Una falacia y algunas contradicciones en el párrafo cuadrigentésimo sexto de El Origen de las Especies

Si este párrafo aislado se da a leer a unos niños de diez o doce años es posible que provoque su sonrisa. Vean lo que dice al principio:

 

Además, lo mismo que en el caso de conformación física, y de acuerdo con mi teoría, el instinto de cada especie es bueno para ella misma; y, hasta donde podemos juzgar, jamás ha sido producido para el exclusivo bien de otras especies

 

No obstante y según su costumbre pronto da un ejemplo que contradice tal afirmación: El de los pulgones de Huber.  Empero parece que el autor es reacio a creer en su propio ejemplo y de nuevo afirma:

 

Aun cuando no existe prueba alguna de que ningún animal realice un acto para el exclusivo bien de otra especie, sin embargo, todas se esfuerzan en sacar ventajas de los instintos de otras, y todas sacan ventaja de la constitución física más débil de otras especies. Así también, ciertos instintos no pueden ser considerados como absolutamente perfectos; pero como no son indispensables detalles acerca de uno u otro de estos puntos, podemos aquí pasarlos por alto.

 

¿Acaso no acabamos de ver un ejemplo de lo contrario? ¿No es algo exagerada esta afirmación:

 

todas sacan ventaja de la constitución física más débil de otras especies?.

 

Finalmente obsesionado con la perfección e ignorante de esa gran verdad que dice que lo mejor es enemigo de lo bueno vuelve el autor con su matracada de la perfección:

 

Así también, ciertos instintos no pueden ser considerados como absolutamente perfectos; pero como no son indispensables detalles acerca de uno u otro de estos puntos, podemos aquí pasarlos por alto.

 

Vuelve también a pasar por alto todo aquello que no le gusta o no concuerda con su visión del mundo: la lucha.

 

 

406

 

Again, as in the case of corporeal structure, and conformably to my theory, the instinct of each species is good for itself, but has never, as far as we can judge, been produced for the exclusive good of others. One of the strongest instances of an animal apparently performing an action for the sole good of another, with which I am acquainted, is that of aphides voluntarily yielding, as was first observed by Huber, their sweet excretion to ants: that they do so voluntarily, the following facts show. I removed all the ants from a group of about a dozen aphides on a dock-plant, and prevented their attendance during several hours. After this interval, I felt sure that the aphides would want to excrete. I watched them for some time through a lens, but not one excreted; I then tickled and stroked them with a hair in the same manner, as well as I could, as the ants do with their antennae; but not one excreted. Afterwards, I allowed an ant to visit them, and it immediately seemed, by its eager way of running about to be well aware what a rich flock it had discovered; it then began to play with its antennae on the abdomen first of one aphis and then of another; and each, as soon as it felt the antennae, immediately lifted up its abdomen and excreted a limpid drop of sweet juice, which was eagerly devoured by the ant. Even the quite young aphides behaved in this manner, showing that the action was instinctive, and not the result of experience. It is certain, from the observations of Huber, that the aphides show no dislike to the ants: if the latter be not present they are at last compelled to eject their excretion. But as the excretion is extremely viscid, it is no doubt a convenience to the aphides to have it removed; therefore probably they do not excrete solely for the good of the ants. Although there is no evidence that any animal performs an action for the exclusive good of another species, yet each tries to take advantage of the instincts of others, as each takes advantage of the weaker bodily structure of other species. So again certain instincts cannot be considered as absolutely perfect; but as details on this and other such points are not indispensable, they may be here passed over.

 

Además, lo mismo que en el caso de conformación física, y de acuerdo con mi teoría, el instinto de cada especie es bueno para ella misma; y, hasta donde podemos juzgar, jamás ha sido producido para el exclusivo bien de otras especies. Uno de los ejemplos más notables de que tengo noticia, de un animal que aparentemente realiza un acto para el solo bien de otro, es el de los pulgones, que, según fue observado por vez primera por Huber, dan espontáneamente su dulce secreción a las hormigas; y que la dan espontáneamente lo demuestran los hechos siguientes: Quité todas las hormigas de un grupo de una docena de pulgones que estaban sobre una romaza, e impedí durante varias horas el que las hormigas se ocupasen de ellos. Después de este intervalo, estaba yo seguro de que los pulgones necesitarían excretar. Los examiné durante algún tiempo con una lente, pero ninguno excretaba; entonces les hice cosquillas y golpeé con un pelo, del mismo modo, hasta donde me fue posible, que lo hacen las hormigas con sus antenas; pero ninguno excretaba. Después dejé que una hormiga los visitase, y ésta, inmediatamente, por su ansiosa manera de marchar, pareció darse cuanta del riquísimo rebaño que había descubierto; entonces empezó a tocar, con las antenas encima del abdomen de un pulgón primero, y luego de otro, y todos, tan pronto como sentían las antenas, levantaban inmediatamente el abdomen y excretaban una límpida gota de dulce jugo, que era devorada ansiosamente por la hormiga. Incluso los pulgones más jóvenes se conducían de este modo, mostrando que la acción era instintiva, y no resultado de la experiencia. Según las observaciones de Huber, es seguro que los pulgones no muestran aversión alguna a las hormigas: si éstas faltan, se ven, al fin, obligados a expulsar su excreción; pero como ésta es muy viscosa, es indudablemente una conveniencia para los pulgones el que se la quiten, por lo cual, verosímilmente, no excretan sólo para bien de las hormigas. Aun cuando no existe prueba alguna de que ningún animal realice un acto para el exclusivo bien de otra especie, sin embargo, todas se esfuerzan en sacar ventajas de los instintos de otras, y todas sacan ventaja de la constitución física más débil de otras especies. Así también, ciertos instintos no pueden ser considerados como absolutamente perfectos; pero como no son indispensables detalles acerca de uno u otro de estos puntos, podemos aquí pasarlos por alto.

Lectura aconsejada:

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