Archivo para la categoría ‘Plan único en la organización de los animales’

SOBRE LA UNIDAD DE COMPOSICIÓN Y EL DEBATE ENTRE CUVIER Y GEOFFROY SAINT-HILAIRE

 

 

Presentamos aquí la primera traducción al español del libro titulado De l’Unité de Composition et du Debat entre Cuvier et Geoffroy Saint Hilaire (1865), última obra publicada de Pierre Flourens.
Justo es comenzar por responder a esta pregunta: ¿Quíén era Pierre Flourens?

 

 

Pierre Flourens nació el 13 de abril de 1794 en Maureilhan, un pueblo próximo a Béziers, en el sudeste francés. Estudió Medicina en la Universidad de Montpellier y en 1814 fue a París a estudiar fisiología con Georges Cuvier (1769-1832). Sus trabajos iniciales incluían la investigación en la base física de sensación y lo llevaron a la concesión del prestigioso premio Montyon (1824 y 1825), dedicándose después durante muchos años a la neurofisiología. En París trabajó con el botánico Agustín de Candolle (1779-1841) y con el zoólogo Etienne Geoffroy Saint Hilaire (1772-1844). Fundador de la neurobiología, fue uno de los principales rivales de la frenología, teoría propuesta por el alemán Franz Joseph Gall (1758-1825) que proponía la localización de funciones mentales en áreas específicas del cerebro, con lo cual el aspecto del cráneo podría dar una idea de la constitución mental del individuo. Flourens se opuso a Gall y a la frenología con el argumento de que el cerebro es una unidad. A tal fin realizó numerosos experimentos con palomas reconociendo la existencia de una acción propia en cada zona del cerebro, supeditada a una acción común para la totalidad del órgano. Los resultados de sus investigaciones se reúnen en la que fue una de sus obra principales: Recherches expérimentales sur les propriétés et les fonctions du système nerveux dans les animaux vertébrés.

En neurobiología, sus teorías anticipan los conceptos de equipotencialidad y acción masiva posteriormente formulados por KS Lashley (Brain Mechanisms and Intelligence, p 120 y siguientes; University of Chicago Press, 1929). En 1833, Flourens fue nombrado profesor de anatomía en el Collège de France y en 1838, diputado por la comuna de Béziers. Elegido miembro de la Academia Francesa en 1840, en competición con Víctor Hugo (1802-1885), recibió la Légion d’honneur en 1845. Se retiró completamente de la vida política en 1848 para dedicarse exclusivamente a la ciencia, aceptando la cátedra de Historia Natural en el Colegio de Francia en 1855. Asimismo fue miembro de l’Académie des Sciences de France desde 1828 y su secretario permanente (Secrétaire perpétuel) entre los años de 1833 y 1866.
Aunque las páginas web de la Academie des Sciences indican en 1868 la fecha final del mandato de Flourens como Secrétaire perpétuel, en la página 424 de la publicación titulada L’Année Scientifique et Industrielle, de 1867, al comenzar la sección dedicada a Académies et Sociétés Savantes, en la sección 1: Séance Publique Annuelle de l’Academie des Sciences, du 5 mai 1866, se lee:
Un intêrét particulier s’attachait à cette séance. M. Coste, qui depuis un an reemplace M. Flourens, gravement malade, et atteint peut-être sans retour, devait prononcer l’éloge de rigueur…
(Un interés particular se centraba en esta sesión. M Coste, que desde hace un año reemplazaba a M Flourens, gravemente enfermo, y probablemente sin retorno, debía pronunciar el elogio de rigor…).

Gravemente enfermo en la sesión de 1866, Flourens falleció en Montgeron, cerca de Paris, el 6 de diciembre de 1867. Su penúltimo libro, publicado en 1864 cuando su autor contaba setenta años, fue: “Examen du Livre de Darwin sur l’Origine des Especes”. En él muestra un rigor notable al criticar punto por punto el Origen de las Especies, obra de Darwin que, sin duda había leído a conciencia.
Flourens es reconocido como un pionero de la teoría moderna de la función cerebral, según la cual el cerebro actúa como unidad funcional, aunque determinadas funciones son controladas por partes específicas. Llegó a esta teoría utilizando métodos de ablación y estimulación y realizando muchas investigaciones experimentales con mamíferos, especialmente conejos y también con palomas. La extracción del cerebelo conducía a la pérdida del sentido del equilibrio y a la falta de coordinación muscular del animal. Al separar los hemisferios cerebrales se interrumpían todas las funciones cognitivas en las palomas. Propuso Flourens que la corteza cerebral, el cerebelo y el tronco del encéfalo funcionan a nivel global como un conjunto completo, equipotencial y coordinado con todas las demás partes. Flourens avanzó en la obra de Julien-Cesar Legallois (1770-1814)….

Seguir leyendo el libro en Digital CSIC…

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Stop and think: ¿En qué consiste la evolución?

 

En respuesta a la entrada titulada La selección natural no existe: algunas explicaciones rápidas, GH Estrada desde México escribe:

 

Le agradezco su puntual y concisa respuesta:

Por lo demás, restaría sólo preguntarle: ¿Sea como fuere que lo definamos, en que consiste la evolución? La teoría como tal a mi juicio con base en sus palabras, requiere una revisión no tanto en su concepto como en el fundamento desde el que se desarrolla.

A lo cual contesto:

Muchas gracias por su e-mail, que paso puntualmente a responder comenzando por la segunda parte:

La teoría como tal a mi juicio con base en sus palabras, requiere una revisión no tanto en su concepto como en el fundamento desde el que se desarrolla.

En esto estoy de acuerdo. Ahora bien me resulta muy dificil distinguir entre una cosa y la otra, es decir entre el concepto (evolución) y el fundamento desde el que se desarrolla. Por eso a la primera parte de su cuestión, que es:

¿Sea como fuere que lo definamos, en que consiste la evolución?

Respondo: Me parece fundamental definirla para luego intentar precisar en qué consiste. Por mi parte prefiero considerar la evolución como cambio, dentro de un orden, y por lo tanto volver a estudiar en qué consiste ese orden, es decir volver a la HIstoria Natural tal y como nos la ofrecen los naturalistas del siglo XIX.

No se si esto le será de utilidad, pero quedo en cualquier caso agradecido por su interés.

 

Lectura aconsejada:

 

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Lección de Anatomía Comparada por Cuvier

Todo ser organizado forma un conjunto, un sistema único y cerrado, cuyas partes se corresponden mutuamente y concurren a la misma acción definitiva, mediante una reacción recíproca. Ninguna de estas partes puede cambiar sin que las otras cambien, y por consiguiente cualquiera de ellas, tomada por separado, indica y determina todas las demás: así, si los intestinos de un animal están organizados de tal manera que han de digerir  carne fresca, hace falta también que sus mandíbulas sean construidas para devorar una presa; sus uñas, para agarrarla y desgarrarla; sus dientes, para cortarla y trocearla; el sistema entero de sus órganos del movimiento, para perseguirla  y alcanzarla; sus órganos de los sentidos, para percibirla de lejos; hasta hace falta que la naturaleza haya colocado en su cerebro el instinto necesario para saber esconderse y tender trampas a sus víctimas. Tales serán las condiciones generales del régimen carnívoro: todo animal destinado a este régimen las reunirá infaliblemente, porque su raza no habría podido subsistir sin ellas; pero bajo estas condiciones generales, existen otras particulares, relativas al tamaño, a la especie; a la presa para la cual el animal está dispuesto; y de cada una de estas condiciones particulares resultan modificaciones de detalle en las formas que derivan de las condiciones generales; no sólo la clase, sino que el orden, el género, y hasta la especie, se encuentran expresados en la forma de cada parte. En efecto, para que la mandíbula pueda coger, necesitará que su cóndilo tenga cierta forma; que haya cierta relación  entre la posición de la resistencia y la de la potencia con su punto de apoyo,  cierto volumen en el músculo temporal que exige una cierta extensión en el hoyo que le recibe, y una cierta convexidad del arco cigomático bajo el cual pasa; este arco cigomático debe también tener una cierta fuerza para dar apoyo al músculo masetero.

Para que el animal pueda llevarse su presa, le hace falta cierto vigor en los músculos que levantan su cabeza, de donde resulta una forma determinada en las vértebras donde estos músculos tienen sus ligamentos, y en el occipucio donde se insertan.

Para que los dientes puedan cortar la carne, hace falta que sean cortantes, y que lo sean más o menos, según tengan,  más o menos, que cortar exclusivamente carne. Su base deberá ser tanto más sólida, cuanto más y más gruesos sean los huesos que deban quebrantar. Todas estas circunstancias influirán también en el desarrollo de todas las partes que sirven para mover la mandíbula.

Para que las uñas puedan coger esta presa, será necesaria cierta movilidad en los dedos, cierta fortaleza en las uñas, de donde resultan formas determinadas en todas las falanges, y distribuciones necesarias de músculos y de tendones; hará falta que el antebrazo tenga una cierta facilidad para el giro, de donde todavía resultarán formas determinadas en los huesos que lo componen; pero los huesos del antebrazo que se articulan sobre el húmero, no pueden cambiar de formas sin provocar cambios  en éste. Los huesos del hombro deberán tener un cierto grado de firmeza en los animales que emplean sus brazos para coger, y todavía resultará de eso que ellos tendrán formas particulares. El juego de todas estas partes exigirá en todos sus músculos ciertas proporciones, y los ligamentos de estos músculos tan proporcionados, determinarán todavía más particularmente las formas de los huesos. Es fácil ver que se pueden sacar conclusiones semejantes para las extremidades posteriores que contribuyen a la rapidez del movimiento general; para la composición del tronco y las formas de las vértebras, que influyen en la facilidad, la flexibilidad de este movimiento, para las formas de los huesos de la nariz, de la órbita, de la oreja, cuyas relaciones con los sentidos del olfato, de la vista, del oído son evidentes. En una palabra, la forma del diente provoca la forma del cóndilo, la del omóplato, la de las uñas, …..tal y como la ecuación de una curva provoca todas sus propiedades; y lo mismo que tomando cada propiedad por separado como base de una ecuación particular, encontraríamos, tanto la ecuación ordinaria, como todas sus demás propiedades, lo mismo la uña, el omóplato, el cóndilo, el fémur, y todos los demás huesos tomados cada uno por separado,   dan el diente o se dan recíprocamente; y comenzando con cada uno de ellos, quien tuviese racionalmente las leyes de la economía orgánica, podría rehacer todo el animal.

Imagen: Encyclopedie Larousse

Texto en francés:

Tout être organisé forme un ensemble, un système unique et clos, dont les parties se correspondent mutuellement et concourent à la même action définitive, par une réaction réciproque. Aucune de ces parties ne peut changer sans que les autres changent aussi, et par conséquent aucune d’elles, prises séparément, indique et donne toutes les autres: ainsi si les intestins d’un animal sont organisés d’une manière à ne digèrer que de la chair récente, il faut aussi que ses mâchoires soient construites pour dévorer une proie; ses griffes,  pour la saissir et la déchirer; ses dents, pour la couper et la diviser; le système entier de ses organes du mouvement, pur l apoursuivre et pour l’atteindre; ses organes du sens, pour l’apercevoir de loin;  il faut même que la nature ait placé dans son cerveau l’instinct nécessaire pour savoir se cacher et tendre des pièges à ses victimes. Telles seront les conditions generales du régime carnivore: tout animal destiné à ce régime les reunirá infailliblement, car sa race n’aurait pu subsister sans elles; mais sous ces conditions générales, il en existe de particulières, relatives à la grandeur, , à l’espèce; au séjour de la proie pour laquelle l’animal est disposé; et de chacune de ces conditions  particulières résultent des modifications de détail dans les formes qui dérivent des conditions générales; ainsi non seulement la clase, mais l’ordre, mais le genre, et jusqu’à l’espèce, se trouvent exprimés dans la forme de chaque partie. En effet, pour que la mâchoire puisse saisir, il lui faut une certaine forme de condyle, un certain rapport entre la position de la résistance et celle de la puissance avec le point d’appui, un certain volume dans le muscle crotaphite qui exige une certaine étendue dans la fosse qui le reçoit, et une certaine convexité de l’arcade zygomatique sous laquelle il passe; cette arcade zygomatique doit aussi avoir une certaine force pour donner appui au muscle masséter.

 

Pour que l’animal puisse emporter sa proie, il lui faut une certaine vigeur dans les muscles qui soulève sa tête, d’où résulte une forme déterminée dans les vertèbres où ces muscles ont leurs attaches, et dans l’occiput où ils s’insèrent.

 

Pour que les dents puissent couper la chair, il faut qu’elle soient tranchantes, et qu’elles le soient plus ou moins, selon qu’elles auront plus ou moins exclusivement de la chair à couper. Leur base devra être d’autant plus solide, qu’elle auront plus d’os, et de plus gros os à briser. Toutes ces circonstances influeront aussi sur le développement de toutes les parties qui servent à mouvoir la mâchoire.

 

Pour que les griffes puissent saisir cette proie, il faudra une certaine mobilité dans les doigts, une certaine force dans les ongles, d’où résulteront des formes détermineées dans toutes les phalanges, et des distributions nécessaires de muscles et de tendons; il faudra que l’avant-bras ait une certaine facilité à se tourner, d’où résulteront encore des formes déterminées dans les os qui le composent; mais les os de l’avant-bras s’articulant sur l’humérus, ne peuvent changer de formes sans entraîner des changemens dans celui-ci. Les os de l’épaule devront avoir un certain degré de fermeté dans les animaux qui emploient leurs bras pour saisir, et il en résultera encore pour eux des formes particulères. Le jeu de toutes ces parties exigera dans tous leurs muscles de certaines proportions, et les impressions de ces muscles ainsi proportionnés, détermineront encore plus particulièrement les formes des os.

 

Il est aisé de voir que l’on peut tirer des conclusions semblables pour les extrémités postérieures qui contribuent à la rapidité des mouvemens généraux; pour la composition du tronc et les formes des vertèbres, qui influent sur la facilité, la flexibilité de ces mouvemens, pour les formes des os du nez, de l’orbite, de l’oreille, dont les rapports avec la perfection des sens de l’odorat, de la vue, de l’ouïe sont évidens. En un mot, la forme de la dent entraîne la forme du condyle, celle de l’omoplate, celle des ongles, tout comme l’équation d’une courbe entraîne toutes ses propriétés; et de même qu’en prenant chaque propriété séparément pour base d’une équation particulière, on retrouverait, et l’équation ordinaire, et toutes les autres propriétés quelconques, de même l’ongle, l’omoplate, le condyle, le fémur, et tous les autres os pris chacun séparément, donnent la dent ou se donnent réciproquement; et en commençant par chacun d’eux, celui qui posséderait rationnellement les lois de l’économie organique, pourrait refaire tout l’animal.

 

Texto comentado aquí:

http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=56790&origen=notiweb&dia_suplemento=lunes

 

Lectura aconsejada:

 

 Manual para detectar la impostura científica: Examen del libro de Darwin por Flourens. Digital CSIC, 2013. 225 páginas.

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De toda idea de diseño (ID), líbranos señor D.

El diccionario de Neolengua, probablemente la primera y mejor cumplida  profecía de  Orwell;  cuyo objetivo es implantar el pensamiento único, materialista y ateo, hace verdaderas maravillas para presentar las más elaboradas explicaciones de algunos términos relacionados con la biología y la evolución.

Hoy vamos a ver un bonito ejemplo.  Analizaremos el término exaptación, otro invento darwinista cuya única finalidad es expulsar de la ciencia la idea de diseño, ocultarla.   Dirán que exagero, que el que se inventa todo esto soy yo. Pero no. ………….Sigan leyendo porque lo que sigue no lo he dicho yo, casi todo procede del Diccionario de Neolengua……..

Semejante palabro (Exaptación) significa ni más ni menos que Pre-adaptación, es decir, desplazamiento en la función de un carácter durante la evolución (por ejemplo, las plumas de las aves que inicialmente habrían servido para la termorregulación y luego para el vuelo)  pero la palabra inicial que tan bien describe la idea, no interesa….. ¿Por qué? Los propios autores del término lo han explicado muy bien, tanto en español como en inglés.   En español:

“En Biología, se conoce como exaptación a aquella estructura de un organismo que evoluciona originalmente como un rasgo que provee adaptación a unas determinadas condiciones o que no es adaptativo (neutro), y una vez que ya está consolidado (generalmente, varios millones de años después) comienza a ser utilizado y perfeccionado en pos de una nueva finalidad, en ocasiones no relacionada en absoluto con su “propósito” original.

El concepto fue usado por primera vez en el artículo Exaptation – a missing term in the science of form[1] de Stephen Jay Gould y Elizabeth Vrba, donde se trataban de explicar el origen de adaptaciones sumamente complejas a partir de estructuras sencillas sin caer del todo en la idea de la preadaptación.”

“Sin caer en la idea de la preadaptación”, lo cual podría ser catastrófico.

En inglés:

The idea that the function of a trait might shift during its evolutionary history originated with Charles Darwin (1859, ch. 6). For many years the phenomenon was labeled “preadaptation,” but since this term suggests teleology, which is contrary to a basic principle of natural selection, it has been replaced by other terms in the years after Darwin.

Por muchos años el fenómeno se llamó preadaptación, pero ya que esta palabra sugiere teleología, lo cual es contrario al principio básico de la Selección Natural, se ha reemplazado por otras palabras en los años después de Darwin. Ya saben, se trata de una estrategia para no caer en la idea de preadaptación, una peligrosa tentación que nos llevaría a los abismos indeseados del ………..¿diseño, tal vez?

Imagen de Mundo Mágico

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Los Ciclos en la Naturaleza

Una de las claves de la ciencia consiste en ver las cosas de manera diferente a la habitual, es decir, la originalidad. Aunque la originalidad surge a veces de modo espontáneo, también puede ayudar a ser original entender el modo habitual de ver las cosas.

Por lo general tendemos a ver las cosas como si ocurriesen siempre por primera y última vez, pero éste no es el único modo y puede que no sea tampoco el más acertado. Todo depende de cómo se mire. En cualquier caso, en la Naturaleza, las cosas no pasan de una vez por todas, sino que, por el contrario, todo tiene lugar en ciclos.

Una semilla germina. Esto ha ocurrido millones de veces y, por lo tanto, cada vez que sucede no se trata de un hecho independiente sino más bien de algo que se repite, una parte de un ciclo. La semilla germina para dar lugar a una planta que producirá semillas que volverán a germinar. Al germinar, la semilla repite exactamente lo que hicieran otras semillas muchos miles de veces.

La germinación de las semillas es un proceso dentro del ciclo vital de las plantas. La figura 1 representa semillas de Arabidopsis thaliana, la planta modelo:

semillas1

Figura 1: Semillas de Arabidopsis thaliana, la planta modelo. Izquierda, la semilla seca; derecha, una vez germinada.

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Louis Agassiz, carismático fundador de la Historia Natural de Norteamérica


      


Las acuarelas de Winslow Homer (1836-1910) presentan la Naturaleza salvaje, misteriosa y más que generosa, espléndida, de la segunda mitad del siglo XIX en Norteamérica. La obra de Louis Agassiz titulada “Contribution to the Natural History of the United States” pretendía mostrar meticulosamente los detalles de la composición de dicha naturaleza. Los paisajes de Winslow Homer representan el hogar en donde habitan los animales objeto de estudio de Agassiz.

Louis Agassiz (1807-1873) había nacido en Motiers, en la suiza francófona. Estudió en Zurich, Heidelberg y Munich. Su educación estuvo bajo la influencia del embriólogo Ignatius Döllinger, el zoólogo Lorenz Oken, y el filósofo Friederich Schelling, quienes contribuyeron a edificarla sobre dos pilares fundamentales: la necesidad de basar la ciencia en investigaciones exactas y una visión de la naturaleza como ilustrativa de un propósito cósmico.

                              

En 1832, Agassiz se desplazó a Paris para tener acceso a la magnífica colección de peces fósiles albergada en el museo de Paleontología del Jardin des Plantes. Su objetivo era convertirse en un gran naturalista a partir de su particular interés por la ictiología. A tal efecto, trabajó con Cuvier en los últimos meses de su vida, cuyo aprecio por Agassiz le llevó a poner todos sus materiales a su disposición.

 En 1847 se estableció como profesor de Zoología y Geología en la Lawrence Scientific School de la Universidad de Harvard y a partir de entonces desarrolló una carrera docente, de promoción de la ciencia y de investigación memorable. Organizó múltiples viajes por los Estados Unidos y propuso la realización de una monumental Historia Natural de Norteamérica en diez volúmenes que la editorial Little, Brown, y Co, estuvo de acuerdo en producir en caso de que pudiese estar garantizada una venta anticipada de 450 suscripciones, a la vez que seguía recolectando ejemplares para sus colecciones.

El profesor John Lienhard, de la Universidad de Houston,  en sus páginas web tituladas Engines of our Ingenuity, nos cuenta una fantástica anécdota acerca de esta manía recolectora y un caso real ocurrido con la recolección de tortugas. La edición del relato en español está a cargo de Aymará Boggiano.

Edgard Lurie, biógrafo de Agassiz y autor del prólogo de su libro “Un ensayo sobre la clasificación” en Belknap Press de la Universidad de Harvard, nos cuenta:

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El genio nunca muere, simplemente descansa

La imagen presenta la ilustración de la vuelta de la contraportada del libro de Hervé Le Guyader, titulado “Geoffroy de Saint Hilaire. Un naturaliste visionnaire” del que hablabamos el otro día.  En el dibujo se comparan los genes hox (localización en el genoma y zona de expresión) en la larva de Drosophila ( la mosca modelo en estudios de genética, arriba) y en el el embrión del ratón (abajo). Ciento ochenta años después de que Geoffroy expusiera públicamente su idea del plan común en la organización de los animales, los resultados de la biología molecular vienen en su apoyo.

A lo largo del siglo XX hasta sus décadas finales, las publicaciones de Geoffroy no habían sido muy citadas en el entorno científico, pero un artículo publicado en Current Biology en julio de 1995 y titulado “Revolving vertebrates” (dando la vuelta a los vertebrados), por CM Jones y JC Smith, contenía en su bibliografía dieciséis artículos: quince correspondientes a trabajos publicados entre 1991 y 1995 y uno de 1822. En otro artículo en 1996 (de Robertis and Sasai, 1996), ahora Geoffroy es citado nominalmente:

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El debate entre Cuvier y Geoffroy en 1830: Su hondo significado para el devenir humano

 

El libro de Hervé Le Guyader, titulado “Geoffroy de Saint Hilaire. Un naturaliste visionnaire”, contiene el texto íntegro del tratado “Principes de Philosophie zoologique (Discutés en Mars 1830 au sein de l’Academie Royale des Science)”, de Geoffroy, y los escritos correspondientes al debate con Cuvier. En la vuelta de su portada se encuentra la imagen de arriba, que representa dibujos del corte de un cuadrúpedo plegado sobre sí mismo (A) y el corte de un pulpo (B).

Aunque el debate versaba acerca de la conveniencia o no de buscar un plan único en el desarrollo de los animales, su significado es más profundo. Si aceptamos el plan único, estaremos admitiendo que el hombre es, ni más ni menos que eso: un animal. Pero en 1830 el terreno académico no estaba todavía bien preparado para esto.

Para admitir en los medios académicos que el hombre es un animal será necesario que llueva mucho y que la historia deje caer todavía unos cuantos golpes sobre las espaldas de los intelectuales, que no sobre las del hombre de la calle, para quien las cosas siempre estuvieron más claras. Así, en la primera mitad del siglo XIX; mucho antes de existir una biología moderna; antes de haberse escuchado los azotes repartidos a diestro y siniestro por Nietzsche, por Marx y por Freud, Geoffroy defiende la que luego será una idea central de la biología.

 

Empieza así a aparecer una densa niebla en torno al reconocimiento generalizado por la Academia de que el hombre es un ser superior, al cual algunas especies animales se parecen más y el que, por lo tanto, ha de ser tomado como referencia en los tratados de Anatomía comparada. El ser humano es, nos dice Geoffroy, simplemente, otro resultado más de la aplicación del mismo plan general.

Copiaré aquí algunos textos de este tratado:

 

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El poder frente al genio: La disputa entre Cuvier y Geoffroy en 1830

El cuadro de Delacroix titulado “La libertad guiando al pueblo” representa la revolución de julio de 1830 en Paris,  llamada de las tres jornadas gloriosas.

Mil ochocientos treinta fue un año agitado en Paris por dicha revolución que cambio el asentamiento en el poder de los Borbones a la casa de Orleáns. Algunos meses antes, el 15 de febrero, con ocasión de una de las reuniones semanales de la Academia de Ciencias, dos jóvenes naturalistas, Meyranx y Laurencet presentaban una memoria describiendo cómo si a un vertebrado se le diesen las transformaciones necesarias (básicamente plegarlo sobre sí mismo), entonces sus órganos quedarían en posición semejante a los de la sepia, un molusco. Étienne Geoffroy Saint Hilaire defendió la posición de ambos jóvenes porque implicaba su idea; es decir, la existencia de un plan común entre vertebrados y moluscos, que podría muy bien extenderse a otros ejemplos a lo largo de la escala animal. Cuando se le encargó el presentar dicha memoria, encontró la ocasión propicia para defender, de paso, sus propias ideas acerca de la unidad del plan en animales, lo cual fue demasiado para el autoritario Cuvier.

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Geoffroy, su idea del plan único y un relato inolvidable de Kafka

En una entrada anterior vimos una imagen que representaba a Napoleón Bonaparte entrando a caballo en la mezquita de El Cairo. Geoffroy fue miembro de la expedición de Bonaparte a Egipto de 1798 a 1801 y en ella maduró el principio del plan único, la misma idea que años después, en Marzo de 1830, daría lugar a la famosa disputa en el seno de la Academie des Sciences con Cuvier, a la que se conoce a veces como “quarrel of the analogues” o disputa de los análogos. Goethe se encargó de informar a la sociedad alemana acerca de dicha disputa.

Georges Cuvier había dividido el reino animal en cuatro grupos: vertebrados, moluscos, articulados y radiados y esta clasificación permaneció en todos los tratados de Historia Natural del siglo XIX. Geoffroy, por su parte, pensaba que las pruebas de la existencia de un plan común podrían encontrarse ampliamente entre los animales, por encima de estas divisiones que el prefería ver como artificiales. Así en sus “Memoires sur l’Organisation des insectes” podemos ver cómo, con un vigoroso estilo en la línea del más puro Kafka, propone la consideración de la vértebra como unidad estructural, por ejemplo:

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