Darwinismo y Prosopagnosia: Algo más que un simple parecido

El pasado viernes tomábamos prestado un artículo que David Rodríguez había escrito sobre la enfermedad llamada prosopagnosia. El enfermo de prosopagnosia  es incapaz de reconocer  el rostro de un individuo al que mira y de interpretar gestos y expresiones emocionales.  Ve con absoluta normalidad pero no comprende de forma integrada. Tampoco puede percibir su propio rostro reflejado en un espejo reconociéndolo como una entidad completa –tan solo las partes, que no guardan relación coordinada e integrada para configurar un todo complejo–. El  paciente conserva su agudeza visual, pero es incapaz de reconocer la identidad que resulta del conjunto de características observadas.

Se trata pues de un complejo problema de integración de estímulos sensoriales en el que falta la capacidad de aglutinar, de integrar un conjunto de datos para obtener una conclusión final que de ellos debe derivar.

En el momento de publicar el post sobre prosopagnosia se trataba de hacerlo respetando el texto original tal y como había sido publicado en el Diario de Salamanca por su autor, pero  muy poco tiempo después de publicarlo recibí una comunicación en la que se indicaba:

Cuando he visto los titulares del último post, Prosopagnosia “Miran y ven pero no comprenden de forma integrada; ni siquiera son capaces de percibir su propio rostro reflejado en un espejo como una entidad  completa -solo perciben las partes, que no guardan relación coordinada e integrada para configurar un todo complejo” he pensado ¡vaya es precisamente la patología de los darwinistas!

Efectivamente, este blog no podía dejar pasar por mucho tiempo la posibilidad de comparar la enfermedad con otro trastorno de la percepción o más bien de la capacidad de integración que resultará familiar a sus lectores : El darwinismo. Si en la prosopagnosia el paciente es incapaz de reconocer lo que tiene delante, en el darwinismo no solamente se da esa misma incapacidad, sino que automáticamente se reconoce una entidad diferente. Dicho de otro modo, ante una verdad como un templo, pero incómoda, el darwinista reconstruye la realidad a su antojo. Ante una tautología, ve una teoría científica. Ante una falacia de Perogrullo, un razonamiento impecable.

Si la prosopagnosia es incapacidad de integrar, el darwinismo puede ser doble capacidad: primero de integrar, para acto seguido, casi inmediatamente y puede que de manera refleja, desintegrar para, cuando sea posible,  reconstruir una nueva realidad a gusto del consumidor. Comparándolo con el paciente que no se reconoce en el espejo, diríamos que el darwinista no solamente se reconoce perfectamente a sí mismo, sino que además tiene la particularidad de que si ese día no se gusta, entonces puede reconocer también a un rostro diferente más de su agrado, el de Paul Newman, o Audrey Hepburn por ejemplo, o el del propio Charles Darwin. O ninguno, según convenga.

Será útil explicarlo con algún ejemplo.

En una entrada del blog el PaleoFreak titulada: ¡Muerte al “darwinismo”! (la palabra), Clastito define muy bien al darwinismo cuando dice:

Para mí el darwinismo en biología hace referencia a dos ideas centrales en el pensamiento de Darwin:

1) La noción de que la selección natural origina y perfecciona la adaptación, a partir de ligeras diferencias fenotípicas heredables (gradualismo)

2) la noción de que la selección natural es el principal mecanismo evolutivo

Exacto e impecable. Darwinista es, como indica muy bien Clastito, aquel que defiende la selección natural, como fue expuesta por Darwin en su obra “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural o ……”.  Cualquiera puede ver perfectamente el rostro en el espejo (en este caso es el rostro íntegro e inconfundible del darwinismo en una definición impecable). ¿Acaso no es así?

¡Pues no!, acto seguido, y en un ejemplo típico de comportamiento darwinista hasta la médula, BioMaxi se permite el siguiente comentario:

Clastito ejemplifica el problema perfectamente:

“para mí el darwinismo”…

 No. El darwinismo será lo que sea, pero no se aceptan “para míes” que valgan

Cerrando así toda posible discusión.  La imagen íntegra e impecable que Clastito había mostrado en su intervención queda así destruida  y quedamos desvalidos, sin definición alguna ni base para poder seguir entendiendo la cuestión. El resultado es equivalente al del paciente de prosopagnosia, pero aquí no consiste exactamente  en la incapacidad de integrar, sino que es ligeramente más complejo y consiste en la capacidad de desintegrar lo integrado. A menudo el procedimiento tiene dos partes bien definidas, que son:

1. Destrucción de un punto de vista correcto mediante un argumento aparentemente serio y que,   superficialmente, puede parecer que da la razón al contrincante. Se trata de una destrucción fulminante que pretende parecer amable. Para ello BioMaxi olvida el contenido real de la intervención de Clastito y se centra única y exclusivamente en su aspecto más débil: El hecho de que el comentario se hizo como indicando que era un punto de vista subjetivo, una opinión (Para mí………….).

2. Una vez derrumbada la argumentación del oponente, queda la segunda parte: Barrer los restos de su destrucción dejando el terreno limpio en apariencia para dejarlo vacío o poner cualquier cosa en su lugar. Donde hubo una imagen veraz pero incómoda, ya no queda nada. Ni rastro.  Sólo a partir de ahí podemos construir lo que sea con una sola condición: que no sea veraz. La discusión puede seguir, pero siempre irá a favor de quien impone las reglas, caiga quien caiga porque siempre ha de encontrar argumentos aquel para quien todo argumento vale si tiene la sartén por el mango.

La discusión sobre la relación entre darwinismo y prosopagnosia permanecería incompleta sin mencionar un ejemplo más importante. Quizás uno que implique a la obra o al autor fundacional del primero.

Los darwinistas se han encargado de defender la teoría de evolución por Selección Natural durante décadas. Esto es lo único que defienden: la teoría  de evolución por Selección Natural. Y, muy a su pesar, esto es indefendible: simplemente por ser una tautología como hicieron ver muy bien algunos contemporáneos de Darwin.

El por qué la Teoría de Evolución por selección natural es una tautología se ve rápidamente (siempre que se quiera ver la realidad y no camuflarla según nuestros intereses particulares). Si decimos que los que sobreviven son los más aptos no hacemos ningún tipo de razonamiento hacia delante sino uno circular, una tautología, acabando donde empezábamos, puesto que precisamente los más aptos son los que sobreviven. Decir que una especie puede surgir a partir de otra a partir de adaptaciones ventajosas es no decir nada. En evolución precisamente lo que hay que explicar es cómo surgen esas adaptaciones ventajosas .

Sin ir más lejos, el propio Darwin se refirió a su teoría con ésta frase lapidaria: I have heard by round about channel that Herschel says my book is the law of higgledy-pigglety. Higgledy-pigglety, que libremente podríamos traducir como de tócame-roque. ¿Alguien ha oido alguna vez que Bernouilli, Pasteur, Newton o Lavoisier, por citar algunos científicos se expresaran alguna vez en estos términos al hablar de sus teorías? Parece difícil.

El propio Darwin reconoció que la Selección Natural no expresa nada:

En el sentido literal de la palabra, indudablemente, selección natural es una expresión falsa

Es una frase literal del capítulo cuarto de OSMNS. La cuestión está en que viendo que no hay teoría, todo darwinista se esfuerza en mostrar lo contrario. Prosopagnosia corregida y adaptada.

Alicia nos lo indicaba ayer en su comentario, más propio de un catedrático de Genética que de una estudiante de veintidos años:

La selección natural es un fenómeno complejo, que se encuentra reivindicado en la Teoría de la Evolución dentro de tres pilares (según la vieja ortodoxia) conocidos como agencia, eficacia y alcance.

Darwin vio primero, y luego no quiso ver que su teoría era una tautología.  Sus seguidores van por el mismo camino de construcción-destrucción-reconstrucción falsa.

Admitir que la evolución de las especies tiene lugar por selección natural, como un resultado de la lucha por la supervivencia y de la competición no tiene absolutamente ningún valor científico pero resulta ser una estrategia poderosísima para la manipulación y sirve de base estructural a un liberalismo salvaje que permite la explotación de los recursos naturales y humanos de manera desmedida. La única cara real del darwinismo reflejada en el espejo es el darwinismo social, pero ésta es precisamente la que el darwinismo no puede ver. Ve otras, todas falsas.

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