Diente de caballo que no es diente de caballo en el párrafo quingentésimo octogésimo primero del Origen de las Especies

De nuevo los sujetos imprecisos en falacias personales, hablar sin decir nada como en esta falacia ad ignorantiam:

 

Algunos autores incluso han supuesto que, del mismo modo que el individuo tiene una vida de duración determinada, también las especies tienen una duración determinada.

¿Qué autores?

 

Y esta otra falacia:

Nadie puede haberse asombrado más que yo de la extinción de las especies.

 

Que bien podría parafrasear de este modo:

Nadie puede haberse asombrado más que yo de lo que encuentro en este libro.

 

 

Ahora sí se menciona a Owen como experto paleontólogo, más la opinión de Owen acerca de este libro no será tenida en cuenta. La aparición de un diente de caballo, que según Owen no es un diente de caballo, da pie a un conjunto de especulaciones y disparates que sirve para que nuestro autor llene otro folio.

 

 

 

 

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The extinction of species has been involved in the most gratuitous mystery. Some authors have even supposed that, as the individual has a definite length of life, so have species a definite duration. No one can have marvelled more than I have done at the extinction of species. When I found in La Plata the tooth of a horse embedded with the remains of Mastodon, Megatherium, Toxodon and other extinct monsters, which all co-existed with still living shells at a very late geological period, I was filled with astonishment; for, seeing that the horse, since its introduction by the Spaniards into South America, has run wild over the whole country and has increased in numbers at an unparalleled rate, I asked myself what could so recently have exterminated the former horse under conditions of life apparently so favourable. But my astonishment was groundless. Professor Owen soon perceived that the tooth, though so like that of the existing horse, belonged to an extinct species. Had this horse been still living, but in some degree rare, no naturalist would have felt the least surprise at its rarity; for rarity is the attribute of a vast number of species of all classes, in all countries. If we ask ourselves why this or that species is rare, we answer that something is unfavourable in its conditions of life; but what that something is, we can hardly ever tell. On the supposition of the fossil horse still existing as a rare species, we might have felt certain, from the analogy of all other mammals, even of the slow-breeding elephant, and from the history of the naturalisation of the domestic horse in South America, that under more favourable conditions it would in a very few years have stocked the whole continent. But we could not have told what the unfavourable conditions were which checked its increase, whether some one or several contingencies, and at what period of the horse’s life, and in what degree they severally acted. If the conditions had gone on, however slowly, becoming less and less favourable, we assuredly should not have perceived the fact, yet the fossil horse would certainly have become rarer and rarer, and finally extinct—its place being seized on by some more successful competitor.

 

La extinción de las especies ha sido rodeada del más injustificado misterio. Algunos autores incluso han supuesto que, del mismo modo que el individuo tiene una vida de duración determinada, también las especies tienen una duración determinada. Nadie puede haberse asombrado más que yo de la extinción de las especies. Cuando encontré en La Plata el diente de un caballo yaciendo en unión de restos Mastodon, Megatherium, Toxodon y otros monstruos extinguidos, que coexistieron todos con moluscos, aun vivientes, en un período geológico muy reciente, quedé lleno de asombro; pues, viendo que el caballo, desde su introducción por los españoles en América del Sur, se ha vuelto salvaje por todo el país, y que ha aumentado en número con una rapidez sin igual, me pregunté cómo pudo haberse exterminado tan recientemente el caballo antiguo, en condiciones de vida al parecer tan favorables. Pero mi asombro era infundado: el profesor Owen pronto notó que el diente, aunque muy parecido a los del caballo actual, pertenecía a una especie extinguida. Si este caballo hubiese vivido todavía, aunque siendo algo raro, ningún naturalista habría encontrado nada sorprendente su rareza, pues la rareza es atributo de un gran número de especies de todas clases, en todos los países. Si nos preguntamos por qué esta o aquella especie es rara, contestamos que existe alguna cosa desfavorable en las condiciones de vida, pero cuál sea esta cosa casi nunca podemos decirlo. Suponiendo que el caballo fósil existiese todavía como una especie rara -por analogía con todos otros mamíferos, incluso con los elefantes, que crían tan lentamente, y por la historia de la naturalización del caballo doméstico en América del Sur-, podríamos haber dado por seguro que en condiciones más favorables habría poblado en poquísimos años todo el continente; pero no podríamos haber dicho cuáles eran las condiciones desfavorables que impedían su crecimiento, ni si eran una o varias causas, ni en qué periodo de la vida del caballo actuaba cada una, ni en qué medida. Si las condiciones hubieran continuado, por muy lentamente que hubiese sido, haciéndose cada vez menos favorables, seguramente no hubiésemos observado el hecho, y, sin embargo, el caballo fósil indudablemente se hubiese ido volviendo cada vez más raro, y, finalmente, se hubiese extinguido, siendo ocupado su lugar por algún competidor más afortunado.

Lectura aconsejada:

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