‘El destino del hombre en la Naturaleza’

Los nuevos epicúreos. Comentario del libro La invención de la naturaleza, el nuevo mundo de Alexander von Humboldt, por Andrea Wulf Ed. Taurus, 2016.

 

Los nuevos epicúreos

Comentario del libro La invención de la naturaleza, el nuevo mundo de Alexander von Humboldt, por Andrea Wulf

Ed. Taurus, 2016.

 

Emilio Cervantes y José Francisco Bravo

 

Andrea Wulf, que según indica la solapa de este libro, da clases de Historia del Diseño en el Royal College of Art, en Londres, ha escrito un libro sobre Alexander von Humboldt, una vaca sagrada, es decir y según una acepción al uso en la Real Academia Española de la Lengua,  una persona que, a lo largo del tiempo, ha adquirido en su profesión una autoridad y un prestigio que la hacen socialmente intocable.

Para realizar este comentario hemos leído el libro de Andrea Wulf como recomendaba Nietzsche en su libro “El crepúsculo de los ídolos”, es decir con un martillo,  para ver como resuena la figura de Humboldt e indirectamente escuchar también el eco de las figuras de otros personajes históricos que le son próximos, en particular Charles Darwin.

A pesar de que el libro de Wulf tiene muchas páginas de bibliografía y en sus notas aparecen todavía más documentos, hay aspectos que han permanecido intactos. Algunos de ellos son muy importantes como los que se refieren a quién apoyó a Humboldt para que el Rey de España, Carlos IV le diese el pasaporte que le permitía viajar libremente por Hispanoamérica.

 

Dice en la página 71 que los propios españoles se sorprendieron ante la decisión del rey, pero no da ninguna referencia al respecto. Don Mariano Luis de Urquijo, Secretario de Estado y del Despacho de Carlos IV entre 1798 y 1800, fue quien expidió el pasaporte, según se ve en la fotografía, aunque este aspecto no se comenta en el texto. No sabemos con qué apoyos contaría Humboldt además del de Urquijo. Sabemos que no fueron, al menos directamente, ni el Conde de Floridablanca ni el Conde de Aranda, pues en la fecha de expedición del pasaporte estaba el primero retirado y el segundo ya había fallecido.  No obstante viene a cuento aquí el Conde de Aranda porque de él son estas palabras premonitorias escritas en 1783 y que se refieren a los Estados Unidos de América:

 Esta república federal nació pigmea, por decirlo así y ha necesitado del apoyo y fuerza de dos Estados tan poderosos como España y Francia para conseguir su independencia. Llegará un día en que crezca y se torne gigante, y aun coloso temible en aquellas regiones. Entonces olvidará los beneficios que ha recibido de las dos potencias, y sólo pensará en su engrandecimiento… El primer paso de esta potencia será apoderarse de las Floridas a fin de dominar el golfo de México. Después de molestarnos así y nuestras relaciones con la Nueva España, aspirará a la conquista de este vasto imperio, que no podremos defender contra una potencia formidable establecida en el mismo continente y vecina suya.

Pero… ¿Cómo se llevó a cabo esta profecía del Conde de Aranda de convertirse una nación pigmea en coloso temible? Sospechamos que Humboldt tuvo algo que ver en dicha transformación porque, con el pasaporte expedido por Carlos IV tenía carta blanca para viajar por toda Hispanoamérica como efectivamente hizo, tomar información importante de los territorios hispanos, en particular de México,  y darla a los vecinos del norte quienes la utilizarían en su programa de expansión. Pero quien quiera conocer más al respecto del papel de Humboldt en este proceso deberá buscar información en otra parte, puesto que  este aspecto tan importante queda aquí  abandonado, prácticamente intacto.

Después de una primera parte titulada “El punto de partida: El nacimiento de las ideas”, el libro tiene una parte entera, la segunda,  que ocupa las páginas 77 a 146 titulada “Llegada: La recopilación de las ideas”. Esta parte consta de cinco capítulos, del cuarto al octavo titulados: “Sudamérica”, “Los llanos y el Orinoco”, “A través de los Andes”, “Chimborazo” y “Política y Naturaleza: Thomas Jefferson y Humboldt”.

Llama la atención la ausencia de un capítulo, o más aún, la ausencia de un poco de información, siquiera uno o dos párrafos sobre la estancia de Humboldt en México.  Se insiste a lo largo del libro en que Humboldt necesitaba todo tipo de datos para comprender la naturaleza como una entidad viva, idea esta que no es de Humboldt  puesto que ya Marco Tulio Cicerón en su libro titulado “Sobre la Naturaleza de los Dioses” indicaba (p 131):

Pero suponiendo que poseamos una idea definida y preconcebida de una divinidad, en primer lugar, con calidades de ser vivo y, en segundo lugar, con la categoría de un ser que no tiene nada superior a él en toda la naturaleza, no puedo encontrar nada que satisfaga esta per-noción o idea previa que poseemos más plenamente que, en primer lugar, el juicio de que este mundo, necesariamente tiene que ser la más excelente de todas las cosas, es él  mismo un ser vivo y un dios.

Que Epicuro se burle de esta noción como quiera-y es un hombre muy poco dotado para la burla y que no tiene ni sombra de su nativa sal ática- y que proteste su incapacidad para concebir a un ser esférico y en rotación. Sin embargo nunca podrá apartarme de una creencia que aún él mismo admite: él afirma que los dioses existen de acuerdo con el principio de que necesariamente tiene que existir alguna forma de ser de una prestancia excepcional; ahora bien, es evidente que nada puede ser más excelente que el mundo. Ni se puede tampoco dudar de que un ser vivo dotado de sensación, razón e inteligencia tiene que ser superior a un ser desprovisto de estos atributos.

Epicuro, que, según Cicerón, se burla de la noción del mundo como un dios, también se burla de los dioses puesto que en otro momento dice Cicerón (p 97):

Epicuro, sin embargo, al abolir la beneficiencia divina y la divina benevolencia, desarraigó y exterminó toda religión del corazón humano.

No es por lo tanto la idea del Mundo como organismo un concepto original de Humboldt como sugiere en varias ocasiones el libro, ni tampoco de Lovelock; Cicerón sería un precursor de ambos y ¿por qué no? también Parménides de Elea.  No así Epicuro. Pero hay una característica más importante en los epicúreos que la de no reconocer a la naturaleza como dios, y es que ellos no reconocen a divinidad alguna. Pues bien, si este era el punto de vista de los epicúreos, los nuevos epicúreos coinciden con ellos en lo principal que es no reconocer divinidad alguna salvo, eso sí, el mundo en sí, en su unidad.

Con el fin de entender la unidad de la naturaleza recopilaba Humboldt muchos datos y hacía muchas preguntas,  pero ahora llegado nuestro turno nosotros preguntamos también: ¿Qué datos obtuvo Humboldt en México? En su visita el virrey era José de Iturrigaray Aróstegui que lo fue entre el 4 de enero de 1803 y el 15 de septiembre de 1808. Humboldt pasó un año en México y una buena parte de este tiempo en las minas de Guanajuato.  Y más aún: ¿cuáles de estos datos los entregó directamente en su visita a Jefferson? Suponemos que son muchos puesto que su relación con Jefferson no se limitó a una visita puntual sino que se mantuvo a lo largo de sus vidas. No obstante quien busque esta información en el libro de Wulf no la encontrará. Ni aproximación alguna al caso. Para la autora, el paso de Humboldt por México no merece relato alguno. Ni la menor reseña. Y así se mantiene el error que hemos visto en otras ocasiones y que viene a decir que la historia de la ciencia en América comenzó con Humboldt.  Nada más remoto. El impresionante calendario azteca (que no mexicano) que ilustra la página 130 es prueba, como se indica a pie de figura, de la sofisticación de las civilizaciones antiguas. Los calendarios aztecas y mayas, el conocimiento que estas civilizaciones tenían de botánica, de medicina, de astronomía y de arquitectura constituían una ciencia milenaria.  Los españoles habían llegado a las costas de América con otra ciencia que,  sólo en afortunadas ocasiones pudo aprender algo de aquella que la precedió en América, pero el decir como se dice en una biografía de Jefferson que hemos leído recientemente que la ciencia en América empezó con Humboldt es un enorme disparate.

El libro de Wulf, que no es crítico con la figura de Humboldt, viene a sumarse así a la copiosa colección de textos escritos para continuar en la línea de ensalzamiento de una figura histórica. Es cierto que el protagonista tiene sus méritos y no dudamos que serán múltiples: Inventar las isotermas, inventar el cianómetro o ser precursor de la ecología entre otros, no se le discuten. Pero tal vez pueda ser responsable también de aquel engrandecimiento a que se refería Aranda en su texto anteriormente citado, entre cuyas causas encontraríamos también una indebida acumulación de información procedente de Nueva España y que habría ido a parar al presidente de los Estados Unidos de una manera verdaderamente extraordinaria y tal vez, ¿quién podrá determinarlo? poco ética.

En secciones posteriores del libro se trata de la ordenación de las ideas (Parte III: “Regreso; la ordenación de las ideas”), su difusión (Parte IV: “Influencia: la difusión de las ideas”) y evolución (Parte V: “Nuevos Mundos: la evolución de las ideas”). En algunos de los capítulos correspondientes a etas secciones se establece la relación entre el protagonista del libro y otros personajes históricos como por ejemplo Charles Darwin, Henry David Thoreau,  George Perkins Marsh, Ernest Haeckel y John Muir.

Por nuestro particular interés en Biología y en particular en Evolución comentaremos a continuación algún aspecto del capítulo que lleva por título “Evolución y Naturaleza: Charles Darwin y Humboldt”.

Durante su viaje en el Beagle parece que Charles Darwin tenía entre sus lecturas la narrativa personal (personal narrative) de Humboldt a la que se refería constantemente en su diario y en cartas familiares.  Se trataba de la traducción al inglés de la Relation historique du voyage aux régions équinoxiales du nouveau continent , publicada entre los años 1814 y 1825, que Henslow regaló a Darwin al emprender el viaje.

No sólo Darwin disfrutó con la lectura de Humboldt, sino que sus notas de viaje, que luego dieron lugar a la obra “Viaje de un naturalista”, estaban inspiradas por aquel autor.

Hay en ambos, en Darwin y en Humboldt una especie de revelación al encontrarse de frente con la naturaleza en Sudamérica. Así en la página 169 Wulf menciona una carta de Humboldt a su hermano en la que indica:

En ningún sitio como en Sudamérica, decía, indicaba la naturaleza de forma más convincente su “vínculo natural”.

Una frase que resulta muy difícil de comprender a no ser que uno lea “El Origen de las Especies” de Darwin en cuyo párrafo primero viene a decir algo semejante:

When on board H.M.S. Beagle, as naturalist, I was much struck with certain facts in the distribution of the organic beings inhabiting South America, and in the geological relations of the present to the past inhabitants of that continent. These facts, as will be seen in the latter chapters of this volume, seemed to throw some light on the origin of species—that mystery of mysteries, as it has been called by one of our greatest philosophers. On my return home, it occurred to me, in 1837, that something might perhaps be made out on this question by patiently accumulating and reflecting on all sorts of facts which could possibly have any bearing on it. After five years’ work I allowed myself to speculate on the subject, and drew up some short notes; these I enlarged in 1844 into a sketch of the conclusions, which then seemed to me probable: from that period to the present day I have steadily pursued the same object. I hope that I may be excused for entering on these personal details, as I give them to show that I have not been hasty in coming to a decision.

Que traducimos:

Cuando estaba como naturalista a bordo del Beagle, buque de la marina real, me impresionaron mucho ciertos hechos que se presentan en la distribución geográfica de los seres orgánicos que viven en América del Sur y en las relaciones geológicas entre los habitantes actuales y los pasados de aquel continente. Estos hechos, como se verá en los últimos capítulos de este libro, parecían dar alguna luz sobre el origen de las especies, este misterio de los misterios, como lo ha llamado uno de nuestros mayores filósofos. A mi regreso al hogar se me ocurrió en 1837 que acaso se podría llegar a descifrar algo de esta cuestión acumulando pacientemente y reflexionando sobre toda clase de hechos que pudiesen tener quizá alguna relación con ella. Después de cinco años de trabajo me permití discurrir especulativamente sobre esta materia y redacté unas breves notas; éstas las amplié en 1844, formando un bosquejo de las conclusiones que entonces me parecían probables. Desde este período hasta el día de hoy me he dedicado invariablemente al mismo asunto; espero que se me puede excusar el que entre en estos detalles personales, que los doy para mostrar que no me he precipitado al decidirme.

**********************************

Llama mucho la atención que escriba esto Darwin puesto que en los capítulos que siguen no vuelve a mencionar Sudamérica ni alguno de sus habitantes hasta muy avanzada la obra y entonces por cuestiones anecdóticas. ¿Qué era entonces lo que habían visto ambos, Humboldt y Darwin, en Sudamérica que les había llevado a los dos a escribir tan motivados? ¿Qué podría haber de diferente en Sudamérica a lo que ambos habían visto en Europa? En el caso de Darwin está claro al comenzar el capítulo séptimo de El Origen de las Especies, cuando dice:

 

I will devote this chapter to the consideration of various miscellaneous objections which have been advanced against my views, as some of the previous discussions may thus be made clearer; but it would be useless to discuss all of them, as many have been made by writers who have not taken the trouble to understand the subject. Thus a distinguished German naturalist has asserted that the weakest part of my theory is, that I consider all organic beings as imperfect: what I have really said is, that all are not as perfect as they might have been in relation to their conditions; and this is shown to be the case by so many native forms in many quarters of the world having yielded their places to intruding foreigners. Nor can organic beings, even if they were at any one time perfectly adapted to their conditions of life, have remained so, when their conditions changed, unless they themselves likewise changed; and no one will dispute that the physical conditions of each country, as well as the number and kinds of its inhabitants, have undergone many mutations.

 

Dedicaré este capítulo a la consideración de diversas objeciones que se han presentado contra mis opiniones, pues algunas de las discusiones precedentes pueden de este modo quedar más claras; pero sería inútil discutir todas las objeciones, pues muchas han sido hechas por autores que no se han tomado la molestia de comprender el asunto. Así, un distinguido naturalista alemán ha afirmado que la parte más débil de mi teoría es que considero todos los seres orgánicos como imperfectos: lo que realmente he dicho yo es que todos no son tan perfectos como podían haberlo sido en relación a sus condiciones de vida, y prueban que esto es así las muchas formas indígenas de diferentes partes del mundo que han cedido su lugar a invasores extranjeros. Además, los seres orgánicos, aun en caso de que estuviesen en algún tiempo perfectamente adaptados a sus condiciones de vida, tampoco pudieron haber continuado estándolo cuando cambiaron éstas, a menos que ellos mismos cambiasen igualmente, y nadie discutirá que las condiciones de vida de cada país, lo mismo que el número y clases de sus habitantes, han experimentado muchos cambios.

 

 

La naturaleza, que era extraordinaria en Sudamérica, permitía  que los invasores extranjeros tomasen el lugar de los indígenas. Un nuevo mundo permitía unos nuevos ideales no ya epicúreos, puesto que los epicúreos no admiten dios alguno, sino neo-epicureos, mediante los cuales dios estaba en la naturaleza.

El último párrafo de El Origen de las Especies está según Wulf inspirado en Humboldt. Quien lo lea podrá apreciar un panteísmo que hemos comparado aquí con el epicureísmo que criticaba Cicerón en su obra. ¿Dónde podrá estar dios alguno si la cosa más elevada que somos capaces de concebir, o sea la producción de los animales superiores, resulta directamente de la guerra de la naturaleza, del hambre y de la muerte?.

Esto dice literalmente Darwin en el párrafo final de su obra:

It is interesting to contemplate a tangled bank, clothed with many plants of many kinds, with birds singing on the bushes, with various insects flitting about, and with worms crawling through the damp earth, and to reflect that these elaborately constructed forms, so different from each other, and dependent upon each other in so complex a manner, have all been produced by laws acting around us. These laws, taken in the largest sense, being Growth with reproduction; Inheritance which is almost implied by reproduction; Variability from the indirect and direct action of the conditions of life, and from use and disuse; a Ratio of Increase so high as to lead to a Struggle for Life, and as a consequence to Natural Selection, entailing Divergence of Character and the Extinction of less improved forms. Thus, from the war of nature, from famine and death, the most exalted object which we are capable of conceiving, namely, the production of the higher animals, directly follows. There is grandeur in this view of life, with its several powers, having been originally breathed by the Creator into a few forms or into one; and that, whilst this planet has gone circling on according to the fixed law of gravity, from so simple a beginning endless forms most beautiful and most wonderful have been, and are being evolved.

 

Es interesante contemplar un enmarañado ribazo cubierto por muchas plantas de varias clases, con aves que cantan en los matorrales, con diferentes insectos que revolotean y con gusanos que se arrastran entre la tierra húmeda, y reflexionar que estas formas, primorosamente construidas, tan diferentes entre sí, y que dependen mutuamente de modos tan complejos, han sido producidas por leyes que obran a nuestro alrededor. Estas leyes, tomadas en un sentido más amplio, son: la de crecimiento con reproducción; la de herencia, que casi está comprendida en la de reproducción; la de variación por la acción directa e indirecta de las condiciones de vida y por el uso y desuso; una razón del aumento, tan elevada, tan grande, que conduce a una lucha por la vida, y como consecuencia a la selección natural, que determina la divergencia de caracteres y la extinción de las formas menos perfeccionadas. Así, la cosa más elevada que somos capaces de concebir, o sea la producción de los animales superiores, resulta directamente de la guerra de la naturaleza, del hambre y de la muerte. Hay grandeza en esta concepción de que la vida, con sus diferentes fuerzas, ha sido alentada por el Creador en un corto número de formas o en una sola, y que, mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado y se están desarrollando, a partir de un principio tan sencillo, infinidad de formas las más bellas y portentosas.

 

 

Y a pesar de mencionar ahí al Creador ha dicho también que la cosa más elevada que somos capaces de concebir, o sea la producción de los animales superiores, resulta directamente de la guerra de la naturaleza, del hambre y de la muerte. Difíciles de casar ambos conceptos. Si el materialismo se convirtió en la creencia de la Revolución Francesa, el burgués inglés, que temía a Dios, no hizo sino unirse más estrechamente a su religión. El reinado del terror en Paris ¿no había probado los resultados a que conduce la pérdida de la religión por las masas ? Mientras que la concepción extrema de la religión como algo muy bueno o muy malo ha proliferado en la sociedad llamada “civilizada” o “avanzada”, una religión más humana se mantiene en las llamadas “comunidades primitivas”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Referencias

Aranda, Conde de. 1978. 1783. Exposición del Conde de Aranda al rey Carlos III sobre la conveniencia de crear reinos independientes en América. Citado en Actas del Congreso de Historia de los Estados Unidos. Servicio de Publicaciones del Ministerio de Educación y Ciencia.

Ciceron, Marco Tulio. 1998 (45 a.C). Sobre la Naturaleza de los Dioses. Alba libros.

 

 

 

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Una crónica del Gran Imperialismo. Comentario del libro Papeles de Karukinka, de Domingo Lloris Samo

 

 

 

 

 

 

 

El Duchess of Albany era un clíper de tres palos nombrado en honor de la princesa Helena Federica Augusta hija de Jorge Víctor, príncipe de Waldeck-Pyrmont y Elena de Nassau, nacida el 17 de febrero de 1861 en Arolsen (Alemania) y fallecida el 1 de septiembre de 1922 en el Tirol. La duquesa estaba casada con Leopold George Duncan, Duque de Albany, séptimo hijo de la Reina Victoria I de Inglaterra.

El barco, construido en  1884 por T. Royden & Son, de Liverpool, para la compañía naviera W. and R. Wright, contaba en su tripulación con veintiocho marinos al mando del capitán John Wilson. En su mascarón de proa una imagen representaba a la duquesa de Albany. Procedente de Liverpool llegó  al puerto de Río de Janeiro de donde zarpó el 20 de junio de 1893 con destino a Valparaíso (Chile), pero dos semanas después, el 13 de julio de 1893, naufragó por razones desconocidas a unos 700 metros de la desembocadura del río Luz, isla Grande de Tierra del Fuego (Argentina). Todos los tripulantes salieron ilesos.

Domingo Lloris Samo,  oceanógrafo y autor del libro Ictiofauna marina, publicado en 2006, y más recientemente del Anecdotario y vivencias de un Ictiólogo (Anacefaleosis, 1971 – 2018), tiene cosas que contar más allá de las que  se refieren directamente al ejercicio de su profesión. A lo largo de una estancia en Argentina y en el curso de una provechosa visita a una librería de viejo en la calle Rivadavia, de Buenos Aires, adquirió una serie de volúmenes a los que ha sacado un gran partido. La utilidad de algunos de ellos es bien conocida, de otros intentaremos describirla en lo que sigue, un tercer grupo quedará para estudios posteriores que esperamos el autor podrá llevar a feliz término.

En el prefacio de los papeles de Karukinka cuenta el autor sus adquisiciones en la mencionada librería. Se trata de los volúmenes siguientes 1) una biografía de Esteban Lucas Bridges, titulada: El último confín de la Tierra; 2) un pequeño libro de bolsillo, de Julián I. Ripa, (Recuerdos de un maestro patagónico); 3) ocho volúmenes de la Histoire Naturelle des Poissons, del zoólogo francés Bernard de Lacépède, publicados en 1830 y 4) tres cuadernos con textos manuscritos en inglés, que formaban un atado junto a unas oscuras láminas …

Es seguro que los libros de Lacépède han sido de gran utilidad al autor para el ejercicio diario de su profesión así como en la redacción de su Ictiofauna marina. Con respecto al libro de relatos de Julián I. Ripa (Recuerdos de un maestro patagónico) y la biografía de Esteban Lucas Bridges, hijo del reverendo Thomas Bridges, esperamos tener más noticias en próximas obras del autor, aunque esta última ya aparece oportunamente citada en numerosas ocasiones a lo largo del relato que comentaré a continuación. A los textos manuscritos en inglés contenidos en los tres cuadernos nos referiremos ahora pues forman la base de Los papeles de Karukinka.

Las dos primeras partes son el diario de Edouard Courtney, segundo oficial del barco, después del naufragio. La tercera parte, ya en las páginas finales del libro, es obra de Tomás Monserrat, español que había embarcado como marinero en Liverpool.

El primer cuaderno de bitácora está comprendido entre las páginas 17 y 96. Comienza con la descripción del naufragio que tuvo lugar el día jueves, día 13 de Julio de 1893, y se extiende hasta el mes de septiembre del mismo año. En estos días se describe la incorporación de los dos supervivientes en una población de indígenas de una comunidad selk’nam del cielo del este o Wintek; los cuidados que Tenenesk, el chamán, dispensó al señor Monserrat, herido en una pierna durante el naufragio y cuyo conocimiento del español fue básico para establecer el contacto y sus primeras experiencias en las costumbres de comunicación, caza, recolección y otros aspectos iniciales de la convivencia  con los nativos.

El segundo cuaderno de bitácora (páginas 97 a 260) comprende  el periodo comprendido entre los primeros días de septiembre de 1893 y julio de 1895. Incluye los avatares de la vida en Karukinka, la pesca, la construcción de un fuelle y una fragua, elaboración de cuchillos y los matrimonios de Eduard y Tomás con sendas nativas, Aluxán y Koilah, así como el asedio constante a que se encuentran sometidos por la presión de los nuevos colonizadores.

El historiador Vicens Vives denominó a la segunda mitad del siglo XIX como el periodo del Gran Imperialismo y fue en enormes regiones de los cinco continentes en donde se vieron sus efectos: transformaciones de proporciones gigantescas fruto de la capacidad de gestión de los grandes capitales. A diferencia de los Estados Unidos de América, en donde la colonización de fue  llevada a cabo en gran medida por familias y pequeños propietarios, enormes parcelas en Sudamérica (Chile y Argentina) fueron vendidas a grandes empresas para dedicarlas a la agricultura, a la ganadería y a la minería. Quienes sufrieron los cambios fueron los habitantes de estas tierras al tener que someterse a unas reglas de convivencia completamente nuevas, así como desconsideradas y enormemente perjudiciales para su vida y tradiciones.

Los papeles de Karukinka tiene el aire de un clásico de aventuras, uno de aquellos relatos cuyos autores, como por ejemplo Mayne Reid, tenían la debida formación en historia natural para ir describiendo el territorio y oportunamente dedicando párrafos a las especies de sus plantas y animales. La diferencia de estos relatos, en su mayoría anglosajones, con los papeles de Karukinka estriba en el trato dado a los habitantes de los países visitados por el viajero. Por lo general, para la cultura anglosajona imperante, los habitantes de los bosques o de las estepas de África o Sudamérica eran razas inferiores, subdesarrolladas. En su libro titulado “Sobre la libertad” John Stuart Mill (1806-1873) lo había expresado de manera contundente:

“Casi es innecesario decir que esta doctrina es sólo aplicable a seres humanos en la madurez de sus facultades. No hablamos de los niños ni de los jóvenes que no hayan llegado a la edad que la ley fije como la de la plena masculinidad o feminidad. Los que están todavía en una situación que exige sean cuidados por otros, deben ser protegidos contra sus propios actos, tanto como contra los daños exteriores. Por la misma razón podemos prescindir de considerar aquellos estados atrasados de la sociedad en los que la misma raza puede ser considerada como en su minoría de edad. Las primeras dificultades en el progreso espontáneo son tan grandes que es difícil poder escoger los medios para vencerlas; y un gobernante lleno de espíritu de mejoramiento está autorizado para emplear todos los recursos mediante los cuales pueda alcanzar un fin, quizá inaccesible de otra manera. El despotismo es un modo legítimo de gobierno tratándose de bárbaros, siempre que su fin sea su mejoramiento, y que los medios se justifiquen por estar actualmente encaminados a ese fin. La libertad, como un principio, no tiene aplicación a un estado de cosas anterior al momento en que la humanidad se hizo capaz de mejorar por la libre y pacífica discusión. Hasta entonces no hubo para ella más que la obediencia implícita a un Akbar o a un Carlomagno, si tuvo la fortuna de encontrar alguno.”

Pero este punto de vista, que es el de Thomas Malthus, de Adam Smith, de Herber Spencer, y de Charles Darwin tiene su fecha de caducidad y es de esperar que el respeto por quienes viven de una manera diferente prevalezca, aunque en la mayoría de los casos sea ya tarde. Así, al final del domingo día seis de agosto de 1893 encontramos esta sentencia a modo de síntesis:

Creo que tanto Tomás como yo mismo, habíamos tocado con la punta de los dedos la naturaleza en su estado puro y ésta nos había prendido más allá de nuestra consciencia.

El relato abunda en las descripciones de la historia natural de la región, animales y plantas así como en las tradiciones y costumbres de los selk’nam.  Invita a leer más y a preocuparse por la historia de una enorme región geográfica en el momento en  que tomó un giro precipitado perjudicando a quienes eran diferentes por el mero hecho de serlo.

 

 

 

 

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¿Quo vadis, Huxley? El darwinismo como religión

 

 

 

 

 

 

 

En contra de la opinión pública, la aportación principal del darwinismo no es la evolución, que es anterior, ni tampoco la selección natural, producto de varios errores consecutivos. Se trata de un conjunto de herramientas en contra de la idea de diseño en la naturaleza. Esa es su principal aportación.

Fracasado como teoría científica, el darwinismo se viene proponiendo desde su origen y con los años, como religión, demostrando así una nueva y sorprendente salida para algunas hipótesis rechazadas de la ciencia. A tal fin, algunos de sus representantes principales adquieren un aspecto semejante al de los antiguos profetas bíblicos. Darwin y Haeckel aparecen con grandes barbas en actitudes semejantes a las de sus contemporáneos Marx y Engels, profetas de una de las tendencias principales del darwinismo que es el marxismo. Mirando atrás, lejos en el tiempo, todos ellos recuerdan vivamente a Isaías o Jeremías en sus representaciones clásicas y barrocas.

El protagonista del cuadro de Rembrandt titulado “Jeremías lamentando la destrucción de Jerusalén”, en actitud postrada, nos recuerda a Charles Darwin, quien bien podría haber caído en depresión en el caso de conocer el destino y la relevancia posterior de sus escritos impulsados por la enérgica mano de los Huxley, abuelo y nieto. De haber previsto las aspiraciones religiosas de sus seguidores, seguramente Darwin habría soltado con voz poderosa la expresión que da título a esta obra:

- Quo vadis, Huxley?

Versión del Editor, PDF gratis Aquí

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La Nave de los Locos: El Origen de las Especies a la Luz de la Nueva Retórica

 

La nave de los locos, además de un famoso cuadro de El Bosco, es el título de una obra del teólogo, jurista y humanista Sebastian Brand publicada en Basilea en 1494. En sus páginas dice:

The world loves to be deceived.
(El mundo se complace en ser engañado)

Afirmación confirmada en los últimos ciento sesenta años por el éxito de la obra de Darwin titulada Sobre el Origen de las Especies por medio de la Selección Natural o la supervivencia delas Razas Favorecidas en la Lucha por la Vida.

La palabra oxímoron procede de la combinación de los vocablos griegos Oxi, agudo y Môron: locura, e indica la cualidad de una expresión que no tiene significado alguno por consistir en la combinación de dos términos incompatibles. Oxímoron son aduaneros sin fronteras, banca amiga, desarrollo sostenible y cientos de expresiones en las que la presencia de un término anula el significado del otro.

Pero a pesar de su incompetencia semántica los oxímora han proliferado en las últimas décadas porque tienen una utilidad notable para el control social que consiste en su capacidad de alienación afirmando la capacidad de un interlocutor para someter al otro.

Herramientas de disciplina social basadas en la destrucción del lenguaje, los oxímora son particularmente abundantes en las áreas de Economía y Biología. Las obras fundamentales de dos pilares de estas disciplinas, Carlos Marx y Carlos Darwin, se basan en sendos oxímoron que son respectivamente La dictadura del proletariado y la selección natural.

Para hacer pasar un oxímoron por teoría científica hace falta cometer muchos errores, pero lo mismo que Pulgarcito dejaba un rastro de garbanzos para encontrar el camino de su casa, en este libro hemos seguido el rastro de los errores dejados por Carlos Darwin para descubrir su oxímoron fundamental: La Selección Natural.

El libro La Nave de los Locos: El Origen de las Especies a la Luz de la Nueva Retórica, de Emilio Cervantes y Guillermo Pérez Galicia puede descargarse gratis aquí:

http://www.darwinodi.com/gratis/pdfs/978-1981532117.pdf

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Hoy, 18 de enero de 2016

Ayer  nos enviaba Víctor Pacheco desde Venezuela tres videos bien interesantes.  En ellos  se advertía de los riesgos del abuso del lenguaje. El abuso del lenguaje y su contaminación con eufemismos, oxímoron, obrepciones y subrepciones, es algo habitual en nuestros días. Empero, no por ser algo frecuente deja de ser peligrosísimo. El abuso del lenguaje conduce a  la incomunicación, pero para el totalitarismo es, asímismo, una herramienta de dominación.

En el video de hoy, también enviado por Víctor Pacheco y realizado por el mismo equipo de uno de los anteriores, se nos presenta una posible situación en un mundo corrmpido por un lenguaje inútil y viciado. ¿Nos encontramos lejos de esa situación? Algunos diríamos que ya hemos pasado por ahí o por situaciones semejantes…

 

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Unos videos sobre corrección política, educación progre y otros nuevos oxímoron

Víctor Pacheco desde Venezuela nos envía estos vídeos:

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De ellos hemos obtenido algunos nuevos oximoron:

Ajuste fiscal
Corrección política
Daños colaterales
Edad mental
Educación progre
Hegemonía humana
Igualdad de género
Juegos de la política
Multiculturalismo
Pais en desarrollo
Reacomodo laboral

Que pueden ver ya incorporados en las páginas correspondientes de nuestro diccionario:

Diccionario de Fantasmas Semánticos (A-E): del Accidente Premeditado a lo Extremadamente moderado pasando por la Competición Democrática

 

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Algunas características de la épica ilustradas con ejemplos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  1. Abundancia de Epítetos, metáforas y comparaciones

Atenea, la de ojos de lechuza

Aquiles, el de los pies ligeros

El anciano Néstor

Natural Selection, as we shall hereafter see, is a power incessantly ready for action

 2.       Prosopopeya, personificación:

Zeus que ordena las nubes

Organs, originally formed by the aid of natural selection, when rendered useless may well be variable, for their variations can no longer be checked by natural selection.

…so in a state of nature natural selection will be enabled to act on and modify organic beings at any age, by the accumulation of variations profitable at that age, and by their inheritance at a corresponding age……….

3.  Exaltación de la lucha:

As the individuals of the same species come in all respects into the closest competition with each other, the struggle will generally be most severe between them; it will be almost equally severe between the varieties of the same species, and next in severity between the species of the same genus.

 

The store of nutriment laid up within the seeds of many plants seems at first sight to have no sort of relation to other plants. But from the strong growth of young plants produced from such seeds, as peas and beans, when sown in the midst of long grass, it may be suspected that the chief use of the nutriment in the seed is to favour the growth of the seedlings, whilst struggling with other plants growing vigorously all around.

 

4. La Figura del héroe: El superviviente único

Ulises, que sobrevivió los diez años que duró la guerra de Troya y otros diez que transcurrieron desde el fin de la guerra hasta su llegada a Ítaca.

This preservation of favourable individual differences and variations, and the destruction of those which are injurious, I have called Natural Selection, or the Survival of the Fittest. Variations neither useful nor injurious would not be affected by natural selection, and would be left either a fluctuating element, as perhaps we see in certain polymorphic species, or would ultimately become fixed, owing to the nature of the organism and the nature of the conditions.

5. Los orígenes: El superviviente único procede de un árbol filogenético.

 

 

 

 

 

 

 

Y no se olviden del caballo, que en el Origen de las Especies aparece 77 veces y de la espada que también aparece.

 

Con mi agradecimiento a Guillermo Pérez Galicia por ayudarme a entender El Origen de las Especies.

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La épica en el Origen de las Especies

 

 

 

 

 

 

 

 

La literatura épica constituye un género especial muy diferente de los géneros científicos o didácticos al uso. Su finalidad, lejos de describir fenómenos naturales o de plantear hipótesis científicas, consiste en conmover, emocionar al lector para cambiar sus esquemas mentales.

La lectura de El Origen de las Especies realizada en este blog a lo largo de los años y el análisis retórico de esta obra ha permitido obtener como conclusión que El Origen de las Especies es, como la Iliada o la Eneida, un clásico de la épica.

Entre los detalles que confirman esta conclusión encontramos la presencia de los elementos característicos, los símbolos propios de este estilo literario, el caballo y la espada.

¿Saben ustedes cuántas veces aparece la palabra caballo en El Origen de las Especies?  Setenta y siete.

Lógico, dirán algunos. El caballo es una especie y el libro trata sobre el origen de las especies. Puede ser, pero eso no justifica setenta y siete citas.

Y entonces…¿ la espada? Se preguntarán otros ¿Cuántas veces aparece la espada, el otro gran símbolo de la épica en El Origen de las Especies? Sólo una, pero impresionante. Dice:

The males of carnivorous animals are already well armed; though to them and to others, special means of defence may be given through means of sexual selection, as the mane of the lion, and the hooked jaw to the male salmon; for the shield may be as important for victory as the sword or spear.

 

Los machos de los carnívoros están siempre bien armados, aun cuando a ellos y a otros pueden ser dados medios especiales de defensa mediante la selección natural, como la melena del león o la mandíbula ganchuda del salmón macho, pues tan importante puede ser para la victoria el escudo como la espada o la lanza.

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Substituto de la religión: Una interpretación parcialmente correcta del El Origen de las Especies por Juan Benet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Benet, que no había leído el Origen de las Especies, se refería en una entrevista a la Ciencia como Aparato de Convicciones.

En su libro titulado Londres Victoriano, este autor dedica unos párrafos memorables al Origen de las Especies, libro que, repetimos, no había leído, y por tanto no podía entender.

No obstante acierta en algunos de sus comentarios y destaca realmente lo que es esta obra: Un acontecimiento capital de la Época victoriana.  Empero, se equivoca al decir que el libro resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas. No hay ni una sola investigación biológica original en este libro.

Acierta plenamente en otros puntos de los que resumimos dos:

  1. El libro estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo
  2. Suponía la destrucción de los fundamentos de la religión, del Estado, de la familia y del orden social.

 

Pero lean ustedes estos párrafos, obra cumbre de la escritura sintética, por si pudiese habérsenos escapado algún otro aspecto importante, que seguro será digno de mención y crítica en posteriores ocasiones. Y fíjense sobre todo en los errores y en los aciertos al hablar de El Origen de las Especies, un libro, dice,… que resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas, lo cual es falso…y que estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo al desplazar las doctrinas mítico-religiosas y ocupar con una teoría científica el hueco dejado por ellas. Y esto último es cierto a medias, un libro destinado a desplazar una serie de doctrinas mítico-religiosas, cierto. Pero con… ¿con una teoría científica? No. Eso no es posible. Las doctrinas mítico-religiosas sólo pueden ser reemplazadas por otras doctrinas mítico-religiosas. Se equivoca de nuevo Benet. En el libro de Darwin no había teoría científica ni formulación lógica alguna.

Como bien dice al final de estos párrafos,  se trataba de algo que habían entendido bien las mentes ortodoxas-y las anglicanas, las más fieras. Se trataba  de sentar las bases para la destrucción de los fundamentos de la religión del Estado, de la familia y del orden social. Lo dicho. Lean, piensen y comenten…

….Comienza la cita de Londres victoriano…

Ciertamente, en sus últimos años Alberto había podido asistir a una auténtica erupción de la energía, del talento y del coraje de su pueblo; a un renacimiento —por segunda vez en el siglo— de la ciencia, de la industria y del arte. Cuando en el último cuarto de siglo Oscar Wilde acuñó el concepto de “Renacimiento inglés”, como tema central de sus conferencias en Gran Bretaña y Estados Unidos se estaba sin duda refiriendo a las grandes señales que había en la década de su nacimiento. En el año 1858 se procedió a la botadura del Great Eastern, un monstruo de hierro de 20 000 toneladas de desplazamiento, sólo superado en el siglo XX, que podía transportar 4 000 pasajeros alojados en cinco cubiertas y depositarlos al otro lado del Atlántico en cuatro días de navegación, aunque nunca llegó a hacerlo; Wallace y Darwin impartían sus primeras lecciones sobre la selección natural que apenas despertaron unas pocas controversias entre los especialistas: Maxwell enunciaba las leyes del campo electromagnético. Thompson, posteriormente lord Kelvin, definía los límites térmicos del universo. En aquellos años Dickens publica Tiempos difíciles, Pequeña Dorrit, La historia de dos ciudades y Grandes esperanzas; George Eliot, las Escenas de la vida clerical, Silas Marner y Adam Bede; Stevenson, La isla del tesoro, y De Quincey, la versión final de Las confesiones de un opiómano inglés: Fitzgerald,  la traducción de Rubbaiyat de Ornar Khayyam, y Morris, La defensa de Guenevere al tiempo que funda su compañía de textiles. Millais pinta Sir Isumbras, Vale of Rest y Autumn Leaves. Whistler At the Piano; Scott construye la capilla del colegio de Exeter. Stevens el monumento a Wellington y Landseer los leones de la columna de Nelson, un aditamento que en lo sucesivo se considerará obligado para toda clase de parlamentos, puentes, bancos y muscos. Speke descubre y explora el lago Nyanza y Livingstone el Nyassa; Stanley, en busca de este último, descubre las fuentes del Nilo.

Pero sin duda el acontecimiento capital de entonces fue la publicación por Darwin de El Origen de las Especies, un libro que resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas y que estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo al desplazar las doctrinas mítico-religiosas y ocupar con una teoría científica el hueco dejado por ellas.

No es fácil imaginar hoy en día una polémica que se trasladó hacia los principios morales y religiosos en que reposaba la sociedad en lugar de centrarse sobre los hechos o las familias de hechos estudiados por Darwin y reunidos todos en una única y lógica formulación. En el pasado, la ciencia era una actividad un tanto marginal y esotérica, casi una actividad de brujos, sus hallazgos sólo tenían una limitada aplicación en la vida social, y de hecho la ciudad y el campo podían vivir ajenos a ellos, y si sus teorías chocaban con las doctrinas oficiales bastaba con declararlas heréticas y dejar que siguiera el curso de la historia. Pero la Ilustración, los progresos y descubrimientos  científicos de los siglos XVIII y XIX y la Revolución Industrial, habían hecho de la ciencia, sobre todo de la experimental, uno de los pilares de la sociedad, tan imprescindible como los otros. En tiempos de Darwin, un conflicto entre ciencia y doctrina ofrecía ya pocas posibilidades de componendas y obligaba a elegir. La teoría de la evolución fue recibida con horror por las mentes ortodoxas-y las anglicanas, las más fieras- persuadidas de que cualquier hipótesis contraria a la creación del mundo por seis actos de potestad divina en seis días de una semana muy cargada de trabajo, suponía la destrucción de los fundamentos de la religión del Estado, de la familia y del orden social.

…Fin de la cita.

 

Bibliografía

Benet, J. 1989. Londres victoriano. Editorial Planeta. Barcelona.

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Decididamente Darwin se opone a la idea de Diseño: Algunas opiniones al respecto.

Son muchos entre los lectores de El Origen de las Especies los que detectaron su objetivo de ir en contra de la idea de diseño. Ya vimos por ejemplo la interpretación del Reverendo Charles Hodge en su libro “What is darwinism?” .

Otro lector con interpretación semejante es más conocido y menos religioso. Se trata de Henry James, quien había estado en la casa del naturalista inglés, no sabemos si tomando el té o no, tal vez sí. Y por lo tanto tal vez fuese ahí, en Down, en la casa de Darwin, tomando el té en donde se inspiró para escribir aquel párrafo memorable en el que relacionaba la moral de los ingleses con el té, identificándolos.

Pues bien, Henry James, amigo de Darwin había dicho de su obra que con ella se había eliminado de una vez por todas el diseño de la mente de los científicos:“has once for all displaced design from the minds of the ‘scientific”.

Que hubiese podido ocurrir esto sería difícil de entender sin una ayuda. Pero Henry James sabía lo que decía.  Según indica Kristin Boudreau James sospechaba de la autoridad institucional, aceptando las ideas por su utilidad más que por el status de sus fuentes:

 

James was cheerfully suspicious of institutional authority, accepting ideas because of their usefulness rather than because of the status of their sources.

 

En España un lector de Darwin que se  percató de su intención fue Cánovas del Castillo, quien en un discurso indicó que Darwin se proponía hacer inútil la idea de Dios.

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