Conjeturas y refutaciones: El crecimiento del pensamiento científico. Karl Popper. 1963. (Conjectures and Refutations: The Growth of Scientific Knowledge).

El comentario que sigue está tomado del libro Veintisiete libros y un prólogo abierto para una nueva biología.

Paul Cézanne representó en múltiples ocasiones a la montaña Sainte-Victoire, en Provenza. Cada cuadro es una imagen diferente de la montaña. En ellas varían los colores, las formas y las combinaciones de las luces y sombras según las estaciones del año, las horas del día, el estado de la atmósfera y probablemente también el estado anímico o psicológico del autor. Ninguna de las obras es más veraz que otra. Ninguna aspira a contener el significado del paisaje representado. Son maneras de verlo.

La actividad científica difiere, en muchos aspectos, de la práctica del arte. Se trata aquí de establecer unas normas objetivas y consensuadas para el conocimiento de la realidad. Sin embargo, ambas actividades, artística y científica, no son totalmente diferentes. En ambas existen reglas. La búsqueda de una pretendida objetividad es primordial en la ciencia, pero las personas que practican cada una de estas actividades pueden mirar en la otra dirección y aprender de sus reglas. Lamentablemente, la cultura histórica o artística no es un aspecto muy cuidado en la formación de un científico, pero todavía más preocupante es que la historia de la ciencia y sus fundamentos tampoco lo son.

La especialización obliga al dominio de un área restringida y a menudo los errores conceptuales son frecuentes por todas las disciplinas y llegan a ser generales en áreas enteras. Se confunde así un hecho con una teoría; una teoría en sentido general (conjunto de conocimientos), con una teoría en sentido restringido (explicación verificable experimentalmente de algo) y se abusa de las palabras, con la tranquilidad que da el saber que uno está en un entorno especializado, que no tenemos por qué saber de todo. Se considera, a menudo, el Big Bang como un hecho. Se dice de él que es el origen del Universo. Pero también se dice que puede haber otros universos y otros Big Bang. ¿Cuántos? no se sabe. Tenemos un hecho único para quien interesa que sea único, pero puede dejar de serlo cuando interesa. Una acrobacia verbal que siempre está al servicio de una tiranía. Así, con facilidad se convierten las teorías en dogmas, se cierran posibilidades en lugar de abrirse.

En el entorno de la biología abundan también los ejemplos de abuso del lenguaje y desconsideración de sus consecuencias. Si del carácter va a ser en el futuro lo que dicte la genética, muchos de sus antiguas propiedades y atributos, se habrán perdido irremisiblemente. Si, como algunos interesadamente pretenden se corrigen unos dogmas con otros y así, por ejemplo, en contra de la opinión de la mayor parte de los autores de la historia de la filosofía, se admite que el alma está en el cerebro; entonces todos habremos contribuido, cada cual en la pequeña medida de sus posibilidades, a empujar a la carreta que nos contiene llevándonos en su camino hacia el precipicio.

Ante esta situación de confusión creciente debemos preguntarnos en qué consisten las reglas de la ciencia. El libro de Popper es una referencia obligada para quien busca una respuesta a esta pregunta. En él queda claro el significado univoco y fundamental de importantes conceptos. Para resumirlo muy brevemente antes de entrar en discusión, la clave de su planteamiento está en que, de todas las teorías científicas, sólo podemos afirmar una cosa: que un día serán refutadas. Esto no es malo, ni bueno. El hecho de que una teoría sea pronto refutada no indica que se tratase de un error. Más bien al contrario: si una teoría permanece mucho tiempo sin ser refutada, mala señal,…se tratará probablemente de algo no científico: Afirmación dogmática, tautología o pseudo-ciencia.

El progreso científico ocurre por falsación de hipótesis. Toda hipótesis, si puede ser demostrada experimentalmente, puede dar lugar a una teoría. Pero toda teoría habrá de ser modificada. Principalmente porque la teoría pone en relación elementos bien conocidos y descritos y pueden siempre surgir nuevos elementos, elementos mejor descritos o nuevas relaciones. La ciencia impone los límites de nuestro conocimiento pero también está limitada por el mismo. En el libro de Popper quedan establecidos y definidos algunos de los límites. Se trata de principios muy fundamentales, para establecer claramente los objetivos. Si en geografía o en cartografía interesa establecer la posición del Polo Norte, está claro que, por consenso debemos hacerlo de una manera determinada y luego, admitir el consenso y callar. Una vez admitido no tiene sentido preguntar: ¿Qué hay al norte del Polo Norte?. Pero en general, en ciencia no es necesario establecer este tipo de referencias inamovibles. Por el contrario es necesario saber que, las que establezcamos, desaparecerán con el tiempo.

Dos frases en el comienzo de la introducción dan las claves de todo esto. Una es de Durero y la otra de Eccles. Durero dice:

Daré a conocer lo poco que he aprendido para que alguien mejor que yo pueda atisbar la verdad y, en su obra, pueda probar y criticar mi error. Así, me regocijaré a pesar de todo, de haber sido un medio a través del cual salga la verdad.

Y Eccles:

Ahora puedo regocijarme: Hasta por la refutación de una teoría estimada porque aún esto es un éxito científico.

Tras una introducción algo extensa, el libro alcanza sus páginas-clave en el capítulo 1 titulado: La ciencia: Conjeturas y Refutaciones (p 57):

El problema que me preocupaba entonces no era ¿cuándo es verdad una teoría? Ni ¿cuándo es aceptable una teoría?. Mi problema era diferente. Yo quería distinguir entre la ciencia y la pseudo-ciencia, sabiendo muy bien que la ciencia a menudo se equivoca y que la pseudo-ciencia a veces da con la verdad.
Conocía por supuesto, la respuesta comúnmente aceptada para mi problema: que la ciencia se distingue de la pseudo-ciencia o de la metafísica por su método empírico, que es esencialmente inductivo, o sea que parte de la observación o de la experimentación. Pero esa respuesta no me satisfacía……..

Continúa en la página 61:

Las anteriores consideraciones me llevaron, durante el invierno de 1919-1920 a conclusiones que reformularé de la siguiente manera:

1. Es fácil obtener confirmaciones o verificaciones para casi cualquier teoría, si son confirmaciones lo que buscamos.
2. Las confirmaciones solo cuentan si son el resultado de predicciones riesgosas, es decir, si, de no basarnos en la teoría en cuestión, habríamos esperado que se produjera un suceso que es incompatible con la teoría, un suceso que refutara la teoría.
3. Toda buena teoría científica implica una prohibición: prohíbe que sucedan ciertas cosas. Cuanto más prohíbe una teoría, tanto mejor es.
4. Una teoría que no es refutable, por ningún suceso concebible no es científica. La irrefutabilidad no es una virtud de una teoría (como se cree a menudo), sino un vicio.
5. Todo genuino test de una teoría es un intento por desmentirla, por refutarla, la testabilidad equivale a refutabilidad. Pero hay grados de testabilidad: algunas teorías son más testables, están más expuestas a la refutación que otras. Corren más riesgos, por decir así.
6. Los elementos de juicio confirmatorios no deben ser tomados en cuenta, excepto cuando son el resultado de un genuino test de la teoría; es decir, cuando puede ofrecerse un intento serio, pero infructuoso de refutar la teoría. (En tales casos, hablo de “elementos de juicio corroboradores”).
7. Algunas teorías genuinamente testables, después de hallarse que son falsas, siguen contando con el sostén de sus admiradores, por ejemplo, introduciendo algún supuesto auxiliar ad hoc, o reinterpretando ad hoc la teoría de manera que escape a la refutación. Siempre es posible seguir tal procedimiento, pero este rescata la teoría de la refutación sólo al precio de destruir o , al menos rebajar su status científico. (Posteriormente llamé a tal operación de rescate un “sesgo convencionalista” o una “estratagema convencionalista”).
Es posible resumir todo lo anterior diciendo que el criterio para establecer el status científico de una teoría es su refutabilidad o su testabilidad.

Una teoría irrefutable, no es científica, sino metafísica. Puede ser importante y cierta, pero no científica:

Años más tarde llamé a este problema el problema de la demarcación. El criterio de refutabilidad es una solución de este problema de la demarcación, pues sostiene que, para ser colocados en el rango de científicos, los enunciados o sistemas de enunciados deben ser susceptibles de entrar en conflicto con observaciones posibles o concebibles.

(p. 64)

Una teoría pone en relación elementos bien conocidos y consensuados. La percepción acerca de la naturaleza de estos elementos puede cambiar y sus relaciones mostrar nuevos aspectos. Si en la teoría no intervienen elementos bien conocidos, esto no ocurre. Popper se extiende en su texto en consideraciones filosóficas que ilustran sus argumentos principales pero introducen complejidad en la lectura. Comentaremos dos aspectos más de particular interés. Uno muy general, filosófico y otro, particularmente apto a nuestros propósitos. En primer lugar, un aspecto general. Dice:

La creencia de que la ciencia procede de la observación a la teoría está tan difundida y es tan fuerte que mi negación a ella a menudo choca con la incredulidad. Hasta se ha sospechado de que soy insincero, de que niego lo que nadie en su sano juicio puede dudar.
En realidad la creencia de que podemos comenzar con observaciones puras, sin nada que se parezca a teoría, es absurda.
(p 72)

Aquí Popper habla de filosofía profunda y por ello recuerda, entre otros autores a Kierkegaard, a Unamuno y a Ortega. Kierkegaard escribió: La verdad que no edifica no es verdad para ti. Unamuno, que llamaba a Kierkegaard hermano, dijo que la verdad moral es el fundamento de la verdad objetiva. Ortega, en la nota de presentación de su obra “En torno a Galileo” escribió:
Es tan obvio advertir que (la inteligencia) va gobernada por las profundas necesidades de nuestra vida, que su ejercicio no es sino reacción a menesteres pre-intelectuales del hombre.
La pura observación no existe porque tiene su asiento en una base estructural más amplia que le sirve de soporte y que se refiere a la idea que tenemos acerca de nuestra ubicación en el mundo. Nuestras observaciones van de la mano de su hermana mayor, nuestra fé. Pero esto es quizás merecedor de un libro aparte y no sólo de biología.

Ahora, para acabar, un aspecto interesante a biólogos. Dice Popper:

No existe ninguna ley de la evolución, sino sólo el hecho histórico de que las plantas y los animales cambian, o, más precisamente, que han cambiado. La idea de una ley que determine la dirección y el carácter de la evolución es un típico error del siglo XIX que surge de la tendencia general a atribuir a la “Ley Natural” las funciones tradicionalmente atribuidas a Dios. (p. 408)

Referencia

Karl Popper. 1961. Conjecturas y Refutaciones: The Growth of Scientific Knowledge. Paidós Barcelona. 1981.

La imagen de arriba está tomada de Worldgallery, la de abajo de aquí.

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Comentarios

Si en Fundamentos del Pensamiento Biológico se estudiase más (o algo) a Popper, y menos la evolución de los lentes, la aparición del microscopio, quizás de nuestras universidades saldrían más científicos. Si lo que queremos son escritores de artículos científicos, todo va bien entonces, que nadie se preocupe.

PS: Unamuno aprendió danés únicamente para poder leer a Kierkegaard, ya que en la época las traducciones eran bastante escasas, ¡y pobres! (de hecho, en castellano, hasta hace menos de 30 años, había ahí un agujero impresionante -pocas traducciones y de una baja calidad terrible-).

Gracias Poliket, estamos de acuerdo. De Unamuno y de Kierkegaard le comento algo aquí.

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