Archivo de diciembre, 2014

Míster Windsor Earl y el aventurero Wallace en el párrafo sexcentésimo octogésimo quinto del Origen de las Especies

 

Temprano en este párrafo aparece la cita de Míster Windsor Earl quien, se nos dice, ha hecho algunas observaciones notables sobre la relación que existe entre la profundidad del mar que separa las islas unas de otras o del continente más próximo y el grado de afinidad de los mamíferos que en ellas viven. Ignoro cuán interesantes serán estas observaciones de Míster Windsor Earl, o dónde fueron publicadas.  Este párrafo no indica nada más al respecto. Eso sí, se nos dice que sus observaciones fueron luego ampliadas por las de míster Wallace, el conocido aventurero que comparte con Darwin el dudoso honor de haber dispersado por el mundo las teorías maltusianas.

 

¿Qué sería pues lo que había descubierto para la ciencia primero Míster Windsor Earl, luego, el aventurero Wallace y, finalmente, Charles Darwin?

 

Pues que cuando las islas están separadas por mar profundo, sus especies son más diferentes que cuando las separa un mar menos profundo. Esto sería todo, y el autor nos lo viene a confirmar con su reconocida candidez que tantos han ensalzado y que a otros nos suena a falso:

 

 

No he tenido, hasta ahora, tiempo para continuar el estudio de este asunto en todas las partes del mundo; pero hasta donde he llegado subsiste la relación.

 

 

 

 

 

 

 

685

Another interesting relation exists, namely, between the depth of the sea separating islands from each other, or from the nearest continent, and the degree of affinity of their mammalian inhabitants. Mr. Windsor Earl has made some striking observations on this head, since greatly extended by Mr. Wallace’s admirable researches, in regard to the great Malay Archipelago, which is traversed near Celebes by a space of deep ocean, and this separates two widely distinct mammalian faunas. On either side, the islands stand on a moderately shallow submarine bank, and these islands are inhabited by the same or by closely allied quadrupeds. I have not as yet had time to follow up this subject in all quarters of the world; but as far as I have gone, the relation holds good. For instance, Britain is separated by a shallow channel from Europe, and the mammals are the same on both sides; and so it is with all the islands near the shores of Australia. The West Indian Islands, on the other hand, stand on a deeply submerged bank, nearly one thousand fathoms in depth, and here we find American forms, but the species and even the genera are quite distinct. As the amount of modification which animals of all kinds undergo partly depends on the lapse of time, and as the islands which are separated from each other, or from the mainland, by shallow channels, are more likely to have been continuously united within a recent period than the islands separated by deeper channels, we can understand how it is that a relation exists between the depth of the sea separating two mammalian faunas, and the degree of their affinity, a relation which is quite inexplicable on the theory of independent acts of creation.

 

Existe otra relación interesante entre la profundidad del mar que separa las islas unas de otras o del continente más próximo y el grado de afinidad de los mamíferos que en ellas viven. Míster Windsor Earl ha hecho algunas observaciones notables sobre este particular, ampliadas luego considerablemente por las admirables investigaciones de míster Wallace, por lo que se refiere al archipiélago Malayo, el cual está atravesado, cerca de Celebes, por una porción de océano profunda que separa dos faunas muy distintas de mamíferos. En cada lado, las islas descansan sobre un banco submarino de no mucha profundidad, y están habitadas por los mismos mamíferos o mamíferos muy afines. No he tenido, hasta ahora, tiempo para continuar el estudio de este asunto en todas las partes del mundo; pero hasta donde he llegado subsiste la relación. Por ejemplo: la Gran Bretaña está separada de Europa por un canal de poca profundidad, y los mamíferos son iguales en ambos lados, y lo mismo ocurre en todas las islas próximas a las costas de Australia. Las Antillas, por el contrario, están situadas sobre un banco sumergido a gran profundidad -unas mil brazas-, y allí encontramos formas americanas; pero las especies y aun los géneros son completamente distintos. Como la intensidad de las modificaciones que experimentan los animales de todas clases depende, en parte, del tiempo transcurrido, y como las islas que están separadas entre sí y de la tierra firme por canales poco profundos es más probable que hayan estado unidas, formando una región continua en su período reciente, que las islas separadas por canales más profundos, podemos comprender por qué existe relación entre la profundidad del mar que separa dos faunas de mamíferos y su grado de afinidad, relación que es por completo inexplicable dentro de la teoría de los actos independientes de creación.

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Incipiente teoría en el párrafo sexcentésimo octogésimo cuarto del Origen de las Especies

Por fin, en medio de tan largo discurso, el autor viene a explicarnos algo.  No mucho, pero algo,  de lo que ha dado en llamar, párrafos atrás, teoría ordinaria de la creación. Por supuesto que no ha dado referencia alguna al respecto, pero veamos qué es lo que tiene que decirnos ahora:

 

Dentro de la teoría ordinaria de la creación no se puede decir que no ha habido tiempo para la creación de mamíferos…

 

 

O sea que de la teoría ordinaria de la creación, de la cual no sabemos nada, porque nunca nos la ha explicado, venimos ahora a averiguar que necesita un tiempo.

 

Pero la cosa no queda ahí. Veamos:

 

además, ha habido tiempo para la producción de especies peculiares pertenecientes a otras clases, y es sabido que en los continentes las nuevas especies de mamíferos aparecen y desaparecen con más rapidez que otros animales inferiores.

 

¿Qué quiere decir que ha habido tiempo para la producción? ¿Acaso los organismos de las islas no pueden proceder de tierra firme? ¿Qué significa la última parte de esta frase, es decir:

 

en los continentes las nuevas especies de mamíferos aparecen y desaparecen con más rapidez que otros animales inferiores.?

 

¿Algún ejemplo al respecto?

 

 

684

Mammals offer another and similar case. I have carefully searched the oldest voyages, and have not found a single instance, free from doubt, of a terrestrial mammal (excluding domesticated animals kept by the natives) inhabiting an island situated above 300 miles from a continent or great continental island; and many islands situated at a much less distance are equally barren. The Falkland Islands, which are inhabited by a wolf-like fox, come nearest to an exception; but this group cannot be considered as oceanic, as it lies on a bank in connection with the mainland at a distance of about 280 miles; moreover, icebergs formerly brought boulders to its western shores, and they may have formerly transported foxes, as now frequently happens in the arctic regions. Yet it cannot be said that small islands will not support at least small mammals, for they occur in many parts of the world on very small islands, when lying close to a continent; and hardly an island can be named on which our smaller quadrupeds have not become naturalised and greatly multiplied. It cannot be said, on the ordinary view of creation, that there has not been time for the creation of mammals; many volcanic islands are sufficiently ancient, as shown by the stupendous degradation which they have suffered, and by their tertiary strata: there has also been time for the production of endemic species belonging to other classes; and on continents it is known that new species of mammals appear and disappear at a quicker rate than other and lower animals. Although terrestrial mammals do not occur on oceanic islands, aerial mammals do occur on almost every island. New Zealand possesses two bats found nowhere else in the world: Norfolk Island, the Viti Archipelago, the Bonin Islands, the Caroline and Marianne Archipelagoes, and Mauritius, all possess their peculiar bats. Why, it may be asked, has the supposed creative force produced bats and no other mammals on remote islands? On my view this question can easily be answered; for no terrestrial mammal can be transported across a wide space of sea, but bats can fly across. Bats have been seen wandering by day far over the Atlantic Ocean; and two North American species, either regularly or occasionally, visit Bermuda, at the distance of 600 miles from the mainland. I hear from Mr. Tomes, who has specially studied this family, that many species have enormous ranges, and are found on continents and on far distant islands. Hence, we have only to suppose that such wandering species have been modified in their new homes in relation to their new position, and we can understand the presence of endemic bats on oceanic islands, with the absence of all other terrestrial mammals.

 

Otro caso semejante nos ofrecen los mamíferos. He buscado cuidadosamente en los viajes más antiguos, y no he encontrado ni un solo ejemplo indubitable de un mamífero terrestre -exceptuando los animales domésticos que posean los indígenas- que viviese en una isla situada a más de 300 millas de un continente o de una gran isla continental, y muchas islas situadas a distancia mucho menor están igualmente desprovistas de estos mamíferos. Las Falkland, que están habitadas por un zorro que parece un lobo, se presentan en seguida como una excepción; pero este grupo no puede considerarse como oceánico, pues descansa sobre un banco unido con la tierra firme, de la que distan unas 280 millas; además, los icebergs llevaban antes cantos a sus costas occidentales, y pudieron, en otro tiempo, haber transportado zorros, como frecuentemente ocurre ahora en las regiones árticas. No obstante, no puede decirse que las islas pequeñas no puedan sustentar mamíferos, por lo menos pequeños, pues éstos, en muchas partes del mundo, existen en islas pequeñísimas cuando están situadas cerca del continente, y apenas es posible citar una isla en la que no se hayan naturalizado y multiplicado grandemente nuestros mamíferos menores. Dentro de la teoría ordinaria de la creación no se puede decir que no ha habido tiempo para la creación de mamíferos: muchas islas volcánicas son lo bastante antiguas, según lo demuestra la enorme erosión que han sufrido y sus estratos terciarios; además, ha habido tiempo para la producción de especies peculiares pertenecientes a otras clases, y es sabido que en los continentes las nuevas especies de mamíferos aparecen y desaparecen con más rapidez que otros animales inferiores. Aun cuando los mamíferos terrestres no existan en las islas oceánicas, los mamíferos aéreos existen en casi todas las islas. Nueva Zelandia posee dos murciélagos que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo; la isla de NorfoIk, el archipiélago de Viti, las islas Bonin, los archipiélagos de las Carolinas y de las Marianas, la isla de Mauricio, poseen todas sus murciélagos peculiares. ¿Por qué la supuesta fuerza creadora -podría preguntarse- ha producido murciélagos y no otros mamíferos en las islas alejadas? En mi opinión, esta pregunta puede contestarse, porque no hay mamíferos terrestres que puedan ser transportados a través de un amplio espacio de mar, pero los murciélagos pueden volar a través de él. Los murciélagos se han visto deambulando por día lejos sobre el océano Atlántico, y dos especies de América del Norte, ya sea regular u ocasionalmente, visitan las Bermudas, a una distancia de 600 millas del continente. Yo he escuchado a Mr. Tomes, que ha estudiado especialmente esta familia, que muchas especies tienen una distribución geográfica enorme, y se encuentran en los continentes y en islas muy distantes. Por lo tanto, sólo tenemos que suponer que tales especies errantes se han modificado en sus nuevos hogares en relación a su nueva posición, y podemos entender la presencia de murciélagos endémicos de las islas oceánicas, con la ausencia de todos los mamíferos terrestres.

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Cambiamos de tema en el párrafo sexcentésimo octogésimo tercero del Origen de las Especies

Hemos hablado ya de las características principales del darvinés, las más notorias. Su verbosidad, es decir hablar mucho sin decir nada (detallamiento), confusión, falsa ingenuidad, todo salpimentado con abundantes referencias a autores de prestigio y renombre (argumento ad hominem)….así como el uso de esa jerga que le es propia y que consiste en una serie de lugares comunes relacionados con la lucha: supervivencia del más apto, lucha por la supervivencia y el oxímoron fundamental: selección natural.

 

Pues bien, aparte de todo esto, una característica secundaria relacionada con el ritmo de la escritura consiste en que la redacción va in crescendo hasta el momento de soltar una barbaridad, un disparate sonado. Acto seguido, cambiamos de tema. Esto acaba de ocurrir en los párrafos anteriores, tras tanta verbosidad inútil sobre los habitantes de las islas, aterrizábamos en la barbaridad con la que terminaba el párrafo anterior:

 

En este caso, la selección natural tendería a aumentar la altura de la planta, cualquiera que fuese el orden a que perteneciese, y de este modo a convertirla, primero, en un arbusto y, después, en un árbol.

 

 

Llegados a este punto, urge cambiar de tema. Dejemos que la selección natural siga haciendo de las suyas en las plantas, y vamos ahora con los animales terrestres…

 

Volvamos a la carga con un nuevo ciclo de texto en el más puro darvinés, ese lenguaje producido para generar confusión…

 

 

 

683

ABSENCE OF BATRACHIANS AND TERRESTRIAL MAMMALS ON OCEANIC ISLANDS.

 

With respect to the absence of whole orders of animals on oceanic islands, Bory St. Vincent long ago remarked that Batrachians (frogs, toads, newts) are never found on any of the many islands with which the great oceans are studded. I have taken pains to verify this assertion, and have found it true, with the exception of New Zealand, New Caledonia, the Andaman Islands, and perhaps the Solomon Islands and the Seychelles. But I have already remarked that it is doubtful whether New Zealand and New Caledonia ought to be classed as oceanic islands; and this is still more doubtful with respect to the Andaman and Solomon groups and the Seychelles. This general absence of frogs, toads and newts on so many true oceanic islands cannot be accounted for by their physical conditions; indeed it seems that islands are peculiarly fitted for these animals; for frogs have been introduced into Madeira, the Azores, and Mauritius, and have multiplied so as to become a nuisance. But as these animals and their spawn are immediately killed (with the exception, as far as known, of one Indian species) by sea-water, there would be great difficulty in their transportal across the sea, and therefore we can see why they do not exist on strictly oceanic islands. But why, on the theory of creation, they should not have been created there, it would be very difficult to explain.

 

Por lo que se refiere a la ausencia de órdenes enteros de animales en las islas oceánicas, Bory St. Vincent hizo observar, hace mucho tiempo, que nunca se encuentran batracios -ranas, sapos, tritones- en ninguna de las muchas islas de que están sembrados los grandes océanos. Me he tomado el trabajo de comprobar esta afirmación, y la he encontrado exacta, exceptuando Nueva Zelanda, Nueva Caledonia, las islas de Andaman y quizá las islas Salomón y las Seychelles. Pero ya he hecho observar antes que es dudoso que Nueva Zelanda y Nueva Caledonia deban clasificarse como islas oceánicas, y todavía es más dudoso por lo que se refiere a los grupos de Andaman y Salomón y las Seychelles. Esta ausencia general de ranas, sapos y tritones en tantas islas verdaderamente oceánicas no puede explicarse por sus condiciones físicas; realmente parece que las islas son particularmente adecuadas para estos animales, pues las ranas han sido introducidas en la de la Madera, las Azores y Mauricio y se han multiplicado tanto que se han convertido en una molestia. Pero como el agua del mar mata inmediatamente estos animales y sus puestas -con excepción, hasta donde alcanza mi conocimiento, de una especie de la India-, tiene que haber gran dificultad en su transporte a través del mar, y por esto podemos comprender por qué no existen en las islas rigurosamente oceánicas. Pero sería dificilísimo explicar, dentro de la teoría de la creación, por qué no habían sido creados en estas islas.

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La acción de la selección natural en las islas, es decir hablar por hablar, en el párrafo sexcentésimo octogésimo segundo del Origen de las Especies

No veíamos bien a dónde quería llegar el autor con tanta confusión sobre la composición de las islas, pero no hay por qué preocuparse. Se trata de lo mismo de siempre:

 

En este caso, la selección natural tendería a aumentar la altura de la planta, cualquiera que fuese el orden a que perteneciese, y de este modo a convertirla, primero, en un arbusto y, después, en un árbol.

 

¿Algún ejemplo?

 

 

682

Many remarkable little facts could be given with respect to the inhabitants of oceanic islands. For instance, in certain islands not tenanted by a single mammal, some of the endemic plants have beautifully hooked seeds; yet few relations are more manifest than that hooks serve for the transportal of seeds in the wool or fur of quadrupeds. But a hooked seed might be carried to an island by other means; and the plant then becoming modified would form an endemic species, still retaining its hooks, which would form a useless appendage, like the shrivelled wings under the soldered wing-covers of many insular beetles. Again, islands often possess trees or bushes belonging to orders which elsewhere include only herbaceous species; now trees, as Alph. de Candolle has shown, generally have, whatever the cause may be, confined ranges. Hence trees would be little likely to reach distant oceanic islands; and an herbaceous plant, which had no chance of successfully competing with the many fully developed trees growing on a continent, might, when established on an island, gain an advantage over other herbaceous plants by growing taller and taller and overtopping them. In this case, natural selection would tend to add to the stature of the plant, to whatever order it belonged, and thus first convert it into a bush and then into a tree.

 

Podrían citarse muchos pequeños hechos notables referentes a los habitantes de las islas oceánicas. Por ejemplo: en ciertas islas en que no vive ni un solo mamífero, algunas de las plantas peculiares tienen simientes con magníficos ganchos, y, sin embargo, pocas relaciones hay más manifiestas que la de que los ganchos sirven para el transporte de las semillas en la lana o pelo de los cuadrúpedos. Pero una semilla con ganchos pudo ser transportada a una isla por otros medios, y entonces la planta, modificándose, formaría una especie peculiar, conservando, no obstante, sus ganchos, que constituirían un apéndice inútil, como las alas reducidas debajo de élitros soldados de muchos coleópteros insulares. Además, las islas, con frecuencia, tienen árboles o arbustos pertenecientes a órdenes que en cualquiera otra parte comprenden tan sólo especies herbáceas; los árboles, como ha demostrado Alph. de Candolle, tienen generalmente, sea por la causa que sea, una distribución geográfica limitada. Por consiguiente, los árboles tienen que ser poco a propósito para llegar hasta las islas oceánicas distantes, y una planta herbácea que no tuviese probabilidades de competir, victoriosa, con los muchos árboles bien desarrollados que crecen en un continente, pudo, establecida en una isla, obtener ventaja sobre plantas herbáceas, creciendo cada vez más alta y sobrepujándolas. En este caso, la selección natural tendería a aumentar la altura de la planta, cualquiera que fuese el orden a que perteneciese, y de este modo a convertirla, primero, en un arbusto y, después, en un árbol.

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Explicaciones confusas sobre algunas islas en el párrafo sexcentésimo octogésimo primero del Origen de las Especies

Llevamos ya unos párrafos en los que el autor indica una serie de propiedades que tienen lugar en las islas. Por ejemplo que, en general, las especies se encuentran en corto número,  y que la proporción de especies peculiar es, con frecuencia, grandísima. Pero la ley, ni estaba ilustrada con muchos ejemplos, ni por otra parte parecía cumplirse en todos los casos. En este párrafo viene a concluir de este modo:

 

Todas estas diferencias numéricas y la ausencia de ciertos grupos enteros de animales y plantas se explican generalmente por supuestas diferencias en las condiciones físicas de las islas; pero esta explicación es muy dudosa. La facilidad de emigración parece haber sido realmente tan importante como la naturaleza de las condiciones físicas.

 

 

 

681

Oceanic islands are sometimes deficient in animals of certain whole classes, and their places are occupied by other classes; thus in the Galapagos Islands reptiles, and in New Zealand gigantic wingless birds, take, or recently took, the place of mammals. Although New Zealand is here spoken of as an oceanic island, it is in some degree doubtful whether it should be so ranked; it is of large size, and is not separated from Australia by a profoundly deep sea; from its geological character and the direction of its mountain ranges, the Rev. W.B. Clarke has lately maintained that this island, as well as New Caledonia, should be considered as appurtenances of Australia. Turning to plants, Dr. Hooker has shown that in the Galapagos Islands the proportional numbers of the different orders are very different from what they are elsewhere. All such differences in number, and the absence of certain whole groups of animals and plants, are generally accounted for by supposed differences in the physical conditions of the islands; but this explanation is not a little doubtful. Facility of immigration seems to have been fully as important as the nature of the conditions.

 

En las islas oceánicas faltan algunas veces ciertas clases enteras, y su lugar está ocupado por otras clases; así, los reptiles en las islas de los Galápagos y las aves gigantescas sin alas de Nueva Zelanda ocupan, u ocupaban recientemente, el lugar de los mamíferos. Aunque se hable aquí de Nueva Zelanda como de una isla oceánica, es algo dudoso si debiera considerarse así: es de gran tamaño y no está separada de Australia por un mar profundo; el reverendo W. B. Clarke ha sostenido recientemente que esta isla, lo mismo que Nueva Caledonia, por sus caracteres geológicos y por la dirección de sus cordilleras, tiene que ser considerada como dependencia de Australia. Volviendo a las plantas, el doctor Hooker ha demostrado que en las islas de los Galápagos la proporción numérica de los diferentes órdenes es muy diferente de la de cualquier otra parte. Todas estas diferencias numéricas y la ausencia de ciertos grupos enteros de animales y plantas se explican generalmente por supuestas diferencias en las condiciones físicas de las islas; pero esta explicación es muy dudosa. La facilidad de emigración parece haber sido realmente tan importante como la naturaleza de las condiciones físicas.

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Detallamiento y preterición en el párrafo sexcentésimo octogésimo del Origen de las Especies

La afirmación siguiente pide al menos un ejemplo:

 

las especies que llegan ocasionalmente, tras largos intervalos de tiempo, a un distrito nuevo y aislado, y que tienen que competir con nuevos compañeros, tienen que estar sumamente sujetas a modificación y han de producir con frecuencia grupos descendientes modificados.

 

Porque aunque diga “como ya se explicó”, nunca se ha explicado. Es un caso de Preterición, una de las figuras utilizadas a menudo en esta obra. Empero la figura predominante en este párrafo es otra: El detallamiento. Ese recurso que consiste en hablar mucho cuando uno no tiene nada que decir.

 

 

 

 

680

Although in oceanic islands the species are few in number, the proportion of endemic kinds (i.e. those found nowhere else in the world) is often extremely large. If we compare, for instance, the number of endemic land-shells in Madeira, or of endemic birds in the Galapagos Archipelago, with the number found on any continent, and then compare the area of the island with that of the continent, we shall see that this is true. This fact might have been theoretically expected, for, as already explained, species occasionally arriving, after long intervals of time in the new and isolated district, and having to compete with new associates, would be eminently liable to modification, and would often produce groups of modified descendants. But it by no means follows that, because in an island nearly all the species of one class are peculiar, those of another class, or of another section of the same class, are peculiar; and this difference seems to depend partly on the species which are not modified having immigrated in a body, so that their mutual relations have not been much disturbed; and partly on the frequent arrival of unmodified immigrants from the mother-country, with which the insular forms have intercrossed. It should be borne in mind that the offspring of such crosses would certainly gain in vigour; so that even an occasional cross would produce more effect than might have been anticipated. I will give a few illustrations of the foregoing remarks: in the Galapagos Islands there are twenty-six land birds; of these twenty-one (or perhaps twenty-three) are peculiar; whereas of the eleven marine birds only two are peculiar; and it is obvious that marine birds could arrive at these islands much more easily and frequently than land-birds. Bermuda, on the other hand, which lies at about the same distance from North America as the Galapagos Islands do from South America, and which has a very peculiar soil, does not possess a single endemic land bird; and we know from Mr. J.M. Jones’s admirable account of Bermuda, that very many North American birds occasionally or even frequently visit this island. Almost every year, as I am informed by Mr. E.V. Harcourt, many European and African birds are blown to Madeira; this island is inhabited by ninety-nine kinds, of which one alone is peculiar, though very closely related to a European form; and three or four other species are confined to this island and to the Canaries. So that the islands of Bermuda and Madeira have been stocked from the neighbouring continents with birds, which for long ages have there struggled together, and have become mutually co-adapted. Hence, when settled in their new homes, each kind will have been kept by the others to its proper place and habits, and will consequently have been but little liable to modification. Any tendency to modification will also have been checked by intercrossing with the unmodified immigrants, often arriving from the mother-country. Madeira again is inhabited by a wonderful number of peculiar land-shells, whereas not one species of sea-shell is peculiar to its shores: now, though we do not know how sea-shells are dispersed, yet we can see that their eggs or larvae, perhaps attached to seaweed or floating timber, or to the feet of wading birds, might be transported across three or four hundred miles of open sea far more easily than land-shells. The different orders of insects inhabiting Madeira present nearly parallel cases.

 

Aun cuando en las islas oceánicas las especies son en corto número, la proporción de especies peculiar -esto es, que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo- es con frecuencia grandísima. Si comparamos, por ejemplo, el número de moluscos terrestres peculiares de la isla de Madeira, o de aves peculiares del archipiélago de los Galápagos, con el número de los que se encuentran en cualquier continente, y comparamos después el área de la isla con la del continente, veremos que esto es cierto. Este hecho podía esperarse teóricamente, pues, como ya se explicó, las especies que llegan ocasionalmente, tras largos intervalos de tiempo, a un distrito nuevo y aislado, y que tienen que competir con nuevos compañeros, tienen que estar sumamente sujetas a modificación y han de producir con frecuencia grupos descendientes modificados. Pero en modo alguno se sigue que, porque en una isla sean peculiares casi todas las especies de una clase, lo sean las de otra clase o de otra sección de la misma clase, y esta diferencia parece depender, en parte, de que las especies que no están modificadas han emigrado juntas, de manera que no se han perturbado mucho las relaciones mutuas, y, en parte, de la frecuente llegada de inmigrantes no modificados procedentes del país de origen, con los cuales se han cruzado las formas insulares. Hay que tener presente que la descendencia de estos cruzamientos tiene seguramente que ganar en vigor; de suerte que hasta un cruzamiento accidental ha de producir más efecto del que pudiera esperarse Daré algunos ejemplos de las observaciones precedentes. En las islas de los Galápagos hay 26 aves terrestres; de éstas, 21 -o quizá 23- son peculiares, mientras que de 11 aves marinas sólo lo son 2, y es evidente que las aves marinas pudieron llegar a estas últimas islas con mucha mayor facilidad y frecuencia que las terrestres. Por el contrario, las Bermudas -que están situadas, aproximadamente, a la misma distancia de América del Norte que las islas de los Galápagos lo están de América del Sur, y que tienen un suelo muy particular- no poseen ni una sola ave terrestre peculiar, y sabemos, por la admirable descripción de las islas Bermudas de mister J. M. Jones, que muchísimas aves de América del Norte, accidentalmente o con frecuencia, visitan estas islas. Casi todos los años, según me informa mister E. V. Harcourt, muchas aves europeas y africanas son arrastradas por el viento hasta Madeira. Esta isla es habitada por noventa y nueve tipos, de los cuales una sola es peculiar, aunque muy estrechamente relacionado con una forma europea, y tres o cuatro especies están confinadas a esta isla y de Canarias. Por lo que en las islas de Bermudas y Madeira se han almacenado aves de los continentes vecinos, las cuales durante siglos han luchado juntas allí, y se han co-adaptado mutuamente. Por lo tanto, cuando se establecieron en sus nuevos hogares, cada tipo se ha mantenido por los demás en su lugar y sus costumbres, y en consecuencia han sido muy poco susceptibles de modificación. Cualquier tendencia a la modificación también ha sido verificada por el cruzamiento con los inmigrantes no modificados, que a menudo llegan desde la madre patria. Madeira es asimismo habitada por un número maravilloso de moluscos terrestres peculiares, mientras que ninguna especie de concha marina es peculiar a sus costas: ahora, sin embargo no sabemos cómo se encuentran dispersas las conchas marinas, sin embargo, podemos ver que sus huevos o las larvas, quizás unidos a algas o maderas flotantes, o a los pies de las aves zancudas, pueden ser transportados a través de tres o cuatro mil kilómetros de mar abierto mucho más fácilmente que las conchas terrestres. Los diferentes órdenes de insectos que viven en Madeira presentan casos casi paralelos.

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