Para vencer gigantes: Comentario al libro Alcohol y Cerebro de F. David Rodríguez García. Ediciones Absalón. Cádiz. 2010

Un buen libro siempre nos pone en compromisos. Desafía nuestro conocimiento mostrando sus limitaciones y puede llevarnos a parar a los desolados terrenos del mito. En el preámbulo de éste, de inexcusable lectura se indica una intención, un objetivo (p 19):
Se pretende estimular la reflexión crítica y serena sobre el uso de un compuesto dañino que nos resulta tan familiar, tan próximo y tan accesible.
Pero una vez cumplido con creces este objetivo, la lectura invita a buscar más allá y así en la contraportada leemos:
Se invita a los lectores a emprender un viaje de reflexión sosegada, despojada de prejuicios, permisividad o culpabilidad. La información, la discusión, el diálogo y el esfuerzo conjunto son nuestros aliados.
Que es casi igual pero no igual que la invitación anterior puesto que aquí se menciona además un viaje, un peculiar viaje que, además, debe de tener algo de contienda puesto que, al parecer, contamos con “aliados” ¿A dónde nos llevará David?
Cae el dogma: Nuevas respuestas a viejas cuestiones

La combinación de mutación al azar y selección natural es una de las más extrañas y estériles producciones de la ciencia. Empero, es crucial para el mantenimiento del edificio que a menudo se viene llamando “moderna teoría evolutiva” (identificado a diestro y siniestro como darwinismo).
La exaltación del azar es la cruz de una moneda de uso corriente en el darwinismo que en su cara presenta la imposibilidad de la herencia de caracteres adquiridos. Los organismos son interpretados así como entidades casi-impermeables al ambiente cuyas fuentes de variación importan poco y se basan en las extrañas teorías de Weismann, un influyente biólogo y eugenista alemán que, sin fundamento experimental alguno, proponía que la línea germinal es independiente de la somática y que la experiencia del individuo no puede influir en cambios heredables.
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Los terrenos acotados del darwinismo

En algunos textos llama la atención la insistencia de sus autores por indicar que en ellos no encontraremos argumentos en contra del darwinismo. Pero quien se excusa se acusa y…...¿Acaso no suele ser semejante aserción prueba de lo contrario que afirma? Hoy traemos aquí dos ejemplos. El primero se refiere a Donald I. Williamson, un autor de quien trataremos más detalladamente en una próxima ocasión en relación con un polémico artículo. En la introducción a su libro “The Origins of larvae” encontramos la siguiente secuencia de frases: Those who wish to attack the entire theory of evolution are unlikely to find suitable ammunition in those pages, and they should certainly not include me as their ally. Species gradually transform into other species, but this process, on its own, does not provide an adequate explanation of all aspects of evolution.
En la que resulta muy interesante ver de qué manera una frase viene a contradecir a la anterior, pero por si fuera poco, el mismo autor comienza el artículo arriba mencionado de esta forma:
Correspondencias, analogías, símbolos

En un breve ensayo titulado “Analogías y símbolos”, Mircea Elíade explica lo siguiente:
Esta coincidencia podría dar pie a innumerables especulaciones. Existiría, pues, una simpatía de naturaleza mágica entre todas las formas creadas que pertenecen a cierto medio cósmico. La humedad que produce el reumatismo ha creado, al mismo tiempo, la sustancia específica (el salicilato) que podría curarlo.
Un mundo de correspondencias y analogías mágicas. Tal como pensaba Porta, no sólo la sustancia de las plantas estaría en relación directa con cierta enfermedad, sino también su forma o la forma de sus flores, raíces y hojas.
Ciertamente, en la siguiente página de la señora Leyel encuentro otro detalle significativo:
Pobres proteínas huérfanas, ¿dónde paran vuestros genes?

El popular y controvertido boletín de noticias de Madrimasd nos indicaba recientemente los que, a juicio del prestigioso Instituto Smithsoniano serían mayores acontecimientos científicos de la última década. El primero de ellos era el siguiente:
1- La secuenciación del genoma humano: La secuenciación del genoma se ha convertido en algo bastante común, con nuevas especies que los científicos añaden poco a poco a la lista (el genoma del maíz ha sido hecho público hace un par de semanas). Pero, sin duda, el más importante fue la del genoma humano, completada en 2003, que dio a los investigadores una importante herramienta para conocer la biología humana y las enfermedades.
Empero, un artículo reciente tiene algo importante que puntualizar al respecto……Se trata del titulado “The DING family of proteins: ubiquitous in eukaryotes, but where are the genes?” por Anne Berna, Ken Scott , Eric Chabrière , François Bernier, publicado en la revista BioEssays Volume 31, Issue 5, Pages 570-580. 2009 y que a continuación se comenta.
El artículo describe las denominadas como PstS y DING que pertenecen a una superfamilia de proteínas secretadas que unen fosfato con alta afinidad. En Pseudomonas, las PstS son transportadoras de fosfato. En eucariotas, a pesar de haberse purificado más de treinta proteínas DING, no se ha encontrado ningún gen completo que codifique para ellas en las bases de datos. Ante este sorprendente resultado, los autores indican y discuten dos posibles alternativas:
Función social del científico: ¿Qué es la ciencia?, un viejo artículo de Orwell

Algunas de las cuestiones que plantea éste viejo artículo de Orwell publicado por primera vez en el diario Tribune, de Londres el 26 de octubre de 1945 son de actualidad en relación con la función social del científico. El uso ambiguo de la palabra Ciencia que sigue teniendo dos significados tan diferentes como en los tiempos de Orwell constituye todavía un grave problema. Mientras la palabra mantenga estos dos significados tan dispares, se prestará a la manipulación. Tal ambigüedad, mantenida por científicos hace imposible entenderse acerca de aspectos fundamentales de la ciencia y contribuye a ponerla en manos de intereses económicos y partidistas. El autor da algunas claves acerca de la importancia de la formación humanista del científico.
Quien quiera leerlo en su versión original en inglés puede hacerlo aquí.
¿Qué es la ciencia?
En el Tribune de la semana pasada, una interesante carta del Sr. J. Stewart Cook sugería que la mejor manera de evitar el peligro de una “jerarquía científica” consistiría en velar por que todos los miembros del público en general, en la medida de lo posible, fuesen científicamente cultos. Al mismo tiempo, los científicos deberían salir de su aislamiento y participar más en la política y la administración.
En general, creo que la mayoría de nosotros estaría de acuerdo con esto, pero me doy cuenta de que, como de costumbre, el Sr. Cook no define la ciencia, y sólo de paso, implica que se refiere a ciertas ciencias exactas, cuyos experimentos se pueden realizar bajo condiciones de laboratorio. Así, cuando al referirse a la educación de los adultos dice que tiende “a descuidar los estudios científicos en favor de temas literarios, económicos y sociales”, no considera a la economía y la sociología como ramas de la ciencia. Aparentemente. Este punto es de gran importancia. Porque la palabra ciencia en la actualidad es utilizada con, al menos, dos significados, y toda la cuestión de la educación científica es oscurecida por la tendencia actual a saltar de uno a otro.
La palabra Ciencia se toma generalmente en el sentido de (a) las ciencias exactas, tales como la química, física, etc., o (b) un método de pensamiento que obtiene resultados verificables por el razonamiento lógico de los hechos observados.
Napoleón en Egipto: Dos preguntas para la reflexión sobre la función social del científico

En su invasión de Egipto, Napoleón Bonaparte (1769-1821), se hizo acompañar de un selecto grupo de científicos para los que se dice que él mismo llegó a diseñar un uniforme especial. Entre ellos se encontraban los matemáticos Gaspard Monge (1746-1814) y Jean Baptiste Joseph Fourier (1768-1830), el químico Claude-Louis Berthollet (1748-1822) y los naturalistas Etienne Geoffroy Saint-Hilaire (1772-1844) y Gaspard Dolomieu (1750-1801) cuyos retratos de época pueden verse aquí.
Los relatos de la invasión de Egipto por Napoleón están llenos de anécdotas. La siguiente puede ser útil para introducirnos hoy en una reflexión de gran actualidad acerca de la función social del científico mediante un par de cuestiones.
La función social del científico: preliminares para un debate

En su Blog “Esos pequeños bichitos”, Miguel Vicente abría antayer el debate sobre un aspecto esencial en estos momentos que es el que atañe a la formación humanística de los científicos.
El texto indicaba algunas deficiencias de la formación científica, refiriéndose en particular a España y hacía referencia a un artículo de Newsweek en el que Alan Brinkley manifestaba alguna idea interesante, como por ejemplo que la necesidad de decidir entre ciencia y humanidades es falsa (the idea that institutions or their students must decide between humanities and science is false). En nuestro pais, y creo que en general también, tal decisión no sólo no es falsa, es bien verdadera y determinante en la vida del estudiante y además ha de tomarse a edades muy tempranas. El artículo de Newsweek destacaba la importancia de ambos tipos de actividad:
Video sobre el sida: la duda como camino
En una entrada reciente se presentaba el video House of Numbers, dedicado a la posibilidad de que la etiología del SIDA no coincida exactamente con lo que se nos ha venido contando y que la enfermedad no sea exclusivamente la consecuencia de una infección vírica. Un comentario en dicha entrada nos remitía a un debate actual y otra a un video anterior sobre el mismo tema. Aunque ya data de hace unos dos años, el video contiene entrevistas interesantes incluyendo algunas con Peter Duesberg, Kary Mullis, Luc Montaigner, Harry Rubin. Fundamentales son sus últimos segundos ( a partir del min 49) en los que Daniel Koshland responde a la siguiente pregunta:
P- ¿Considera positivo que personas como Duesberg y otros mantengan abierta la polémica?
Sesquicentenario de la Selección Natural: lecturas para entender una tautología

Esta semana se celebra el sesquicentenario de la Teoría de Darwin, ya saben, la que expuso en su libro titulado “On the origin of Species by means of Natural Selection or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life”.
Que la supervivencia del más apto se haya mantenido durante ciento cincuenta años como teoría científica es uno de los grandes enigmas de la ciencia. Resulta dificil entender cómo pudo ser aceptada como tal en su día. Cuando llegue (si llega), la explicación vendrá de parte de las inquietudes generalistas de la historia, la sociología y la filosofía, más que de las especializadas de la biología.
La supervivencia del más apto, la selección natural es ante todo una doctrina fantástica para explicar el funcionamiento de la economía ultraliberalista y más aún para alimentarla, eliminando su principal freno: la conciencia y un cierto respeto por la naturaleza.











