‘Vida y costumbres de Charles Darwin’

Substituto de la religión: Una interpretación parcialmente correcta del El Origen de las Especies por Juan Benet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Benet, que no había leído el Origen de las Especies, se refería en una entrevista a la Ciencia como Aparato de Convicciones.

En su libro titulado Londres Victoriano, este autor dedica unos párrafos memorables al Origen de las Especies, libro que, repetimos, no había leído, y por tanto no podía entender.

No obstante acierta en algunos de sus comentarios y destaca realmente lo que es esta obra: Un acontecimiento capital de la Época victoriana.  Empero, se equivoca al decir que el libro resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas. No hay ni una sola investigación biológica original en este libro.

Acierta plenamente en otros puntos de los que resumimos dos:

  1. El libro estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo
  2. Suponía la destrucción de los fundamentos de la religión, del Estado, de la familia y del orden social.

 

Pero lean ustedes estos párrafos, obra cumbre de la escritura sintética, por si pudiese habérsenos escapado algún otro aspecto importante, que seguro será digno de mención y crítica en posteriores ocasiones. Y fíjense sobre todo en los errores y en los aciertos al hablar de El Origen de las Especies, un libro, dice,… que resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas, lo cual es falso…y que estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo al desplazar las doctrinas mítico-religiosas y ocupar con una teoría científica el hueco dejado por ellas. Y esto último es cierto a medias, un libro destinado a desplazar una serie de doctrinas mítico-religiosas, cierto. Pero con… ¿con una teoría científica? No. Eso no es posible. Las doctrinas mítico-religiosas sólo pueden ser reemplazadas por otras doctrinas mítico-religiosas. Se equivoca de nuevo Benet. En el libro de Darwin no había teoría científica ni formulación lógica alguna.

Como bien dice al final de estos párrafos,  se trataba de algo que habían entendido bien las mentes ortodoxas-y las anglicanas, las más fieras. Se trataba  de sentar las bases para la destrucción de los fundamentos de la religión del Estado, de la familia y del orden social. Lo dicho. Lean, piensen y comenten…

….Comienza la cita de Londres victoriano…

Ciertamente, en sus últimos años Alberto había podido asistir a una auténtica erupción de la energía, del talento y del coraje de su pueblo; a un renacimiento —por segunda vez en el siglo— de la ciencia, de la industria y del arte. Cuando en el último cuarto de siglo Oscar Wilde acuñó el concepto de “Renacimiento inglés”, como tema central de sus conferencias en Gran Bretaña y Estados Unidos se estaba sin duda refiriendo a las grandes señales que había en la década de su nacimiento. En el año 1858 se procedió a la botadura del Great Eastern, un monstruo de hierro de 20 000 toneladas de desplazamiento, sólo superado en el siglo XX, que podía transportar 4 000 pasajeros alojados en cinco cubiertas y depositarlos al otro lado del Atlántico en cuatro días de navegación, aunque nunca llegó a hacerlo; Wallace y Darwin impartían sus primeras lecciones sobre la selección natural que apenas despertaron unas pocas controversias entre los especialistas: Maxwell enunciaba las leyes del campo electromagnético. Thompson, posteriormente lord Kelvin, definía los límites térmicos del universo. En aquellos años Dickens publica Tiempos difíciles, Pequeña Dorrit, La historia de dos ciudades y Grandes esperanzas; George Eliot, las Escenas de la vida clerical, Silas Marner y Adam Bede; Stevenson, La isla del tesoro, y De Quincey, la versión final de Las confesiones de un opiómano inglés: Fitzgerald,  la traducción de Rubbaiyat de Ornar Khayyam, y Morris, La defensa de Guenevere al tiempo que funda su compañía de textiles. Millais pinta Sir Isumbras, Vale of Rest y Autumn Leaves. Whistler At the Piano; Scott construye la capilla del colegio de Exeter. Stevens el monumento a Wellington y Landseer los leones de la columna de Nelson, un aditamento que en lo sucesivo se considerará obligado para toda clase de parlamentos, puentes, bancos y muscos. Speke descubre y explora el lago Nyanza y Livingstone el Nyassa; Stanley, en busca de este último, descubre las fuentes del Nilo.

Pero sin duda el acontecimiento capital de entonces fue la publicación por Darwin de El Origen de las Especies, un libro que resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas y que estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo al desplazar las doctrinas mítico-religiosas y ocupar con una teoría científica el hueco dejado por ellas.

No es fácil imaginar hoy en día una polémica que se trasladó hacia los principios morales y religiosos en que reposaba la sociedad en lugar de centrarse sobre los hechos o las familias de hechos estudiados por Darwin y reunidos todos en una única y lógica formulación. En el pasado, la ciencia era una actividad un tanto marginal y esotérica, casi una actividad de brujos, sus hallazgos sólo tenían una limitada aplicación en la vida social, y de hecho la ciudad y el campo podían vivir ajenos a ellos, y si sus teorías chocaban con las doctrinas oficiales bastaba con declararlas heréticas y dejar que siguiera el curso de la historia. Pero la Ilustración, los progresos y descubrimientos  científicos de los siglos XVIII y XIX y la Revolución Industrial, habían hecho de la ciencia, sobre todo de la experimental, uno de los pilares de la sociedad, tan imprescindible como los otros. En tiempos de Darwin, un conflicto entre ciencia y doctrina ofrecía ya pocas posibilidades de componendas y obligaba a elegir. La teoría de la evolución fue recibida con horror por las mentes ortodoxas-y las anglicanas, las más fieras- persuadidas de que cualquier hipótesis contraria a la creación del mundo por seis actos de potestad divina en seis días de una semana muy cargada de trabajo, suponía la destrucción de los fundamentos de la religión del Estado, de la familia y del orden social.

…Fin de la cita.

 

Bibliografía

Benet, J. 1989. Londres victoriano. Editorial Planeta. Barcelona.

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Charles Darwin y el verdadero Club Dante

En la página 81 de su libro El Hispanismo en Norte-América (1917), Miguel Romera Navarro, profesor en la Universidad de Pensilvania,  indica que Jaime Russell Lowell (1819-1891) emprendió la traducción al español de alguna obra de Darwin, según comunicaba el mismo Lowell en carta a la Señora WE Darwin, hija del naturalista, con fecha 1 de septiembre de 1878. Aunque no dice Romera Navarro  de qué obra se trataba,  sí que indica que para la tarea contaba con cierta  colaboración de su profesor, Don Hermenegildo Giner de los Ríos (1847-1923), hermano de don Francisco, el fundador de la Institución Libre de Enseñanza.

No resulta difícil saber de qué obra se trataba, pero antes debemos aclarar un poco quién era esa Señora WE Darwin, hija del naturalista, puesto que Darwin no tenía ninguna hija cuyas iniciales fuesen WE, sino un hijo. La persona a quien se dirige la carta de Lowell era en realidad la esposa de William Erasmus Darwin, hijo del naturalista, Sara Price Ashburner Sedgwick,  con quien Lowell tenía una gran amistad manifiesta en su amplia correspondencia.

A sketch of Mr Darwin life, un fragmento de la vida de Darwin,  es lo que confiesa en su carta haber traducido Lowell al español:

-…no, not your Mr Darwin, certainly you foolish Little person, but his father.

(- no, no de tu Mr Darwin, pequeña locuela, sino de su padre.)

Una información que nos abre algunas pistas muy interesantes. Así por ejemplo, la hermana de  Sara Price Ashburner  Sedgwick era  Susan Ridley Sedgwick, esposa de Charles Eliot Norton, literato y profesor de Arte en Harvard. Ambos, Lowell y Norton formaron parte del club Dante, el verdadero club Dante, que existió y cuya intención era la traducción de la Divina Comedia de Dante  del Italiano al inglés. Otros miembros de este club eran Henry Wadsworth Longfellow y Oliver Wendell Holmes. Como en tantas ocasiones, su importante obra queda hoy eclipsada por una novela de aventuras y la consiguiente película.

 

Jaime Russell Lowell fue Ministro plenipotenciario (Embajador) de Estados Unidos en España desde 1877 hasta 1880, fecha en que partiría a su nuevo destino como Ministro plenipotenciario  (Embajador),  en Gran Bretaña, país en el que permanecería hasta 1885.   En abril de 1882 sería uno de los diez ilustres portadores del ataúd de Charles Darwin en su funeral en la Abadía de Westminster.

 

 

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El plagio de Darwin en El Origen de las Especies

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Le fait est que Lamarck est le père de M. Darwin. Il a commencé son système.
Toutes les idées de Lamarck sont, au fond, celles de M. Darwin.
M. Darwin ne le dit pas d’abord; il a trop d’art pour cela.
Il effaroucherait son lecteur, et il veut le séduire;
mais, quand il juge le moment venu, il le dit nettement et formellement.

 

(El hecho es que Lamarck fue el padre del señor Darwin. Fue él quien comenzó su sistema.
Todas las ideas de Lamarck son, básicamente, las de Mr. Darwin.
Mr. Darwin no lo dijo primero, él tenía demasiado arte para decirlo.
Habría espantado a sus lectores, y lo que quería era seducirlos
pero llegado el momento, lo dice clara y formalmente. )

Pierre Flourens (1794-1867). En Examen du libre de M. Darwin sur l’Origine des Espèces.


 

 

 

 

 

  















It is 100 per cent proven that Darwin committed  plagiarism. Dr Mike Sutton (1959- ). 

http://patrickmatthew.com/ 

 

 

 

 

 

 

 

Remember:

 After having demonstrated to the fanatics that they are wrong, it is necessary not forget that they want to be wrong.


				
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Casi una dedicatoria o ¿Por qué Jean Henri Fabre no termina de dedicar su capítulo a Darwin?


En el primer tomo de su obra Souvenirs entomologiques, publicado en Paris en 1882, Fabre describe su encuentro en 1843 con la abeja Chalicodome de las murallas (Chalicodoma muraria para él, hoy Megachile parietina) en los alrededores de Carpentras.  El capítulo VII relata sus experiencias sobre el sentido de la orientación en este insecto.

El capítulo, indica el autor al principio del mismo, iba estar dedicado al recientemente fallecido Charles Darwin, pues era el que había sugerido unos experimentos al autor que, al parecer no estaba de acuerdo con las teorías del naturalista inglés:

 

Mon devoir était de lui rendre compte du résultat de quelques expériences qu’il m’avait suggérées dans notre correspondance, devoir bien doux pour moi, car si les faits, tels que je les observe, m’éloignent de ses théories, je n’ai pas moins en profonde vénération sa noblesse de caractère et sa candeur de savant.

 

Mi deber era darle cuenta de los resultados de algunos experimentos que me había sugerido en nuestra correspondencia, un deber dulce para mí, puesto que si los hechos tal y como los veo, me mantienen lejos de sus teorías, no por ello mi veneración es menos profunda por nobleza de carácter científico y su candidez de sabio.

 

Pero, mediante este  curioso giro, y a pesar de sus buenas palabras, Fabre no termina de hacer efectiva la dedicatoria. ¿Por qué ? enseguida lo veremos…

 

En primer lugar, los resultados de los experimentos propuestos no fueron como se esperaba. Los tratamientos sugeridos por Darwin con intención de “despistar” a las abejas no tuvieron efecto y su sentido de la orientación se mantuvo. Fabre comenta al respecto:

 

Tenons-nous-en là; l’expérience est suffisamment répétée, mais elle ne conclut pas comme l’espérait Charles Darwin, comme je l’espérais aussi, surtout après ce qu’on m’avait raconté sur le chat. En vain, suivant la recommandation faite, je transporte d’abord mes insectes en sens inverse du point où je dois les lâcher; en vain, lorsque je vais revenir sur mes pas, je fais tourner ma fronde avec toute la complication rotatoire que je peux imaginer; en vain, croyant augmenter les difficultés, je répète la rotation jusqu’à cinq fois, au départ, en chemin, à l’arrivée: rien n’y fait: les Chalicodomes reviennent, et la proportion des retours dans la même journée oscille entre 30 et 40 pour 100. Il m’en coûte d’abandonner une idée suggérée par un tel maître et caressée d’autant plus volontiers que je la croyais apte à donner une solution définitive. Les faits sont là, plus éloquents que tous les ingénieux aperçus, et le problème reste tout aussi ténébreux que jamais.

 

Mantengámonos ahí; la experiencia ha sido suficientemente  repetida, pero no concluye como lo esperaba Charles Darwin, como yo mismo lo esperaba también, sobre todo después de lo que se me había contado sobre el gato. En vano, según la recomendación hecha, transporto primero mis insectos en sentido opuesto del punto donde debo soltarlos; en vano, cuando voy a volver sobre mis pasos, hago girar mi honda con toda la complicación rotatoria que puedo imaginar; en vano, creyendo aumentar las dificultades, repito la rotación hasta cinco veces, al principio, de camino, para la llegada: nada de eso tiene efecto: Las abejas vuelven, y la proporción de las que regresan en un mismo día oscila entre 30 y 40 por 100. Me cuesta abandonar una idea sugerida por tal maestro y tanto más acariciada en cuanto a que yo la consideraba apta para dar una solución definitiva. Los hechos están allí, más elocuentes que todas las visiones ingeniosas de conjunto, y el problema queda también tenebroso como jamás.

 

La démonstration est suffisante. Ni les mouvements enchevêtrés d’une rotation comme je l’ai décrite; ni l’obstacle de collines à franchir et de bois à traverser; ni les embûches d’une voie qui s’avance, rétrograde et revient par un ample circuit, ne peuvent troubler les Chalicodomes dépaysés et les empêcher de revenir au nid. J’avais fait part à Ch. Darwin de mes premiers résultats négatifs, ceux de la rotation. S’attendant à un succès, il fut très surpris de l’échec. Ses pigeons, s’il avait eu le loisir de les expérimenter, se seraient comportés comme mes hyménoptères; la rotation préalable ne les aurait pas troublés. Le problème exigeait une autre méthode, et voici ce qui me fut proposé:

 

«_To place the insect within an induction coil, so as to disturb any magnetic or diamagnetic sensibility which it seems just possible that they may possess._»

 

La demostración es suficiente. Ni los movimientos embarullados por una rotación como la descrita; ni el obstáculo de las colinas que hay que superar y el bosque que hay que atravesar; ni las trampas de una vía que se adelanta, vuelve atrás y regresa por un circuito amplio, nada de eso puede confundir a las abejas desubicados para impedirles volver al nido. Había dado parte a Ch. Darwin de mis primeros resultados negativos, los de la rotación. Esperando un éxito, estuvo muy sorprendido del fracaso. Sus palomas, si hubiera tenido oportunidad de experimentar con ellas, se habrían comportado como mis himenópteros; la rotación previa no los habría disturbado. El problema exigía otro método, y he aquí lo que me fue propuesto:

 

Colocar al insecto en una bobina de inducción, para interferir con cualquier sensibilidad magnética o diamagnética que parece posible que pueda tener…

 

 

Lógicamente, este método es considerado imposible de practicar con los medios al alcance de Fabre quien, tras comentarlo con cierta ironía, da noticia del segundo método propuesto por Darwin. Atención:

 

‘ Convertir una aguja muy delgada en un imán; y luego romperla en pedazos muy pequeños, que todavía serían magnéticos, y pegar estos pedazos con algún tipo de pegamento sobre el tórax de los insectos para experimentar con ellos. Creo que un imán tan pequeño, de su proximidad cercana al sistema nervioso del insecto, lo afectaría más que las corrientes terrestres. ‘

 

 

Tal propuesta hace surgir en Fabre el siguiente comentario:

Al escribir estas líneas, me refugio detrás de la reputación poderosa del sabio que engendró tal idea. Si procediese de una persona humilde como yo, no parecería serio. La oscuridad no puede permitirse estas teorías audaces.

Siguiendo los consejos del sabio naturalista inglés, Fabre nos cuenta su experimento. Después de colocar un trozo de imán en el dorso del insecto:

 

El imán se sujeta sobre el tórax; y el insecto se deja ir. En el momento en que  es libre, la abeja se cae a la tierra y vaga, como una loca, en el espacio del suelo. Ella reasume su vuelo, cae abajo otra vez, vuelca sobre su lado, sobre su espalda, golpea contra las cosas en su camino, emite zumbidos ruidosamente, se arroja desesperadamente y acaba por lanzarse por la ventana abierta en un  vuelo precipitado.

¿Qué significa todo esto? ¡El imán parece tener un efecto curioso sobre el sistema de mi paciente! ¡Qué alboroto provoca! ¡Cuán aterrorizada se encuentra la abeja! La Abeja pareció completamente aturullada, haber perdido la tramontana bajo la influencia de mis trucos. Pero vayamos a ver que pasa en el nido. No tenemos que esperar mucho tiempo: El insecto regresa, pero librado de su artilugio magnético. Lo reconozco por los rastros de goma que todavía se adhieren al pelo del tórax. Vuelve a su celda y reasume sus trabajos.

 

Siempre en guardia cuando interrogo a lo desconocido, indispuesto para sacar conclusión alguna antes de sopesar bien los argumentos pro y contra, siento la duda que me invade  con respeto a lo que he visto. ¿ Era realmente la influencia magnética lo que molestó mi abeja de una manera tan extraña? ¿Cuándo ella luchó y dio patadas en el suelo, agitándose desordenadamente tanto con las patas como con las alas, cuando ella escapó en medio del terror, lo hacía bajo la influencia del imán a su espalda? ¿Puede mi artilugio haber frustrado a la influencia de las corrientes terrestres sobre su sistema nervioso? ¿O bien su angustia era simplemente el resultado del aparataje desacostumbrado? Esto es lo que queda por ser visto y sin retraso.

 

Construí un nuevo aparato, pero mediante una paja corta en el lugar del imán. El insecto que lo lleva sobre su espalda se tira al suelo, da patadas y se comporta de modo parecido a como lo hacía con el primero, hasta quitarse de encima la molesta invención, arrancándose con ello una parte de la piel sobre el tórax. La paja produce los mismos efectos que el imán, en otras palabras, el magnetismo no tuvo nada que ver. Mi invención, en ambos casos igualmente, es un artefacto incómodo del cual la abeja trata de librarse inmediatamente por todos los medios posibles. Esperar de ella acciones normales mientras que lleva un aparato, magnetizado o no, sobre su espalda es lo mismo que esperar estudiar los hábitos naturales de un Perro después haberle atado un caldero  a la cola.

 

El experimento con el imán es impracticable. ¿Qué nos diría esto si el insecto lo consintiese? En mi opinión, esto no nos diría nada. Para estudiar el regreso al nido,  un imán no tendría más influencia que un poco de paja.

 

Cuando uno ha leido completo el capítulo, entiende bien por qué Fabre no hizo una dedicatoria al uso. Entenderlo requiere leer el capítulo completo, mejor en francés que en una traducción inglesa. La sutileza de Favre da una redacción educada al texto que no llega a disimular su indignación con los métodos propuestos por el “sabio naturalista inglés”.

 

 

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El tema favorito

 

Se ha comparado a Darwin con Copérnico, diciendo que protagonizó una verdadera revolución en la historia de la ciencia.

Se ha escrito que su revolución ha cambiado profundamente, más que cualquier otro descubrimiento científico, nuestra forma de entender el mundo.

Se ha dicho de él que es el fundador de la evolución. Y que todos somos fruto de la evolución y punto.

Se le atribuyen teorías sobre la especiación en los pinzones que no aparecen por ninguna parte.

A pesar de que su formación académica era la de un clérigo, no obstante escribió sobre la expresión de las emociones,  sobre los percebes, sobre las lombrices de tierra, sobre las orquídeas, sobre los movimientos de las plantas,  sobre el origen del hombre y el origen de las especies. Un elenco verdaderamente variado y heterogéneo de temas,…pero…entre todos ellos ¿saben cuál fue su tema favorito de estudio, aquel en el que encontró su fuente de inspiración?

Hay cierta discusión sobre este punto tan relevante.

Por un lado, Carole Jahme nos da una pista en su libro titulado Bellas y Bestias (El papel de las mujeres en los estudios sobre primates). En la página 339 leemos:

 

Darwin se quedó estupefacto por la forma en la que algunas hembras de simios y monos anunciaban su fertilidad por medio de la hinchazón y agrandamiento de sus genitales. “No existía ningún otro fenómeno que me interesara tanto y me dejara tan perplejo como los coloridos traseros y partes adyacentes de algunos monos”.

Así, según informa esta autora el tema favorito de Darwin había sido ni más ni menos que el trasero de los primates. Pero, como decíamos arriba hay diferentes opiniones al respecto. En un vídeo sobre plantas carnívoras se afirma que Darwin prefería conocer algo acerca de estas plantas que sobre el Origen de las Especies: Me importa más la Drosera que el origen de todas las Especies del mundo, nos cuentan en este video (hacia el min 4 40) que dijo el más grande naturalista inglés.

 

La Drosera o el culo de los primates. He ahí la gran duda. Cualquiera de esos dos temas capturó más la atención del gran naturalista que el estudio del origen de las especies, tema del que, con ayuda de sus influyentes amigos, acumuló páginas y páginas llenas de juegos de palabras sin contenido.

 

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Catálogo con cualidades de científicos: Precisión (Galileo), Persistencia (Marie Curie), Confusión (Darwin)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nos encontramos en la portada del Catálogo de Thermo Scientific (Marketplace) con una imagen compuesta con los retratos de tres científicos célebres. A cada retrato, se ha asociado una frase propia del retratado, y,  destacada en mayúsculas,  una cualidad de su carácter. Veamos cuáles son los retratados, sus frases y sus cualidades y finalmente, si acaso no pudiese haber algún error en la atribución de dichas cualidades,  tanto en función del contenido de la frase,  cuanto por lo que realmente conocemos de la bibliográfia de algún científico……

  1. Galileo Galilei.

Frase: Count what is countable, measure what is measurable; and what is not measurable, make measurable.

Cualidad de su carácter: Precisión. Correcto.

 

2. Marie Curie.

Frase: I was taught that the way of progressis neither Swift nor easy.

Cualidad de su carácter: Persistencia. Correcto.

 

3. Charles Darwin.

Frase: I am a firm believer that without speculation there is no good and original observation.

Cualidad indicada de su carácter: Curiosidad?? Incorrecto. Ni se puede deducir curiosidad de dicha frase, ni tampoco de la Biografía de su autor.

Cualidad de su carácter: Fe? Especulación? Ambigüedad. Confusión.

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Resumiendo una enorme confusión con un invitado sorprendente en el párrafo sexcentésimo décimo octavo del Origen de las Especies

El resumen de un discurso ha de contener sus partes principales. En el caso que nos ocupa, he aquí un conjunto resumido de falacias:

 

que los registros geológicos son sumamente incompletos;

que sólo una parte del globo ha sido geológicamente explorada con cuidado;

que sólo ciertas clases de seres orgánicos se han conservado en abundancia en estado fósil;

que tanto el número de ejemplares como el de especies conservados en nuestros museos es absolutamente como nada, comparado con el número de generaciones que tuvieron que haber desaparecido durante una sola formación;

 

que, debido a que el hundimiento del suelo es casi necesario para la acumulación de depósitos ricos en especies fósiles de muchas clases, y lo bastante gruesos para resistir la futura erosión, tuvieron que haber transcurrido grandes intervalos de tiempo entre la mayor parte de nuestras formaciones sucesivas;

 

que probablemente ha habido más extinción durante los períodos de elevación,

 

y que durante estos últimos los registros se habrán llevado del modo más imperfecto; que cada una de las formaciones no se ha depositado de un modo continuo; que la duración de cada formación es probablemente corta, comparada con la duración media de las formas especificas; que la migración ha representado un papel importante en la aparición de nuevas formas en una región o formación determinada; que las especies de extensa distribución geográfica son las que han variado con más frecuencia y las que han dado más frecuentemente origen a nuevas especies; que las variedades han sido al principio locales,

Y enmedio de todo este marasmo de falacias, la contradicción:

….y, finalmente, que, aun cuando cada especie tiene que haber pasado por numerosos estados de transición, es probable que los períodos durante los cuales experimentó modificaciones, aunque muchos y largos si se miden por años, hayan sido cortos, en comparación con los períodos durante los cuales cada especie permaneció sin variación.

En qué quedamos: ¿El cambio es gradual o no lo es?:

Estas causas reunidas explicarán, en gran parte, por qué, aun cuando encontremos muchos eslabones, no encontramos innumerables variedades que enlacen todas las formas vivientes y, extinguidas mediante las más delicadas gradaciones. Había que tener, además, siempre presente que cualquier variedad que pueda encontrarse intermedia entre dos formas tiene que ser considerada como especie nueva y distinta, a menos que pueda restaurarse por completo toda la cadena, pues no se pretende que tengamos un criterio seguro por el que puedan distinguirse las especies de las variedades.

Nos quedaremos sin saberlo, pero esta claro que quien escribió esto no podía defender de ningún modo ninguna teoría que propusiera un cambio gradual.  Un autor contemporáneo de Darwin, Pierre Trémaux. había propuesto que las transiciones entre especies no tienen lugar de modo contínuo, sino discontínuo. Lo que luego se vino a llamar el Equilibrio Puntuado. Pero para aclarar un poco toda esta confusion  nos servirá de ayuda el artículo titulado Trémaux and Darwin, and Gould, del que son autores John S. Wilkins (Department of Philosophy, University of Queensland, Brisbane 4072, Australia) y  Gareth J. Nelson (School of Botany, University of Melbourne, Melbourne 3010, Australia). Copiaremos  y traduciremos unos párrafos de este artículo:

 

 

Although so far as we can establish, Darwin never cited or referred to Trémaux’s work in any of his publications and correspondence, he did have the 1865 work, in French, in his library.

Whether or not Darwin was aware of Trémaux’s view of speciation consciously, a year later, in the very next edition of the Origin , in 1866 (fourth edition), Darwin added the italicised words to his summary of the arguments of the chapters on geology (chapters IX and X, pp409f):

… although each species must have passed through numerous transitional stages, it is probable that the periods, during which each underwent modification, though many and long as measured by years, have been short in comparison with the periods during which each remained in an unchanged condition. These causes, taken conjointly, will to a large extent explain why though we do find many links between the species of the same group we do not find interminable varieties, connecting together all extinct and existing forms by the finest graduated steps

.

(Darwin 1866: 409f)

 

 

Aunque hasta donde podemos establecer, Darwin nunca citó o se refirió al trabajo de Trémaux’s en ninguna de sus publicaciones ni en su correspondencia, él realmente tenía el trabajo de 1865, en francés, en su biblioteca. Fuese o no Darwin consciente del punto de vista de Trémaux’s sobre la especiación, un año más tarde, en la siguiente edición del Origen, en 1866 (cuarta edición), añadió las palabras puestas en cursiva a su resumen de los argumentos de los capítulos sobre la geología (capítulos IX y X, pp 409f):

 

… although each species must have passed through numerous transitional stages, it is probable that the periods, during which each underwent modification, though many and long as measured by years, have been short in comparison with the periods during which each remained in an unchanged condition. These causes, taken conjointly, will to a large extent explain why though we do find many links between the species of the same group we do not find interminable varieties, connecting together all extinct and existing forms by the finest graduated steps

 

 

 

 

Now, it is not established that Darwin did read Trémaux and revise his ideas accordingly, but it is suspiciously coincident, as Darwin was fluent in French and read French naturalists assiduously. Moreover, this precedes the work of Moritz Wagner, whose geographical theory of speciation is remarkably similar to Trémaux’s and who also doesn’t cite him, by two years (Wagner 1868). Darwin cites Wagner’s work extensively, and they had a famous debate in publication over the cause of speciation, whether it was due directly to selection, as Darwin thought, or indirectly due to local adaptation, as Wagner thought. It is very likely that Darwin was influenced by Trémaux’s raising of the issues, if not his formulation.

It is also possible, though we can find no evidence in Wagner’s works, that he, too, was influenced by Trémaux.

This passage of the Origin , incidentally, is often cited by commentators on the punctuated equilibrium theory of Gould and Eldredge, to show that it is not a novel

idea. And this leads us to a curious episode in the history of Trémaux interpretation. Only one post-Engels commentator (apart from Paul) actually has taken the trouble to read Trémaux’s work–Stephen Jay Gould, and here is the full extent of what he had to say (apart from a mention of a diagram of Trémaux’s in his 1997 : 39f):

I had long been curious about Trémaux and sought a copy of his book for many years. I finally purchased one a few years ago and I must say that I have never read a more absurd or more poorly documented thesis. Basically, Trémaux argues that the nature of the soil determines national characteristics and that higher civilizations tend to arise on more complex soils formed in later geological periods. If Marx really believed that such unsupported nonsense could exceed the Origin of Species in importance, then he could not have properly understood or appreciated the power of Darwin’s facts and ideas. (Gould 1999: 90).

 

 

Ahora, no queda establecido que Darwin realmente hubiese leido a Trémaux y revisado sus ideas en consecuencia, pero es con sospechosamente  coincidente, ya que Darwin conocía el francés y leía a naturalistas franceses asiduamente. Además, esto precede en dos años al trabajo de Moritz Wagner, cuya teoría geográfica de la especiación es notablemente similar a la de Trémaux y quien tampoco lo cita (Wagner 1868). Darwin cita el trabajo de Wagner extensivamente, y ellos tenían un debate famoso en la publicación sobre la causa de la especiación, si era debida directamente a la selección, como Darwin pensaba, o indirectamente debido a la adaptación local, como Wagner pensaba. Es muy probable que Darwin estuviese bajo la inflluencia de los temas tratados por Trémaux, si no su misma formulación.

Es también posible, aunque nosotros no podamos encontrar ningunas pruebas en los trabajos de Wagner, que él, también, estuviese bajo la inflluencia de Trémaux. Este fragmento del Origen, a propósito, a menudo es citado por comentaristas sobre la teoría de equilibrio puntuado de Gould y Eldredge, para mostrar que esto no es una idea nueva. Y esto nos conduce a un episodio curioso en la historia de la interpretación de Trémaux. Sólo un comentarista posterior a Engels (aparte de Paul) se ha tomado la molestia de leer el trabajo de  Trémaux- Stephen Jay Gould, y aquí está lo que él tuvo que decir al respecto (aparte de una mención de un diagrama de Trémaux’s en su libro de 1997):

 

Durante mucho tiempo tuve curiosidad por Trémaux y había buscado una copia de su libro muchos años. Finalmente compré un ejemplar hace unos años y debo decir que nunca leí una tesis más absurda o peor documentada. Básicamente, Trémaux argumenta que la naturaleza del suelo determina las características nacionales y que civilizaciones más altas tienden a surgir sobre suelos más complejos formados en períodos geológicos posteriores. Si Marx realmente creyera que tales tonterías sin fundamento podrían exceder al Origen de las Especies en importancia, entonces él no podría haber entendido correctamente o no apreciar el poder de los hechos e ideas de Darwin. (Gould, 1999: 90)

En resumidas cuentas, que:

 

(1) Trémaux habría escrito en relación con el origen de las especies y proponiendo,  en contra del cambio gradual propuesto por Darwin, la alternancia de periodos de cambio con otros de estabilidad (stasis).

(2) Que Darwin habría probablemente leído a Trémaux después de haber escrito la primera edición de su libro, lo cual le habría ayudado a darse cuenta de que el cambio gradual es absurdo.

(3) Que habiendo defendido el cambio gradual a lo largo de muchas páginas de su obra, que está basada en los trabajos de los ganaderos y agricultores que conocemos como Mejora Genetica (no selección , que es sólo una parte), entonces Darwin se vió obligado a mantener su error (el cambio gradual es otro más de los errores que Darwin tiene que mantener a la fuerza; entre ellos es anterior la selección natural que no existe,  fruto a su vez de la confusión de selección con mejora).

(4) Por todo la anterior, Darwin está obligado a mantener a la vez una opinión y su contraria (Cambio gradual y cambio no gradual, a saltos). La primera por fidelidad asu obra, basada en la doctrina económica de Malthus y en las experiencias de granjeros y agricultores; la segunda, basada en la lectura de Trémaux.

(5) Gould descubre la obra de Trémaux y en lugar de reconocer que su contenido es científico, mientras que El Origen de las Especies contiene charlatanería, se dedica a:

5.1. Calumniar a Trémaux.

5.2. Adular a Darwin.

5.3. Difundir como si fuera suya suya una teoría copiada del primero (El equilibrio puntuado).

 

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SUMMARY OF THE PRECEDING AND PRESENT CHAPTERS.

 

I have attempted to show that the geological record is extremely imperfect; that only a small portion of the globe has been geologically explored with care; that only certain classes of organic beings have been largely preserved in a fossil state; that the number both of specimens and of species, preserved in our museums, is absolutely as nothing compared with the number of generations which must have passed away even during a single formation; that, owing to subsidence being almost necessary for the accumulation of deposits rich in fossil species of many kinds, and thick enough to outlast future degradation, great intervals of time must have elapsed between most of our successive formations; that there has probably been more extinction during the periods of subsidence, and more variation during the periods of elevation, and during the latter the record will have been least perfectly kept; that each single formation has not been continuously deposited; that the duration of each formation is probably short compared with the average duration of specific forms; that migration has played an important part in the first appearance of new forms in any one area and formation; that widely ranging species are those which have varied most frequently, and have oftenest given rise to new species; that varieties have at first been local; and lastly, although each species must have passed through numerous transitional stages, it is probable that the periods, during which each underwent modification, though many and long as measured by years, have been short in comparison with the periods during which each remained in an unchanged condition. These causes, taken conjointly, will to a large extent explain why—though we do find many links—we do not find interminable varieties, connecting together all extinct and existing forms by the finest graduated steps. It should also be constantly borne in mind that any linking variety between two forms, which might be found, would be ranked, unless the whole chain could be perfectly restored, as a new and distinct species; for it is not pretended that we have any sure criterion by which species and varieties can be discriminated.

 

Resumen del capítulo anterior y del presente

He intentado demostrar que los registros geológicos son sumamente incompletos; que sólo una parte del globo ha sido geológicamente explorada con cuidado; que sólo ciertas clases de seres orgánicos se han conservado en abundancia en estado fósil; que tanto el número de ejemplares como el de especies conservados en nuestros museos es absolutamente corno nada, comparado con el número de generaciones que tuvieron que haber desaparecido durante una sola formación; que, debido a que el hundimiento del suelo es casi necesario para la acumulación de depósitos ricos en especies fósiles de muchas clases, y lo bastante gruesos para resistir la futura erosión, tuvieron que haber transcurrido grandes intervalos de tiempo entre la mayor parte de nuestras formaciones sucesivas; que probablemente ha habido más extinción durante los períodos de elevación, y que durante estos últimos los registros se habrán llevado del modo más imperfecto; que cada una de las formaciones no se ha depositado de un modo continuo; que la duración de cada formación es probablemente corta, comparada con la duración media de las formas especificas; que la migración ha representado un papel importante en la aparición de nuevas formas en una región o formación determinada; que las especies de extensa distribución geográfica son las que han variado con más frecuencia y las que han dado más frecuentemente origen a nuevas especies; que las variedades han sido al principio locales, y, finalmente, que, aun cuando cada especie tiene que haber pasado por numerosos estados de transición, es probable que los períodos durante los cuales experimentó modificaciones, aunque muchos y largos si se miden por años, hayan sido cortos, en comparación con los períodos durante los cuales cada especie permaneció sin variación. Estas causas reunidas explicarán, en gran parte, por qué, aun cuando encontremos muchos eslabones, no encontramos innumerables variedades que enlacen todas las formas vivientes y, extinguidas mediante las más delicadas gradaciones. Había que tener, además, siempre presente que cualquier variedad que pueda encontrarse intermedia entre dos formas tiene que ser considerada como especie nueva y distinta, a menos que pueda restaurarse por completo toda la cadena, pues no se pretende que tengamos un criterio seguro por el que puedan distinguirse las especies de las variedades.

 

Lectura aconsejada:

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Le Roy describe un perro que no andaba muy recto en el párrafo cuadrigentésimo décimo de El Origen de las Especies

El autor está siempre cómodo hablando de curiosidades de los animales domésticos y anécdotas  de la granja.  En particular, lo que prefiere son las historias de la cría de palomas y anécdotas de caza.  No en vano Eugenio d’Ors lo definió como “un caso de vocación malograda de sportsman y de cazador”.  En este y otros párrafos anexos se confirma rigurosamente esta afirmación que ya confirmábamos anteriormente a lo largo del capítulo primero.

 

Curiosidades de la herencia. No sólo se heredan caracteres relacionados con forma y tamaño, sino también se heredan caracteres de comportamiento. El autor vuelve a descubrir la pólvora con algunos ejemplos propios del boletín parroquial o de la Asociación de Amigos de los Galgos.

 

 

410

 

How strongly these domestic instincts, habits, and dispositions are inherited, and how curiously they become mingled, is well shown when different breeds of dogs are crossed. Thus it is known that a cross with a bull-dog has affected for many generations the courage and obstinacy of greyhounds; and a cross with a greyhound has given to a whole family of shepherd-dogs a tendency to hunt hares. These domestic instincts, when thus tested by crossing, resemble natural instincts, which in a like manner become curiously blended together, and for a long period exhibit traces of the instincts of either parent: for example, Le Roy describes a dog, whose great-grandfather was a wolf, and this dog showed a trace of its wild parentage only in one way, by not coming in a straight line to his master, when called.

 

Cuando se cruzan diferentes razas de perros se demuestra bien lo tenazmente que se heredan estos instintos, costumbres y disposiciones domésticos, y lo curiosamente que se mezclan. Así, se sabe que un cruzamiento con un bull-dog ha influido, durante muchas generaciones, en el valor y terquedad de unos galgos, y un cruzamiento con un galgo ha dado a toda una familia de perros de ganado una tendencia a cazar liebres. Estos instintos domésticos, comprobados de este modo por cruzamientos, se asemejan a las instintos naturales, que de un modo análogo se entremezclan curiosamente, y durante un largo período manifiestan huellas de los instintos de cada progenitor. Por ejemplo: Le Roy describe un perro cuyo bisabuelo era un lobo, y este perro mostraba un indicio de su parentela salvaje en una sola cosa: el no ir en línea recta a su amo cuando le llamaba.

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Más creencias de Mr Mivart en el párrafo tricentésimo nonagésimo segundo de El Origen de las Especies

Lo dicho al comentar el párrafo anterior:

 

Si es Mr Mivart quien cree en una tendencia A, entonces Mr Mivart está equivocado. Empero,  si Mr Darwin cree en una tendencia B, entonces todos debemos creer con él.

El autor del mayor disparate de la historia de la Biología (la Selección Natural) dispone del privilegio de seleccionar él mismo lo que es adecuado para sus juegos verbales, algo muy adecuado a las necesidades del poder, del cual se encuentra próximo.

 

 

  392

 

 Mr. Mivart is further inclined to believe, and some naturalists agree with him, that new species manifest themselves “with suddenness and by modifications appearing at once.” For instance, he supposes that the differences between the extinct three-toed Hipparion and the horse arose suddenly. He thinks it difficult to believe that the wing of a bird “was developed in any other way than by a comparatively sudden modification of a marked and important kind;” and apparently he would extend the same view to the wings of bats and pterodactyles. This conclusion, which implies great breaks or discontinuity in the series, appears to me improbable in the highest degree.

 

Míster Mivart, además, se inclina a opinar, y algunos naturalistas están de acuerdo con él, que las especies nuevas se manifiestan «súbitamente y por modificaciones que aparecen de una vez». Supone, por ejemplo, que las diferencias entre el extinguido Hipparion, que tenía tres dedos, y el caballo, surgieron de repente. Piensa que es difícil creer que el ala de un ave se desarrollase de otro modo que por una modificación «relativamente súbita de carácter señalado e importante», y, al parecer, haría extensiva la misma opinión a las alas de los murciélagos y pterodáctilos. Esta conclusión, que implica grandes interrupciones o discontinuidad en las series, me parece sumamente improbable.

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Reconociendo el esfuerzo en el párrafo tricentésimo octogésimo cuarto de El Origen de las Especies

 

El autor se ha esforzado y lo reconoce. Empero, su esfuerzo ha resultado ser infructuoso y esto también lo reconoce:

 

Whether, during the gradual development of climbing plants, natural selection has been aided by the inherited effects of use, I will not pretend to decide…

 

(No pretenderé decidir si la selección natural ha sido o no ayudada durante el desarrollo gradual de las plantas trepadoras por los efectos hereditarios del uso…)

 

 

384

 

I have already endeavoured to explain how plants became twiners, namely, by the increase of a tendency to slight and irregular revolving movements, which were at first of no use to them; this movement, as well as that due to a touch or shake, being the incidental result of the power of moving, gained for other and beneficial purposes. Whether, during the gradual development of climbing plants, natural selection has been aided by the inherited effects of use, I will not pretend to decide; but we know that certain periodical movements, for instance the so-called sleep of plants, are governed by habit.

 

 

Me he esforzado ya en explicar de qué modo las plantas llegaron a ser volubles, a saber, por el aumento de la tendencia a movimientos giratorios débiles e irregulares que, al principio, no les eran de utilidad alguna, siendo este movimiento, lo mismo que el debido al contacto o sacudida, un resultado incidental de la facultad de movimiento adquirida para otros fines útiles. No pretenderé decidir si la selección natural ha sido o no ayudada durante el desarrollo gradual de las plantas trepadoras por los efectos hereditarios del uso; pero sabemos que ciertos movimientos periódicos, por ejemplo, el llamado sueño de las plantas, están regulados por la costumbre.

 

Lectura aconsejada:

 Manual para detectar la impostura científica: Examen del libro de Darwin por Flourens. Digital CSIC, 2013. 225 páginas.

 

 

Imagen del blog:  Kike Vela (The blog): El lado oscuro de la anestesia

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