Fundamentalismo Científico: una forma de Pseudo-Ciencia

Iba Mendes presentaba hace una semanas en su blog Humor Darwinista un texto del Dr Leonardo Sioufi Fagundes dos Santos publicado en la revista Papiro con el título “Fundamentalismo Científico: uma forma de Pseudo-Ciência”. Copio a continuación mi traducción al castellano de este texto.

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El fundamentalismo científico consiste en la actitud de poner la ciencia y la opinión de los científicos como verdades incontrovertibles. Sus principales representantes no son charlatanes o periodistas que escriben sobre la ciencia, muchos fundamentalistas científicos son científicos de prestigio.

La palabra Fundamentalismo tiene un significado similar a Radicalismo. El fundamentalismo es la fidelidad a los fundamentos de la teoría, la ideología o creencia. El radicalismo viene de la palabra “raíz” que también tiene el sentido de fundamento. Etimológicamente hablando los adjetivos “fundamentalista” y “radical” pueden ser positivos. Pero el sentido que estas palabras tienen hoy en día es despectivo. Ser fundamentalista o radical significa defender una idea de manera estrecha e irracional, sin ajustes, atacando a cualquiera que discrepe de ella. Entre las fundamentalismos destacan hoy el religioso, el político y el científico. El fundamentalismo religioso moderno se caracteriza por una interpretación literal de los textos sagrados (la Biblia y el Corán, respectivamente, para el fundamentalismo cristiano e islámico). El fundamentalismo político está marcado por el intento de aplicar las ideologías políticas y sociales por medios no democráticos, tales como golpes de Estado, el exterminio de grupos sociales, secuestros de personalidades, etc. En el fundamentalismo científico lo que llama más la atención es el intento de calificar como perfecta a la ciencia y descalificar a cualquier conocimiento no científico.

El procedimiento adoptado por teólogos y políticos en la lucha contra el fundamentalismo religioso y político consiste en mostrar los principios de sus respectivas religiones y las políticas. Los científicos y los asesores de la ciencia deben seguir los mismos pasos para desenmascarar el fundamentalismo científico. Explicar lo que es ciencia, desmontar el discurso fundamentalista. ¿Qué es la ciencia?

La ciencia y el método científico

Sin la intención de proporcionar una respuesta definitiva, la ciencia es el conocimiento obtenido a través del método científico. Esta respuesta puede parecer ingenua, pero recuerda que la ciencia es metódica. Si bien es cierto que la aplicación del método científico es muy amplia también lo es que no hay “ciencia alternativa” o ciencia “fuera de la ley”. Pero ¿cuál es el método científico.

Hay muchas definiciones del método científico. Una vez más sin grandes pretensiones de dar respuestas definitivas, el método científico puede definirse como el desarrollo de hipótesis para explicar ciertos fenómenos, seguido de recogida de datos experimentales para confirmar o negar cada hipótesis. El conjunto de hipótesis confirmadas forma el conocimiento científico. Para ilustrar la ciencia y su método se puede mencionar la “ley de caída de los cuerpos” y la “teoría atómica”.

El filósofo griego Aristóteles (siglo IV a. C.) creía que los cuerpos pesados caen más rápido que los ligeros. Ya Leonardo da Vinci (s. XV y XVI) propuso la hipótesis de que el peso no afecta a las velocidades de caída de los cuerpos. Es la resistencia del aire lo que podría hacer caer más suavemente o incluso sostener un cuerpo. Mediante este principio, da Vinci diseñó (sin construirlo) el paracaídas, el helicóptero y varias máquinas voladoras. También propuso una fórmula matemática para describir cómo la velocidad de caída de los cuerpos variaba con el tiempo en ausencia de resistencia del aire. Otro italiano, Galileo Galilei (XVI y XVII), hizo varios experimentos con diferentes pendientes. Él probó y confirmó experimentalmente la hipótesis de Leonardo. Pero los experimentos también revelaron que la fórmula para la velocidad de Leonardo estaba equivocada. Galileo propuso otra fórmula que los experimentos confirmaron. Galileo es considerado como uno de los primeros científicos en la historia, alguien que usó el método científico para extraer sus conclusiones. Leonardo fue también un brillante observador de la naturaleza, pero carecía de la precisión metódica de Galileo.

Los filósofos griegos Leucipo de Mileto y su discípulo Demócrito de Abdera (s. V y IV AC) postularon que todas las cosas se componen de partículas indivisibles, en griego, los átomos. El filósofo Epicuro perfeccionó la filosofía atomista, pero después de que las ideas de Aristóteles se hicieron más populares, el atomismo fue abandonado. Retomado por los filósofos árabes y posteriormente por algunos alquimistas, el atomismo se mantuvo como una tesis filosófica. Fue el inglés John Dalton (siglo XIX) quien admitió la idea de los átomos como una hipótesis a probar científicamente. Mediante el análisis de experimentos en los que participaron la difusión de gases en líquidos y medición de la presión en las mezclas de gases, Dalton confirmó la hipótesis de que toda la materia estaba compuesta de partículas. Como los experimentos de su tiempo no demostraban que estas partículas podrían dividirse, los llamó átomos. Experimentos posteriores revelaron que la partícula de Dalton no era indivisible. La partícula descubierta por Dalton siguió llamándose “átomo”, pero se ha descartado la hipótesis de que sea indivisible.

Volviendo al tema de este artículo, el fundamentalismo científico deja de lado la posibilidad y necesidad de la experimentación y la revisión de las hipótesis mediante otros experimentos. No todas las hipótesis se pueden probar experimentalmente. Por ejemplo, suponiendo que Dios existe, ¿cómo hacer un experimento para probar esta hipótesis? La ciencia no puede afirmar o negar la existencia de Dios. Cuestiones de carácter religioso en general, no pueden abordarse por la ciencia, ser confirmadas ni desmentidas.

Tampoco todas las hipótesis que puedan ser sometidas a las pruebas lo son, ya sea por razones tecnológicas, por ejemplo el costo financiero del experimento. Para citar un ejemplo famoso, Einstein propuso los principios de lo que sería el láser en 1916. Pero el experimento sólo pudo hacerse en 1953.

Incluso hipótesis que hayan sido sometidas a prueba y comprobadas pueden ser descartadas, al menos parcialmente, por los nuevos experimentos. Todo el conocimiento científico de hoy “puede” simplemente estar equivocado. Nuevos experimentos pueden revelar que las hipótesis se confirmaron porque los aparatos experimentales no eran tan precisos. Por ejemplo, la ley de la caída de los cuerpos de Galileo sigue siendo confirmada en experimentos, cerca de la corteza terrestre. La indivisibilidad del átomo de Dalton fue desestimada mediante más experimentos.

Un periodista o escritor que presenta un tema científico sin hacer referencias a la experimentación, incluso cuando se trata de hechos debidamente probados, no está haciendo comunicación científica. ¡Está contribuyendo a la difusión del fundamentalismo científico!

Los precedentes históricos del fundamentalismo científico

El fundamentalismo científico no es un fenómeno nuevo. El mismo Galileo Galilei, que tan rigurosamente puso a prueba su hipótesis, trató la afirmación de que la Tierra gira alrededor del sol como una verdad absoluta. El papa Urbano VIII, considerado por la Iglesia Católica Romana como representante terrenal de Jesucristo (llamado el “Galileo” en algunas secciones de la Biblia), comprendió mejor que Galileo Galilei el carácter no-fundamentalista de los conocimientos científicos. El Papa propuso a Galileo Galilei presentar la hipótesis heliocéntrica, que simplificaba los cálculos astronómicos. La visión de este Papa encaja en la descripción del movimiento dependiente del punto de referencia. En referencia a la Tierra es el sol el que se mueve. Sin embargo, la amplia visión de Urbano VIII no era la misma que la de los inquisidores, pero esa es otra historia …

Así como Galileo Galilei, otros científicos de reconocido prestigio han adoptado una postura fundamentalista. John Dalton rechazó la idea de que había partículas más pequeñas que el átomo, nunca Albert Einstein aceptó los postulados de la mecánica cuántica, etc.

Fundamentalismo científico y Pseudociencia

Uno de los objetivos de la divulgación científica es denunciar las ideas que se presenten como científicas sin serlo. El término genérico que se da a estas ideas es pseudociencia, donde el prefijo griego “pseudo” significa falso. Por lo general, sólo las teorías presentadas por los charlatanes se clasifican como pseudociencia. Citando ejemplos de populares teorías pseudo-científicas, tendríamos que la realidad es el producto de nuestra conciencia (como lo prueba la mecánica cuántica), que el agua puede grabar nuestros estados emocionales y la congelación del líquido proporciona evidencia de ello, que el agua en contacto prolongado con imanes adquiere poderes curativos, la teoría de diseño inteligente, creacionismo, la teoría de la Tierra Hueca, el origen atlante de los indo-europeos, etc. No existen pruebas de ninguna de estas hipótesis. Y mucha gente deshonesta saca grandes ganancias con estas teorías, mediante la venta de libros, la documentales, etc. Pero ¿por qué poner fin a este texto sobre el fundamentalismo científico hablando de la pseudociencia? Debido a que el fundamentalismo científico podría ser clasificado como pseudociencia.

Al hacer declaraciones polémicas como “Dios no existe”, “la religión es perjudicial para la humanidad”, “no hay vida después de la muerte ni en otros planetas” entre otras, los fundamentalistas se hacen famosos y ganan espacio en los medios de comunicación. Todos los activistas anti-religiosos se unen a ellos y la ciencia se presenta como la verdad de que vino a barrer todas las creencias. Por el bando contrario, los fundamentalistas religiosos se unen para desafiar a los fundamentalistas de la ciencia y presentar a la ciencia actual como algo diabólico. Interminables debates surgen en los que nadie quiere oír, sólo palabras. Explota así el odio irracional que es incompatible tanto con el amor predicado por la religión como con la razón defendida por la ciencia. Todos los fundamentalistas agrandan su respectiva audiencia. Todos ganan, excepto la ciencia.

Mostrar el fundamentalismo científico como pseudociencia es difícil, precisamente porque el primero suele atacar a la segunda. Algunas de las características de la pseudociencia que caracterizan también el discurso fundamentalista son:

Respuestas rápidas a preguntas que ni siquiera pueden ser probadas experimentalmente, tales como la especulación en los dilemas religiosos, filosóficos, etc.

Presentación de la ciencia como el conocimiento último, haciendo caso omiso de la evolución histórica de éste.

La omisión de los fundamentos filosóficos de la ciencia o cualquier reflexión sobre ellos como las presentadas por Karl Popper, Thomas Kuhn, Feyerabend Paul, Gaston Bachelard, etc.

Presentación idealizada de los científicos como hombres sin creencias, sin ideología, sin intereses políticos e imparciales, cuyo único punto de partida de sus declaraciones en la ciencia.

A pesar de todo lo escrito en éste texto, la gran dificultad en el trato con el fundamentalismo científico no está en su caracterización. La tentación narcisista del científico y del divulgador de presentarse como el sabio que tiene las respuestas es la base del fundamentalismo científico. Y tal vez la victoria sobre estas tentaciones algún día será alcanzado por la ciencia misma.

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Imagen tomada de Tendencias 21

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