‘Vitalismo’

Ladis Montiel: Una imagen para el recuerdo

 

La fotografía está tomada en la mañana de un día de verano en un viñedo de la Ribera de Navarra o de la Rioja Baja, seguramente alguno perteneciente a la Bodega de Camilo Castilla, en Corella, en la que Ladis trabajó como enólogo durante tantos años. En ella, con sombrero blanco y camisa blanca arremangada, Ladis se inclina ante una viña para comprobar el punto de sazón de sus granos. Su gesto es el del caballero que saluda a una dama haciendo cortésmente el besamanos (Encantado de saludarla, veo que hoy tiene sus dedillos algo redondos y morados, ¿Se encuentra bien hoy la señora?), o el de quien con veneración se inclina ante imagen o autoridad religiosa. La foto muestra, digámoslo de una vez, su reverencia, y ese respeto manifiesto por los objetos y por las personas que es la contraseña, la clave,  para  ganarse inmediatamente el respeto de quienes lo rodean sentando así la convivencia sobre esa base firme, cálida y transparente que otros llamarían entrañable. En su mano izquierda, a juego con el sombrero y la camisa, hay un objeto también blanco, tal vez un cuadernillo de anotaciones, y mientras la derecha sostiene las uvas de un racimo, va adelantando un poco la cara, con la vista fija, clavada en el mismo como preguntándole: ¿Qué me cuentas hoy? ¿Qué tal vas? Busca así, mediante esa aproximación, el momento de poner en juego su cualidad más asombrosa que es la permeabilidad, esa capacidad para absorber información del entorno, que en su modo más general equivale a la de escuchar,  acción bien simple y necesaria, pero que muy pocos afortunados, Ladis entre ellos, han podido cultivar con éxito a lo largo de sus días.  Aquel del retrato no sabemos lo que la viña tendría que contarle, pero su actitud es elocuente y nos presenta dos de sus cualidades principales: respeto y permeabilidad. Saber escuchar.

El sol extiende sus rayos por el viñedo en la foto de aquella mañana de verano. La luz llena a golpes las hojas superiores de las cepas, los campos del fondo por encima de sus ramas más altas y por debajo, atravesando sus tallos, dibuja en el suelo un conjunto de sombras continuas con las de la camisa, en su brazo, en su cara y en el sombrero. A pesar de la hora temprana en la mañana me hago cargo del calor y puedo suponer cuánto se agradecerá al andar por la viña el menor soplo de brisa, el mínimo correr del aire fresco que, moviendo la camisa, pueda llegar a transmitir esa sensación que es como decir: estoy aquí, te escucho y te entiendo. En alguna ocasión he disfrutado de esa experiencia del aire y también de la de acercarme a una viña siguiendo a Ladis. Por eso puedo imaginar cómo llegó aquel día al lugar en donde le tomaron la foto. Aproximándose con impaciencia y acelerando el paso a medida que se acercaba a la viña. Dejando a sus compañeros atrás para llegar el primero y así poder comunicar las novedades: Están secas. Hay poco grano. Tienen mosca.

Escribir, que es difícil cuando el recuerdo es algo todavía vivo, se convierte en tarea imposible, pesadilla, cuando el recuerdo arde mostrando el hueco irreparable que ha quedado y la memoria viene exigiendo lo necesario pero ya imposible, que no es recuerdo alguno, sino otra cosa distinta, su fuente, vivencia compartida. Salir al campo un día, andar por el viñedo, por las calles y luego regresar a la bodega, al laboratorio, para llenar todo tipo de recipientes con caldos de todos los orígenes, colores, olores y temperaturas. Recomenzar la cata dolorosamente interrumpida. Aquí un Pinot Noir, allá un Sirah. Primero el moscatel, después el Sauternes. Aquello de allá, no, que está malo. Este se ha calentado, hay que abrir la nevera y sacar otro. Copas, frascos, vasos y matraces van llenando mesas y estantes mientras los sentidos que van alimentando a la memoria, la ponen también a prueba.

Haciendo de tripas corazón uno puede creer que puede llegar a superarlo, cuando en realidad es justo lo contrario: cuanto hay nos supera. El remedio empieza al reconocer la debilidad propia y buscar en nuestro auxilio lo de siempre, lugares comunes, anécdotas, todo ese material congelado que, si no sale, acaba por doler en la memoria y que, cuando sale, lo hace a veces en la forma estrepitosa de una carcajada o como solemos decir, con humor. Recuerdos fríos, anécdotas congeladas a fuerza de repetirlas, como en aquellas tardes durante las fiestas de Arnedo, cuando Ladis a la salida de los toros se pasaba a dar una vuelta por casa. En una ocasión había entrado en el gallinero, en donde tenían preparado su cuarto mi hermano Manolo y sus amigos, escondiéndose detrás de la puerta, para darles un susto. Pero el susto se lo llevó mi tía Carmen, solterona octogenaria que entonces vivía con nosotros y había ido a dar una vuelta por allí. No se preocupe señora, que soy el Ladis Montiel, vino a reconfortarla con su explicación cortés. En otra ocasión semejante, entrando a recomendarse para oficial de la milicia universitaria con mi tío Vicente Grande, a la sazón Comandante de Estado Mayor en Zaragoza. Afortunadamente las plazas se ganaban mediante un examen riguroso y no mediante recomendación. Sin embargo el rato de conversación no fue en balde y vino a dar una amistad permanente. Otra. Las anécdotas se acumulan pero están, como digo, frías, como los pasteles, destinados a proyectiles en una batalla campal, con los que Ladis nos obsequió un día en aquel cuarto del Arco de las Nieves. Memorias todas congeladas. Y sin embargo, algo vivo queda que está ardiendo en medio de todas ellas, con insistencia, con la firmeza de toda duda, como por ejemplo aquel papel colgado en la pared del laboratorio del enólogo mediante una chincheta. Su texto, escrito a mano, algo así como esto:

Nada te turbe, Nada te espante, Todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia Todo lo alcanza; Quien a Dios tiene Nada le falta: Sólo Dios basta.

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Imponer el pensamiento: Un ejemplo (Los editores contra el principio teleológico)

 

 

 

 

 

 

En  la introducción de su clásico tratado titulado “Plantas Medicinales, el Dioscórides renovado”, nos cuenta Pío Font Quer  éste caso tan curioso:

Esta misma empresa editorial que ha estampado “El Dioscórides renovado”  tiene en proyecto publicar un tratado de vulgarización botánica traducido de la obra francesa titulada “La vie des plantes”. En la figura 2 de la página 130 del original francés se lee el siguiente epígrafe:

“La Selaginelle, dite aussi fougère de la résurrection, par temps se replie sur elle même afin de limiter sa transpiration.”

Poco tiempo después de recibir la obra, la casa editora nos mandaba una lista de erratas a tener en cuenta al traducirla. Una de las tales enmiendas corresponde al epígrafe de la indicada figura. En lugar de “a fin de limiter”, hay que poner “ce qui limite”. Este pequeño cambio es transcendente porque me dice que la planta no se recoge sobre sí misma para evitar la transpiración excesiva, sino que, simplemente, la evita porque se recoge.

Con su habitual claridad indica  Font Quer  que los editores no quieren que su obra muestre ningún tipo de finalidad en la naturaleza (teleología).  El caso podría parecer curioso pero no es, ni mucho menos único. Ya vimos que para el reverendo Hodge, el principal objetivo de Darwin no era otro que desterrar la idea de diseño de la naturaleza y puede que a este motivo y no otro,  se deba que Darwin haya sido autor favorito de los editores durante décadas (para confirmar esto último no hay más que ver el número de ediciones de El Origen).

Tal empeño  editorial  por imponer el pensamiento en las mentes de sus incautos lectores borrando de ellas  toda noción de teleología , es decir la existencia o al menos la posibilidad de una finalidad, propósito o diseño en la Naturaleza,  no se limita a los casos descritos y podría ser mucho más antiguo.  Así cuando en su introducción a la obra Los Caracteres de Teofrasto, editada por Planeta d’Agostini en su colección Los Clásicos de Grecia y Roma,  Elisa Ruíz García nos describe la obra de Teofrasto que ha llegado hasta nosotros, dice:
En la actualidad poseemos:

Dos tratados relacionados con el mundo de la botánica: Historia de las Plantas, en nueve libros, y sobre los Orígenes de las Plantas, en seis.

Y sobre la palabra seis un número trece en superíndice remite a una nota a pie de página en donde se lee:

Algunos estudiosos opinan que la división en dos obras de sus escritos botánicos no fue establecida por el autor, sino por los editores de la época alejandrina, quienes distinguieron entre los pasajes  en los que invoca el principio teleológico y en los que lo evita cuidadosamente.

Y fíjense bien que no dice que se haya distinguido entre pasajes que invocan el principio teleológico y los que no lo invocan sino entre los que lo invocan y los que cuidadosamente lo evitan, siendo esto último, al parecer, más del gusto de los editores.

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¿Qué es el materialismo?

Preguntaba ayer un participante en este blog :

¿exactamente de que hablamos cuando hablamos de materialismo? ¿lo contrario de materialismo es la magia?

Basándome libremente en textos de de dos  clásicos contemporáneos, los profesores Agustín García Calvo y Emanuele Severino, propongo hoy dos respuestas. Así,  el  Materialismo  puede ser esa pretensión o  fe de que nos hablan  estos autores.  Del primero por ejemplo:

la pretensión de una phýsis o realidad ajena y anterior a todo lenguaje, independiente de arbitrio y razón, la apelación a algo que está por debajo de las palabras, es justamente la convención y falsedad que constituye la apariencia que los hombres (todos y cada uno) toman como verdad de las cosas y las relaciones

Del segundo:

Si se cree y esta es la fe fundamental que envuelve ya todo cuanto sucede en la tierra, que las cosas pueden ir a la nada y salir de la nada (y, por lo tanto pueden ser aniquiladas y creadas por el hombre o por un dios), entonces se cree que existe un tiempo en el que las cosas son nada: el tiempo en que estas, una vez aniquiladas ya son nada y el tiempo en que antes de salir de la nada, son todavía una nada. Pero creer que existe un tiempo en que las cosas (es decir los no-nada) son nada es como creer que existe un tiempo en que el círculo es cuadrado. Pero el enigma del mundo se resuelve cuando se hace evidente que no puede existir ningún tiempo en que las cosas (ni siquiera la más irrelevante de ellas) son nada, y cuando se hace evidente, pues que las cosas-todas, de las más humildes a las más grandes, de las más desvanecidas a las más patentes, de las más familiares a las más inquietantes-son todas ingenerables, incorruptibles, inmutables, eternas. Lo que llamamos devenir del mundo es por tanto el aparecer y el desaparecer de lo eterno. En sentido análogo a cuando se dice que el sol sigue brillando, eterno incluso cuando desaparece de la bóveda del cielo. No sólo los dioses sino todas las cosas tienen esta naturaleza solar.

Imagen de Agustín García Calvo del blog Lineas Paralelas

Imagen de Emanuele Severino de GrandiPassione

Bibliografía

García Calvo, A.  Razón común. Zamora, Editorial Lucina, 1985, 1999, 2006.

Severino, E. El parricidio fallido. Editorial: Destino, 1991.


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De toda idea de diseño (ID), líbranos señor D.

El diccionario de Neolengua, probablemente la primera y mejor cumplida  profecía de  Orwell;  cuyo objetivo es implantar el pensamiento único, materialista y ateo, hace verdaderas maravillas para presentar las más elaboradas explicaciones de algunos términos relacionados con la biología y la evolución.

Hoy vamos a ver un bonito ejemplo.  Analizaremos el término exaptación, otro invento darwinista cuya única finalidad es expulsar de la ciencia la idea de diseño, ocultarla.   Dirán que exagero, que el que se inventa todo esto soy yo. Pero no. ………….Sigan leyendo porque lo que sigue no lo he dicho yo, casi todo procede del Diccionario de Neolengua……..

Semejante palabro (Exaptación) significa ni más ni menos que Pre-adaptación, es decir, desplazamiento en la función de un carácter durante la evolución (por ejemplo, las plumas de las aves que inicialmente habrían servido para la termorregulación y luego para el vuelo)  pero la palabra inicial que tan bien describe la idea, no interesa….. ¿Por qué? Los propios autores del término lo han explicado muy bien, tanto en español como en inglés.   En español:

“En Biología, se conoce como exaptación a aquella estructura de un organismo que evoluciona originalmente como un rasgo que provee adaptación a unas determinadas condiciones o que no es adaptativo (neutro), y una vez que ya está consolidado (generalmente, varios millones de años después) comienza a ser utilizado y perfeccionado en pos de una nueva finalidad, en ocasiones no relacionada en absoluto con su “propósito” original.

El concepto fue usado por primera vez en el artículo Exaptation – a missing term in the science of form[1] de Stephen Jay Gould y Elizabeth Vrba, donde se trataban de explicar el origen de adaptaciones sumamente complejas a partir de estructuras sencillas sin caer del todo en la idea de la preadaptación.”

“Sin caer en la idea de la preadaptación”, lo cual podría ser catastrófico.

En inglés:

The idea that the function of a trait might shift during its evolutionary history originated with Charles Darwin (1859, ch. 6). For many years the phenomenon was labeled “preadaptation,” but since this term suggests teleology, which is contrary to a basic principle of natural selection, it has been replaced by other terms in the years after Darwin.

Por muchos años el fenómeno se llamó preadaptación, pero ya que esta palabra sugiere teleología, lo cual es contrario al principio básico de la Selección Natural, se ha reemplazado por otras palabras en los años después de Darwin. Ya saben, se trata de una estrategia para no caer en la idea de preadaptación, una peligrosa tentación que nos llevaría a los abismos indeseados del ………..¿diseño, tal vez?

Imagen de Mundo Mágico

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Un señor y un olmo seco: Machado y el darwinismo

Olmo seco

El poeta, como el cristalógrafo, descubre la estructura profunda de la materia.

Aunque Antonio Machado es más conocido por sus poemas que por su obra en prosa, todos sus textos contienen una misma Poesía: Un modo coherente de entender la vida, como buscando en ella un principio cristalino que igual emerge cuando habla de un señor de Soria, de un olmo seco o de la perversión que ha pasado durante ciento cincuenta años por ser gran descubrimiento científico.

La luz de Machado revela la estructura del mundo como si las cosas más dispares estuviesen formadas por átomos idénticos en una red común. Por ejemplo, su poema “A un olmo seco” puede servir para describir muchos objetos diferentes, entre ellos tal vez también alguna hipótesis o teoría científica:

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La semejanza como guía del conocimiento



Imagen: Tómbolo de Punta Uvita en el Parque Nacional Marino Ballena, Costa Rica. 
Tomada de PérezCeledón.net

El capitulo segundo de la obra “Las palabras y las cosas” de Michel Foucault, titulado “La Prosa del Mundo”, comienza de esta manera :

Hasta fines del siglo xvi, la semejanza ha desempeñado un papel constructivo en el saber de la cultura occidental. En gran parte, fue ella la que guió la exégesis e interpretación de los textos; la que organizó el juego de los símbolos, permitió el conocimiento de las cosas visibles e invisibles, dirigió el arte de representarlas. El mundo se enrollaba sobre sí mismo: la tierra repetía el cielo, los rostros se reflejaban en las estrellas y la hierba ocultaba en sus tallos los secretos que servían al hombre. La pintura imitaba el espacio. Y la representación —ya fuera fiesta o saber— se daba como repetición: teatro de la vida o espejo del mundo, he ahí el título de cualquier lenguaje, su manera de anunciarse y de formular su derecho a hablar.

Un poco más adelante indica:

La trama semántica de la semejanza en el siglo xvi es muy rica: Amicitia, Aequalitas (contractus, consensus, matrimonium, societas, pax et similia), Consonantia, Concertus, Continuum, Paritas, Proporfío, Similitudo, Conjuctio, Copula.  Existen, desde luego, muchas otras nociones que se entrecruzan en la superficie del pensamiento, se superponen, se refuerzan o se limitan. Por el momento, bastará con indicar las figuras principales que prescriben sus articulaciones al saber de la semejanza. Hay cuatro que son, con toda certeza, esenciales.

Lo cual le permite extenderse a continuación en las cuatro figuras mencionadas: Convenientia, Aemulatio, Analogia y Simpatia. Tratando de la primera (Convenientia), explica: (más…)

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La Química Orgánica y el despertar de un sueño

                                          

La química, hoy modelo de ciencia cartesiana, hunde sus raíces en las aguas turbulentas de la alquimia, de tal manera que algunos de sus personajes más destacados en el pasado comparten rasgos de su carácter y, tal vez, incluso sus fuentes de inspiración con sus enigmáticos antepasados medievales. Así, de Kekulé se dice que su hallazgo de la estructura cíclica del Benceno fue producto de una revelación en un sueño, pero que la clave de su éxito no estuvo precisamente en el sueño sino, más bien en su adecuada interpretación al despertar, momento al que se habría referido años después con esta frase:

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