Archivo para la categoría ‘von Baer’

Palimpsestos darwinistas

 

 

 

 

 

 

 

 

Karl Ernst von Baer (1792-1876)

 

El palimpsesto es una obra escrita o dibujada sobre otra obra más antigua, a veces con la simple finalidad de aprovechar un pedazo de papel, papiro o pergamino, es decir, utilización del soporte.

Los textos de los grandes gestores sociales del siglo XIX, Marx, Engels, Darwin, encierran entre sus páginas restos de obras importantes,  que no son suyas, dando testimonio a la posteridad de que, además del firmante, por lo general pretencioso y pesado,  hubo otras personas que pensaron y escribieron antes que él de manera diferente y mejor, más brillante.  Precisamente por eso la suerte les fue menos propicia. Los triunfadores siempre están a lomos de otros que son los proscritos de la historia.

El darwinismo está lleno de estos ejemplos como es el caso de Karl Ernst von Baer, el fundador de la embriología, de cuya existencia sabemos precisamente por las páginas web y los libros del darwinismo que él combatió. Lo que sabemos nos lo han dado con cuenta-gotas quienes no supieron apreciarlo y es, por lo tanto, esquemático. Sabemos que era un gran científico, que descubrió el óvulo humano y que tuvo mucho que decir, pero tal vez por eso mismo, sus escritos no han tenido la fortuna de otros, que sin tener nada que decir,  o tan sólo por complicar la vida del lector,  se han difundido espléndidamente.  Esperamos que algún día se publiquen sus cartas a Darwin, páginas en blanco de difícil justificación en ese gran proyecto de la Correspondencia de Darwin.  Y también esperamos que algún día alguien traduzca al inglés su obra Über Entwickelungsgeschichte der Thiere. Beobachtung und Reflexion.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Robert Fitz Roy (1805-1865)

En relación con este fenómeno de los proscritos, de los maltratados de la historia cuya obra sólo aparece cual palimpsesto a la sombra de la de otros que no les llegaban ni a la suela del zapato,  hay también algún caso trágico. Al parecer, en el famoso debate en Oxford sobre El Origen de las Especies, quien fuera capitán del Beagle, y entonces vice-almirante, Robert Fitz Roy  se mostró contrario al libro de Darwin al que Huxley defendió.  Levantando una Biblia sobre su cabeza, Fitz Roy pidió a la audiencia que creyeran en Dios en lugar de creer en el hombre.

Una vez establecido en Londres, Fitz Roy fue el primer meteorólogo de la Historia, profesión entonces de alto riesgo.  Debido a la dificultad de los pronósticos acabó teniendo, sobre la misma cabeza que sostuvo la Biblia en el debate de Oxford, serios problemas que aparentemente resolvió cortándose el cuello con su cuchilla de afeitar.

Pero quien nos había motivado a escribir hoy sobre ruinas y palimpsestos no era Fitz Roy ni von Baer, sino Dühring.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Karl Eugen Dühring (1833-1921)

Karl Eugen Dühring (1833-1921) es quien da nombre a la exposición de la Teoría marxista de Frederic Engels que se titula precisamente Anti-Dühring. De esta obra podemos encontrar multitud de ediciones en todos los idiomas, pero será mucho más difícil encontrar alguna muestra de la obra que le sirvió de inspiración. Una lástima porque la lectura de los fragmentos que Engels salvó para la posteridad promete. Así tenemos, por ejemplo:

“Darwinian semi-poetry and dexterity in metamorphosis, with their coarsely sentient narrowness of comprehension and blunted power of differentiation  … In our view what is specific to Darwinism, from which of course the Lamarckian formulations must be excluded, is a piece of brutality directed against humanity.”

 

La semipoesía y el truco de las metamorfosis darwinistas, con su grosera estrechez de concepción y su embotada capacidad de distinguir… En nuestra opinión, el darwinismo propiamente dicho, del que hay que distinguir, naturalmente, la concepción lamarckiana, es una pieza de brutalidad dirigida contra la humanidad.

 

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Lo que ha quedado establecido en el párrafo septingentésimo quincuagésimo primero de El Origen de las Especies

No tenemos tan claro como el autor que lo que dice que ha quedado establecido haya quedado en realidad establecido. Una cosa es que se haya dicho algo, otra cosa que se haya demostrado. Así por ejemplo donde dice:

 

Ha quedado establecido ya que diversas partes del mismo individuo que son exactamente iguales durante un período embrionario temprano se vuelven muy diferentes y sirven para usos muy distintos en estado adulto.

 

Nos gustaría saber en dónde ha quedado eso establecido. Pero más nos gustaría saber en dónde ha quedado esto otro demostrado:

 

También se ha demostrado que generalmente los embriones de las especies más diferentes de la misma clase son muy semejantes; pero se vuelven muy diferentes al desarrollarse por completo

 

Desde luego no pretenderá el autor hacernos creer que una afirmación tomada al vuelo, por muy de von Baer que sea va a servir como demostración de nada. Lástima que no indique, según su costumbre, de dónde ha tomado estas sentencias de von Baer.

 

 

751.

 

It has already been stated that various parts in the same individual, which are exactly alike during an early embryonic period, become widely different and serve for widely different purposes in the adult state. So again it has been shown that generally the embryos of the most distinct species belonging to the same class are closely similar, but become, when fully developed, widely dissimilar. A better proof of this latter fact cannot be given than the statement by Von Baer that “the embryos of mammalia, of birds, lizards and snakes, probably also of chelonia, are in the earliest states exceedingly like one another, both as a whole and in the mode of development of their parts; so much so, in fact, that we can often distinguish the embryos only by their size. In my possession are two little embryos in spirit, whose names I have omitted to attach, and at present I am quite unable to say to what class they belong. They may be lizards or small birds, or very young mammalia, so complete is the similarity in the mode of formation of the head and trunk in these animals. The extremities, however, are still absent in these embryos. But even if they had existed in the earliest stage of their development we should learn nothing, for the feet of lizards and mammals, the wings and feet of birds, no less than the hands and feet of man, all arise from the same fundamental form.” The larvae of most crustaceans, at corresponding stages of development, closely resemble each other, however different the adults may become; and so it is with very many other animals. A trace of the law of embryonic resemblance occasionally lasts till a rather late age: thus birds of the same genus, and of allied genera, often resemble each other in their immature plumage; as we see in the spotted feathers in the young of the thrush group. In the cat tribe, most of the species when adult are striped or spotted in lines; and stripes or spots can be plainly distinguished in the whelp of the lion and the puma. We occasionally, though rarely, see something of the same kind in plants; thus the first leaves of the ulex or furze, and the first leaves of the phyllodineous acacias, are pinnate or divided like the ordinary leaves of the leguminosae.

 

Ha quedado establecido ya que diversas partes del mismo individuo que son exactamente iguales durante un período embrionario temprano se vuelven muy diferentes y sirven para usos muy distintos en estado adulto. También se ha demostrado que generalmente los embriones de las especies más diferentes de la misma clase son muy semejantes; pero se vuelven muy diferentes al desarrollarse por completo. No puede darse mejor prueba de este último hecho que la afirmación de Von Baer que «los embriones de mamíferos, aves, saurios y ofidios, y probablemente de quelonios, son sumamente parecidos en sus estados más tempranos, tanto en conjunto como en el modo de desarrollo de sus partes; de modo que, de hecho, muchas veces sólo por el tamaño podemos distinguir los embriones. Tengo en mi poder dos embriones en alcohol, cuyos nombres he dejado de anotar, y ahora me es imposible decir a qué clase pertenecen. Pueden ser saurios o aves pequeñas, o mamíferos muy jóvenes: tan completa es la semejanza en el modo de formación de la cabeza y tronco de estos animales. Las extremidades faltan todavía en estos embriones; pero aunque hubiesen existido en el primer estado de su desarrollo, no nos habrían enseñado nada, pues los pies de los saurios y mamíferos, las alas y los pies de las aves, lo mismo que las manos y los pies del hombre, provienen de la misma forma fundamental». Las larvas de la mayor parte de los crustáceos, en estado correspondiente de desarrollo, se parecen mucho entre sí, por muy diferentes que sean los adultos, y lo mismo ocurre con muchísimos otros animales. Algún vestigio de la ley de semejanza embrionaria perdura a veces hasta una edad bastante adelantada; así, aves del mismo género o de géneros próximos muchas veces se asemejan entre sí por su plumaje de jóvenes, como vemos en las plumas manchadas de los jóvenes del grupo de los tordos. En el grupo de los félidos, la mayor parte de las especies tienen en los adultos rayas o manchas formando líneas, y pueden distinguirse claramente rayas o manchas en los cachorros del león y del puma. Vernos algunas veces, aunque raras, algo de esto en las plantas: así, las primeras hojas del Ulex o tojo, y las primeras hojas de las acacias que tienen filodios, son pinnadas o divididas como las hojas ordinarias de las leguminosas.

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Un problema complicadísimo en el párrafo sexcentésimo décimo primero del Origen de las Especies

El autor no es un naturalista profesional como lo eran von Baer, Agassiz o Richard Owen. Tampoco es académico y por eso, aunque a menudo se refiere a estos autores, sus preguntas van mucho más allá de los límites de la ciencia, cayendo de lleno dentro de la metafísica:

 

 

¿Quién decidirá si una gibia es superior a una abeja, insecto que el gran von Baer cree que es «de hecho de organización superior a la de un pez, aunque de otro tipo»?

 

Lo que el autor está haciendo constantemente es utilizar la ciencia en favor de una ideología. Sectarismo.

 

 

611

The problem whether organisation on the whole has advanced is in many ways excessively intricate. The geological record, at all times imperfect, does not extend far enough back to show with unmistakable clearness that within the known history of the world organisation has largely advanced. Even at the present day, looking to members of the same class, naturalists are not unanimous which forms ought to be ranked as highest: thus, some look at the selaceans or sharks, from their approach in some important points of structure to reptiles, as the highest fish; others look at the teleosteans as the highest. The ganoids stand intermediate between the selaceans and teleosteans; the latter at the present day are largely preponderant in number; but formerly selaceans and ganoids alone existed; and in this case, according to the standard of highness chosen, so will it be said that fishes have advanced or retrograded in organisation. To attempt to compare members of distinct types in the scale of highness seems hopeless; who will decide whether a cuttle-fish be higher than a bee—that insect which the great Von Baer believed to be “in fact more highly organised than a fish, although upon another type?” In the complex struggle for life it is quite credible that crustaceans, not very high in their own class, might beat cephalopods, the highest molluscs; and such crustaceans, though not highly developed, would stand very high in the scale of invertebrate animals, if judged by the most decisive of all trials—the law of battle. Beside these inherent difficulties in deciding which forms are the most advanced in organisation, we ought not solely to compare the highest members of a class at any two periods—though undoubtedly this is one and perhaps the most important element in striking a balance—but we ought to compare all the members, high and low, at two periods. At an ancient epoch the highest and lowest molluscoidal animals, namely, cephalopods and brachiopods, swarmed in numbers; at the present time both groups are greatly reduced, while others, intermediate in organisation, have largely increased; consequently some naturalists maintain that molluscs were formerly more highly developed than at present; but a stronger case can be made out on the opposite side, by considering the vast reduction of brachiopods, and the fact that our existing cephalopods, though few in number, are more highly organised than their ancient representatives. We ought also to compare the relative proportional numbers, at any two periods, of the high and low classes throughout the world: if, for instance, at the present day fifty thousand kinds of vertebrate animals exist, and if we knew that at some former period only ten thousand kinds existed, we ought to look at this increase in number in the highest class, which implies a great displacement of lower forms, as a decided advance in the organisation of the world. We thus see how hopelessly difficult it is to compare with perfect fairness, under such extremely complex relations, the standard of organisation of the imperfectly-known faunas of successive periods.

 

El problema de si la organización en conjunto ha adelantado o no, es por muchos conceptos complicadísimo. Los registros geológicos, incompletos en todos tiempos, no alcanzan lo bastante atrás para demostrar con claridad evidente que dentro de la historia conocida del mundo la organización ha avanzado mucho. Aun hoy día, considerando los miembros de una misma clase, los naturalistas no están de acuerdo en qué formas deben ser clasificadas como superiores; así, algunos consideran los selacios, por su aproximación a los reptiles en algunos puntos importantes de su conformación, como los peces superiores; otros consideran como superiores los teleósteos. Los ganoideos ocupan una posición intermedia entre los selacios y los teleósteos; estos últimos actualmente son, por su número, muy preponderantes; pero en otro tiempo existieron los selacios y ganoideos solos, y, en este caso, según el tipo de superioridad que se elija, se dirá que han adelantado o retrocedido en su organización. El intento de comparar en la escala de superioridad formas de distintos tipos parece ser vano. ¿Quién decidirá si una gibia es superior a una abeja, insecto que el gran von Baer cree que es «de hecho de organización superior a la de un pez, aunque de otro tipo»? En la complicada lucha por la vida, es muy creíble que crustáceos no muy elevados dentro de su misma clase pudieron derrotar a cefalópodos, que son los moluscos superiores, y estos crustáceos, aunque no muy elevados por su organización, estarían muy arriba en la escala de los animales invertebrados si se juzgase por la más decisiva de todas las pruebas, la ley de la lucha. Aparte de estas dificultades intrínsecas al decidir qué formas son las más adelantadas en organización, no debemos comparar solamente los miembros superiores de una clase en dos periodos -aun cuando indudablemente es éste un elemento, y quizá el más importante, al hacer una comparación-, sino que debemos comparar todos los miembros, superiores e inferiores, en los dos períodos. En una época antigua bullían en gran número los animales moluscoidales más superiores y más inferiores, o sean, cefalópodos y braquiópodos; actualmente ambos grupos están muy reducidos, mientras que otros de organización intermedia han aumentado mucho, y, en consecuencia, algunos naturalistas sostienen que los moluscos tuvieron en otro tiempo un desarrollo superior al que ahora tienen; pero del lado contrario puede señalarse un hecho más poderoso, considerando la gran reducción de los braquiópodos y el que los cefalópodos vivientes, aunque pocos en número, son de organización más elevada que sus representantes antiguos. Debemos también comparar en dos períodos los números relativos de las clases superiores o inferiores en todo el mundo; si, por ejemplo, hoy en día existen cincuenta mil especies de animales vertebrados, y sabemos que en algún período anterior existieron sólo diez mil, debemos considerar este aumento de número en la clase más elevada, que implica un gran desalojamiento de formas inferiores, como un adelanto decisivo en la organización del mundo. Vemos, así, lo desesperadamente dificultoso que es comparar con completa justicia, en relaciones tan sumamente complejas, el grado de la organización de las faunas, imperfectamente conocidas, de los sucesivos períodos.

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