían con más seguridad. El primer paso hacia la adquisición de este instinto pudo haber sido la simple inquietud involuntaria por parte del joven cuclillo, ya un poco adelantado en edad y fuerza, habiéndose después perfeccionado y transmitido esta costumbre a una edad más temprana. No sé ver en esto mayor dificultad que en que los polluelos de otras aves, antes de salir del huevo, adquirieran el instinto de romper su propio cascarón, o en que en las culebras pequeñas, como lo ha señalado Owen, se forme en las mandíbulas superiores un diente agudo transitorio para cortar la cubierta apergaminada del huevo; pues si cada parte es susceptible de variaciones individuales en todas las edades, y las variaciones tienden a ser heredadas a la edad correspondiente o antes -hechos que son indiscutibles-, los instintos y la conformación del individuo joven pudieron modificarse lentamente, lo mismo que los del adulto, y ambas hipótesis tienen que sostenerse o caer junto con toda la teoría de la selección natural.

 

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El cuclillo australiano y el tamaño de los huevos en el párrafo cuadrigentésimo décimo séptimo de El Origen de las Especies

Continúa la descripción más meticulosa de las costumbres del cuclillo.  Las especulaciones sobre el tamaño de los huevos son increíbles:

 Ahora bien; si hubiese sido ventajoso a esta especie el haber puesto huevos todavía menores que actualmente, de modo que hubiesen engañado a ciertos padres adoptivos, o lo que es más probable, se hubiesen desarrollado en menos tiempo -pues se asegura que existe relación entre el tamaño de los huevos y la duración de su incubación-, en este caso no hay dificultad en creer que pudo haberse formado una raza o especie que hubiese puesto huevos cada vez menores, pues éstos habrían sido incubados y logrados con más seguridad.

 

417

Turning now to the Australian species: though these birds generally lay only one egg in a nest, it is not rare to find two and even three eggs in the same nest. In the bronze cuckoo the eggs vary greatly in size, from eight to ten lines in length. Now, if it had been of an advantage to this species to have laid eggs even smaller than those now laid, so as to have deceived certain foster-parents, or, as is more probable, to have been hatched within a shorter period (for it is asserted that there is a relation between the size of eggs and the period of their incubation), then there is no difficulty in believing that a race or species might have been formed which would have laid smaller and smaller eggs; for these would have been more safely hatched and reared. Mr. Ramsay remarks that two of the Australian cuckoos, when they lay their eggs in an open nest, manifest a decided preference for nests containing eggs similar in colour to their own. The European species apparently manifests some tendency towards a similar instinct, but not rarely departs from it, as is shown by her laying her dull and pale-coloured eggs in the nest of the hedge-warbler with bright greenish-blue eggs. Had our cuckoo invariably displayed the above instinct, it would assuredly have been added to those which it is assumed must all have been acquired together. The eggs of the Australian bronze cuckoo vary, according to Mr. Ramsay, to an extraordinary degree in colour; so that in this respect, as well as in size, natural selection might have secured and fixed any advantageous variation.

 

Volviendo ahora a las especies australianas, aun cuando estas aves ponen en un nido generalmente un solo huevo, no es raro encontrar dos y hasta tres huevos en el mismo nido. En el cuclillo bronceado los huevos varían mucho de tamaño, siendo su longitud de ocho a diez líneas. Ahora bien; si hubiese sido ventajoso a esta especie el haber puesto huevos todavía menores que actualmente, de modo que hubiesen engañado a ciertos padres adoptivos, o lo que es más probable, se hubiesen desarrollado en menos tiempo -pues se asegura que existe relación entre el tamaño de los huevos y la duración de su incubación-, en este caso no hay dificultad en creer que pudo haberse formado una raza o especie que hubiese puesto huevos cada vez menores, pues éstos habrían sido incubados y logrados con más seguridad. Hace observar míster Ramsay que dos de los cuclillos australianos, cuando ponen sus huevos en un nido abierto, manifiestan preferencia por nidos que contengan huevos de color próximo al de los suyos. La especie europea parece manifestar cierta tendencia a un instinto semejante; pero no es raro que se aparte de él, como lo demuestra al poner sus huevos mates de color pálido en el nido de la curruca de invierno, que tiene los huevos brillantes de color azul verdoso. Si nuestro cuclillo hubiera desplegado invariablemente el instinto antedicho, éste se habría seguramente agregado a los instintos que se pretende que tienen que haber sido adquiridos todos juntos. Los huevos del cuclillo bronceado de Australia, según míster Ramsay, varían muchísimo de color, de modo que, en este particular, lo mismo que en el tamaño, la selección natural pudo haber asegurado y fijado alguna variación ventajosa.

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Costumbres del cuclillo en el párrafo cuadrigentésimo décimo sexto de El Origen de las Especies

De interés para ornitólogos, este párrafo nada aporta en relación con la formación ni con la transformación de especies .

 

416

 

It has been objected that I have not noticed other related instincts and adaptations of structure in the cuckoo, which are spoken of as necessarily co-ordinated. But in all cases, speculation on an instinct known to us only in a single species, is useless, for we have hitherto had no facts to guide us. Until recently the instincts of the European and of the non-parasitic American cuckoo alone were known; now, owing to Mr. Ramsay’s observations, we have learned something about three Australian species, which lay their eggs in other birds’ nests. The chief points to be referred to are three: first, that the common cuckoo, with rare exceptions, lays only one egg in a nest, so that the large and voracious young bird receives ample food. Secondly, that the eggs are remarkably small, not exceeding those of the skylark—a bird about one-fourth as large as the cuckoo. That the small size of the egg is a real case of adaptation we may infer from the fact of the mon-parasitic American cuckoo laying full-sized eggs. Thirdly, that the young cuckoo, soon after birth, has the instinct, the strength and a properly shaped back for ejecting its foster-brothers, which then perish from cold and hunger. This has been boldly called a beneficent arrangement, in order that the young cuckoo may get sufficient food, and that its foster-brothers may perish before they had acquired much feeling!

 

Se ha propuesto la objeción de que yo no he hecho mención de otros instintos y adaptaciones de estructura correlativos en el cuclillo, de los que se ha dicho que están necesariamente coordinados. Pero, en todo caso, es inútil el hacer teorías sobre un instinto que nos es conocido tan sólo en una sola especie, pues hasta ahora no tenemos hechos que nos guíen. Hasta hace poco tiempo sólo se conocían los instintos del cuclillo europeo y del cuclillo americano, que no es parásito; actualmente, debido a las observaciones de míster Ramsay, hemos sabido algo sobre tres especies australianas que ponen sus huevos en nidos de otras aves. Los puntos principales que hay que indicar son tres: primero, que el cuclillo común, con raras excepciones, pone un solo huevo en un nido, de modo que el ave joven, grande y voraz, recibe abundantemente alimento. Segundo, que los huevos son notablemente pequeños, no mayores que los de la alondra, ave cuyo tamaño es aproximadamente como una cuarta parte del de un cuclillo; y podemos deducir que este pequeño tamaño del huevo es un caso real de adaptación, del hecho de que el cuclillo americano, que no es parásito, pone huevos del tamaño normal. Tercero, que el cuclillo en cuanto nace tiene el instinto, la fuerza y el dorso especialmente conformado para desalojar a sus hermanos adoptivos, que entonces, por consiguiente, mueren de frío y hambre. Esto ha sido audazmente llamado una disposición benéfica para que el cuclillo joven pueda conseguir comida suficiente, y que sus hermanos adoptivos perezcan antes de que hayan adquirido mucha sensibilidad.

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El instinto del cuclillo en el párrafo cuadrigentésimo décimo quinto de El Origen de las Especies

El cuco pone sus huevos a intervalos de dos o tres días y esto le obliga a ponerlos en nidos de otros pájaros, dice el autor.  Se duda que el cuclillo americano haga como el europeo. La información con la que el autor cuenta para discutir el caso procede, como de costumbre, de fuentes variadas, no del todo bien contrastadas:

 

Se ha afirmado y se ha negado que el cuclillo americano pone accidentalmente sus huevos en nidos de otros pájaros; pero el doctor Merrell, de Iowa, me ha dicho recientemente que una vez, en Illinois, encontró en el nido de un arrendajo azul (Garrulus cristatus) un cuclillo pequeño junto con un arrendajo pequeño, y como ambos tenían ya casi toda la pluma, no pudo haber error en su identificación

 

La explicación evolutiva no tiene desperdicio. No se la pierdan…..:

 

Supongamos ahora que un remoto antepasado de nuestro cuclillo europeo tuvo las costumbres del cuclillo americano, y que la hembra a veces ponía algún huevo en el nido de otra ave. Si el ave antigua obtuvo algún provecho por esta costumbre accidental, por serle posible emigrar más pronto, o por alguna otra causa, o si los pequeñuelos, por haber sacado provecho del engañado instinto de otra especie, resultaron más vigorosos que cuando los cuidaba su propia madre, abrumada, como apenas podía dejar de estarlo teniendo huevos y pequeñuelos de diferentes edades a un mismo tiempo, entonces los pájaros adultos y los pequeñuelos obtendrían ventajas. Y la analogía nos llevaría a creer que las crías sacadas de este modo serían aptas para seguir, por herencia, la costumbre accidental y aberrante de su madre, y, a su vez, tenderían a poner sus huevos en nidos de otras aves y a tener, de este modo, mejor éxito en la cría de sus pequeños. Mediante un largo proceso de esta naturaleza, creo yo que se ha producido el instinto de nuestro cuclillo. También se ha afirmado recientemente, con pruebas suficientes, por Adolf Müller, que el cuclillo pone a veces sus huevos sobre el suelo desnudo, los incuba y alimenta sus pequeños. Este hecho extraordinario es probablemente un caso de reversión al primitivo instinto de nidificación, perdido desde hace mucho tiempo.

 

 

 

415INSTINCTS OF THE CUCKOO.

 

It is supposed by some naturalists that the more immediate cause of the instinct of the cuckoo is that she lays her eggs, not daily, but at intervals of two or three days; so that, if she were to make her own nest and sit on her own eggs, those first laid would have to be left for some time unincubated or there would be eggs and young birds of different ages in the same nest. If this were the case the process of laying and hatching might be inconveniently long, more especially as she migrates at a very early period; and the first hatched young would probably have to be fed by the male alone. But the American cuckoo is in this predicament, for she makes her own nest and has eggs and young successively hatched, all at the same time. It has been both asserted and denied that the American cuckoo occasionally lays her eggs in other birds’ nests; but I have lately heard from Dr. Merrill, of Iowa, that he once found in Illinois a young cuckoo, together with a young jay in the nest of a blue jay (Garrulus cristatus); and as both were nearly full feathered, there could be no mistake in their identification. I could also give several instances of various birds which have been known occasionally to lay their eggs in other birds’ nests. Now let us suppose that the ancient progenitor of our European cuckoo had the habits of the American cuckoo, and that she occasionally laid an egg in another bird’s nest. If the old bird profited by this occasional habit through being enabled to emigrate earlier or through any other cause; or if the young were made more vigorous by advantage being taken of the mistaken instinct of another species than when reared by their own mother, encumbered as she could hardly fail to be by having eggs and young of different ages at the same time, then the old birds or the fostered young would gain an advantage. And analogy would lead us to believe that the young thus reared would be apt to follow by inheritance the occasional and aberrant habit of their mother, and in their turn would be apt to lay their eggs in other birds’ nests, and thus be more successful in rearing their young. By a continued process of this nature, I believe that the strange instinct of our cuckoo has been generated. It has, also recently been ascertained on sufficient evidence, by Adolf Muller, that the cuckoo occasionally lays her eggs on the bare ground, sits on them and feeds her young. This rare event is probably a case of reversion to the long-lost, aboriginal instinct of nidification.

 

Suponen algunos naturalistas que la causa más inmediata del instinto del cuclillo es que no pone sus huevos diariamente, sino con intervalos de dos o tres días, de modo que, si tuviese que hacer su nido e incubar sus propios huevos, los primeramente puestos quedarían durante algún tiempo sin ser incubados, o tendría que haber huevos y pajarillos de diferente tiempo en el mismo nido. Si así fuese, el proceso de puesta e incubación sería excesivamente largo, especialmente porque la hembra emigra muy pronto, y los pajarillos recién salidos del huevo tendrían probablemente que ser alimentados por el macho solo. Pero el cuclillo de América está en estas circunstancias, pues la hembra hace su propio nido y tiene a un mismo tiempo huevos y pajarillos nacidos sucesivamente. Se ha afirmado y se ha negado que el cuclillo americano pone accidentalmente sus huevos en nidos de otros pájaros; pero el doctor Merrell, de Iowa, me ha dicho recientemente que una vez, en Illinois, encontró en el nido de un arrendajo azul (Garrulus cristatus) un cuclillo pequeño junto con un arrendajo pequeño, y como ambos tenían ya casi toda la pluma, no pudo haber error en su identificación. Podría citar algunos ejemplos de diferentes pájaros de los que se sabe que alguna vez ponen sus huevos en los nidos de otros pájaros. Supongamos ahora que un remoto antepasado de nuestro cuclillo europeo tuvo las costumbres del cuclillo americano, y que la hembra a veces ponía algún huevo en el nido de otra ave. Si el ave antigua obtuvo algún provecho por esta costumbre accidental, por serle posible emigrar más pronto, o por alguna otra causa, o si los pequeñuelos, por haber sacado provecho del engañado instinto de otra especie, resultaron más vigorosos que cuando los cuidaba su propia madre, abrumada, como apenas podía dejar de estarlo teniendo huevos y pequeñuelos de diferentes edades a un mismo tiempo, entonces los pájaros adultos y los pequeñuelos obtendrían ventajas. Y la analogía nos llevaría a creer que las crías sacadas de este modo serían aptas para seguir, por herencia, la costumbre accidental y aberrante de su madre, y, a su vez, tenderían a poner sus huevos en nidos de otras aves y a tener, de este modo, mejor éxito en la cría de sus pequeños. Mediante un largo proceso de esta naturaleza, creo yo que se ha producido el instinto de nuestro cuclillo. También se ha afirmado recientemente, con pruebas suficientes, por Adolf Müller, que el cuclillo pone a veces sus huevos sobre el suelo desnudo, los incuba y alimenta sus pequeños. Este hecho extraordinario es probablemente un caso de reversión al primitivo instinto de nidificación, perdido desde hace mucho tiempo.

 

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Figuras retóricas en el párrafo cuadrigentésimo duodécimo de El Origen de las Especies

Comienza el párrafo con pleonasmo: Natural instincts. Todos los instintos son naturales.

Pero la misma frase en la que está contenido el pleonasmo es una sinécdoque puesto que donde dice:

 Natural instincts are lost under domestication

Los instintos naturales se pierden en estado doméstico

Debería decir:

 Some natural instincts are lost under domestication

Algunos instintos naturales se pierden en estado doméstico

Para finalizar el párrafo, como el autor no ha dicho nada de interés, surge de nuevo su tabla de salvación, Lamarck.  A menudo , llegado el momento en el que el autor se da cuenta de que ha escrito largos párrafos sin decir nada, entonces ha de decir algo. Es entonces cuando copia de Lamarck. Siempre ( o casi siempre), Lamarck:

Pero este instinto conservado por nuestros polluelos se ha hecho inútil en estado doméstico, pues la gallina casi ha perdido, por desuso, la facultad de volar.

 

 

 

 

412

 

Natural instincts are lost under domestication: a remarkable instance of this is seen in those breeds of fowls which very rarely or never become “broody,” that is, never wish to sit on their eggs. Familiarity alone prevents our seeing how largely and how permanently the minds of our domestic animals have been modified. It is scarcely possible to doubt that the love of man has become instinctive in the dog. All wolves, foxes, jackals and species of the cat genus, when kept tame, are most eager to attack poultry, sheep and pigs; and this tendency has been found incurable in dogs which have been brought home as puppies from countries such as Tierra del Fuego and Australia, where the savages do not keep these domestic animals. How rarely, on the other hand, do our civilised dogs, even when quite young, require to be taught not to attack poultry, sheep, and pigs! No doubt they occasionally do make an attack, and are then beaten; and if not cured, they are destroyed; so that habit and some degree of selection have probably concurred in civilising by inheritance our dogs. On the other hand, young chickens have lost wholly by habit, that fear of the dog and cat which no doubt was originally instinctive in them, for I am informed by Captain Hutton that the young chickens of the parent stock, the Gallus bankiva, when reared in India under a hen, are at first excessively wild. So it is with young pheasants reared in England under a hen. It is not that chickens have lost all fear, but fear only of dogs and cats, for if the hen gives the danger chuckle they will run (more especially young turkeys) from under her and conceal themselves in the surrounding grass or thickets; and this is evidently done for the instinctive purpose of allowing, as we see in wild ground-birds, their mother to fly away. But this instinct retained by our chickens has become useless under domestication, for the mother-hen has almost lost by disuse the power of flight.

 

Los instintos naturales se pierden en estado doméstico: un ejemplo notable de esto se ve en las razas de las gallinas, que rarísima vez, o nunca, se vuelven cluecas, o sea, que nunca quieren ponerse sobre sus huevos. Sólo el estar tan familiarizados, nos impide que veamos cuánto y cuán permanentemente se han modificado las facultades mentales de nuestros animales domésticos. Apenas se puede poner en duda que el amor al hombre se ha hecho instintivo en el perro. Los lobos, zorros, chacales y las especies del género de los gatos, cuando se les retiene domesticados sienten ansia de atacar a las aves de corral, ovejas y cerdos, y esta tendencia se ha visto que es irremediable en los perros que han sido importados, cuando cachorros, desde países como la Tierra del Fuego y Australia, donde los salvajes no tienen estos animales domesticados. Por el contrario, qué raro es que haya que enseñar a nuestros perros civilizados, aun siendo muy jóvenes, a que no ataquen a las aves de corral, ovejas y cerdos. Indudablemente alguna vez atacan, y entonces se les pega, y si no se corrigen se les mata; de modo que la costumbre y algún grado de selección han concurrido probablemente a civilizar por herencia a nuestros perros. Por otra parte, los pollitos han perdido, enteramente por costumbre, aquel temor al perro y al gato, que sin duda fue en ellos primitivamente instintivo; pues me informa el capitán Hutton que los pollitos pequeños del tronco primitivo, el Gallus banquiva, cuando se les cría en la India, empollándolos una gallina, son al principio extraordinariamente salvajes. Lo mismo ocurre con los polluelos de los faisanes sacados en Inglaterra con una gallina. No es que los polluelos hayan perdido todo temor, sino solamente el temor a los perros y los gatos, pues si la gallina hace el cloqueo de peligro, se escaparán -especialmente los pollos de pavo- de debajo de ella, y se esconderán entre las hierbas y matorrales próximos; y esto lo hacen evidentemente con el fin instintivo de permitir que su madre escape volando, como vemos en las aves terrícolas salvajes. Pero este instinto conservado por nuestros polluelos se ha hecho inútil en estado doméstico, pues la gallina casi ha perdido, por desuso, la facultad de volar.

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Necesidades y requerimientos de la fe en en el párrafo cuadrigentésimo séptimo de El Origen de las Especies

Al igual que en sucesivas ediciones se fue modificando la obra, quitando y añadiendole fragmentos,  alguien debería hoy hacer una buena acción y eliminar algunas sentencias de este libro.  Muchas. De lo contrario,  la posteridad opinará que estuvimos locos por  admitir esto como un tratado serio acerca de la naturaleza. Veamos si no lo que dice este párrafo:

 

I can only assert that instincts certainly do vary—for instance, the migratory instinct, both in extent and direction, and in its total loss.

 

Que traducido por nuestros estimados traductores ha quedado:

 

Sólo puedo afirmar que los instintos indudablemente varían -por ejemplo, el instinto migratorio- tanto en extensión y dirección como en perderse totalmente.

 

¿Cómo afina tan poco su escritura este autor que puede afirmar que los instintos, el instinto migratorio en particular,  varían tanto en extensión y dirección como en perderse totalmente? ¿De verdad cree que el autor en una gradación semejante de los instintos? ¿ De verdad cree que los instintos varían hasta perderse totalmente y que esa variación  forma parte de instinto alguno?

 

Pero el autor ha confesado su error al principio del párrafo: Se ve obligado a creer esto porque es necesario para la acción de la Selección Natural:

 

 

 

 

 

407

As some degree of variation in instincts under a state of nature, and the inheritance of such variations, are indispensable for the action of natural selection, as many instances as possible ought to be given; but want of space prevents me. I can only assert that instincts certainly do vary—for instance, the migratory instinct, both in extent and direction, and in its total loss. So it is with the nests of birds, which vary partly in dependence on the situations chosen, and on the nature and temperature of the country inhabited, but often from causes wholly unknown to us. Audubon has given several remarkable cases of differences in the nests of the same species in the northern and southern United States. Why, it has been asked, if instinct be variable, has it not granted to the bee “the ability to use some other material when wax was deficient?” But what other natural material could bees use? They will work, as I have seen, with wax hardened with vermilion or softened with lard. Andrew Knight observed that his bees, instead of laboriously collecting propolis, used a cement of wax and turpentine, with which he had covered decorticated trees. It has lately been shown that bees, instead of searching for pollen, will gladly use a very different substance, namely, oatmeal. Fear of any particular enemy is certainly an instinctive quality, as may be seen in nestling birds, though it is strengthened by experience, and by the sight of fear of the same enemy in other animals. The fear of man is slowly acquired, as I have elsewhere shown, by the various animals which inhabit desert islands; and we see an instance of this, even in England, in the greater wildness of all our large birds in comparison with our small birds; for the large birds have been most persecuted by man. We may safely attribute the greater wildness of our large birds to this cause; for in uninhabited islands large birds are not more fearful than small; and the magpie, so wary in England, is tame in Norway, as is the hooded crow in Egypt.

 

Como para la acción de la selección natural son imprescindibles algún grado de variación en los instintos en estado natural y la herencia de estas variaciones, debieran darse cuantos ejemplos fuesen posibles; pero me lo impide la falta de espacio. Sólo puedo afirmar que los instintos indudablemente varían -por ejemplo, el instinto migratorio- tanto en extensión y dirección como en perderse totalmente. Lo mismo ocurre con los nidos de las aves, que varían, en parte, dependiendo de las situaciones escogidas y de la naturaleza y temperatura de la región habitada; pero que varían con frecuencia por causas que nos son completamente desconocidas. Audubon ha citado varios casos notables de diferencias en los nidos de una misma especie en los Estados Unidos del Norte y en los del Sur. Se ha preguntado: ¿Por qué, si el instinto es variable, no ha dado a la abeja «la facultad de utilizar algún otro material cuando faltaba la cera»? Pero ¿qué otro material natural pudieron utilizar las abejas? Las abejas quieren trabajar, según he visto, con cera endurecida con bermellón o reblandecida con manteca de cerdo. Andrew Knight observó que sus abejas, en lugar de recoger trabajosamente propóleos, usaban un cemento de cera y trementina, con el que había cubierto árboles descortezados. Recientemente se ha demostrado que las abejas, en lugar de buscar polen, utilizan gustosas una substancia muy diferente: la harina de avena. El temor de un enemigo determinado es ciertamente una cualidad instintiva, como puede verse en los pajarillos que no han salido aún del nido, si bien aumenta por la experiencia y por ver en otros animales el temor del mismo enemigo. Los diferentes animales que habitan en las islas desiertas adquieren lentamente el temor del hombre, como he demostrado en otro lugar; y podemos ver un ejemplo de esto incluso en Inglaterra, en donde todas nuestras aves grandes son más salvajes que las pequeñas, porque las grandes han sido perseguidas por el hombre. Podemos seguramente atribuir a esta causa el que las aves grandes sean más salvajes, pues en las islas deshabitadas las aves grandes no son más tímidas que las pequeñas, y la urraca, tan desconfiada en Inglaterra, es mansa en Noruega, como lo es el grajo de capucha en Egipto.

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Solución salomónica: La ambigüedad es la mejor manera de resolver una contradicción en el párrafo cuadrigentésimo quinto de El Origen de las Especies

¿En qué quedamos: pueden los instintos más maravillosos ser adquiridos por costumbre como indicaba el autor en el párrafo anterior, o no pueden como se indicaba dos párrafos más adelante?

 

La solución,  salomónica, está justo en el punto medio entre dos contrarios: El negroblanco, la cuadratura del círculo. Indica el autor:

 

“…….me ha sorprendido ver cuán comúnmente pueden encontrarse gradaciones que llevan a los instintos más complejos.”

 

¿Será cierto esto? Un momento, porque aún hay más:

 

“Los cambios en el instinto pueden, a veces, ser facilitados porque la misma especie tenga instintos diferentes en diferentes períodos de su vida o en diferentes estaciones del año, o cuando se halla en diferentes circunstancias, etc.; casos en los cuales, bien un instinto, bien otro, pudo ser conservado por selección natural. Y puede demostrarse que se presentan en la Naturaleza estos ejemplos de diversidad de instintos en la misma especie.”

 

¿De verdad que los cambios en el instinto pueden, a veces, ser facilitados? ¿Dará el autor algún ejemplo?

 

Y,…¿ de esta otra afirmación?:

 

“Y puede demostrarse que se presentan en la Naturaleza estos ejemplos de diversidad de instintos en la misma especie.”

 

¿Tendremos algún ejemplo de diversidad de instintos en la misma especie?, ¿Nos servirá para algo? Ya lo veremos……………

 

 

 

 

 

 

405

 

 No complex instinct can possibly be produced through natural selection, except by the slow and gradual accumulation of numerous, slight, yet profitable, variations. Hence, as in the case of corporeal structures, we ought to find in nature, not the actual transitional gradations by which each complex instinct has been acquired—for these could be found only in the lineal ancestors of each species—but we ought to find in the collateral lines of descent some evidence of such gradations; or we ought at least to be able to show that gradations of some kind are possible; and this we certainly can do. I have been surprised to find, making allowance for the instincts of animals having been but little observed, except in Europe and North America, and for no instinct being known among extinct species, how very generally gradations, leading to the most complex instincts, can be discovered. Changes of instinct may sometimes be facilitated by the same species having different instincts at different periods of life, or at different seasons of the year, or when placed under different circumstances, etc.; in which case either the one or the other instinct might be preserved by natural selection. And such instances of diversity of instinct in the same species can be shown to occur in nature.

 

Ningún instinto complejo ha podido producirse mediante selección natural, si no es por la acumulación lenta y gradual de numerosas variaciones ligeras, pero útiles. Por consiguiente, lo mismo que en el caso de las conformaciones materiales, tenemos que encontrar en la naturaleza, no las verdaderas gradaciones transitorias, mediante las cuales ha sido adquirido cada instinto complejo -pues éstas se encontrarían sólo en los antepasados por línea directa de cada especie-, sino que tenemos que encontrar alguna prueba de tales gradaciones en las líneas colaterales de descendencia, o, por lo menos, hemos de poder demostrar que son posibles gradaciones de alguna clase, y esto indudablemente podemos hacerlo. Haciéndome cargo de que los instintos de los animales han sido muy poco observados, excepto en Europa y América del Norte, y de que no se conoce ningún instinto en las especies extinguidas, me ha sorprendido ver cuán comúnmente pueden encontrarse gradaciones que llevan a los instintos más complejos. Los cambios en el instinto pueden, a veces, ser facilitados porque la misma especie tenga instintos diferentes en diferentes períodos de su vida o en diferentes estaciones del año, o cuando se halla en diferentes circunstancias, etc.; casos en los cuales, bien un instinto, bien otro, pudo ser conservado por selección natural. Y puede demostrarse que se presentan en la Naturaleza estos ejemplos de diversidad de instintos en la misma especie.

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El autor no tiene dificultades para ver cosas que no existen y contradecirse continuamente en el párrafo cuadrigentésimo cuarto de El Origen de las Especies

Las cosas más imposibles son,  no ya posibles,  sino mucho más. Algunas de ellas son vistas con toda naturalidad:

 

y si puede demostrarse que los instintos varían realmente, por poco que sea, entonces no se ve dificultad alguna en que la selección natural conservase y acumulase continuamente variaciones del instinto hasta cualquier grado que fuese provechoso.

 

 

Pero nada nos sorprende porque en la misma frase el autor viene a decir exactamente lo contrario que afirmaba en el párrafo anterior. Donde decía:

 

Puede demostrarse claramente que los instintos más maravillosos de que tenemos noticia, o sea los de la abeja común y los de muchas hormigas, no pudieron haber sido adquiridos por costumbre.

 

Ahora dice:

 

y si puede demostrarse que los instintos varían realmente, por poco que sea, entonces no sé ver dificultad alguna en que la selección natural conservase y acumulase continuamente variaciones del instinto hasta cualquier grado que fuese provechoso. Así es, a mi parecer, como se han originado todos los instintos más complicados y maravillosos.

 

Así cada uno puede quedarse con lo que más le convenga, por mi parte, un consejo:  Quédese cada uno con lo que al más poderoso convenga. Ya saben que quien a buen árbol se arrima,…….

 

404

 

 

It will be universally admitted that instincts are as important as corporeal structures for the welfare of each species, under its present conditions of life. Under changed conditions of life, it is at least possible that slight modifications of instinct might be profitable to a species; and if it can be shown that instincts do vary ever so little, then I can see no difficulty in natural selection preserving and continually accumulating variations of instinct to any extent that was profitable. It is thus, as I believe, that all the most complex and wonderful instincts have originated. As modifications of corporeal structure arise from, and are increased by, use or habit, and are diminished or lost by disuse, so I do not doubt it has been with instincts. But I believe that the effects of habit are in many cases of subordinate importance to the effects of the natural selection of what may be called spontaneous variations of instincts;—that is of variations produced by the same unknown causes which produce slight deviations of bodily structure.

 

Todo el mundo admitirá que los instintos son tan importantes como las estructuras corporales para la prosperidad de cada especie en sus condiciones de vida actuales. Cambiando éstas es, por lo menos, posible que ligeras modificaciones del instinto puedan ser útiles a alguna especie, y si puede demostrarse que los instintos varían realmente, por poco que sea, entonces no sé ver dificultad alguna en que la selección natural conservase y acumulase continuamente variaciones del instinto hasta cualquier grado que fuese provechoso. Así es, a mi parecer, como se han originado todos los instintos más complicados y maravillosos. No dudo que ha ocurrido con los instintos lo mismo que con las modificaciones de estructura material, que se originan y aumentan por el uso o costumbre y disminuyen o se pierden por el desuso; pero creo que los efectos de la costumbre son, en muchos casos, de importancia subordinada a los efectos de la selección natural, de lo que pueden llamarse variaciones espontáneas de los instintos; esto es, variaciones producidas por las mismas causas desconocidas que producen ligeras variaciones en la conformación física.

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Frederick Cuvier comparte espacio con otros viejos metafísicos y una oruga en su “hamaca” en el párrafo cuadrigentésimo segundo de El Origen de las Especies

Según Frederick Cuvier y otros viejos metafísicos (seguramente sin importancia pues nos quedamos sin cita alguna), los instintos comparten aspectos en común con los hábitos.  Así de nuevo cita el autor a m. P. Huber, quien en experiencias que no sabemos si fueron publicadas o no, muestra que determinadas orugas construyen sus capullos (algunas traducciones dicen hamacas) según instintos y les molesta ser interrumpidas.

 

 

402

 

Frederick Cuvier and several of the older metaphysicians have compared instinct with habit. This comparison gives, I think, an accurate notion of the frame of mind under which an instinctive action is performed, but not necessarily of its origin. How unconsciously many habitual actions are performed, indeed not rarely in direct opposition to our conscious will! yet they may be modified by the will or reason. Habits easily become associated with other habits, with certain periods of time and states of the body. When once acquired, they often remain constant throughout life. Several other points of resemblance between instincts and habits could be pointed out. As in repeating a well-known song, so in instincts, one action follows another by a sort of rhythm; if a person be interrupted in a song, or in repeating anything by rote, he is generally forced to go back to recover the habitual train of thought: so P. Huber found it was with a caterpillar, which makes a very complicated hammock; for if he took a caterpillar which had completed its hammock up to, say, the sixth stage of construction, and put it into a hammock completed up only to the third stage, the caterpillar simply re-performed the fourth, fifth, and sixth stages of construction. If, however, a caterpillar were taken out of a hammock made up, for instance, to the third stage, and were put into one finished up to the sixth stage, so that much of its work was already done for it, far from deriving any benefit from this, it was much embarrassed, and, in order to complete its hammock, seemed forced to start from the third stage, where it had left off, and thus tried to complete the already finished work.

 

Federico Cuvier y algunos de los metafísicos antiguos han comparado el instinto con la costumbre. Esta comparación da, creo yo, una noción exacta de la condición mental bajo la cual se realiza un acto instintivo, pero no necesariamente de su origen. ¡Qué inconscientemente se realizan muchos actos habituales, incluso, a veces, en oposición directa de nuestra voluntad consciente!, y, sin embargo, pueden ser modificados por la voluntad o por la razón. Las costumbres fácilmente llegan a asociarse con otras costumbres, con ciertos períodos de tiempo y con ciertos estados del cuerpo. Una vez adquiridas, muchas veces permanecen constantes durante toda la vida. Podrían señalarse otros varios puntos de semejanza entre los instintos y las costumbres. Como al repetir una canción bien conocida, también en los instintos una acción sigue a otra por una especie de ritmo; si una persona es interrumpida en una canción, o al repetir algo aprendido de memoria, se ve obligada, por lo común, a volver atrás para recobrar el curso habitual de su pensamiento. P. Huber observó que así ocurría en una oruga que hace una cubierta, a modo de hamaca complicadísima; pues dice que, cuando cogía una oruga que había terminado su cubierta, supongamos, hasta el sexto período de la construcción, y la ponía en una cubierta hecha sólo hasta el tercero, la oruga volvía simplemente a repetir los períodos cuarto, quinto y sexto; pero si se cogía una oruga de una cubierta hecha, por ejemplo, hasta el período tercero, y se la ponía una hecha hasta el sexto, de modo que mucho de la obra estuviese ya ejecutado, lejos de sacar de esto algún beneficio, se veía muy embarazada, y, para completar su cubierta, parecía obligada a comenzar desde el período tercero, donde había dejado su trabajo, y de este modo intentaba completar la obra ya terminada.

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