Charles Darwin en El Club de los Suicidas, de Stevenson

 

 

Nos encontramos inmersos en  el primer capítulo. El príncipe Florizel de Bohemia y el coronel Geraldine se encuentran en el Club de los suicidas. Cada uno de los personajes explica sus motivaciones para encontrarse en el mismo:

 

¡A la eterna memoria del baron Trenck, ejemplo de suicidas! -gritó uno-. Pasó de una celda pequeña a otra más pequeña, para poder alcanzar al fin la libertad.

-Por mi parte -dijo un segundo-, sólo deseo una venda para los ojos y algodón para los oídos. Sólo que no hay algodón lo bastante grueso en este mundo.

Un tercero quería averiguar los misterios de la vida futura y un cuarto aseguraba que nunca se hubiera unido al club si no le hubieran inducido a creer en Darwin.

No puedo tolerar la idea de descender de un mono -afirmaba aquel curioso suicida.

Sí. Hemos leído bien. A un miembro del club le habían inducido a creer en Darwin. No es que él se hubiese convencido naturalmente o como fruto de sus propias lecturas independientes. Al parecer había sido el resultado de un lavado de cerebro: Lo indujeron. Seguro que no fue el único. Algo habría oído Stevenson para ponerlo tan claro…………

 

 

Lectura aconsejada:

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Comentarios

[...] La primera de las novelas citadas, El Dr Jeckyll y Mr Hyde, es fruto de una pesadilla del autor y describe un caso de doble personalidad, en el que una de las dos facetas del protagonista lleva el nombre de Hyde (to hide en inglés es esconderse). En la segunda novela mencionada arriba, El club de los suicidas, un caballero que es socio honorario del Club se llama Malthus. Nos preguntamos si mediante este nombre el autor quiso aludir explícitamente a Thomas Robert Malthus (1766-1834),  honrando el clérigo Malthus, cuya visión de la economía estaba basada en que la progresión del número de individuos humanos es más rápida que la progresión de la cantidad de recursos disponibles para su sustento. Obscuro panorama propio de las penumbras de una sociedad industrial, y en definitiva artificial, puesto que en la naturaleza no existen tales progresiones,  equilibrándose todo antes de que nadie venga a echar las cuentas. Ante el obscuro y siempre artificial panorama de Malthus, que en Economía es preludio del no menos obscuro y artificial panorama de Darwin en la Biología, la solución es obvia y a nadie se le escapa que dicha solución puede tener que ver con el nombre de la novela.  En teoría, puesto que de teoría estamos tratando, el problema de los malthusianos quedaría resuelto por el método de reducir voluntariamente el número de individuos humanos, con lo que, llevando la situación al límite,  sobrarían los recursos.  Enfín,… que no sabemos si la intención de Robert Louis Stevenson al elegir tal nombre era la de honrar al clérigo Malthus, fundador de la Dismal Science, pero claro, el nombre ahí queda, como siempre, para el estudio, para la duda:  ¿Tendrán un origen común Malthus, el clérigo cuyas grises teorías inspiraron a Darwin y éste otro Malthus, el miembro honorario del club de los suicidas de Stevenson, de Tusitala? No lo sabemos. Empero,  lo que sí sabemos y esto con plena seguridad, pues está meridianamente claro en la novela,  es que Stevenson se refirió directamente a Charles Darwin en las páginas de El club de los suicidas.  Veremos la cita exacta en la entrada número mil uno de este blog…… [...]

[...] esa obligación hay muchos ejemplos y muy malas consecuencias. Uno de los ejemplos nos lo proporcionaba Robert Louis Stevenson en su Novela El Club de los Suicidas….  Y a pesar de que este ejemplo procede de una novela,… ¡cuánto de cierto hay en todo esto! [...]

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