Archivo para la categoría ‘Materialismo’

Ciencia y Política: la Genética como herramienta

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hemos visto tantas veces criticado el nombre de Lysenko que nos sorprendió al leer su informe a la Academía de Ciencias Agrícolas, de 1948, ver que tenía un contenido.  No obstante en las contadas ocasiones en que este informe se había publicado en español iba acompañado de comentarios confusos. Hemos escrito este libro para acompañar el informe a la Academia de Lysenko de unos comentarios adecuados.

 

Ciencia y Política: la Genética como herramienta
Emilio Cervantes y Francisco Bravo
Aunque el Logos es común, la mayoría vive como si tuviera una inteligencia particular
(Heráclito de Éfeso, 535-484 a. C.)
La Genética estudia la herencia, la transmisión de los caracteres. Pero existen dos graves peligros en relación con la Genética.
El primero, compartido en general con las demás disciplinas científicas y, en particular, con la Biología, es el de la generalización indebida. Encontrar y describir un mecanismo responsable de la herencia no significa que ese mecanismo sea el único.
El segundo peligro es todavía más general y tiene que ver con la capacidad de manipulación asociada con las ideas más fundamentales de la Genética. En la Ciencia es muy difícil distinguir el conocimiento de la manipulación. La historia de la Genética revela numerosos ejemplos de manipulación y muchos tienen un origen común.
Presentamos aquí el texto completo del Informe de Lysenko a la Academia de Ciencias Agrícolas de la URSS de 1948. En las pocas ocasiones en que hemos visto este informe publicado se ha visto acompañado por textos de gran confusión. Nuestro interés es contribuir a aclarar un poco tanto el contenido de este texto como la difícil relación entre Ciencia y Política y la influencia de la Genética en todo este complejo proceso…
Contenido
Introducción: Ciencia y Política 11
La Genética, una disciplina de gran relevancia política 12
La Genética en sus orígenes I: Cruzamientos 15
La Genética en sus orígenes II: Bioquímica 18
La cuestión de El Origen de las Especies 19
La herencia genocéntrica:
la barrera somático-germinal de August Weismann 27
Las ideas de Thomas Hunt Morgan:
un genético clásico o formal se asoma a la evolución 28
El panorama en la URSS 34
¿Por qué el Congreso Internacional de Genética
no se celebró en Moscú? 35
Lysenko 36
El darwinismo es la verdadera fe de Lysenko:
Comentario a su Informe a la Academia de 1948 39
Waddington y la epigenética 47
Conclusión 51
Apéndice: Texto de Lysenko:
Informe sobre la situación en las ciencias biológicas 52
Referencias 79
1. Introducción: Ciencia y Política
En su obra titulada “Política” Aristóteles caracteriza al ser humano por su racionalidad y también por ser político. Ambos atributos van indisolublemente unidos y, en cuanto un colectivo de individuos pueda tener un cierto conocimiento de sí mismos y de su entorno, surgirá pronto la división de tareas e inmediatamente la representación política, la cesión de ciertas capacidades…
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Iconoclast: One Journalist’s Odyssey through the Darwin Debates

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This is the great problem with science today: That authority more and more replaces evidence

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The isolator: A powerful tool for students of evolution

The isolator: A powerful tool for students of evolution.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1) Increased concentration

2) Ideal for understanding natural selection

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Algunas características de la épica ilustradas con ejemplos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  1. Abundancia de Epítetos, metáforas y comparaciones

Atenea, la de ojos de lechuza

Aquiles, el de los pies ligeros

El anciano Néstor

Natural Selection, as we shall hereafter see, is a power incessantly ready for action

 2.       Prosopopeya, personificación:

Zeus que ordena las nubes

Organs, originally formed by the aid of natural selection, when rendered useless may well be variable, for their variations can no longer be checked by natural selection.

…so in a state of nature natural selection will be enabled to act on and modify organic beings at any age, by the accumulation of variations profitable at that age, and by their inheritance at a corresponding age……….

3.  Exaltación de la lucha:

As the individuals of the same species come in all respects into the closest competition with each other, the struggle will generally be most severe between them; it will be almost equally severe between the varieties of the same species, and next in severity between the species of the same genus.

 

The store of nutriment laid up within the seeds of many plants seems at first sight to have no sort of relation to other plants. But from the strong growth of young plants produced from such seeds, as peas and beans, when sown in the midst of long grass, it may be suspected that the chief use of the nutriment in the seed is to favour the growth of the seedlings, whilst struggling with other plants growing vigorously all around.

 

4. La Figura del héroe: El superviviente único

Ulises, que sobrevivió los diez años que duró la guerra de Troya y otros diez que transcurrieron desde el fin de la guerra hasta su llegada a Ítaca.

This preservation of favourable individual differences and variations, and the destruction of those which are injurious, I have called Natural Selection, or the Survival of the Fittest. Variations neither useful nor injurious would not be affected by natural selection, and would be left either a fluctuating element, as perhaps we see in certain polymorphic species, or would ultimately become fixed, owing to the nature of the organism and the nature of the conditions.

5. Los orígenes: El superviviente único procede de un árbol filogenético.

 

 

 

 

 

 

 

Y no se olviden del caballo, que en el Origen de las Especies aparece 77 veces y de la espada que también aparece.

 

Con mi agradecimiento a Guillermo Pérez Galicia por ayudarme a entender El Origen de las Especies.

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¿Quién está representado en la etiqueta de Anis del Mono? John William Draper

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Quien está representado en la etiqueta del Anís del Mono no es Charles Darwin como se viene contando, sino John William Draper.

Los motivos para pensar esto son:

1. El parecido entre el rostro representado en la etiqueta y el de Draper, sin duda mayor que con Darwin.

2. El debate suscitado en España por el libro de Draper, titulado “History of the conflict between religión and Science” (Historia del conflicto entre Religión y Ciencia) fue mayor y de más cotenido que el suscitado por la obra de Darwin. En el mundo académico se dieron más respuestas y mejor argumentadas al primero que al segundo.

3. El señor Bosch, propietario de la marca tenía negocios en América, en donde Draper había publicado su libro.

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La épica en el Origen de las Especies

 

 

 

 

 

 

 

 

La literatura épica constituye un género especial muy diferente de los géneros científicos o didácticos al uso. Su finalidad, lejos de describir fenómenos naturales o de plantear hipótesis científicas, consiste en conmover, emocionar al lector para cambiar sus esquemas mentales.

La lectura de El Origen de las Especies realizada en este blog a lo largo de los años y el análisis retórico de esta obra ha permitido obtener como conclusión que El Origen de las Especies es, como la Iliada o la Eneida, un clásico de la épica.

Entre los detalles que confirman esta conclusión encontramos la presencia de los elementos característicos, los símbolos propios de este estilo literario, el caballo y la espada.

¿Saben ustedes cuántas veces aparece la palabra caballo en El Origen de las Especies?  Setenta y siete.

Lógico, dirán algunos. El caballo es una especie y el libro trata sobre el origen de las especies. Puede ser, pero eso no justifica setenta y siete citas.

Y entonces…¿ la espada? Se preguntarán otros ¿Cuántas veces aparece la espada, el otro gran símbolo de la épica en El Origen de las Especies? Sólo una, pero impresionante. Dice:

The males of carnivorous animals are already well armed; though to them and to others, special means of defence may be given through means of sexual selection, as the mane of the lion, and the hooked jaw to the male salmon; for the shield may be as important for victory as the sword or spear.

 

Los machos de los carnívoros están siempre bien armados, aun cuando a ellos y a otros pueden ser dados medios especiales de defensa mediante la selección natural, como la melena del león o la mandíbula ganchuda del salmón macho, pues tan importante puede ser para la victoria el escudo como la espada o la lanza.

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Substituto de la religión: Una interpretación parcialmente correcta del El Origen de las Especies por Juan Benet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Benet, que no había leído el Origen de las Especies, se refería en una entrevista a la Ciencia como Aparato de Convicciones.

En su libro titulado Londres Victoriano, este autor dedica unos párrafos memorables al Origen de las Especies, libro que, repetimos, no había leído, y por tanto no podía entender.

No obstante acierta en algunos de sus comentarios y destaca realmente lo que es esta obra: Un acontecimiento capital de la Época victoriana.  Empero, se equivoca al decir que el libro resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas. No hay ni una sola investigación biológica original en este libro.

Acierta plenamente en otros puntos de los que resumimos dos:

  1. El libro estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo
  2. Suponía la destrucción de los fundamentos de la religión, del Estado, de la familia y del orden social.

 

Pero lean ustedes estos párrafos, obra cumbre de la escritura sintética, por si pudiese habérsenos escapado algún otro aspecto importante, que seguro será digno de mención y crítica en posteriores ocasiones. Y fíjense sobre todo en los errores y en los aciertos al hablar de El Origen de las Especies, un libro, dice,… que resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas, lo cual es falso…y que estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo al desplazar las doctrinas mítico-religiosas y ocupar con una teoría científica el hueco dejado por ellas. Y esto último es cierto a medias, un libro destinado a desplazar una serie de doctrinas mítico-religiosas, cierto. Pero con… ¿con una teoría científica? No. Eso no es posible. Las doctrinas mítico-religiosas sólo pueden ser reemplazadas por otras doctrinas mítico-religiosas. Se equivoca de nuevo Benet. En el libro de Darwin no había teoría científica ni formulación lógica alguna.

Como bien dice al final de estos párrafos,  se trataba de algo que habían entendido bien las mentes ortodoxas-y las anglicanas, las más fieras. Se trataba  de sentar las bases para la destrucción de los fundamentos de la religión del Estado, de la familia y del orden social. Lo dicho. Lean, piensen y comenten…

….Comienza la cita de Londres victoriano…

Ciertamente, en sus últimos años Alberto había podido asistir a una auténtica erupción de la energía, del talento y del coraje de su pueblo; a un renacimiento —por segunda vez en el siglo— de la ciencia, de la industria y del arte. Cuando en el último cuarto de siglo Oscar Wilde acuñó el concepto de “Renacimiento inglés”, como tema central de sus conferencias en Gran Bretaña y Estados Unidos se estaba sin duda refiriendo a las grandes señales que había en la década de su nacimiento. En el año 1858 se procedió a la botadura del Great Eastern, un monstruo de hierro de 20 000 toneladas de desplazamiento, sólo superado en el siglo XX, que podía transportar 4 000 pasajeros alojados en cinco cubiertas y depositarlos al otro lado del Atlántico en cuatro días de navegación, aunque nunca llegó a hacerlo; Wallace y Darwin impartían sus primeras lecciones sobre la selección natural que apenas despertaron unas pocas controversias entre los especialistas: Maxwell enunciaba las leyes del campo electromagnético. Thompson, posteriormente lord Kelvin, definía los límites térmicos del universo. En aquellos años Dickens publica Tiempos difíciles, Pequeña Dorrit, La historia de dos ciudades y Grandes esperanzas; George Eliot, las Escenas de la vida clerical, Silas Marner y Adam Bede; Stevenson, La isla del tesoro, y De Quincey, la versión final de Las confesiones de un opiómano inglés: Fitzgerald,  la traducción de Rubbaiyat de Ornar Khayyam, y Morris, La defensa de Guenevere al tiempo que funda su compañía de textiles. Millais pinta Sir Isumbras, Vale of Rest y Autumn Leaves. Whistler At the Piano; Scott construye la capilla del colegio de Exeter. Stevens el monumento a Wellington y Landseer los leones de la columna de Nelson, un aditamento que en lo sucesivo se considerará obligado para toda clase de parlamentos, puentes, bancos y muscos. Speke descubre y explora el lago Nyanza y Livingstone el Nyassa; Stanley, en busca de este último, descubre las fuentes del Nilo.

Pero sin duda el acontecimiento capital de entonces fue la publicación por Darwin de El Origen de las Especies, un libro que resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas y que estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo al desplazar las doctrinas mítico-religiosas y ocupar con una teoría científica el hueco dejado por ellas.

No es fácil imaginar hoy en día una polémica que se trasladó hacia los principios morales y religiosos en que reposaba la sociedad en lugar de centrarse sobre los hechos o las familias de hechos estudiados por Darwin y reunidos todos en una única y lógica formulación. En el pasado, la ciencia era una actividad un tanto marginal y esotérica, casi una actividad de brujos, sus hallazgos sólo tenían una limitada aplicación en la vida social, y de hecho la ciudad y el campo podían vivir ajenos a ellos, y si sus teorías chocaban con las doctrinas oficiales bastaba con declararlas heréticas y dejar que siguiera el curso de la historia. Pero la Ilustración, los progresos y descubrimientos  científicos de los siglos XVIII y XIX y la Revolución Industrial, habían hecho de la ciencia, sobre todo de la experimental, uno de los pilares de la sociedad, tan imprescindible como los otros. En tiempos de Darwin, un conflicto entre ciencia y doctrina ofrecía ya pocas posibilidades de componendas y obligaba a elegir. La teoría de la evolución fue recibida con horror por las mentes ortodoxas-y las anglicanas, las más fieras- persuadidas de que cualquier hipótesis contraria a la creación del mundo por seis actos de potestad divina en seis días de una semana muy cargada de trabajo, suponía la destrucción de los fundamentos de la religión del Estado, de la familia y del orden social.

…Fin de la cita.

 

Bibliografía

Benet, J. 1989. Londres victoriano. Editorial Planeta. Barcelona.

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Conferencia-Debate sobre el fraude científico. El fraude científico a la luz del Método Científico

 

 

 

 

 

 

 

 

En algunas actividades humanas existen estrictos códigos de conducta. A nadie le resultará difícil indicar ejemplos. Pero: ¿Es este el caso en la Investigación Científica?

Si no lo fuese ¿Cómo sería posible, no ya denunciar, si no ya ni siquiera detectar el fraude?

La observación de un motorista a 100 por hora en una calle en donde la velocidad está limitada a 60 hace saltar nuestros resortes: ¡Infracción! , ¡Multa!

Pero…: ¿Cuándo saltarán dichos resortes en un caso de fraude científico?

El simple planteamiento de la cuestión nos proporciona ya una información interesante: El Método científico existe. En ciencia no vale actuar de cualquier modo.  Es necesario respetar un método.

Ahora bien ¿Cuáles son las principales características del Método Científico?

Ciencia -> Método (Respeto) -> Lenguaje (claridad) -> Originalidad:

  • Modelos
  • Valores y jerarquía

 

Se discutirán tres artículos sobre el Fraude Científico:

 

1. Henry Bauer. Science in the 21st Century: Knowledge Monopolies and Research Cartels. Journal of Scientific Exploration, 18 (4), 643-660, 2004. Traducción de Emilio Cervantes disponible en plataforma Moodle de la asignatura y en Digital CSIC.

 

2. Brey Abalo, JJ. El fraude en la investigación científica.

 

3. Bosch, X. Historia reciente del fraude en la investigación biomédica.

 

 

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La huella de Huxley en el párrafo octingentésimo vigésimo séptimo de El Origen de las Especies

 

Hace tiempo que terminamos de comentar párrafo a párrafo el Origen de las Especies, una larga y amarga tarea que nos ha llevado varios años. Empero, esto no excluye volver sobre algún párrafo en los casos en los que una eventual re-lectura pueda ofrecer algo interesante.

Como decíamos al comentar los párrafos finales, estos contienen grandes dosis de arrogancia y faltas de respeto inauditas para con la Historia Natural y la Taxonomía. Es increible que estos párrafos permanezcan de esta manera sin que sean sometidos a una crítica constante.

Por otra parte es en algunos de estos párrafos en donde se demuestra que Darwin no escribió solo su libro. Ni mucho menos. En ellos la huella de Huxley es evidente. Su estilo pomposo y retórico, sus metáforas, su acritud al presentar la Historia Natural como una disputa constante entre los evolucionistas y los creacionistas. No hay que olvidar que fue Huxley quien defendió a Darwin de las críticas de el origen y que su función a lo largo del proceso de difusión del libro fue indiscutible. Pensamos asimismo que Huxley tuvo un papel indiscutible en la redacción de sus párrafos. Por ejemplo en este, donde dice:

 

 

827.

 

Several eminent naturalists have of late published their belief that a multitude of reputed species in each genus are not real species; but that other species are real, that is, have been independently created. This seems to me a strange conclusion to arrive at. They admit that a multitude of forms, which till lately they themselves thought were special creations, and which are still thus looked at by the majority of naturalists, and which consequently have all the external characteristic features of true species—they admit that these have been produced by variation, but they refuse to extend the same view to other and slightly different forms. Nevertheless, they do not pretend that they can define, or even conjecture, which are the created forms of life, and which are those produced by secondary laws. They admit variation as a vera causa in one case, they arbitrarily reject it in another, without assigning any distinction in the two cases. The day will come when this will be given as a curious illustration of the blindness of preconceived opinion. These authors seem no more startled at a miraculous act of creation than at an ordinary birth. But do they really believe that at innumerable periods in the earth’s history certain elemental atoms have been commanded suddenly to flash into living tissues? Do they believe that at each supposed act of creation one individual or many were produced? Were all the infinitely numerous kinds of animals and plants created as eggs or seed, or as full grown? and in the case of mammals, were they created bearing the false marks of nourishment from the mother’s womb? Undoubtedly some of these same questions cannot be answered by those who believe in the appearance or creation of only a few forms of life or of some one form alone. It has been maintained by several authors that it is as easy to believe in the creation of a million beings as of one; but Maupertuis’ philosophical axiom “of least action” leads the mind more willingly to admit the smaller number; and certainly we ought not to believe that innumerable beings within each great class have been created with plain, but deceptive, marks of descent from a single parent.

 

Varios naturalistas eminentes han manifestado recientemente su opinión de que una multitud de supuestas especies dentro de cada género no son especies reales; pero que otras especies son reales, esto es, que han sido creadas independientemente. Esto me parece que es llegar a una extraña conclusión. Admiten que una multitud de formas, que hasta hace poco creían ellos mismos que eran creaciones especiales, y que son consideradas todavía así por la mayor parte de los naturalistas, y que, por consiguiente, tienen todos los rasgos característicos extremos de verdaderas especies; admiten, sí, que éstas han sido producidas por variación, pero se niegan a hacer extensiva la misma opinión a otras formas poco diferentes. Sin embargo, no pretenden poder definir, y ni siquiera conjeturar, cuáles son las formas orgánicas creadas y cuáles las producidas por leyes secundarias. Admiten la variación como una vera causa en un caso; arbitrariamente la rechazan en otro, sin señalar ninguna distinción entre ambos. Vendrá el día en que esto se citará como un ejemplo de la ceguera de la opinión preconcebida. Estos autores parecen no asombrarse más de un acto milagroso o de creación que de un nacimiento ordinario. Pero ¿creen realmente que en innumerables períodos de la historia de la Tierra ciertos átomos elementales han recibido la orden de formar de repente tejidos vivientes? ¿Creen que en cada supuesto acto de creación se produjeron muchos o un individuos? Las infinitas clases de animales y plantas ¿fueron creadas todas como huevos o semillas, o por completo desarrolladas? Y, en el caso de los mamíferos, ¿fueron éstos creados llevando la falsa señal de la nutrición por el útero de la madre? Indudablemente, algunas de estas mismas preguntas no pueden ser contestadas por los que creen en la aparición o creación de sólo un corto número de formas orgánicas o de alguna forma solamente. Diversos autores han sostenido que es tan fácil creer en la creación de un millón de seres como en la de uno; pero el axioma filosófico de Maupertuis, de la menor acción nos lleva con más gusto a admitir el menor número, y ciertamente no necesitamos creer que han sido creados innumerables seres dentro de cada una de las grandes clases con señales patentes, pero engañosas, de ser descendientes de un solo antepasado.

Lectura aconsejada:

 

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Esas cosas que los ingleses han impuesto en todo lugar, según don Pío Baroja

 

 

Para una buena crítica sobre los ingleses nada mejor que sus propios literatos. Así, por ejemplo David Herbert Lawrence, en su obra Mujeres Enamoradas, indicaba que en Inglaterra nunca se bajaba el pistón;  Henry James nos hacía ver que a los ingleses no les gustan las situaciones netas, observación que resultaba de gran interés en el ámbito del darwinismo y la Biología Evolutiva;  Orwell nos recordaba, entre otras cualidades,  su mundialmente famosa hipocresía, su sonambulismo y su incapacidad para la filosofía.

Particularmente graciosa era la cuestión moral en manos de Henry James, quien en su obra “La Copa Dorada”,  relaciona la moral de los ingleses con aquello  que puede ser su base y sustento: las tazas de té. La relación es sencilla y directa: A más té, más moral.

Pero también hay jugosos comentaristas del temperamento inglés fuera de los confines de la isla, en el continente. Así en su obra Las ciudades, Pio Baroja nos recuerda cuatro cosas que los ingleses han impuesto en todo lugar:

  1. Las salsas embotelladas
  2. La carne sangrante
  3. La frialdad clásica en los hoteles y… ¿Cómo no? Unas páginas antes:
  4. El pragmatismo darwiniano, al que César Moncada presume ante su amigo Alzugaray de haberle añadido algunos matices.

 

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