‘Vida y costumbres de Charles Darwin’

Confusión funcional en el párrafo tricentésimo octogésimo tercero de El Origen de las Especies

¿Por qué hace el autor la siguiente afirmación?:

 

Apenas es posible que estos débiles movimientos de los órganos jóvenes y crecientes de las plantas, debidos al contacto, o al sacudimiento, puedan ser de alguna importancia funcional.

 

 

Fíjense bien que no dice:

 

Es totalmente imposible que estos débiles movimientos de los órganos jóvenes y crecientes de las plantas, debidos al contacto, o al sacudimiento, puedan ser de alguna importancia funcional.

 

Por lo tanto podría decir:

 

Es perfectamente posible que estos débiles movimientos de los órganos jóvenes y crecientes de las plantas, debidos al contacto, o al sacudimiento, tengan alguna importancia funcional hasta hoy desconocida.

 

 

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It is scarcely possible that the above slight movements, due to a touch or shake, in the young and growing organs of plants, can be of any functional importance to them. But plants possess, in obedience to various stimuli, powers of movement, which are of manifest importance to them; for instance, towards and more rarely from the light—in opposition to, and more rarely in the direction of, the attraction of gravity. When the nerves and muscles of an animal are excited by galvanism or by the absorption of strychnine, the consequent movements may be called an incidental result, for the nerves and muscles have not been rendered specially sensitive to these stimuli. So with plants it appears that, from having the power of movement in obedience to certain stimuli, they are excited in an incidental manner by a touch, or by being shaken. Hence there is no great difficulty in admitting that in the case of leaf-climbers and tendril-bearers, it is this tendency which has been taken advantage of and increased through natural selection. It is, however, probable, from reasons which I have assigned in my memoir, that this will have occurred only with plants which had already acquired the power of revolving, and had thus become twiners.

 

Apenas es posible que estos débiles movimientos de los órganos jóvenes y crecientes de las plantas, debidos al contacto, o al sacudimiento, puedan ser de alguna importancia funcional. Pero, obedeciendo a diferentes estímulos, las plantas poseen facultades de movimiento que son de importancia manifiesta para ellas; por ejemplo, movimiento hacia la luz, y rara vez apartándose de ésta; movimiento en oposición de la atracción de la gravedad, y rara vez en dirección de ésta. Cuando los nervios y músculos de un animal son excitados por galvanismo o por la absorción de estricnina, puede decirse que los movimientos consiguientes son un resultado accidental, pues los nervios y músculos no se han vuelto especialmente sensibles a estos estímulos. También las plantas parece que, a causa de tener facultad de movimiento, obedeciendo a determinados estímulos, son excitadas de un modo accidental por el contacto o por sacudidas. Por consiguiente, no hay gran dificultad en admitir que, en el taso de plantas de trepadoras foliares o que tienen zarcillos, esta tendencia ha sido aprovechada y aumentada por selección natural. Es, sin embargo, probable, por las razones que he señalado en mi memoria, que esto habrá ocurrido sólo en plantas que habían adquirido ya la facultad de girar y que, de este modo, se habían hecho volubles.

Lectura aconsejada:

 Manual para detectar la impostura científica: Examen del libro de Darwin por Flourens. Digital CSIC, 2013. 225 páginas.

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Comer para entender: gastro-taxonomía darwinista

 

 

 

Quienes,  en alguna ocasión,  nos hemos acercado a la biografía de Darwin,  sabemos bien que de joven no era buen estudiante. Comprensible. También nos consta que cuando se embarcó en el Beagle no tenía una formación particularmente destacada en ciencias ni hábitos de trabajo demasiado rigurosos. Parece que el capitán Fitzroy basándose en sus conocimientos de fisionomía, no estaba decidido a enrolarlo; pero,  tratándose de Darwin, todo sea dicho en su favor y, en este caso, en contra de la perspicacia de Fitzroy, si no en contra de la propia disciplina de la fisionomía.

 

Una entrada reciente en el blog Los fallos de Darwin viene a rescatar la bonita costumbre de nuestro naturalista de comerse animales de todo tipo. La lista incluye: armadillo, avetoro, buho, guanaco, halcón, iguana, puma y otros,……A tal fin, ya en su juventud en Cambridge formó parte del llamado “Glutton Club” como nos explica su amigo JM Herbert.

La idea, al parecer,  ha cuajado y ahora se celebra el llamado “Phylum Feast”, banquete en el que los asistentes tratan de zampar los objetos más variados de la naturaleza. Hasta aquí todo muy bien. Comprensible también. Quien quiera más detalles de estas peculiares celebraciones gastronómicas consulte aquí o aquí por ejemplo.

Pero lo que llama la atención es, como siempre, la curiosa reacción del público al leer esta noticia.

Por ejemplo, Fernando, lector del blog Los fallos de Darwin, dice lo siguiente:

 

Bueno, realmente esta entrada poco o nada tiene que ver con la crítica a la Teoría de la evolución, es mas bien un ad hominem a Darwin y creo que sobraba. Por lo demás, esta muy bien el blog, eh.
Saludos

 

Hablar de los hábitos nutricionales de Darwin nada tiene que ver con la crítica a la Teoría de la Evolución. Por supuesto,  Fernando. Estamos de acuerdo. Criticar a Darwin no es criticar a la Teoría de la Evolución. A pesar del empeño del darwinismo todavía quedamos unos cuantos capaces de distinguir entre una teoría de la evolución y lo que hayan sido la vida y los milagros de Charles Darwin. No hay que confundirlos. Puede haber mil teorías de la evolución, todas ellas buenas y algunas excelentes sin tener en cuenta el disparate de la selección natural y las ambigüedades de Darwin.

Lo que ocurre es que el darwinismo ha sembrado la confusión y prueba de ello es la segunda parte del comentario de Fernando:

 

es mas bien un ad hominem a Darwin y creo que sobraba

 

Ahí se equivoca. No hay nada que se llame así,  simplemente ad hominem. Por el contrario hay lo que se llama Falacia ad hominem, que es un tipo de Falacia, argumento falso o perogrullada.  El Origen de las Especies (OSMNS) contiene todo el muestrario de Falacias posibles y entre ellas, como no, buenos ejemplos de falacia ad hominem. Pronto veremos uno. Pero…..

¿Qué es la falacia ad hominem?

 

La falacia ad hominem consiste en valorar un argumento por la valoración previa que tengamos de quien lo exponga. Sería decir, por ejemplo, que la Selección Natural es una teoría excelente porque la expuso Darwin, que era un genio. O como en un ejemplo de OSMNS, cuando  dice Darwin:

 

the opinion of naturalists having sound judgment and wide experience seems the only guide to follow.

Esto no vale. Hay que explicar las cosas y valorar las explicaciones por su propio contenido y nunca por la valoración que tengamos de su autor. Si hiciesen esto con la Selección Natural muchos se iban a llevar una sorpresa.

Por lo tanto el contenido de la entrada no es falacia ad hominem. Al contrario, aporta nuevos datos (argumentos) para valorar la mentalidad de Darwin, su actividad científica y la de quienes celebran estas “Phylum Feast”.

Ya hemos visto que Darwin no era muy bueno en taxonomía. En el capítulo segundo de OSMNS, titulado nada menos que Sobre la Variación en la Naturaleza,  ni siquiera se toma la molestia de discutir las categorías taxonómicas y las definiciones de especie son de lo más variado e inconsistente. Se cuenta que, mientras se iba zampando un suculento asado supuestamente de  ñandú común,  se percató de que no era ésta, sino otra nueva especie la que humeaba en su plato. Así que cogió lo que todavía no se había comido y lo guardó. El taxonomista John Gould montó los restos y  llamó a la especie que todavía representaban Rhea darwinii en su “honor”. El nombre no podía estar mejor escogido si tenemos en cuenta que,  el ejemplar montado por Gould para describir la especie no estaba completo,  faltando aquellas partes para las que el destino había reservado un fin inesperado: convertirse en partes de la anatomía del propio Charles Darwin.

Ejemplo sin parangón de lo que puede llegar a ser la fugacidad de una especie y su más alta tasa de evolución.

Nunca antes la selección natural había obrado de manera tan rápida  demostrando la identidad entre un hombre de ciencia y su propia teoría. Punto clave del mensaje darwinista: Me lo he comido luego lo entiendo.

 

Imagen: “Avestruz Petise” (Rhea darwinii).

 

 

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La importancia de la taxonomía, un ejemplo

 

Al leer la Autobiografía de Charles Darwin uno va de sorpresa en sorpresa. Ya veíamos por un lado su curioso horario de trabajo que, a lo sumo se llegaba a prolongar en aquellos días notables en los que trabajaba,  hasta un total de cuatro horas o cuatro horas y cuarto.  Por otro lado veíamos la hondura  de sentimiento con la que describía cuando en su juventud decidió ser clérigo, muy probablemente para calmar las iras de su padre.

Pero no es menor la sorpresa  al encontrar lo siguiente (p 238; recordemos que es su hijo Francis quien ha recopilado los escritos de su padre):

 

“………Para comprender la estructura de mi nuevo cirrípedo tuve que examinar y disecar muchas de las formas comunes; y esto me condujo gradualmente a emprender la investigación del grupo entero.”. Al parecer, posteriormente concibió algunas dudas sobre el valor de estos ocho años de trabajo-por ejemplo cuando escribió su Autobiografía: ” Mi labor fue de considerable utilidad cuando tuve que examinar en el Origen de las Especies los principios de la Clasificación Natural. No obstante, dudo que mereciera tanto tiempo como le dediqué………………..”

 

Para su trabajo sobre los cirrípedos el autor tuvo que dedicar mucho tiempo a la taxonomía. Por eso dice que tal labor fue útil a la hora de  examinar en el Origen de las Especies los principios de la Clasificación Natural.  Sin embargo, bien poco aparecen tales ideas  en lo que llevamos leído del capítulo segundo, dedicado precisamente a la variación en la naturaleza.  La taxonomía brilla por su ausencia en OSMNS.

 

¿Será posible que el autor otorgue la importancia debida a la taxonomía cuando se trata de aplicarla a su propia investigación, mientras que la ignore al tratar de la variación en la naturaleza en su libro? Puede ser. Todo es posible en medio de tanta ambigüedad, puesto que ya hemos visto en el párrafo cincuenta y nueve que el autor emplea un criterio diferente cuando se trata de presentar su propio trabajo o de valorar el  trabajo de los demás. En aquella ocasión, el autor describía perfectamente el ejemplo de un razonamiento circular, con lo cual demostraba saber que es perjudicial para la ciencia. Empero en el mismo párrafo daba entrada a la selección natural, la supervivencia del más apto, otro buen ejemplo de razonamiento circular y, por tanto, también perjudicial para la ciencia. Algo semejante a lo anteriormente rechazado con razón  era en este caso admitido por proceder de su propia cosecha.

Buenos ejemplos de ambigüedad. Es decir, en unos casos conviene un comportamiento  (cuidado con los razonamientos circulares, importancia de la taxonomía), pero en otros casos conviene más el contrario (adelante con los razonamientos circulares, desprecio de la taxonomía). Así el éxito está asegurado.

No en vano en su prólogo a una edición del “Origen de las Especies, en 1956, William R. Thompson dijo:

El éxito del darwinismo fue acompañado por una decadencia en la integridad científica

Seguiremos investigando,……

 

 Manual para detectar la impostura científica: Examen del libro de Darwin por Flourens. Digital CSIC, 2013. 225 páginas.

 

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El señorito ocioso: un caso de vocación malograda de sportsman y de cazador

 

En su libro titulado El último cambio de siglo: gloria y crisis de Occidente 1870-1914 y publicado por la Editorial Ariel,  José Luis Comellas indica erróneamente que Darwin era médico.  Ni lo era ni tenía ninguna titulación académica en ámbito científico alguno.  Pero dejemos que sea el mismo Darwin quien corrija el error y aclare la situación, puesto que en su autobiografía (p 55) indica:

 

 

Cambridge, 1828-1831.- Tras haber pasado dos cursos en Edimburgo, mi padre se percató, o se enteró por mis hermanas, de que no me agradaba la idea de ser médico, así que me propuso hacerme clérigo. Mi padre estaba vehementemente en contra de que me volviera un señorito ocioso, cosa que entonces parecía mi destino mas probable. Pedí algún tiempo para considerarlo, pues, por lo poco que había oido o pensado sobre la materia, sentía escrúpulos acerca de la declaración de mi fe en todos los dogmas de la Iglesia Anglicana aunque, por otra parte, me agradaba la idea de ser cura rural. Por consiguiente leí con atención: Pearson on the Creed (Pearson: acerca del credo) y otros cuantos libros de teología y, como entonces no dudé lo más mínimo sobre la verdad estricta y literal de cada una de las palabras de la biblia, me convencí inmediatamente de que debía aceptar nuestro credo sin reservas

Eugenio d’Ors había captado la idea: Un caso de vocación malograda de sportsman y de cazador.

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Jornada de trabajo del genio

 

 

En muchas ocasiones se habla de Darwin como genio y se le compara con Copernico, Galileo o Newton. Ignoro las jornadas de trabajo de estos últimos pero de la del primero tengo algún dato.

El  capítulo cuarto de la Autobiografía de Charles Darwin editada por Alianza Editorial (Madrid, 1977)  se titula Recuerdos de la vida cotidiana de mi padre.  El libro no es  autobiografía al uso sino que se trata de una composición de su hijo Francis.  En cuanto al cuarto capítulo, será dificil encontrar lectores que lo hayan leido con detenimiento puesto que se encuentra detrás de un tercer capítulo laberíntico dedicado a, ni más ni menos, la religión. El afortunado superviviente de catorce páginas describiendo la tumultuosa relación de Darwin con la religión se enfrentará así,  mermado de fuerzas,  al próximo envite:  la descripción que Francis, hijo del genio, hace de la vida cotidiana de su padre. Es ahí donde  leemos  (p 125):

Después de desayunar a solas alrededor de las 7, 45, se iba en seguida a trabajar; consideraba la hora y media comprendida entre las 8 y las 9, 30 una de sus mejores horas de trabajo. A las 9, 30 iba a buscar sus cartas a la sala de estar; se alegraba cuando la correspondencia era escasa, y a veces le molestaba mucho que no fuera así.  Luego, tumbado en el sofá solía escuchar la lectura de alguna carta familiar.

Esta lectura en voz alta, que también incluía un trozo de alguna novela, duraba hasta alrededor de las diez y media, en que volvía a ponerse a trabajar hasta las doce o doce y cuarto. Sobre esta hora daba por terminado el trabajo del día,  y a menudo decía con voz de satisfacción: ¡He hecho una buena jornada!

En resumen:  Tres horas o tres horas y cuarto de trabajo. Ciertamente una buena jornada!

Si bien unas pocas páginas más adelante leemos (p 135):

De cuatro y media a cinco y media trabajaba; luego iba a la sala y se quedaba sin hacer nada hasta que llegaba la hora (alrededor de las seis) de subir y descansar otro poco con lectura de novela y cigarrillo.

Es decir que la jornada no había terminado como se indicaba antes, sino que se prolongaba todavía por una hora. De acuerdo, entonces tenemos  en total cuatro horas o cuatro horas y cuarto de trabajo.

Empero,  más adelante, al referirse a la asistencia a una reunión de la Linnean Society, tenemos (p 141):

Únicamente por la mañana temprano podía realizar algún esfuerzo de este tipo con relativa impunidad. Y así sucedía que hacía sus visitas a amigos científicos de Londres preferentemente a una hora tan temprana como las diez de la mañana. por la misma razón emprendía sus viajes en el primer tren que hubiera, y solía llegar a las casas de sus parientes de Londres cuando éstos empezaban la jornada.

Anotaba con exactitud en un diario las jornadas que trabajaba y aquellas en que su mala salud le impedia hacerlo, con objeto de que le fuera posible decir el número de días en que no había hecho nada en un año determinado,………..

O sea que, el horario laboral mencionado de, aproximadamente,  tres o cuatro horas, se refería sólo a aquellas jornadas en las que trabajaba. Aquellas en las que no, estaban anotadas en un diario.  Al no decir cuántas eran, podemos sospechar que eran muchas.

 

 

 

Imagen de arriba:  estudio de Darwin en su casa de Down. tomada de The complete work of Charles Darwin online.

Pequeña imagen de abajo: Portada del libro del que se mencionan aquí unos fragmentos bien curiosos. El reloj procede del Diccionario de Neolengua.

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