Archivo de octubre, 2011

Antidarwinismo: La tercera vía

 

En su novela titulada Morpho Eugenia, incluida en el volumen “Ángeles e Insectos”, Antonia S. Byatt describe a una familia de clase alta en la sociedad victoriana. William Adamson es un entomólogo aventurero que ha regresado a Inglaterra después de un naufragio y se dispone a ordenar la colección de objetos de Historia Natural de sir Harold Alabaster, a quien ha vendido algunos ejemplares.

En las conversaciones entre los protagonistas aparecen a menudo citados Darwin y Wallace,  de modo que, durante la lectura la sensación es contradictoria.   Por un lado,  el lector se ve sumergido en la época.  Así ocurre cuando se describe el incendio del barco que transportaba al aventurero Wallace en 1852.  No obstante,  en otras ocasiones da la impresión de que la autora no ha sabido situarse en el contexto  histórico y, ahorrando esfuerzo,  ha transportado a la época victoriana ideas y situaciones actuales. Así por ejemplo cuando,  en mención tomada por los pelos,  habla de Darwin como si fuese una celebridad:

Un amigo de Charles Darwin le había contado una vez que casi ninguna mujer estaba preparada para cuestionarse las verdades de la religión.

En una conversación entre los protagonistas aparece un interesante razonamiento incompleto que hoy vamos a completar. El protagonista, William Adamson, ha dejado unas páginas que él mismo ha escrito a la señora Matty Crompton, la institutriz,  para que las lea y las comente. Dice la señora Crompton refiriéndose a unos hipotéticos seres de generaciones futuras:

 

-       Muchos, la mayoría,  no tendrían su humildad y su prudencia espiritual.

 

 

Y el señor Adamson le contesta:

 

-         ¿Eso cree? Los que no aceptan los descubrimientos del señor Darwin se dividen en los que están muy enfadados y completamente seguros de que tienen razón (los que dan patadas a piedras imaginarias, como el doctor Johnson cuando refuta a Berkeley), y aquellos como sir Harald, cuya búsqueda de garantías, de confirmaciones de su fe está cargada de problemas, de angustia en realidad.

 

Curioso párrafo que se antoja más propio de una mentalidad bien anclada en el  presente que de la  época que la novela pretende describir y que, como indicaba, vamos a corregir hoy.

 

Entre aquellos que no aceptamos  los descubrimientos del señor Darwin,  tanto hoy como hace ciento cincuenta años, podemos establecer además de los indicados por Adamson (Byatt) un tercer grupo.  La tercera vía está formada por quienes no estamos ni enfadados o seguros de tener razón , ni tampoco particularmente angustiados buscando garantías de nada.  Simplemente ocurre que no nos gusta que nos tomen el pelo y no vemos descubrimiento alguno en la obra de Darwin, sino más bien mixtificación científica. Es decir, juegos de palabras.

 

Esta tercera vía, que  la señora Byatt  ignora, pudo haber sido precisamente la principal en la época que ella pretendía describir en su novela. Ahora bien, de haberla tenido en cuenta, su novela habría tenido mucho menos éxito, puesto que tal realidad no es del gusto de las editoriales. Podemos decir casi con seguridad que su ignorancia ha salvado a la novela del olvido, sumiéndola en la vulgaridad.

 

Referencia

 

AS Byatt. Ángeles e Insectos. Anagrama Barcelona. 1992.

 

 

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Esqueletos de paloma en el párrafo vigésimo octavo de El Origen de las Especies

 

Existe una gran variación entre las diferentes razas de palomas. ¿Qué nos enseña  esto acerca de la transformación de las especies? Poco o nada. Leamos sin comentar:

 

In the skeletons of the several breeds, the development of the bones of the face, in length and breadth and curvature, differs enormously. The shape, as well as the breadth and length of the ramus of the lower jaw, varies in a highly remarkable manner. The caudal and sacral vertebrae vary in number; as does the number of the ribs, together with their relative breadth and the presence of processes. The size and shape of the apertures in the sternum are highly variable; so is the degree of divergence and relative size of the two arms of the furcula. The proportional width of the gape of mouth, the proportional length of the eyelids, of the orifice of the nostrils, of the tongue (not always in strict correlation with the length of beak), the size of the crop and of the upper part of the oesophagus; the development and abortion of the oil-gland; the number of the primary wing and caudal feathers; the relative length of the wing and tail to each other and to the body; the relative length of the leg and foot; the number of scutellae on the toes, the development of skin between the toes, are all points of structure which are variable. The period at which the perfect plumage is acquired varies, as does the state of the down with which the nestling birds are clothed when hatched. The shape and size of the eggs vary. The manner of flight, and in some breeds the voice and disposition, differ remarkably. Lastly, in certain breeds, the males and females have come to differ in a slight degree from each other.

 

En los esqueletos de las diversas razas, el desarrollo de los huesos de la cara difiere enormemente en longitud, anchura y curvatura. La forma, lo mismo que el ancho y largo de las ramas de la mandíbula inferior, varía de un modo muy notable. Las vértebras caudales y sacras varían en número; lo mismo ocurre con las costillas, que varían, también en su anchura relativa y en la presencia de apófisis. El tamaño y forma de los orificios del esternón es sumamente variable; lo es también el grado de divergencia y el tamaño relativo de las dos ramas del hueso furcular. La anchura relativa de la abertura de la boca, la longitud relativa de los párpados, de los orificios nasales, de la lengua -no siempre en correlación rigurosa de la longitud del pico-, el tamaño del buche y de la parte superior del esófago, el desarrollo o atrofia de la glándula oleosa, el número de las rémiges primarias y de las rectrices, la longitud del ala, en relación con la de la cola y con la del cuerpo; la longitud relativa de la pata y del pie, el número de escudetes en los dedos, el desarrollo de la piel entre los dedos, son todos puntos de conformación variables. Varía el período en que adquieren el plumaje perfecto, como también el estado de la pelusa de que están vestidos los polluelos al salir del huevo. La forma y tamaño de los huevos varía. La manera de volar y, en algunas razas, la voz y el carácter difieren notablemente. Por último, en ciertas razas, los machos y hembras han llegado a diferir entre sí ligeramente.

 

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Curso de colombicultura a partir del vigésimo séptimo párrafo de El Origen de las Especies

 

El párrafo vigésimo séptimo es el primero de una serie de diez dedicada por completo a las razas de la paloma doméstica: Sus características, diferencias y origen. No sorprende que alguno de sus lectores y comentaristas haya indicado que El Origen de las Especies era obra más dedicada a la colombicultura que a ninguna otra cosa.  El autor está convencido de que el conocimiento de la diversidad en los animales de granja será fundamental para el estudio de la transformación de las especies. Además él mismo ha sido propietario y ha cuidado en su granja, diversos tipos de palomas a las que se refiere. Pocas veces han coincidido con tanta precisión la vocación científica y el puro entretenimiento.  Está el autor, por lo tanto, en su salsa,  en tema de su interés personal, como igualmente lo estará el lector que se interese por la cría de palomas, o por su historia. Ambos, autor y lector, se encontrarán a años luz de considerar cuestión alguna de interés biológico, más allá de las características de tal o cuál tipo o variedad de paloma. Bien diferente suerte corre, a cambio, el lector interesado por el Origen de las Especies quién para aliviar su frustración va a tener ocasión de enterarse de todo lujo de detalles sin el menor interés ni la menor importancia al respecto. Se comprenderá que los comentarios a estos párrafos colombófilos sean en algunas ocasiones breves. Veamos algunos de los sugeridos por la lectura de éste primero que comienza de manera tan sutil:

Believing that it is always best to study some special group, I have, after deliberation, taken up domestic pigeons.

 

Believing, believing. El autor está siempre con lo mismo, se ve que los años de seminarista le dejaron huella y marcaron profundamente su pensamiento, pero la ciencia es otra cosa.  ¿Qué es lo que cree ahora nuestro autor? Dejémos que él mismo nos lo explique:

 

Believing that it is always best to study some special group; es decir:

Creyendo que es siempre mejor estudiar algún grupo especial.

 

Bien. Puede ser. Puede que sea mejor estudiar algún grupo especial. Pero….¿es mejor para qué? , De verdad,….¿ Es posible creer que para entender el origen de las especies lo mejor es estudiar un grupo de animales domésticos?,  ¿Precisamente las palomas? Y,…. ¿A qué se refiere cuándo dice after deliberation? , ¿Es qué ha pensado algo?,  si así fuese: ¿Por qué nos oculta lo que ha pensado? ¿Podría haberse extendido durante diez párrafos relatando las características de alguna otra especie y concluir que esas servían menos a sus propósitos que las de las palomas?

 

 

 

Believing that it is always best to study some special group, I have, after deliberation, taken up domestic pigeons. I have kept every breed which I could purchase or obtain, and have been most kindly favoured with skins from several quarters of the world, more especially by the Hon. W. Elliot from India, and by the Hon. C. Murray from Persia. Many treatises in different languages have been published on pigeons, and some of them are very important, as being of considerable antiquity. I have associated with several eminent fanciers, and have been permitted to join two of the London Pigeon Clubs. The diversity of the breeds is something astonishing. Compare the English carrier and the short-faced tumbler, and see the wonderful difference in their beaks, entailing corresponding differences in their skulls. The carrier, more especially the male bird, is also remarkable from the wonderful development of the carunculated skin about the head, and this is accompanied by greatly elongated eyelids, very large external orifices to the nostrils, and a wide gape of mouth. The short-faced tumbler has a beak in outline almost like that of a finch; and the common tumbler has the singular inherited habit of flying at a great height in a compact flock, and tumbling in the air head over heels. The runt is a bird of great size, with long, massive beak and large feet; some of the sub-breeds of runts have very long necks, others very long wings and tails, others singularly short tails. The barb is allied to the carrier, but, instead of a long beak, has a very short and broad one. The pouter has a much elongated body, wings, and legs; and its enormously developed crop, which it glories in inflating, may well excite astonishment and even laughter. The turbit has a short and conical beak, with a line of reversed feathers down the breast; and it has the habit of continually expanding, slightly, the upper part of the oesophagus. The Jacobin has the feathers so much reversed along the back of the neck that they form a hood, and it has, proportionally to its size, elongated wing and tail feathers. The trumpeter and laugher, as their names express, utter a very different coo from the other breeds. The fantail has thirty or even forty tail-feathers, instead of twelve or fourteen, the normal number in all the members of the great pigeon family: these feathers are kept expanded and are carried so erect that in good birds the head and tail touch: the oil-gland is quite aborted. Several other less distinct breeds might be specified.

 

 

Creyendo que es siempre mejor estudiar algún grupo especial, después de deliberar, he elegido las palomas domésticas. He tenido todas las razas que pude comprar o conseguir y he sido muy amablemente favorecido con pieles de diversas regiones del mundo, especialmente de la India, por el Honorable W. Eliot, y de Persia, por el Honorable C. Murray. Se han publicado muchos tratados en diferentes lenguas sobre palomas, y algunos de ellos son importantísimos, por ser de considerable antigüedad. Me he relacionado con diferentes aficionados eminentes y he sido admitido en dos clubs colombófilos de Londres. La diversidad de las razas es una cosa asombrosa: compárense la paloma carrier o mensajera inglesa y la volteadora o tumbler de cara corta, y véase la portentosa diferencia en sus picos, que imponen las diferencias correspondientes en los cráneos. La carrier, especialmente el macho, es también notable por el prodigioso desarrollo, en la cabeza, de las carúnculas nasales, a lo que acompañan párpados muy extendidos, orificios externos de la nariz muy grandes y una gran abertura de boca. La volteadora de cara corta tiene un pico cuyo perfil es casi como el de un pinzón, y la volteadora común tiene una costumbre particular hereditaria de volar a gran altura, en bandada compacta, y dar volteretas en el aire. La paloma runt es un ave de gran tamaño, con pico largo y sólido y pies grandes; algunas de las sub-razas de runt tienen el cuello muy largo: otras, alas y cola muy largas; otras, cosa rara, cola corta. La paloma barb es afín de la mensajera inglesa; pero, en vez del pico largo, tiene un pico cortísimo y ancho. La buchona inglesa tiene el cuerpo, las alas y las patas muy largos, y su buche, enormemente desarrollado, que la paloma se enorgullece de hinchar, puede muy bien producir asombro y hasta risa. La paloma turbit tiene un pico corto y cónico, con una fila de plumas vuelta debajo del pecho, y tiene la costumbre de distender ligeramente la parte superior del esófago. La capuchina tiene detrás del cuello las plumas tan vueltas, que forman una capucha, y, relativamente a su tamaño, tiene largas las plumas de las alas y de la cola. La trumpeter y la laugher, como sus nombres expresan, emiten un arrullo muy diferente del de las otras razas. La colipavo tiene treinta o hasta cuarenta plumas rectrices, en vez de doce o catorce, número normal en todos los miembros de la gran familia de las palomas; estas plumas se mantienen extendidas, y el animal las lleva tan erguidas que en las aves buenas, se tocan la cabeza y la cola: la glándulas del aceite está bastante reducida. Varias otras razas pueden describirse menos claramente.

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Perros, vacas, cabras y otros ganados ocultan un error muy grave en el párrafo vigésimo sexto de El Origen de las Especies

 

Persevera el autor en sus investigaciones sobre un tema que, ya lo ha expresado él mismo, dará poco fruto:  El origen de los animales de granja. Aquí muestra su asombro por las peculiares creencias de otros autores. Lamentablemente no indica sus nombres. Así por ejemplo:

 

¡Un autor cree que en otro tiempo existieron once especies salvajes de ovejas peculiares de la Gran Bretaña! Si tenemos presente que la Gran Bretaña no tiene actualmente ni un mamífero peculiar……….

 

Otras de sus afirmaciones son atrevidas y merecería la pena investigar hasta qué punto están bien fundamentadas:

 

Si tenemos presente que la Gran Bretaña no tiene actualmente ni un mamífero peculiar, y Francia muy pocos, distintos de los de Alemania, y que de igual modo ocurre con Hungría, España, etc.

 

Con frecuencia se ha dicho vagamente que todas nuestras razas de perros han sido producidas por el cruzamiento de unas pocas especies primitivas;

 

Y,…..¿Quién ha sido el que ha dicho esto? ¿Está el autor redactando un libro científico o nos está contando lo que ha oido por ahí? A menudo parece lo segundo………………Pero….Atención! toda esta confusión podría servir para distraer nuestra atención. No dejemos que esto ocurra, porque en este párrafo aparece por vez primera la palabra clave con la que Darwin va a montar su compleja historia: la palabra selección. Aparece en esta frase:

Many cases are on record showing that a race may be modified by occasional crosses if aided by the careful selection of the individuals which present the desired character

Muchos casos se han registrado que muestran que una raza puede ser modificada por cruzamientos ocasionales si se ayuda mediante la selección cuidadosa de los individuos que presentan el carácter deseado;

Algo queda claro de esta frase: La selección no es suficiente para la modificación. Por el contrario, la modificación de una raza requiere la selección y la realización de cruzamientos. Ambas condiciones son necesarias pero no suficientes en un proceso de mejora. Entonces,…..¿Qué es la selección? Tanto en inglés como en español está muy claro:

La Acción y efecto de elegir. La Elección de los animales destinados a la reproducción, para conseguir mejoras en la raza. Dos observaciones importantes al respecto,  que Darwin no tuvo en cuenta son:

1. La selección requiere una intención, una voluntad.

2. La selección no constituye la Mejora Genética (Breeding) sino que es una parte de ella.

 

Confundir Selección con Mejora es uno de los errores en los que Darwin fundamenta su obra y su “teoría”.  Curiosamente ha pasado desapercibido a generaciones de zoólogos, biólogos, agrónomos y a los propios mejoradores.  Volveremos a encontrarnos con este importante tema……………

 

 

 

 

 

 

 

 

The doctrine of the origin of our several domestic races from several aboriginal stocks, has been carried to an absurd extreme by some authors. They believe that every race which breeds true, let the distinctive characters be ever so slight, has had its wild prototype. At this rate there must have existed at least a score of species of wild cattle, as many sheep, and several goats, in Europe alone, and several even within Great Britain. One author believes that there formerly existed eleven wild species of sheep peculiar to Great Britain! When we bear in mind that Britain has now not one peculiar mammal, and France but few distinct from those of Germany, and so with Hungary, Spain, etc., but that each of these kingdoms possesses several peculiar breeds of cattle, sheep, etc., we must admit that many domestic breeds must have originated in Europe; for whence otherwise could they have been derived? So it is in India. Even in the case of the breeds of the domestic dog throughout the world, which I admit are descended from several wild species, it cannot be doubted that there has been an immense amount of inherited variation; for who will believe that animals closely resembling the Italian greyhound, the bloodhound, the bull-dog, pug-dog, or Blenheim spaniel, etc.–so unlike all wild Canidae–ever existed in a state of nature? It has often been loosely said that all our races of dogs have been produced by the crossing of a few aboriginal species; but by crossing we can only get forms in some degree intermediate between their parents; and if we account for our several domestic races by this process, we must admit the former existence of the most extreme forms, as the Italian greyhound, bloodhound, bull-dog, etc., in the wild state. Moreover, the possibility of making distinct races by crossing has been greatly exaggerated. Many cases are on record showing that a race may be modified by occasional crosses if aided by the careful selection of the individuals which present the desired character; but to obtain a race intermediate between two quite distinct races would be very difficult. Sir J. Sebright expressly experimented with this object and failed. The offspring from the first cross between two pure breeds is tolerably and sometimes (as I have found with pigeons) quite uniform in character, and every thing seems simple enough; but when these mongrels are crossed one with another for several generations, hardly two of them are alike, and then the difficulty of the task becomes manifest.

 

 

La doctrina del origen de nuestras diversas razas domésticas a partir de diversos troncos primitivos ha sido llevada a un extremo absurdo por algunos autores. Creen que cada raza que cría sin variaciones, por ligeros que sean los caracteres distintivos, ha tenido su prototipo salvaje. A este paso, tendrían que haber existido, por lo menos, una veintena de especies de ganado vacuno salvaje, otras tantas ovejas y varias cabras sólo en Europa, y varias aun dentro de la misma Gran Bretaña. ¡Un autor cree que en otro tiempo existieron once especies salvajes de ovejas peculiares de la Gran Bretaña! Si tenemos presente que la Gran Bretaña no tiene actualmente ni un mamífero peculiar, y Francia muy pocos, distintos de los de Alemania, y que de igual modo ocurre con Hungría, España, etc., y que cada uno de estos países posee varias castas peculiares de vacas, ovejas, etc., tenemos que admitir que muchas razas domésticas se han originado en Europa, pues ¿de dónde, si no, pudieron haber descendido? Lo mismo ocurre en la India. Aun en el caso de las razas del perro doméstico del mundo entero, que admito que descienden de diversas especies salvajes, no puede dudarse que ha habido una cantidad inmensa de variaciones hereditarias, pues ¿quién creerá que animales que se pareciesen mucho al galgo italiano, al bloodhound, al bull-dog, al pug-dog o al spaniel Blenheim, etc. -tan distintos de todos los cánidos salvajes- existieron alguna vez en estado natural? Con frecuencia se ha dicho vagamente que todas nuestras razas de perros han sido producidas por el cruzamiento de unas pocas especies primitivas; pero mediante cruzamiento podemos sólo obtener formas intermedias en algún grado entre sus padres, y si explicamos nuestras diversas razas domésticas por este procedimiento tenemos que admitir la existencia anterior de las formas más extremas, como el galgo italiano, el bloodhound, el bull-dog, etc., en estado salvaje. Es más: se ha exagerado mucho la posibilidad de producir razas distintas por cruzamiento. Muchos casos se han registrado que muestran que una raza puede ser modificada por cruzamientos ocasionales si se ayuda mediante la selección cuidadosa de los individuos que presentan el carácter deseado; pero obtener una raza intermedia entre dos razas completamente distintas sería muy difícil. Sir J. Sebright hizo expresamente experimentos con este objeto, y no tuvo buen éxito. La descendencia del primer cruzamiento entre dos razas puras es tolerablemente y, a veces (como he encontrado con las palomas) bastante uniforme en carácter, y todo parece bastante simple, pero cuando estos mestizos se cruzan unos con otros durante varias generaciones, apenas dos de ellos son iguales, y entonces la dificultad de la tarea se pone de manifiesto.

 

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Como un fantasma: Súbita aparición de Mr Blyth en el párrafo vigésimo quinto del Origen de las Especies

 

El autor sigue preocupado con la cuestión abordada en el capítulo anterior: El origen de las variedades de animales domésticos. Y si en aquel la cuestión debería haber quedado zanjada desde el principio:

 

it is not possible to come to any definite conclusion

Ahora a cambio  comenzamos con un tono parecido pero algo más suave, como más conciliador:

The origin of most of our domestic animals will probably forever remain vague.

 

Tratándose de perros, el autor tiene datos que apoyan que proceden de distintas especies silvestres de la familia Canidae. El lector curioso se quedará sin conocer cuáles fueran o de dónde vinieran esos datos que, como vimos, son contrarios a la opinión de Lamarck.  En cuanto a ovejas y cabras, carece el autor de opinión. En lo que atañe a algún tipo de ganado indio, parece ser que confía en la opinión de Mr Blyth a este respecto.  Resulta curioso que el autor cite aquí a Mr Blyth a cuento de este detalle sin importancia y se haya olvidado de citarlo antes en relación con sus trabajos publicados en el Magazine of Natural History, en los que hablaba de la persistencia del tipo y de la desviación del tipo en procesos de selección. El autor muestra así de nuevo su confusión o descuido, igual que cuando, poco después,  dice:

 

algunas autoridades competentes creen que este último ha tenido dos o tres progenitores salvajes, merezcan o no el nombre de especies.

 

Como si la cuestión de merecer o no el nombre de especies fuese secundaria, cuando en realidad es una cuestión fundamental en un libro titulado Sobre el Origen de las Especies.

 

The origin of most of our domestic animals will probably forever remain vague. But I may here state that, looking to the domestic dogs of the whole world, I have, after a laborious collection of all known facts, come to the conclusion that several wild species of Canidae have been tamed, and that their blood, in some cases mingled together, flows in the veins of our domestic breeds. In regard to sheep and goats I can form no decided opinion. From facts communicated to me by Mr. Blyth, on the habits, voice, constitution and structure of the humped Indian cattle, it is almost certain that they are descended from a different aboriginal stock from our European cattle; and some competent judges believe that these latter have had two or three wild progenitors, whether or not these deserve to be called species. This conclusion, as well as that of the specific distinction between the humped and common cattle, may, indeed, be looked upon as established by the admirable researches of Professor Rutimeyer. With respect to horses, from reasons which I cannot here give, I am doubtfully inclined to believe, in opposition to several authors, that all the races belong to the same species. Having kept nearly all the English breeds of the fowl alive, having bred and crossed them, and examined their skeletons, it appears to me almost certain that all are the descendants of the wild Indian fowl, Gallus bankiva; and this is the conclusion of Mr. Blyth, and of others who have studied this bird in India. In regard to ducks and rabbits, some breeds of which differ much from each other, the evidence is clear that they are all descended from the common duck and wild rabbit.

 

El origen de la mayor parte de nuestros animales domésticos, probablemente quedará siempre dudoso. Pero puedo decir que, considerando los perros domésticos de todo el mundo, después de una laboriosa recopilación de todos los datos conocidos, he llegado a la conclusión de que han sido amansadas varias especies salvajes de cánidos, y que su sangre, mezclada en algunos casos, corre por las venas de nuestras razas domésticas. Por lo que se refiere a las ovejas y cabras no puedo formar opinión decidida. Por los datos que me ha comunicado míster Blyth sobre las costumbres, voz, constitución y estructura del ganado vacuno indio de joroba, es casi cierto que descendió de diferente rama primitiva que nuestro ganado vacuno europeo, y algunas autoridades competentes creen que este último ha tenido dos o tres progenitores salvajes, merezcan o no el nombre de especies. Esta conclusión, lo mismo que la distinción específica entre el ganado vacuno común y el de joroba, puede realmente considerarse como demostrada por las admirables investigaciones del profesor Rütimeyer. Respecto a los caballos, por razones que no puedo dar aquí, me inclino, con dudas, a creer, en oposición a diversos autores, que todas las razas pertenecen a la misma especie. Habiendo tenido vivas casi todas las razas inglesas de gallinas, habiéndolas criado y cruzado y examinado sus esqueletos, me parece casi seguro que todas son descendientes de la gallina salvaje de la India, Gallus bankiva, y ésta es la conclusión de míster Blyth y de otros que han estudiado esta ave en la India. Respecto a los patos y conejos, algunas de cuyas razas difieren mucho entre sí, son claras las pruebas de que descienden todas del pato y del conejo comunes salvajes.

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Introducción a La Mixtificación Científica, por Ramón Grande del Brío

 

Voy a copiar a continuación la Introducción del profesor  Ramón Grande del Brío, de la Universidad Pontificia de Salamanca,  a su libro titulado  La Mixtificación científica (CEP Editorial 2007. Madrid).  En negrita algunos párrafos más relacionados con los contenidos de éste blog.

 

Introducción

No pocos individuos de las sociedades modernas, sometidos a la acción de componentes neuróticos y perturbadores, padecen trastornos de percepción. Tarea impostergable será la de alertar a la sociedad sobre el incremento de tales trastornos, de cuya gravedad ya han advertido, por lo demás, diversos autores. Pero, aquellos, difícilmente podrán ser contrarrestados o eliminados, en tanto persistan las condiciones sociológicas y ecológicas que han propiciado su aparición.

Los trabajos que he venido realizando, en torno a la degeneración de los sistemas de intelección y raciocinio, fenómeno éste que se refleja, sobre todo, en la mixtificación de la lengua y en la trabucación conceptual, han puesto de relieve la presencia de graves anomalías en ciertos procesos de raciocinio, lo que ha dado lugar a graves errores epistemológicos en el desarrollo de ciertas teorías científicas. En esta obra me ocuparé, particularmente, de algunas de las que corresponden al terreno de la física.

Ante todo diré que el verdadero investigador, no es tal, por el mero hecho de manejar unos aparatos determinados, o de entregarse a la experimentación, sino por el hecho de poseer una mente que sea capaz de discernir, cotejar, interpretar, establecer asociaciones de ideas, adecuadamente, y explicar, después,  con la debida sindéresis, el sentido de los principios y leyes que rigen el universo.

El mundo de hoy, saturado de información, generalmente, poco decantada, padece el síndrome del relativismo, caracterizado por la existencia de ideas cambiantes, nacidas de la ambigüedad, y del paralogismo. Cuando se manejan conceptos, se deben tener presente los fundamentos del raciocinio, so pena de caer en aberraciones de primera magnitud.

Recordaré aquí lo que otras veces he señalado: la degradación de los valores de todo orden, el progresivo deterioro de las relaciones humanas, la destrucción del medio ambiente, el “culto” a los sentidos, la proclividad a sancionar como válido y real lo aparente…..; todo ello se halla ligado a la proliferación de ideas peregrinas y de teorías falsas.

Por lo demás, en diferentes ocasiones, he destacado la necesidad de acometer la tarea de enseñar a pensar, a razonar y a emplear cabalmente los conceptos, en el contexto del estudio de los distintos temas o fenómenos, a fin de devolver al ser humano la facultad de entender el funcionamiento básico del mundo que le rodea. En este aspecto, una buena parte de las teorías científicas modernas, sobre no ofrecer explicaciones convincentes de una serie de fenómenos, se hallan construidas a partir de postulados falsos, o son inadmisibles. Al sostenimiento de aquellas, coadyuvan todos los que, sorprendentemente, e muestran incapaces de descubrir las más groseras falacias y los más abultados dislates, ofuscados por la peregrina idea de que el uso de mucho aparato, vaya a permitir acceder al conocimiento del mundo.

 

Mis objeciones, en el presente trabajo, encaminadas a la invalidación de ciertos postulados y razonamientos de la teoría de la relatividad einsteniana y de algunas otras teorías sobre el origen del universo, no desvelan tan solo la naturaleza y alcance de determinados errores que las alimentan, sino que ponen en relieve la gravedad de las dislexias de tipo conceptual que aquejan a un considerable sector de las sociedades modernas, incluido, claro está, el sector científico.

 

Las observaciones que hacia mediados de la década de 1980 yo hiciera, en relación con lo que más arriba he consignado, ponían en entredicho importantes aspectos de la referida teoría de la relatividad, y no ya en cuanto teoría científica, sino, sobre todo, en cuanto construcción mental. El problema, sin embargo, no afecta únicamente a la teoría en cuestión, sino a otras muchas, referentes a diversas disciplinas y materias, algunos de cuyos planteamientos básicos se asientan, increíblemente, sobre el falseamiento de las premisas o de las condiciones de experimentación, según los casos.

 

 

No es preciso que narre las vicisitudes por las que he atravesado a lo largo de todos estos años, afrontado a la tarea de probar la falsedad de ciertos postulados, tenidos por básicos. Por desgracia, el clima reinante, no era demasiado apto por aquel entonces, para acoger lo que ha sido fruto de detenidos estudios en diversos terrenos de la ciencia. Parece como si la sociedad de nuestros días, en general, hubiese perdido la capacidad de emplear la mente para comprender donde radica lo cabal y donde anida el despropósito. No en vano, se vive hoy en un confusionismo permanente, en el que el mayor divorcio se da entre el pensamiento y la palabra.

 

 

Por todo ello, nada tiene de particular el que la publicación de la presente obra haya tenido que ser retrasada casi dos décadas. De una parte, he podido comprobar, a través de todo este tiempo, que algunos científicos, ni siquiera han llegado a entender los términos básicos de mi explicación, mientras que otros investigadores han preferido soslayar la cuestión, afirmando que en esa especie de revolución de ideas que previsiblemente, se produciría, ellos nada tendrían que ganar ni que perder. Por todo ello,  me he visto obligado a aguardar a que, socialmente el terreno estuviese mejor abonado: todos sabemos que el trigo no germina, de forma natural, en una plancha de acero.

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Los habitantes de Egipto y de los lagos de Suiza bien pueden distraer nuestra atención en el párrafo vigésimo cuarto del Origen de las Especies

 

En el vigésimo cuarto párrafo el autor aborda la cuestión de si los animales de granja y las  plantas cultivadas descienden de una o varias especies.  Tan mal planteada está la cuestión que el autor renuncia a buscar una respuesta y así leemos pronto:

it is not possible to come to any definite conclusion

Empero, si la cuestión estuviese bien planteada, la solución sería inmediata y bien diferente: Todas aquellas variedades de animales de granja o plantas cultivadas que pertenecen a una misma especie, proceden de animales o plantas que pertenecieron en su día a la misma especie.

Pero al autor le gusta perderse en juegos de palabras y a consecuencia de ello, le resulta difícil encontrar respuestas acertadas. Ignora, al igual que algunos biólogos modernos,  que muchas respuestas acertadas se deben simplemente a la claridad  en el planteamiento de las cuestiones.


Si  la cuestión fuese tan difícil e intricada como el autor la pinta y tan exiguos los medios para abordarla ,  entonces no merecería la pena haberle dedicado ninguna atención. Salvo, claro está, que el objetivo de esta estrategia fuese otro;   por ejemplo,  el de distraer nuestra atención de la cuestión principal que es la siguiente:

Para conocer los mecanismos que rigen la transformación de las especies, por muy bueno que sea nuestro conocimiento de la historia de los animales de granja, tal conocimiento tendrá una utilidad muy limitada, incluso puede ser que nula,  pues es muy distinta la vida en la granja que en condiciones naturales.

 

El resto del párrafo queda para quien tenga curiosidad antropológica por los habitantes de Egipto o de los lagos de Suiza:

 

 

In the case of most of our anciently domesticated animals and plants, it is not possible to come to any definite conclusion, whether they are descended from one or several wild species. The argument mainly relied on by those who believe in the multiple origin of our domestic animals is, that we find in the most ancient times, on the monuments of Egypt, and in the lake- habitations of Switzerland, much diversity in the breeds; and that some of these ancient breeds closely resemble, or are even identical with, those still existing. But this only throws far backward the history of civilisation, and shows that animals were domesticated at a much earlier period than has hitherto been supposed. The lake-inhabitants of Switzerland cultivated several kinds of wheat and barley, the pea, the poppy for oil and flax; and they possessed several domesticated animals. They also carried on commerce with other nations. All this clearly shows, as Heer has remarked, that they had at this early age progressed considerably in civilisation; and this again implies a long continued previous period of less advanced civilisation, during which the domesticated animals, kept by different tribes in different districts, might have varied and given rise to distinct races. Since the discovery of flint tools in the superficial formations of many parts of the world, all geologists believe that barbarian men existed at an enormously remote period; and we know that at the present day there is hardly a tribe so barbarous as not to have domesticated at least the dog.

 

 

 

En el caso de la mayor parte de las plantas y animales domésticos tradicionales, no es posible llegar a una conclusión precisa acerca de si han descendido de una o varias especies salvajes. El argumento con que cuentan principalmente los que creen en el origen múltiple de nuestros animales domésticos es que en los tiempos más antiguos, en los monumentos de Egipto y en las habitaciones lacustres de Suiza encontramos gran diversidad de razas, y que muchas de estas razas antiguas se parecen mucho, o hasta son idénticas, a las que existen todavía. Pero esto hace sólo retroceder la historia de la civilización y demuestra que los animales fueron domesticados en tiempo mucho más antiguo de lo que hasta ahora se ha supuesto. Los habitantes de los lagos de Suiza cultivaron diversas clases de trigo y de cebada, el guisante, la adormidera para aceite y el lino, y poseyeron diversos animales domesticados. También mantuvieron comercio con otras naciones. Todo esto muestra claramente, como ha señalado Heer, que en esta remota edad habían progresado considerablemente en civilización, y esto significa además un prolongado período previo de civilización menos adelantada, durante el cual los animales domésticos tenidos en diferentes regiones por diferentes tribus pudieron haber variado y dado origen a diferentes razas. Desde el descubrimiento de los objetos de sílex en las formaciones superficiales de muchas partes de la tierra, todos los geólogos creen que el hombre salvaje existió en un período enormemente remoto, y sabemos que hoy día apenas hay una tribu tan salvaje que no tenga domesticado, por lo menos, el perro.

 

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El asno, el ganso y otros argumentos para defender lo indefendible en el párrafo vigésimo tercero del Origen de las Especies

 

El autor sigue buscando en este párrafo argumentos en favor de la defensa de una de sus principales Tesis: Que el estudio de la variación en los animales de granja, reportará grandes beneficios para el conocimiento de la adaptación y, por tanto será fundamental para el conocimiento de la transformación de las especies. La apuesta es arriesgada, y pasa por restar importancia al concepto de especie, pero su autor no va a abandonar el empeño. Así, en lugar de tomar el toro por los cuernos y admitir la cruda realidad de la diferencia enorme que hay entre la granja y el estado natural, buscará argumentos en los rincones más inesperados. Por ejemplo:

 

Se ha admitido con frecuencia que el hombre ha escogido para la domesticación animales y plantas que tienen una extraordinaria tendencia intrínseca a variar y también a resistir climas diferentes. No discuto que estas condiciones han añadido mucho al valor de la mayor parte de nuestras producciones domésticas; pero ¿cómo pudo un salvaje, cuando domesticó por vez primera un animal, conocer si éste variaría en las generaciones sucesivas y si soportaría o no otros climas? La poca variabilidad del asno y el ganso, la poca resistencia del reno para el calor, o del camello común para el frío, ¿han impedido su domesticación?

 

El autor discute consigo mismo y por lo tanto parece ajeno a los argumentos más elementales. Por ejemplo en respuesta a las frases anteriores, no es que el salvaje conociese previamente que el animal en cuestión iba a variar, sino que no hubiese domesticado a un animal incapaz de tal variación.

Escribiendo desde una soledad conmovedora, el autor continua en su monólogo solipsista:

 

 

No puedo dudar que si otros animales y plantas, en igual número que nuestras producciones domésticas y pertenecientes a clases y regiones igualmente diversas, fuesen tomados del estado natural y se pudiese hacerles criar en domesticidad, en un número igual de generaciones, variarían, por término medio, tanto como han variado las especies madres de las producciones domésticas hoy existentes.

 

 

It has often been assumed that man has chosen for domestication animals and plants having an extraordinary inherent tendency to vary, and likewise to withstand diverse climates. I do not dispute that these capacities have added largely to the value of most of our domesticated productions; but how could a savage possibly know, when he first tamed an animal, whether it would vary in succeeding generations, and whether it would endure other climates? Has the little variability of the ass and goose, or the small power of endurance of warmth by the reindeer, or of cold by the common camel, prevented their domestication?  I cannot doubt that if other animals and plants, equal in number to our domesticated productions, and belonging to equally diverse classes and countries, were taken from a state of nature, and could be made to breed for an equal number of generations under domestication, they would on an average vary as largely as the parent species of our existing domesticated productions have varied.

 

 

 

 

Se ha admitido con frecuencia que el hombre ha escogido para la domesticación animales y plantas que tienen una extraordinaria tendencia intrínseca a variar y también a resistir climas diferentes. No discuto que estas condiciones han añadido mucho al valor de la mayor parte de nuestras producciones domésticas; pero ¿cómo pudo un salvaje, cuando domesticó por vez primera un animal, conocer si éste variaría en las generaciones sucesivas y si soportaría o no otros climas? La poca variabilidad del asno y el ganso, la poca resistencia del reno para el calor, o del camello común para el frío, ¿han impedido su domesticación? No puedo dudar que si otros animales y plantas, en igual número que nuestras producciones domésticas y pertenecientes a clases y regiones igualmente diversas, fuesen tomados del estado natural y se pudiese hacerles criar en domesticidad, en un número igual de generaciones, variarían, por término medio, tanto como han variado las especies madres de las producciones domésticas hoy existentes.

 

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Más ejemplos de confusión en el vigésimo segundo párrafo de El Origen de las Especies

 

Continúa el empeño contra toda evidencia para demostrar que la variación en la naturaleza es continua y quitar importancia al concepto de especie. A tal fin dice el autor ahora:

Al intentar apreciar el grado de diferencia estructural entre razas domésticas afines, nos vemos pronto envueltos en la duda, por no saber si han descendido de una o de varias especies madres.

 

Pero eso no es cierto,  puesto que  para estimar las diferencias no necesitamos conocer el origen.

Tampoco es exacto lo siguiente:

si, por ejemplo, pudiese demostrarse que el galgo, el bloodhound, el terrier, el spaniel y el bull-dog, que todos sabemos que propagan su raza sin variación,………

Ya que estas razas sólo se propagan sin variación cuando se cruzan los animales dentro de la misma raza; pero es bien posible cruzarlas entre sí como ocurre a menudo, dando entonces lugar a variaciones.

Pero lo más preocupante de éste párrafo,  por su absoluta falta de rigor,  es esto:

creo que una pequeña parte de la diferencia es debida a haber descendido de especies distintas.

El autor dice creer que las razas de perro descienden de especies distintas pero no se trata, como  manifiesta,  de creer o no creer en algo, hay que demostrarlo. Veremos si lo demuestra más adelante, de momento parece que está simplemente llevando la contraria a Lamarck cuando, en su Philosophie Zoologique  dice:

 

Où trouve-t-on maintenant, dans la nature, cette multitude de races de chiens,  que, par suite de la domesticité où nous avons réduit ces animaux, nous avons  mis dans le cas d’ exister telles qu’ elles sont actuellement ? Où trouve-t-on  ces dogues, ces lévriers, ces barbets, ces épagneuls, ces bichons, etc., etc.,  races qui offrent entre elles de plus grandes différences que celles que nous  admettons comme spécifiques entre les animaux d’ un même genre qui vivent  librement dans la nature ?

 

 

Sans doute, une race première et unique, alors fort voisine du loup, s’ il n’ en  est lui-même le vrai type, a été soumise par l’ homme, à une époque quelconque,  à la domesticité. Cette race, qui n’ offroit alors aucune différence entre ses  individus, a été peu à peu dispersée avec l’ homme dans différens pays, dans  différens climats ; et après un temps quelconque, ces mêmes individus ayant subi  les influences des lieux d’ habitation et des habitudes diverses qu’ on leur a  fait contracter dans chaque pays, en ont éprouvé des changemens remarquables, et  ont formé différentes races particulières. Or, l’ homme qui, pour le commerce,  ou pour d’ autre genre d’intérêt, se déplace même à de très-grandes distances,  ayant transporté dans un lieu très-habité, comme une grande capitale,  différentes races de chiens formées dans des pays fort éloignés,

 

Termina aquí la cita de Lamarck y sigue, a continuación el vigésimo segundo párrafo de El Origen, en inglés:

 

 

 

In attempting to estimate the amount of structural difference between allied domestic races, we are soon involved in doubt, from not knowing whether they are descended from one or several parent species. This point, if it could be cleared up, would be interesting; if, for instance, it could be shown that the greyhound, bloodhound, terrier, spaniel and bull-dog, which we all know propagate their kind truly, were the offspring of any single species, then such facts would have great weight in making us doubt about the immutability of the many closely allied natural species—for instance, of the many foxes—inhabiting the different quarters of the world. I do not believe, as we shall presently see, that the whole amount of difference between the several breeds of the dog has been produced under domestication; I believe that a small part of the difference is due to their being descended from distinct species. In the case of strongly marked races of some other domesticated species, there is presumptive or even strong evidence that all are descended from a single wild stock.

Y en español:

 

Al intentar apreciar el grado de diferencia estructural entre razas domésticas afines, nos vemos pronto envueltos en la duda, por no saber si han descendido de una o de varias especies madres. Este punto, si pudiese ser aclarado, sería interesante; si, por ejemplo, pudiese demostrarse que el galgo, el bloodhound, el terrier, el spaniel y el bull-dog, que todos sabemos que propagan su raza sin variación, eran la descendencia de una sola especie, entonces estos hechos tendrían gran peso para hacernos dudar de la inmutabilidad de las muchas especies naturales muy afines -por ejemplo, los muchos zorros- que viven en diferentes regiones de la tierra. No creo, como luego veremos, que toda la diferencia que existe entre las diversas castas de perros se haya producido en domesticidad; creo que una pequeña parte de la diferencia es debida a haber descendido de especies distintas. En el caso de razas muy marcadas de algunas otras especies domésticas hay la presunción, o hasta pruebas poderosas, de que todas descienden de un solo tronco salvaje.

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Ejemplos de confusión mental en el vigésimo primer párrafo de El Origen de las Especies

 

Con el párrafo vigésimo primero comienza una nueva sección titulada: Character Of Domestic Varieties; Difficulty Of Distinguishing Between Varieties And Species; Origin Of Domestic Varieties From One Or More Species. Se  pretende en ésta sección hacer creer al lector que las diferencias entre especies son del mismo tipo que las diferencias entre variedades, algo opuesto a la más elemental observación de la naturaleza y a toda la Historia Natural.

En el párrafo que la abre  encontramos  ya ejemplos de confusión mental, unos más leves y otros más graves .  Entre los primeros,   al decir el autor:

vemos generalmente en cada raza doméstica, como antes se hizo observar, menos uniformidad de caracteres que en las especies verdaderas

Suponemos que querría decir:

vemos generalmente entre las razas domésticas, como antes se hizo observar, menos uniformidad de caracteres que en las especies verdaderas

Puesto que la variabilidad aumenta si consideramos las distintas razas, pero no al considerar sólo una.

 

En segundo lugar, acierta el autor al decir que las razas tienen algo de mostruoso. Pero no parece darse cuenta de que son el resultado de un proceso de selección que ha estado precisamente dirigido a tal  monstruosidad.

En tercer lugar,  y ya como ejemplo de confusión grave, resulta impresionante la ingenuidad, la malicia, o ambas cuando dice:

Con estas excepciones -y con la de la perfecta fecundidad de las variedades cuando se cruzan, asunto para ser discutido más adelante-, las razas domésticas de la misma especie difieren entre sí del mismo modo que las especies muy afines del mismo género en estado natural

Lo cual es versión confusa y tendenciosa  de lo siguiente:

las razas domésticas de la misma especie pueden cruzarse entre sí y por lo tanto difieren de las especies más afines del mismo género en estado natural.

Semejante  confusión,  constante en tan ambiguo autor,  no es en vano sino que tiene un objetivo:  Quitar importancia al concepto de especie y hacer ver que las diferencias entre especies son continuas con las diferencias entre variedades. Algo contrario a toda la experiencia.

Así por ejemplo se lee:

 

Esto ha de admitirse como cierto, pues las razas domésticas de muchos animales y plantas han sido clasificadas por varias autoridades competentes como descendientes de especies primitivamente distintas, y por otras autoridades competentes, como simples variedades.

Párrafo que, como en otras ocasiones, no va acompañado lamentablemente de referencia alguna y por lo tanto es inadmisible.

 

La  confusión gobierna así  en este importante  párrafo, como comprobará quien lo lea con la debida atención:


When we look to the hereditary varieties or races of our domestic animals and plants, and compare them with closely allied species, we generally perceive in each domestic race, as already remarked, less uniformity of character than in true species. Domestic races often have a somewhat monstrous character; by which I mean, that, although differing from each other and from other species of the same genus, in several trifling respects, they often differ in an extreme degree in some one part, both when compared one with another, and more especially when compared with the species under nature to which they are nearest allied. With these exceptions (and with that of the perfect fertility of varieties when crossed–a subject hereafter to be discussed), domestic races of the same species differ from each other in the same manner as do the closely allied species of the same genus in a state of nature, but the differences in most cases are less in degree. This must be admitted as true, for the domestic races of many animals and plants have been ranked by some competent judges as the descendants of aboriginally distinct species, and by other competent judges as mere varieties. If any well marked distinction existed between a domestic race and a species, this source of doubt would not so perpetually recur. It has often been stated that domestic races do not differ from each other in characters of generic value. It can be shown that this statement is not correct; but naturalists differ much in determining what characters are of generic value; all such valuations being at present empirical. When it is explained how genera originate under nature, it will be seen that we have no right to expect often to find a generic amount of difference in our domesticated races.

 

 

Cuando consideramos las variedades hereditarias o razas de las plantas y animales domésticos, y las comparamos con especies muy afines, vemos generalmente en cada raza doméstica, como antes se hizo observar, menos uniformidad de caracteres que en las especies verdaderas. Las razas domésticas tienen con frecuencia un carácter algo monstruoso; con lo cual quiero decir que, aunque difieren entre sí y de las otras especies del mismo género en diferentes puntos poco importantes, con frecuencia difieren en sumo grado en alguna parte cuando se comparan entre sí, y más aún cuando se comparan con la especie en estado natural, de que son más afines. Con estas excepciones -y con la de la perfecta fecundidad de las variedades cuando se cruzan, asunto para ser discutido más adelante-, las razas domésticas de la misma especie difieren entre sí del mismo modo que las especies muy afines del mismo género en estado natural; pero las diferencias, en la mayor parte de los casos, son en grado menor. Esto ha de admitirse como cierto, pues las razas domésticas de muchos animales y plantas han sido clasificadas por varias autoridades competentes como descendientes de especies primitivamente distintas, y por otras autoridades competentes, como simples variedades. Si existiese alguna diferencia bien marcada entre una raza doméstica y una especie, esta causa de duda no se presentaría tan continuamente. Se ha dicho muchas veces que las razas domésticas no difieren entre sí por caracteres de valor genérico. Puede demostrarse que esta afirmación no es exacta, y los naturalistas discrepan mucho al determinar qué caracteres son de valor genérico, pues todas estas valoraciones son al presente empíricas. Cuando se exponga de qué modo los géneros se originan en la naturaleza, se verá que no tenemos derecho alguno a esperar hallar muchas veces en las razas domésticas un grado genérico de diferencia.

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