Nuestra ignorancia de las leyes de la variación es profunda. Concluye el autor en el párrafo ducentésimo cuadragésimo sexto de El Origen de las Especies

 

El autor termina este capítulo sobre las leyes de la variación de manera tajante:

 

 Nuestra ignorancia de las leyes de la variación es profunda.

 

Pero para salir de tamaña ignorancia el autor cuenta con poderosos recursos. Veamos alguno de ellos.

Dice el autor:

 La costumbre, produciendo particularidades de constitución; el uso, fortificando los órganos, y el desuso, debilitándolos y reduciéndolos, parecen haber sido en muchos casos de poderosa eficacia.  

 

Lo cual recuerda ¿cómo no? A aquella primera ley de Lamarck:

 

« Dans tout animal qui n’a point dépassé le terme de ses développements, l’emploi plus fréquent et soutenu d’un organe quelconque fortifie peu à peu cet organe, le développe, l’agrandit et lui donne une puissance proportionnée à la durée de cet emploi, tandis que le défaut constant d’usage de tel organe l’affaiblit insensiblement, le détériore, diminue progressivement ses facultés et finit par le faire disparaître. » JB Lamarck.  Première Loi. Chap VII: première partie. Philosophie zoologique

 

A continuación dice:

Los órganos múltiples son variables en número y estructura,

Efectivamente, los órganos únicos no son variables en número. Puede haber un rabo o no haber rabo, pero no puede haber gran variación en el número de rabos.

 

Y para ir cerrando este capítulo sobre el origen de la variación no está mal esta frase:

 

Aunque las modificaciones nuevas e importantes no pueden surgir de reversión y variación análoga, tales modificaciones se sumarán a la diversidad hermosa y armoniosa de la naturaleza.

 

 

 

246 SUMMARY.

 

 

Our ignorance of the laws of variation is profound. Not in one case out of a hundred can we pretend to assign any reason why this or that part has varied. But whenever we have the means of instituting a comparison, the same laws appear to have acted in producing the lesser differences between varieties of the same species, and the greater differences between species of the same genus. Changed conditions generally induce mere fluctuating variability, but sometimes they cause direct and definite effects; and these may become strongly marked in the course of time, though we have not sufficient evidence on this head. Habit in producing constitutional peculiarities, and use in strengthening, and disuse in weakening and diminishing organs, appear in many cases to have been potent in their effects. Homologous parts tend to vary in the same manner, and homologous parts tend to cohere. Modifications in hard parts and in external parts sometimes affect softer and internal parts. When one part is largely developed, perhaps it tends to draw nourishment from the adjoining parts; and every part of the structure which can be saved without detriment will be saved. Changes of structure at an early age may affect parts subsequently developed; and many cases of correlated variation, the nature of which we are unable to understand, undoubtedly occur. Multiple parts are variable in number and in structure, perhaps arising from such parts not having been closely specialised for any particular function, so that their modifications have not been closely checked by natural selection. It follows probably from this same cause, that organic beings low in the scale are more variable than those standing higher in the scale, and which have their whole organisation more specialised. Rudimentary organs, from being useless, are not regulated by natural selection, and hence are variable. Specific characters—that is, the characters which have come to differ since the several species of the same genus branched off from a common parent—are more variable than generic characters, or those which have long been inherited, and have not differed within this same period. In these remarks we have referred to special parts or organs being still variable, because they have recently varied and thus come to differ; but we have also seen in the second chapter that the same principle applies to the whole individual; for in a district where many species of a genus are found—that is, where there has been much former variation and differentiation, or where the manufactory of new specific forms has been actively at work—in that district and among these species, we now find, on an average, most varieties. Secondary sexual characters are highly variable, and such characters differ much in the species of the same group. Variability in the same parts of the organisation has generally been taken advantage of in giving secondary sexual differences to the two sexes of the same species, and specific differences to the several species of the same genus. Any part or organ developed to an extraordinary size or in an extraordinary manner, in comparison with the same part or organ in the allied species, must have gone through an extraordinary amount of modification since the genus arose; and thus we can understand why it should often still be variable in a much higher degree than other parts; for variation is a long-continued and slow process, and natural selection will in such cases not as yet have had time to overcome the tendency to further variability and to reversion to a less modified state. But when a species with an extraordinarily developed organ has become the parent of many modified descendants—which on our view must be a very slow process, requiring a long lapse of time—in this case, natural selection has succeeded in giving a fixed character to the organ, in however extraordinary a manner it may have been developed. Species inheriting nearly the same constitution from a common parent, and exposed to similar influences, naturally tend to present analogous variations, or these same species may occasionally revert to some of the characters of their ancient progenitors. Although new and important modifications may not arise from reversion and analogous variation, such modifications will add to the beautiful and harmonious diversity of nature.

 

 

Nuestra ignorancia de las leyes de la variación es profunda. Ni en un solo caso entre ciento podemos pretender señalar una razón por la que esta o aquella parte ha variado; pero, siempre que tenemos medio de establecer comparación, parece que han obrado las mismas leyes al producir las pequeñas diferencias entre variedades de una especie y las diferencias mayores entre especies del mismo género.   El cambio de condiciones, generalmente, produce simples variaciones fluctuantes; pero algunas veces produce efectos directos y determinados, y éstos, con el tiempo, pueden llegar a ser muy acentuados, aun cuando no tenemos pruebas suficientes sobre este punto.    La costumbre, produciendo particularidades de constitución; el uso, fortificando los órganos, y el desuso, debilitándolos y reduciéndolos, parecen haber sido en muchos casos de poderosa eficacia.   Las partes homólogas tienden a variar de la misma manera y tienden a soldarse. Las modificaciones en partes externas influyen a veces en partas blandas e internas.

   Cuando una parte está muy desarrollada, quizá tiende a atraer substancia nutritiva de las partes contiguas; y toda parte del organismo que pueda ser economizada sin detrimento será economizada.

   Los cambios de conformación en una edad temprana pueden influir en partes que se desarrollen después, e indudablemente ocurren muchos casos de variaciones correlativas cuya naturaleza no podemos comprender.   Los órganos múltiples son variables en número y estructura, quizá debido a que tales órganos no se han especializado mucho para una función determinada, de manera que sus modificaciones no han sido rigurosamente refrenadas por la selección natural. Se debe probablemente a la misma causa el que los seres orgánicos inferiores en la escala son más variables que los superiores, que tienen todo su organismo más especializado.   Los órganos rudimentarios, por ser inútiles, no están regulados por la selección natural, siendo, por tanto, variables.   Los caracteres específicos -esto es, los caracteres que se han diferenciado después que las diversas especies del mismo género se separaron de su antepasado común- son más variables que los caracteres genéricos, o sea aquellos que han sido heredados de antiguo y no se han diferenciado dentro de este período.   

 

En estas observaciones nos hemos referido a las partes u órganos especiales son todavía variables, porque han variado recientemente y por lo tanto llegan a diferir, pero también hemos visto en el capítulo segundo que el mismo principio se aplica a la totalidad del individuo, pues en un distrito donde muchas especies de un género se encuentran, es decir, donde ha habido mucha variación y diferenciación anterior, o cuando la fábrica de nuevas formas específicas ha participado activamente en el trabajo, en la circunscripción, entre estas especies, encontramos ahora, por término medio , la mayoría de las variedades.

 

 

Los caracteres sexuales secundarios son muy variables, y tales caracteres difieren mucho en las especies del mismo grupo. La variabilidad en las mismas partes de la organización general, se ha aprovechado para dar las diferencias sexuales secundarias a los dos sexos de la misma especie, y las diferencias específicas a las varias especies del mismo género. Cualquier parte u órgano desarrollado hasta un tamaño extraordinario o de una manera extraordinaria, en comparación con la misma parte u órgano en las especies afines, deben haber pasado por una cantidad extraordinaria de modificación ya que el género surgió, y así podemos entender por qué debería hacerlo a menudo todavía ser variable en un grado mucho mayor que en otras partes, pues la variación es un proceso largo y continuado y lento, y la selección natural no ha tenido tiempo en los casos que aún han para superar la tendencia a la variabilidad del más allá y la reversión a un menor modificación del estado. Pero cuando una especie con un órgano extraordinariamente desarrollado se ha convertido en el padre de muchos descendientes modificados, que en nuestra opinión debe ser un proceso muy lento, que requiere un largo lapso de tiempo, en este caso, la selección natural ha conseguido dar un carácter permanente al órgano, en cualquier manera extraordinaria que pueda haberse desarrollado éste.

 

 

Las especies que heredan casi la misma constitución de un padre común, y expuestos a influencias similares, naturalmente tienden a presentar variaciones análogas, o estas mismas especies de vez en cuando pueden volver a algunas de las características de sus antiguos progenitores. Aunque las modificaciones nuevas e importantes no pueden surgir de reversión y variación análoga, tales modificaciones se sumarán a la diversidad hermosa y armoniosa de la naturaleza.

 

 

 

 

 

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