Esoterismo y exoterismo en la ciencia: Un matrimonio oficiado por Charles Sanders Pierce en 1893 y nuevos secretos del diccionario de Neolengua

Imagen: Matrimonio Arnolfini, de Jan van EycK (1434). Tomado de EMFC (Expressing myself for clarity)

 

 

Transgressing disciplinary boundaries … [is] a subversive undertaking since it is likely to violate the sanctuaries of accepted ways of perceiving. Among the most fortified boundaries have been those between the natural sciences and the humanities.

Valerie Greenberg, Transgressive Readings (1990, 1)

Ya vimos  el caso común de quienes sentados frente a un libro rumian bondadosamente sus páginas como benditas ovejas que todo se lo creen mientras que a la hora de enfrentarse con la lectura de los textos de un blog se convierten en lobos.

Una frase en respuesta a un comentario en la sección Blog del Día de Madrimasd tuvo que soportar las críticas de algún lector. Independientemente de su poca exactitud  su análisis puede llevarnos lejos. La frase es:

La ciencia no se ocupa de los hechos que nadie puede negar

Intentaremos analizarla pero en primer lugar llama la atención que a veces  importa más el origen de la frase que su contenido. Al parecer para admitir una frase se necesita el refrendo de autor consolidado por el mundo editorial y así un lector no para en su empeño de preguntarme quién sea el filósofo de la Ciencia autor de la referida frase.

El autor soy yo, de lo cual casi me arrepiento si no fuera como digo, porque a base de analizarla y darle vueltas, la frase nos revela aspectos inéditos del Mundo. Intentaré explicar la frase, es decir su veracidad y validez,  poner algún ejemplo y ver hasta dónde nos lleva.

Si ya en tiempos de Sócrates y Platón en todo conocimiento reglado o académico había una parte esotérica y otra exotérica (la primera reservada a los iniciados, la segunda abierta al público), lo mismo y puede que mucho más ocurre hoy. Nos guste o no la Ciencia contemporánea tiene mucho de esotérico, es decir, reservado a sus iniciados. Hasta ahí no hay mayor problema. El problema aparece cuando desde la ciencia o terrenos vecinales surge una cierta tendencia a mostrar lo contrario. Pero veamos primero si es cierto que en la ciencia hay un componente esotérico y luego si hay alguien que pueda haberlo ignorado u obviado o lo que es peor: que pretenda que los demás lo ignoremos.

Cualquiera que haya ojeado una publicación científica se habrá dado cuenta de que allí no se trata de discutir hechos cotidianos. Es más, no sólo los temas que la ciencia trata son propios (a menudo exclusivos) de sus materias sino que cuando la ciencia se ocupa de algún tema de interés para el público lo hace con una perspectiva propia que es diferente de la del profano, con un método propio y característico que se apoya cada vez más en una tecnología avanzada consistente en equipos que la gente corriente no conoce ni ha visto jamás.

Así, los aspectos de la ciencia que llegan al público en general ni son todos ni tampoco son precisamente sus aspectos principales. En apoyo de esta idea traigo hoy unos párrafos del artículo de bonito título firmado por Henry H. Bauer Science in the 21st Century: Knowledge Monopolies and Research Cartels, lectura muy recomendable en la que el autor destaca ejemplos de contraste entre lo que todo el mundo sabe y lo que la ciencia investiga acerca de aquello que todo el mundo sabe.

Bauer menciona los siguientes ejemplos:

‘‘Everyone knows’’ that promiscuous burning of fossil fuels is warming up global climates. Everyone does not know that competent experts dispute this and that official predictions are based on tentative data fed into computer models whose validity could be known only many decades hence (Crichton, 2003).

‘‘Everyone knows’’ that diets low in cholesterol and saturated fats are hearthealthy. The actual evidence does not support this claim (McCully, 1998; Ravsnkov, 2000).

‘‘Everyone knows’’ that it is desirable to lessen or remove ‘‘risk factors’’. In actual fact, most so-called risk factors are mere statistical correlations that have not been shown to be causes, necessary or sufficient or even partial.

‘‘Everyone knows’’ that a bit of aspirin each day keeps heart attacks away. What everyone does not know is that there are better ways, with fewer side effects, of doing that (Kauffman, 2000).

‘‘Everyone knows’’ thatAZTwas the first medication that could prolong the lives of AIDS patients. What everyone does not know is that AZT is a deadly poison (Lauritsen, 1990) avoided by long-term survivors of HIV or AIDS diagnoses.

La  lista podría seguir muy largamente, dándose uno tras otro ejemplos de hechos corrientemente admitidos (que nadie puede negar) pero dejan de serlo cuando son vistos desde una perspectiva científica. Pero en relación con la frase, surgida así de repente,  y con las ocupaciones de la ciencia,  hay algo preocupante.

Curiosamente, el autor de la entrada titulada Esoterismo, en el diccionario de neolengua (spanish version), parece ignorar el aspecto principal del Esoterismo en la ciencia moderna cuando dice:

La ciencia moderna es el conjunto de conocimientos obtenidos mediante observación, razonamiento y experimentación en base a un método científico. En la Antigüedad, sin embargo, la palabra Ciencia o ‘Scientia’ (Conocimiento) tenía una significación más amplia y se refería principalmente a un saber esotérico que decía ser un conocimiento más profundo y elevado de todas las cosas. Saber que, según algunos estudiosos, sería el producto de la mente trascendental o de una Intuición intelectual.

Parece así que, lo mismo que veíamos al tratar el tema de fundamentalismo cuyo anónimo autor no consideraba al fundamentalismo científico; ahora este otro autor, seguro que tan filantrópico como el anterior, no tiene en cuenta el Esoterismo en la ciencia. El componente esotérico en la ciencia moderna es grande. Más que nunca y no consiste sólo en intuición intelectual si alguien sabe qué sea eso, sino en la exclusividad de un  lenguaje y sobre todo de los métodos en cada disciplina; en su enorme parte reservada a iniciados. Y sin embargo resulta sorprendente que esto no se perciba, o como digo, peor aún, que no se quiera percibir. ¿Será que se nos quiere hacer pasar la ciencia por lo que no es? ¿Consistirá en eso la divulgación científica?

A la hora de responder a estas preguntas puede ser conveniente reflexionar sobre unos párrafos escritos a finales del XIX (1893) por Charles Sanders Pierce:

Ahora bien, a medida que la ciencia crece llega a ser más y más perfecta considerada como ciencia, y ningún fanático de la religión puede fácilmente hacerse tan estrecho de miras como para negar esto. Pero me temo que debemos confesar que, a medida que la religión atraviesa las diferentes etapas de su historia, apenas se ha visto lo suficientemente vivificada  como para hacerse más y más perfecta, ni siquiera juzgada desde su propio punto de vista. Como una flor cortada, su destino es marchitarse y apagarse. El sentimiento vital que la hizo nacer pierde gradualmente su pureza prístina y su fuerza hasta que algún credo nuevo lo aplasta. De esta manera sucede de forma bastante natural que aquellos que están animados por el espíritu de la ciencia se apresuran hacia delante, mientras que aquellos que llevan en el corazón el interés por la religión están inclinados a retroceder.

Mientras este doble cambio ha estado teniendo lugar, la religión se ha visto obligada a definir su posición y, al hacerlo, se ha comprometido inevitablemente con diversas posiciones que, una por una, han sido primero cuestionadas, después atacadas y finalmente derribadas por el progreso de la ciencia. Al ver tal abismo abierto bajo sus pies, la religión ha retrocedido primero violentamente y, al final, lo ha saltado, satisfaciéndose lo mejor que podía con un credo modificado. En la mayor parte de los casos el salto no parece haberle herido, pero, sin embargo, puede haber sufrido heridas internas. ¿Quién puede dudar de que la iglesia realmente sufrio por el descubrimiento del sistema copernicano, aunque la infalibilidad se las arreglara para escapar por una estrecha rendija? De esta manera, a ciencia y religión se les pone a la fuerza en actitudes hostiles. A los especialistas puede parecerles que la ciencia tiene poco o nada que decir que concierna directamente a la religión, pero ciertamente anima una filosofía que, si no en otros aspectos, es al menos opuesta a la tendencia predominante de la religión en que está animada por un espíritu progresista. Ahí surge también la tendencia a rechazar con desdén las cosas que no pueden verse.

Sería ridículo preguntar a quién se puede imputar esta situación. No puedes echar la culpa a las fuerzas elementales. La religión, por la misma naturaleza  de las cosas, rechaza atravesar sus transformaciones sucesivas con la suficiente velocidad como para mantenerse siempre de acuerdo con las convicciones de la filosofía científica. Ha llegado el día, sin embargo, en el que el hombre al que le mueve más devotamente la experiencia religiosa puede reconocer el estado de la cuestión.  Sin dejar de adherir a la esencia de la religión, y tanto como le sea posible a la iglesia, que es para ella prácticamente esencial, digamos que cuasi-esencial (penessential), dejará a un lado esa timidez religiosa que está siempre haciendo que la iglesia retroceda  desde aquellos caminos a los que el Gobernador de la historia está conduciendo a las mentes de lo hombres, una cobardía que a través de las épocas  ha permanecido como señal  y límite de su pequeña fe, y proseguirá con satisfacción, con la seguridad de que la verdad no puede  dividirse en dos doctrinas enfrentadas, y que cualquier cambio que el conocimiento pueda obrar en su fe sólo podrá afectar a su expresión, pero no al profundo misterio expresado.

 

A un estado tal de la mente se le puede llamar con propiedad una religión de la ciencia. No es que sea una religión a la que la ciencia o el espíritu científico mismo hayan dado origen, pues la religión, en el sentido propio del término, sólo puede surgir de la sensibilidad religiosa, pero es una religión tan verdadera para sí misma que llega a estar animada por el espíritu científico,……..

A un estado tal de la mente se le puede llamar con propiedad una religión de la ciencia. No es que sea una religión a la que la ciencia o el espíritu científico mismo hayan dado origen, pues la religión, en el sentido propio del término, sólo puede surgir de la sensibilidad religiosa, pero es una religión tan verdadera para sí misma que llega a estar animada por el espíritu científico, segura de que todas las conquistas de la ciencia serán sus propios triunfos y aceptando todos los resultados de la ciencia , tal y como los científicos mismos los aceptan, como pasos hacia la verdad, que durante un tiempo puede parecer que está en conflicto con otras verdades, pero que en esos casos meramente espera ajustes que con toda seguridad el tiempo llevará a cabo. Obsérvese que la religión no asumirá esta actitud como un dictado de la ciencia, y mucho menos por compromiso, sino simple y únicamente a partir de una confianza más osada en sí misma y en su propio destino.

Mientras tanto, la ciencia sigue sin vacilar su propio paso. Lo que no debe buscar determinar por sí misma es precisamente cuál ha de ser su objetivo, sino que debe permitir que la fuerte mano de la naturaleza le guíe. Las consideraciones teleológicas, es decir, los ideales, deben dejarse a la religión. La ciencia sólo puede permitirse ser influida por las causas eficientes, y a la filosofía, en su condición de reina de las ciencias, no debe importarle, o no debe parecer que le importa, si sus conclusiones son saludables o peligrosas.

Referencia

El matrimonio de Religión y Ciencia. Pp 95-99 en El amor evolutivo y otros ensayos de Ciencia y Religión. Charles Sanders Pierce. Marbot Ediciones. Barcelona 2010.

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